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Hoy se marca el primero de los cuatro domingos tradicionalmente celebrados por la iglesia como la temporada de Adviento. Con las representaciones de pesebres en vivo, obras de teatro navideñas y calendarios de Adviento, es comprensible que pienses que el Adviento se trata sólo del nacimiento de Jesús.

No obstante, hay más en el Adviento que el establo de Belén. Históricamente, la iglesia se ha enfocado tanto en la expectativa del regreso de nuestro Rey glorioso así como en la celebración de su nacimiento. Al examinar la historia del Adviento, recuperamos el significado descuidado de esta temporada.

La Pascua primero

La iglesia primitiva centraba su calendario litúrgico alrededor de la Pascua. Es más, existe poca evidencia de la celebración del nacimiento de Jesús durante los dos primeros siglos de la historia de la iglesia. El Nuevo Testamento, después de todo, revela pocos detalles en relación al tiempo en que nació Jesús. De los Evangelios, sólo la narrativa de Lucas sugiere una temporada del año: la temporada del nacimiento de los corderos a principios del invierno, cuando los pastores debían vigilar a su rebaño (Lc 2:8).

Cuando la Escritura estuvo en silencio, los primeros autores cristianos también lo estuvieron. No existe mención de celebraciones de nacimiento en los escritos cristianos en el primer y el segundo siglo1. Al contrario, la iglesia primitiva se enfocaba en lo que el Nuevo Testamento describía con gran detalle: los días finales de Jesús, el Mesías2. Para esta razón, la celebración de la Pascua en la época de la Pascua judía era el primer foco de la práctica cristiana de los primeros días de la iglesia (una celebración que Pablo insinúa en 1 Corintios 5:7-8).

A pesar de la ausencia de la celebración de Navidad, para el fin del segundo siglo, había un interés significativo en determinar una fecha para el nacimiento de Jesús. Este interés probablemente refleja el énfasis apologético de la iglesia sobre el nacimiento físico de cara a aquellos que eran escépticos a su completa humanidad. Aun cuando había un debate vigoroso en torno a posibles fechas, para principios del cuarto siglo, llegó el consenso alrededor de dos posibilidades: el 25 de diciembre y el 06 de enero3. En el tiempo, el primero se convirtió en la celebración tradicional de Navidad y la última en la celebración de la Epifanía4.

De la Pascua a la Navidad

Pero ¿por qué el 25 de diciembre? Basado en su comprensión de la profecía de Daniel, algunos de los primeros escritores cristianos llegaron a la conclusión de que Jesús fue concebido el mismo día en el que posteriormente fue crucificado. Tertuliano (ca. 155-220) calculó que Jesús fue crucificado el 14 de Nisán, el equivalente al 25 de marzo del calendario romano (solar) (exactamente nueve meses antes del 25 de diciembre)5. Los cristianos, por lo tanto, calcularon la fecha de la Navidad de su práctica de la Pascua. Agustín de Hipona (354-430) comunicó este entendimiento en Sobre la Trinidad: «se cree que fue concebido el 25 de marzo, día en el cual Él también sufrió […] pero nació, según la traducción, el 25 de diciembre»6.

Que Jesús haya sido concebido el mismo día en el que finalmente daría su vida, al principio, podría parecer improbable. No obstante, considera, como lo hizo la iglesia primitiva, la misma improbabilidad de que la muerte del Mesías coincidiera exactamente con la celebración de la Pascua7. Como confesó Pedro, todos los eventos, ya sea los aparentemente no considerables o los inestimablemente insignificantes, son guiados por «el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios» (Hch 2:23). Sus obras en la creación y sus caminos en la historia son hermosos y simétricos (Sal 18:30; Is 46:10).

De la Navidad al Adviento

Los orígenes precisos de las celebraciones de Adviento son más difíciles de determinar. A mediados del siglo iv, las celebraciones del nacimiento de Jesús el 25 de diciembre en Occidente eran cada vez más comunes. Pronto se desarrolló alrededor de ello un periodo más largo de celebración que la Cuaresma (el periodo de ayuno y reflexión que precede a la Pascua). En el año 380, el concilio de la iglesia en Zaragoza apartó tres semanas en diciembre, culminando en la celebración de la Epifanía.

