Hagamos una encuesta rápida: ¿cómo te sentirías en los siguientes escenarios?
- Descubres que el domingo pasado tu pastor predicó un sermón escrito por ChatGPT.
- Durante la reunión del lunes, tu jefe anuncia que la empresa ahora espera que todos usen IA generativa para mejorar la productividad.
- El martes, una mujer de tu grupo en casa, que está considerando una decisión importante en su vida, te dice que le pidió consejo a un bot de inteligencia artificial.
Mi suposición es que, para la mayoría de los lectores, al menos una de estas cosas te molestaría o perturbaría genuinamente, una no te importaría demasiado y tal vez otra caería en un área gris. Y si te sentiste genuinamente molesto por uno o más de estos escenarios, probablemente te sentiste inquieto antes de hacer cualquier razonamiento consciente. En otras palabras, sentiste que uno o más de estos escenarios estaban mal antes de que supieras por qué.
Durante los últimos dos años, he viajado a muchos lugares y he hablado con miles de personas sobre los poderes y peligros de la tecnología digital. Por mucho, la pregunta más común es esta: «¿qué piensas sobre la IA?».
La tecnología de inteligencia artificial ha evolucionado más rápido de lo que la mayoría de los cristianos hemos podido procesar. Para muchos de nosotros, para cuando aprendimos que estos sistemas podían escribir una historia corta y divertida en unos pocos segundos, la era de la IA generativa ya estaba sobre nosotros. Cuando este tipo de cambio cultural masivo ocurre tan rápido, la mayoría de las personas tienden a seguir la corriente automáticamente. «Esto es nuevo» se vuelve sinónimo de «esto es bueno».
Algunos, sin embargo, han rechazado la IA. Advierten sobre lo que corremos el riesgo de perder, en nuestro pensamiento, nuestra creatividad y nuestra humanidad, si dejamos que las computadoras dirijan cada vez más nuestras vidas. Unos pocos incluso se han preguntado en voz alta si las fuerzas demoníacas podrían tener un papel en la inteligencia artificial, y si seguirle la corriente podría abrir puertas oscuras.
Tres principios para los cristianos
El Nuevo Testamento advierte sobre no ir por el camino de demasiada especulación teológica. Siempre existe la tentación de preocuparse más por lo que no podemos saber que por lo que sí podemos. En este breve artículo, quiero ofrecerte algunas pruebas diagnósticas para pensar, relacionarte y usar la inteligencia artificial de una manera cristiana. Mi objetivo no es confirmar la bondad de la inteligencia artificial ni especular sobre sus peores peligros potenciales. En cambio, mi objetivo es sintetizar lo que creo que la Escritura enseña sobre la naturaleza humana y la verdad suprema con una perspectiva de «realismo tecnológico» que escucha atentamente cómo la tecnología nos afecta como personas encarnadas.
Veamos tres principios, arraigados en la Escritura, y apliquemos cada uno de ellos a los escenarios enumerados anteriormente.
Principio 1: conoce la diferencia entre lo humano y lo no humano
Desde una perspectiva bíblica, atribuirle rasgos humanos a algo que no es humano es un síntoma de idolatría. El salmista observa:
Los ídolos de ellos son plata y oro,
Obra de manos de hombre.
Tienen boca, y no hablan;
Tienen ojos, y no ven;
¡Tienen oídos, y no oyen;
Tienen nariz, y no huelen;
Tienen manos, y no tocan;
Tienen pies, y no caminan;
No emiten sonido alguno con su garganta.
Se volverán como ellos los que los hacen,
Y todos los que en ellos confían (Salmo 115:4-8)
Los ídolos son creados a imagen de seres vivos, pero no viven. Su misma apariencia es engañosa; tienen oídos que no pueden oír, manos que no pueden sentir y bocas que no pueden hablar. Esta ilusión de consciencia es parte del engaño del ídolo; es más fácil adorarlo, confiar en él y alabarlo precisamente porque parece un ser vivo.
