Mi mamá ha sido cantante toda su vida, al igual que sus padres y mi hermano, pero el miembro de la familia que más me enseñó sobre la adoración musical es mi papá. Mientras que los demás integrantes de mi familia se unían con confianza a la adoración musical, mi papá cantaba con firmeza a pesar de su timidez. Su voz no era la más fuerte ni la más diestra, pero era la más dulce para mis oídos. Sé que su canto obediente era doblemente grato a nuestro Señor, quien se regocija en la adoración abnegada incluso más que en la excelencia musical1.
Cantar con otras personas puede resultar incómodo e incluso aterrador para quienes carecen de formación musical. Pero, aunque no todos los cristianos son músicos de oficio, cada santo está llamado a cantar (Ef 5:19). Si no te consideras alguien con aptitudes musicales, oro para que las siguientes sugerencias te ayuden a participar en el canto congregacional con valentía y gozo.
Recuerda qué glorifica más a Dios
Incluso la música más bella, sin el corazón correcto, no es más que ruido (1Co 13:1). Nadie puede dudar, al leer la Escritura, que Dios se deleita en la ejecución musical diestra (Salmo 33:3). Y sin embargo, la adoración que más lo glorifica se caracteriza, ante todo, por la fecundidad espiritual. En Juan 15:8, Jesús no dice: «en esto es glorificado mi Padre, en que canten con un tono perfecto», sino más bien: «en esto es glorificado mi Padre, en que den mucho fruto».
No todos los cristianos cantan con talento natural, pero por el poder del Espíritu, todos podemos adorar con «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio» (Gá 5:22-23).
Recuerda el foco de la adoración
Reunirse para adorar es un poco como ir al gimnasio. Puede ser intimidante, pero en realidad, todo el mundo está demasiado concentrado en su propio entrenamiento como para preocuparse por cuánto peso levantas tú en el banco. Del mismo modo, es poco probable que los demás te presten atención negativa durante la adoración musical. Si lo hacen, probablemente eso diga más de sus corazones que de tu voz. El teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer escribe: «es la lucha del hombre natural por su autojustificación, que le hace comparar, juzgar y condenar. La justificación del hombre por sí mismo y el hecho juzgar a los demás son inseparables, como lo son la justificación por la gracia y el servicio al prójimo que de ella se desprende2». Observa cómo Bonhoeffer conecta la autojustificación con la comparación, y la justificación por gracia con la caridad. Si alguien es crítico contigo mientras te esfuerzas por cantar, es posible que esa persona no comprenda el corazón de nuestra adoración —moldeado por el Evangelio—, el cual no se basa en lo grandes que somos en comparación con los demás, sino en lo misericordioso que es nuestro Dios.
También es útil recordar que la timidez suele brotar de la misma raíz de orgullo que la comparación. Ambas indican un corazón enfocado en exaltarse a sí mismo, ya sea inflándose o menospreciándose. Pero el objetivo de la adoración es exaltar a nuestro Dios, quien es el único digno (Juan 3:30). El deseo de no ser escuchado por los demás por no tener una afinación perfecta puede no provenir de la humildad del olvido de uno mismo, sino de la arrogancia contraintuitiva de estar demasiado consciente de uno mismo. Cuando nos reunimos para adorar, nuestra labor no es preocuparnos en exceso por nosotros mismos ni ser críticos con los demás, sino en «fijar [nuestros] ojos en Cristo3».
Practica, practica, practica
Mi taza de café favorita cuando estudiaba música en la universidad tenía grabadas las palabras: «practica, practica, practica». Pero no necesitas ser un músico entrenado para practicar el canto. Quizás no estés perfeccionando tu técnica vocal ni estudiando con un maestro, pero puedes aplicar estos principios básicos de la práctica musical: escuchar bien, pedir ayuda, administrar tu tiempo y prepararte con diligencia.
