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Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes. Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad. Que la paz de Cristo reine en sus corazones, a la cual en verdad fueron llamados en un solo cuerpo; y sean agradecidos. (Colosenses 3:12-15).

Revestidos de virtud

En 2 Corintios 5:17, se resume el mensaje del Evangelio: «si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas». El apóstol Pablo nos ayuda a comprender la transformación que ocurre cuando estamos unidos a Jesús por la fe. No nos convertimos simplemente en mejores versiones de nosotros mismos; pasamos a ser personas totalmente nuevas, «en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad» (Ef 4:24).

En Colosenses 3, Pablo da instrucciones prácticas sobre cómo se ve nuestro nuevo hombre. Utiliza el lenguaje de «vestirse» de características y virtudes que toman a Jesús como modelo. «Revestirse» es una frase que Pablo usa a menudo —15 veces, para ser exactos— a lo largo de sus escritos. Además del uso que vemos aquí, él también habla de vestirnos «del Señor Jesucristo» (Ro 13:14) y de ponerse la armadura de Dios (Ef 6:11).

La idea es la misma en cada instancia: el concepto de «ponerse algo» evoca instantáneamente la ropa. Nuestra vestimenta es central y obvia; es una de las primeras cosas que la gente nota en nosotros, ¡y no iríamos a ninguna parte sin ella! Pablo te exhorta a que te vistas de los rasgos enumerados en Colosenses 3 para comunicar la naturaleza integral de nuestra nueva identidad: debemos vestirnos con estas virtudes de la misma manera que cubrimos nuestro cuerpo con prendas físicas.

¿Qué significa ser humilde?

Uno de los atributos enumerados es la humildad (Col 3:12). La humildad bíblica puede entenderse como una postura del corazón y la mente que se caracteriza por la ausencia de orgullo y por un compromiso con el bienestar de los demás. Una persona humilde reconoce su dependencia del Señor y se somete voluntariamente al camino de Dios por sobre el suyo. La humildad es, simultáneamente, la virtud cristiana más difícil y una de las más fundamentales que estamos llamados a dominar.

La razón por la cual la humildad nos resulta difícil es porque va completamente en contra de nuestra naturaleza pecaminosa, la cual insiste en que nuestro enfoque debe estar primordial, si no exclusivamente, en nuestra propia felicidad. Pero como vemos en Filipenses 2:3-4, la enseñanza de la Biblia sobre la humildad se enfoca en poner las necesidades de los demás por encima de las nuestras:

No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.

Para hacer esto de manera constante —para usar la humildad como una prenda de vestir sin la cual no saldrías de casa—, Jesús debe transformarte primero y darte un corazón enfocado tanto en Dios como en el prójimo. E incluso después de ser redimidos, necesitaremos la ayuda constante del Espíritu para considerar a los demás como «más importantes» que nosotros mismos. La humildad es un atributo distintivamente cristiano. Simplemente no podemos alcanzarla por nuestra propia cuenta.

¿Por qué es tan importante la humildad?

Después de que se nos instruye a revestirnos de las características enumeradas en Colosenses 3, Pablo continúa describiendo cómo debemos conducirnos como seguidores de Jesús. Debemos soportarnos unos a otros y ser prontos para perdonar: «como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes» (Col 3:13). Si nos hemos tomado el tiempo de leer ese versículo con cuidado, este es el punto en el que nos sentimos incómodos. Es fácil pasar por alto el mandato de soportarse y perdonarse mutuamente. Pero si piensas en lo que este versículo requiere de ti —especialmente si estás en una situación donde tienes a alguien a quien necesitas perdonar—, no puedes evitar la realidad de que el perdón es difícil. ¿Por dónde empezamos?

Revestirse de las cualidades enumeradas en el versículo 12 —la humildad, en particular— nos equipa para cumplir el mandato del versículo 13. El primer paso para poder soportar a alguien que nos irrita, o para perdonar a alguien que nos ha herido profundamente, es considerarlo como más importante que nosotros mismos.

Al igual que Pablo, Pedro entiende la humildad como algo con lo que debemos vestirnos. Dirigiéndose tanto a los ancianos (líderes) como a «los más jóvenes», instruye a toda la iglesia: «revístanse de humildad en su trato mutuo» (1P 5:5). Como cuerpo de Cristo, debemos estar marcados, comunitariamente, por la paz y la unidad (Ef 4:1-3; 1P 3:8). Esto sólo puede suceder cuando todos nos cuidamos unos a otros, ansiosos por «con honra, dándose preferencia unos a otros» (Ro 12:10).

Una comunidad así es, una vez más, distintivamente cristiana. Se sitúa en marcado contraste con cualquier cosa que el mundo tenga para ofrecer. Y como tal, señala al Único que puede hacer posible tal mentalidad y estado de existencia. Así como la humildad nos equipa para perdonar a nuestros hermanos y hermanas, también nos empodera para amarnos unos a otros de la manera que el Señor exige, y de tal forma que lo glorifique a Él:

Un mandamiento nuevo les doy : «que se amen los unos a los otros»; que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros (Juan 12:24-35).

La humildad y el amor son conceptos estrechamente relacionados. Al revestirnos de lo primero, también podemos vestirnos más fácilmente de lo segundo.

¿Cómo procedemos para revestirnos de humildad?

El primer paso para revestirse de humildad es un acto de humildad en sí mismo: debemos reconocer tanto la necesidad de ser humildes como el desafío que representa llegar a serlo. Entonces, acudimos a Dios y le pedimos su ayuda. La humildad agrada al Señor. ¡Podemos confiar en que Él se deleita en asegurarse de que este sea el tipo de ropa que sus hijos lleven puesta!

También crecemos en humildad al estudiar y meditar en la Palabra de Dios, especialmente en aquellos pasajes (y hay muchos) que se enfocan en este tema. Colosenses 3 es un lugar maravilloso para comenzar, al igual que Filipenses 2:1-11. Debido a que la humildad es central para la vida de un creyente, nunca corremos el riesgo de quedarnos sin pasajes que la traten.

Una forma de practicar el revestirse de humildad es convertir los escenarios comunes y cotidianos en una oportunidad para orar por humildad y esforzarnos en memorizar versículos que nos reorienten hacia el cuidado de los demás, en lugar de exigir nuestra propia voluntad. ¿Quién de nosotros no se frustra —a veces con un enojo irracional— cuando está al volante de un auto o cuando espera en una larga fila en el supermercado? En lugar de ceder a la tentación de quejarte y desahogarte, haz que sea un hábito orar cada vez que estés en una de estas situaciones. Medita en uno de los versículos mencionados en este artículo, u otros que el Espíritu traiga a tu mente. Sé intencional al revestirte de humildad.

Revestirse de humildad no es un acto de una sola vez, sino un compromiso diario de sincera dependencia del Señor, a quien le encanta vestir a sus hijos con gracia. Cuando nos vestimos con la humildad de Cristo, no sólo nos equipamos para perdonar y amar como Él manda, sino que mostramos a un mundo que nos observa la belleza de una vida transformada por el Evangelio.

Erika Allen es la autora de ESV Prayer Journal: Eight-Volume Set [Diario de oración de la ESV: set de ocho volúmenes].

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.

 

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Erika Allen

Erika Allen (MA, Wheaton College) es vicepresidenta de recursos bíblicos para Crossway. Contribuye en ESV Student Study Bible [La Biblia de estudio para estudiantes de la ESV] y en ESV Women’s Study Bible [Biblia de mujeres de la ESV].
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