Borrar las líneas entre lo humano y lo no humano es un síntoma de una cultura espiritualmente confundida. Para ser absolutamente claros: los programas de IA no piensan. Los modelos de lenguaje de gran tamaño, o LLM, pueden parecer participar en una conversación racional, pero en realidad, los algoritmos avanzados y miles de millones de datos de entrada están desencadenando patrones predictivos. Esto significa que los LLM pueden ser útiles en ciertas situaciones, como buscar a través de grandes cantidades de datos o resumir investigaciones. Pero un LLM nunca puede «hablar» de una manera humana.
La razón por la que el primer escenario mencionado te parece a ti y a muchos de nosotros espantoso es porque instintivamente sabemos que un sermón empoderado por el Espíritu debe provenir de un ser humano empoderado por el Espíritu. Los humanos escribieron la Biblia, inspirados por nuestro Dios personal, y los humanos deben proclamar la Palabra para que las personas escuchen y sean salvas (Ro 10:14). Esto no niega el papel que la tecnología (como los libros, la radio o el Internet) puede jugar en la expansión del Evangelio. Lo que significa que la tecnología puede extender o amplificar la proclamación humana del Evangelio, pero no puede reemplazarla.
Nuestra teología de la tecnología debe mantener distinciones claras entre las habilidades y obligaciones humanas y las no humanas. Atribuir habilidades humanas superiores a las máquinas, como «pensar» o «amistad» o «consejo», invariablemente te llevará a deshacerte de tus obligaciones humanas hacia ellas. Sí, las máquinas pueden «procesar» y «analizar», pero sólo después de que el pensamiento humano ya haya proporcionado algo para procesar o analizar. Lo que las máquinas no pueden hacer y nunca harán es crear, imitando a nuestro Dios Creador.
Principio 2: evalúa la IA no sólo por su utilidad percibida, sino por sus efectos moldeadores
Toda tecnología nos cambia de alguna manera. Inventos como el estetoscopio, la bombilla y la computadora personal han mejorado enormemente nuestra vida diaria. Y han transformado la forma en que nos encontramos con el mundo. Esto no los hace malos, pero sí significa que no pueden ser neutrales.
Entonces, ¿cómo te moldea la IA? Analicemos el segundo escenario de nuestra lista. Un gerente en una empresa podría creer que los programas de IA inevitablemente impulsarán la productividad al generar respuestas a preguntas mucho más rápido o al eliminar el proceso que consume mucho tiempo de pensar en desafíos particulares.
Al dejar a un lado la cuestión de si esta suposición es realmente cierta para la mayoría de los lugares de trabajo, este argumento puede llevar a una menor calidad de trabajo a largo plazo. En su libro Slow productivity: el arte secreto de la productividad sin estrés, Cal Newport argumenta que los trabajadores del conocimiento subestiman los efectos de alejarse de las tareas y pensar en preguntas abstractas, como «¿qué es lo mejor en lo que podría estar trabajando?» o «¿qué sería verdaderamente una gran idea para nuestra empresa?». Newport argumenta que el trabajo humano verdaderamente valioso requiere imaginación y pensamiento profundo.
Si Newport tiene razón, entonces depender de la IA puede disminuir tu capacidad de pensar de esta manera. Pedirle inspiración a un LLM y obtener una respuesta rápida podría robarte a ti y al grupo los beneficios que provienen de tomarte el tiempo para superar los desafíos cuidadosamente. La Escritura enseña que hay sabiduría en comprender pacientemente algo en lugar de tratar de encontrar una solución rápida (Pr 18:17; 21:5).
Esto no descarta todas las aplicaciones de la tecnología de IA en el trabajo. Pero tienes que evaluar esas aplicaciones como una persona encarnada cuya mente, creada a imagen de un Dios racional, está diseñada para crecer y florecer. No preguntes sólo: «¿cómo me ahorrará tiempo esto?»; pregunta también: «¿qué tipo de persona seré si dependo de esto?».