Asimismo, la iglesia en Roma comenzó a formalizar las observaciones del Adviento. El Secrementario Gelesiano de fines del siglo iv incluye liturgias para los cinco domingos que llevan a la Navidad. Para mediados del siglo vi, los obispos en Francia habían proclamado un ayuno el lunes, el miércoles y el viernes desde el 11 de noviembre hasta el Día de Navidad8. El Papa Gregorio i (540-604; también conocido como Gregorio Magno) desarrolló más liturgias de Adviento al componer oraciones, canciones, lecturas y respuestas para la adoración congregacional. A lo largo del siguiente siglo, estas prácticas se esparcieron por Inglaterra. Finalmente, cerca del cambio de milenio, Gregorio vii (1015-1085) estandarizó los cuatro domingos que llevan al 25 de diciembre como el periodo de Adviento.

El significado descuidado del Adviento

A pesar del desafío de rastrear el origen del Adviento, dos cosas son históricamente claras sobre la celebración misma. Primero, en contraste con la Cuaresma (un tiempo sombrío de ayuno, reflexión y meditación sobre el sufrimiento de Cristo), las semanas que llevan a la Navidad están llenas de júbilo y festividad. En el Adviento, la iglesia mira hacia atrás para celebrar la encarnación como el cumplimiento de la promesa de Dios de liberar a su pueblo del pecado, de Satanás y la muerte (Gn 3:15). La iglesia se regocijaba con el apóstol Juan: «el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1:14, [énfasis del autor]). Las celebraciones de Adviento a menudo concluían con bautismos y destacaban la nueva vida y la unión con el Cristo encarnado.

Lo que a menudo se descuida, sin embargo, es que las celebraciones de Adviento también miran al futuro. El término «adviento» (adventus en latín) traduce al griego parousia, una palabra que en el Nuevo Testamento siempre habla de la segunda venida del Mesías. El Adviento mira hacia adelante al cumplimiento final de toda la encarnación de Jesús en Navidad puesta en acción. Para esta razón, en lugar de las narrativas del nacimiento del Evangelio, los sermones de Adviento a menudo se centraban en pasajes escatológicos (como Lucas 21:25-36 y Mateo 24:37-44) o en la entrada triunfal (Mt 21:1-9) como una expectativa gozosa de la segunda venida victoriosa de Jesús. Leo i (400-461) le recordaba a su congregación que la Navidad miraba tanto hacia adelante como hacia atrás:

Por lo tanto, ya que nacemos para el presente y renacemos para el futuro, no nos entreguemos a los bienes temporales, sino a los eternos: y para que podamos contemplar nuestra esperanza más de cerca, pensemos en lo que la gracia divina ha otorgado a nuestra naturaleza en la misma ocasión en que celebramos el misterio del nacimiento del Señor. Escuchemos al apóstol decir: «porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria», quien vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén9.

Canciones de la segunda venida

Esta orientación futura no sólo fue reflejada en sermones, sino que también en canciones. En el siglo vi, emergió una serie de siete canciones de Adviento, una para cada día de la semana que lleva a la Navidad. Llamadas Las antífonas mayores (o Las antífonas de la O), cada una expresa el anhelo por el regreso del Mesías: 

Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel;
que abres y nadie puede cerrar;
cierras y nadie puede abrir:
ven y libra a los cautivos
que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

Esta rica tradición de mirar hacia atrás y mirar hacia adelante se ha traspasado a las denominaciones protestantes reformadas. En el Libro de oración común (1549), Thomas Cranmer (1489-1555) usó material del Sacramentario Gelasiano y los escritos de Gregorio Magno para desarrollar liturgias de Adviento a fin de reflexionar tanto en la natividad de Cristo como en su segunda venida. Mientras muchos servicios contemporáneos se enfocan en temas de esperanza, gozo, paz y amor, las liturgias de Adviento de Cranmer están enfocadas principalmente en la aparición futura de Cristo10.

Podríamos descuidar la orientación futura del Adviento en nuestra celebración contemporánea, pero, curiosamente, el tema de la segunda venida de Cristo está profundamente arraigado en nuestros villancicos favoritos. Gozo del mundo de Isaac Watts (1674-1748) celebra el glorioso regreso de Jesús y su futuro Reino donde el pecado y el dolor ya no existen (Ap 21:4):

Al mundo paz, nació Jesús
Nació ya nuestro rey
El corazón ya tiene luz
Y canta la creación
Y canta la creación
Y canta, canta la creación

Al mundo paz el Salvador
En tierra reina hoy
Ya es feliz, el pecador
Jesús perdón le da
Jesús perdón le da
Jesús, Jesús, perdón le da

Finalmente, considera la canción Oh ven, oh ven Emanuel de John Mason Neale y Henry Coffin, una traducción de la antigua Antífona mayor:

Oh ven, oh ven, llave de David
La puerta al hogar celestial abrid
Haced segura la senda al altar
Y la de la miseria cerrad

¡Alégrate! Emmanuel
Que vendrá a Israel.