El primer paso hacia una mejor ejecución musical es escuchar bien. Si no te sientes listo para unirte a una canción desconocida, comprométete a una escucha activa. Mantén la letra en tu mente. Nota dónde baja y sube la melodía, cuándo es tenue y cuándo crece. Lleva una lista de las canciones para poder buscarlas más tarde o pídele a tu líder de alabanza que comparta contigo su lista de reproducción habitual. Durante la semana, saca tiempo para «practicar». Ya sea en el trayecto al trabajo, mientras haces los quehaceres o con tu familia por las noches, prioriza el escuchar y el cantar. Cuanto más te involucres en la adoración musical durante la semana, más cómodo te sentirás el domingo. Luego, los domingos por la mañana, no salgas simplemente de la cama para ir a los bancos de la iglesia: escucha tu lista de reproducción mientras te arreglas, habla o tararea para calentar la voz, y ora para que Dios aliente tu corazón mientras exaltas su nombre.
Postura de cantante
Cuando nos sentimos cohibidos, tendemos a encoger los hombros, cruzar los brazos o bajar la cabeza, pero estas posiciones son la antítesis para una vocalización cómoda. Estás llamado a cantar, así que más vale que te pares como un cantante. Echa los hombros hacia atrás, descruza los brazos y planta los pies a la anchura de las caderas, ¡pero mantén las rodillas relajadas! Tal postura evita la tensión vocal y permite una respiración más profunda, el ingrediente principal para un canto firme. También puede ser útil añadir movimientos sutiles para reducir aún más la tensión, como flexionar ligeramente las rodillas a medida que las notas suben.
Además de afectar nuestro canto, la forma en que nos sentamos o nos paramos influye directamente en nuestro estado mental y emocional. Cuando nos sentamos encorvados y cerrados sobre nosotros mismos, nuestra postura exterior refleja y refuerza nuestro sentimiento interno de incomodidad. Pero estar erguido —por sencillo que parezca— genera una sensación de valentía. ¡Párate con confianza; canta con confianza!4.
Conoce la belleza de la adoración
Soy música de toda la vida. Mi esposo es atleta de toda la vida. Estoy sumamente agradecida de que Dios llame a Su iglesia al canto congregacional en lugar de a encestar canastas, pero hay algo profundamente hermoso en la adoración de mi esposo. Cantar es una actividad que yo entiendo y disfruto, pero está muy fuera de la zona de confort de mi marido. Te invito a considerar qué adoración honra más a Dios: la del músico que canta con total facilidad o la del que no es músico y canta obedientemente a pesar de la incomodidad. Ciertamente, Dios es glorificado por el don de uno, pero ¿no es también engrandecido por la obediencia abnegada de personas como mi padre y mi esposo? Absolutamente.
Cobra ánimo, tú que luchas al cantar: estás ofreciendo a nuestro Señor una porción doble en tu canto obediente, ¡así que regocíjate con cualquier voz que se te haya dado!
Nota del editor: para saber más sobre este tema, consulta el libro de Ryanne J. Molinari, Spirit-Filled Singing: Bearing Fruit as We Worship Together [El canto lleno del Espíritu: demos fruto mientras adoramos juntos] (Crossway, 2025).
Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de 9Marks.
- Molinari, Ryanne. «Every Saint a Singer [Cada santo es un cantante]». 14 de diciembre de 2022. https://ryannemolinari.com/2022/12/14/every-saint-a-singer/
- Bonhoeffer, Dietrich. (2003). Vida en comunidad: la clásica exploración de la comunidad cristiana. (Salamanca: Ediciones Sígueme), p. 84.
- Solís, Majo. (2016) «Fija tus ojos en Cristo» [una de las traducciones oficiales de Turn Your Eyes upon Jesus].
- Nair, Shwetha, et al., (2015) «Do Slumped and Upright Postures Affect Stress Responses? A Randomized Trial [¿Influyen las posturas encorvada y erguida en las respuestas al estrés? Estudio clínico aleatorizado]», Health Psychology: Official Journal of the Division of Health Psychology, American Psychological Association 34, n.º 6: 632-641, https://doi.org/10.1037/hea0000146.