Principio 3: recuerda que la IA nos puede dar hechos, pero no sabiduría ni amistad
De todos los usos posibles de la IA, el que más me preocupa es también el que crece más rápido. Según algunas estimaciones, alrededor del 25 % de los estadounidenses han usado un bot de IA para terapia o estarían abiertos a hacerlo. Ese número casi con certeza aumentará a medida que la Generación Z envejezca y las ventajas percibidas del asesoramiento de la inteligencia artificial (como el anonimato y la conveniencia) se vuelvan más evidentes. Peores aún son las historias de usuarios que desarrollan sentimientos románticos por estos bots y, en algunos casos, pierden por completo el contacto con la realidad.
Mi sensación es que el tercer escenario enumerado anteriormente se volverá común en los próximos años. Los pastores, los padres y los cristianos laicos deberán poder responder a las preguntas de «¿por qué no puedo?» sobre la IA. «¿Por qué no puedo preguntarle a la inteligencia artificial si debo o no dejar a mi cónyuge?». «¿Por qué no puedo llamar a un bot de inteligencia artificial mi novia?».
Necesitamos urgentemente una teología de la sabiduría. La sabiduría no son simplemente oraciones verdaderas; la sabiduría es el desarrollo de nuestro carácter hacia Cristo. Es pensar, sentir y elegir correctamente en situaciones demasiado variadas a fin de que la Biblia las aborde específicamente.
Las personas sabias viven de acuerdo con cómo Dios nos creó. ¿Y cómo nos creó Dios? No somos sólo mentes con lenguaje; también tenemos cuerpos. Él te creó para necesitar a otras personas. Nos creó para vivir como personas que pueden salir a su mundo físico real, llenarlo de portadores de su imagen y cultivarlo para su gloria (Gn 1:28). Los robots no pueden hacer esto.
En el caso del asesoramiento o la terapia, la naturaleza inhumana de la inteligencia artificial la hace no apta para satisfacer tus necesidades. Imagina que hay un aspirante a consejero en tu iglesia que realmente quiere hablar con las personas sobre sus problemas. Luego imagina que este aspirante a consejero dice abiertamente que no tiene amor por nadie más que por sí mismo, que no tiene el deseo de escuchar ni orar por el pecado de alguien, y que no tiene paciencia para las personas que luchan. Cualquiera con cerebro le diría a este hombre que no es apto para la tarea. Las cualidades inhumanas son descalificadoras en un consejero humano.
Pero un bot de IA sólo tiene cualidades inhumanas. El bot no puede amarte. El bot no puede orar por ti. El bot no puede mostrarte paciencia ni ternura. Tampoco tú puedes amar, orar o confesarte con el bot. Lo que está sucediendo en el asesoramiento con IA no es crecimiento espiritual; son humanos usando herramientas digitales para escarbar más profundamente dentro de sí mismos.
Lee bien tu tecnología
A veces las personas responderán a argumentos como estos apelando a los diversos debates de la historia sobre la tecnología. Señalarán que algunos se oponían a las tecnologías que disfrutamos hoy. Esto es cierto. Y seguramente hay algunos argumentos en contra de la tecnología digital que repiten las mismas falacias lógicas y la nostalgia vacía de siglos pasados.
Por esto es que lo que importa no son nuestras preferencias, sino la sabiduría a la que nos llama la Escritura. Cuando se trata de la inteligencia artificial, no todas las preguntas están claras, pero se están planteando verdaderos desafíos a las suposiciones fundamentales de la Escritura sobre la calidad de persona humana. Tu tarea como creyente no es responder por cada ludita en la historia, sino leer bien la Escritura, leer bien tu tecnología y vivir de la manera que conduzca a un florecimiento verdaderamente cristiano.
Estos tres principios pueden ayudarte a llegar allí. Así que, no importa qué escenario sea el más cercano a ti, anímate de que el Autor de la Escritura no está sorprendido por ninguna tecnología, y que su Palabra y su Espíritu están más que listos para ayudarte a vivir bien en un mundo que cambia rápidamente.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.