Deseado de los pueblos venid,
y únenos en un sólo sentir;
La envidia y las discordias cesad ya,
Y al mundo llena de tu celestial paz

¡Alégrate! Emmanuel
Que vendrá a Israel.

La historia ilumina las riquezas de la celebración y la expectativa del Adviento. Y una manera práctica de recuperar el profundo gozo de esta temporada orientada al futuro podría simplemente ser creer lo que cantamos.

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.

  1. Orígenes de Alejandría (c. 165-264) expresa un fuerte desprecio y, presumiblemente, ampliamente difundido desprecio por la celebración romana «pagana» de los aniversarios de nacimiento. Ver Homilies on Leviticus 1-16 [Homilías de Levítico 1 al 16], vol. 83, Fathers of the Church [Padres de la iglesia], traducido por Gary Wayne Barkley (Washington, DC: Catholic University of America Press, 1990), p. 156.
  2. A diferencia de las narrativas de nacimiento, las narrativas de la Pasión revelan detalles significativos sobre el momento de la muerte de Jesús y su resurrección. Los Evangelios son unánimes al indicar que Jesús murió el quince del mes hebreo de Nisán, el primer día de celebración de la Pascua.
  3. Clemente de Alejandría (ca. 150-215) sugirió una serie de teorías en discusión a fines del siglo ii y principios del siglo iii (ver Stromata 1.21.145).
  4. Por siglos, el nacimiento de Jesús se celebró el 25 de diciembre en el Imperio romano occidental y el 06 de enero en el oriental. Con el tiempo, sin embargo, el 25 de diciembre se ha convertido en una práctica común para la mayoría de los cristianos. El 06 de enero se conmemora la llegada de los magos a Belén, conocida como Epifanía. En algunas tradiciones, el periodo entre esas dos fechas se celebra como los doce días de Navidad.
  5. Tertuliano comprendió esto con base en Daniel 9:24-27 (LXX). Ver Una respuesta a los judías de Tertuliano, p. 8. Hipólito de Roma (ca. 170-235) argumentó lo mismo. Ver Comentario de Daniel de Hipólito, 4.23.3.
  6. San Agustín, La Trinidad, 4.5.9. San Agustín también registró la visión de que Juan el Bautista nació el 24 de junio, el solsticio de verano del año 33 a. C. y que Jesús nació el 25 de diciembre, poco después del solsticio de invierno (Los Salmos, 133.8). El Cronógrafo del 354, desarrollado por Furio Dionisio Filócalo, quizás es el documento más antigüo que tenemos que registra que «Cristo nació en Belén de Judea» el 25 de diciembre.
  7. La iglesia en Oriente confiaba en cálculos similares para llegar al 06 de enero. Para una descripción más detallada de la fecha de Navidad, ver el artículo de Andrew McGowan: «How December 25 Became Christmas» [Cómo el 25 de diciembre se convirtió en la Navidad», en Bible Archaeology Society, 01 junio de 2023. Para un resumen más conciso de literatura sobre la fecha de la Navidad, ver el libro de Fran Senn, Christian Liturgy: Catholic and Evangelical [Liturgia cristiana: católica y evangélica] (Minneapolis: Fortress Press, 1997), pp. 159- 162.
  8. Sínodo de Mâcon, 581.
  9. León el Magno, «Sermones», en A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church [Una biblioteca selecta de los padres nicenos y posnicenos de la iglesia cristiana], segunda serie, vol. 12a, León el Magno, Gregorio Magno. ed. Philip Schaff y Henry Wace, traducción Charles Lett Feltoe (New York: Christian Literature Company, 1895) p. 141. N. del T.: traducción propia.
  10. Tres de las colectas de Adviento de Cranmer (I, II y la del día de Navidad ) son de su propia composición. El énfasis en temas de esperanza, alegría, paz y amor aparecen en las tradiciones romana y anglicana a partir del siglo XIX. Estos temas también figuran en las guías litúrgicas metodistas y presbiterianas, con variaciones en el orden y en el enfoque.
Photo of Ryan Griffith
Ryan Griffith
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Ryan Griffith

Ryan Griffith (PhD, The Southern Baptist Theological Seminary) es decano del Classical Christian Honors College y profesor asociado de la University of Northwestern — St Paul (MN). También se desempeña como investigador principal en Andrew Fuller Center for Baptist Studies.