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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.

Tenemos una pregunta difícil hoy sobre el dolor crónico que no es aliviado. Viene de un hombre anónimo que escucha el pódcast. «Pastor John, hola. Gracias por este pódcast y gracias por tomar mi pregunta. Mi madre, una creyente, lucha con un dolor nervioso debilitante —muy debilitante— y nada de lo que los médicos han intentado le ha aliviado ese dolor. Ella sufre sin fin. ¿Cómo glorifica a Dios semejante sufrimiento sin alivio cuando parece que Dios se rehúsa a responder cualquiera de nuestras oraciones pidiendo misericordia?».

La noche antes de la crucifixión de Jesús, después de que Judas se había ido, Pedro le dijo a Jesús:

«Señor, ¿adónde vas?», le preguntó Simón Pedro. Jesús respondió: «adonde Yo voy, tú no me puedes seguir ahora, pero me seguirás después». Pedro le dijo: «Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora mismo? ¡Yo daré mi vida por ti!». Jesús le respondió: «¿tu vida darás por mí? En verdad te digo, que no cantará el gallo sin que antes me hayas negado tres veces» (Juan 13:36-38).

Y eso es, de hecho, lo que sucedió. Pedro negó tres veces que conocía a Jesús, y lloró amargamente al comprender el horror de lo que había hecho.

Amor inquebrantable

Ahora han pasado varias semanas. Jesús ha resucitado de entre los muertos. Está en la playa del Mar de Galilea con sus apóstoles, y centra su atención en Pedro, quien había fallado tan gravemente tres veces. Y saca de Pedro tres correspondientes afirmaciones de amor que rectifican sus tres negaciones. Así es como lo describió Juan:

Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó Pedro. Jesús le dijo: «apacienta mis corderos». Volvió a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó Pedro. Jesús le dijo: «pastorea mis ovejas». Jesús le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: «¿me quieres?». Y le respondió: «Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero». «Apacienta mis ovejas», le dijo Jesús (Juan 21:15-17).

Y recuerda ahora, antes de que Pedro negara a Jesús tres veces, Jesús había dicho: «adonde Yo voy, tú no me puedes seguir ahora, pero me seguirás después». Y ahora podemos ver por qué Pedro aún no podía seguir a Jesús: no lo amaba como debía. Pero ahora Jesús ha sacado de Pedro un amor nuevo, más profundo, inquebrantable. Al que mucho se le perdona, mucho ama (Lc 7:47).

Todo el camino

Y luego dice estas inquietantes palabras (y si te preguntas: «¿cómo se relaciona esto con la pregunta?», tal vez comiences a escucharlo): «cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías, pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará adonde no quieras» (Jn 21:18). Ahora Él está hablando de su crucifixión, y por eso agrega esto: «esto dijo, dando a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Y habiendo dicho esto, le dijo: “sígueme”» (Jn 21:19).

En otras palabras, «Pedro, ahora estás listo. Vas a ser crucificado. Me seguirás todo el camino, hasta el final. Una vez dije que no podías seguirme ahora, y no podías porque tu amor era defectuoso. Pero ahora has dicho tres veces —y tienes razón; lo afirmo— que me amas. Tu amor es grande por mí. Por lo tanto, me seguirás hasta tu cruz». Y luego agregó: «Con esta muerte glorificarás a Dios».

Esto debe haber sido increíblemente aleccionador para Pedro. «Entonces, Jesús, he demostrado que estoy genuinamente arrepentido, y me has aceptado. Dices que mi amor por ti es real y profundo. Y lo que obtengo es la promesa de una muerte insoportable, ¿todo para la gloria de Dios?».

Dolor para la gloria de Dios

Y pregunto: ¿qué pasaría si Jesús hubiera dicho: «cuando eras joven, Pedro, andabas con una vida sin dolor. Pero ahora que has demostrado tu amor por mí y que tu arrepentimiento es real, y estás listo para servirme, ahora vas a pasar los últimos veinte años de tu vida en un dolor incesante, para la gloria de Dios».

Eso es, de hecho, lo que Jesús le dice a muchos cristianos. Piensa en ello. Cristianos en todo el mundo —cristianos auténticos, cristianos reales, cristianos que aman, cristianos penitentes— millones de ellos sufriendo todo tipo de dolor imaginable, de pena, de pérdida, de opresión y de persecución, de aflicción y de enfermedad. ¿Recuerdas cómo dijo Pablo: «¿quién nos separará del amor de Cristo?» (Ro 8:35)? Y luego enumeró todas las amenazas a nuestra fe: tribulación, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada. Y podría haber añadido dolor largo y prolongado. Y si la tortura final de Pedro al ser crucificado pudo ser descrita por Jesús de antemano como para la gloria de Dios, entonces todo nuestro sufrimiento puede y debe ser soportado para la gloria de Dios.

Y así preguntamos: «¿cómo puede ser eso?». Y la Biblia da muchas indicaciones, pero sólo mencionaré dos. Y créeme, sé que mencionarlas es mil veces más fácil que vivirlas a través del sufrimiento. Pero estoy llamado a decir lo que la Biblia dice, y esto es.

Cristo siempre es una ganancia mayor

Primero, cuando sufrimos sin maldecir a Dios, sin abandonar a Cristo, declarándonos su amigo, su siervo, su discípulo, su seguidor y un gran amante de su gloria y fidelidad, hacemos evidente a los demás que tener a Cristo es más precioso para nosotros que tener libertad del dolor. El dolor, de hecho, se convierte en un sufrimiento con Cristo, porque estamos caminando con Él, nos aferramos a Él en medio de nuestro sufrimiento, en lugar de desecharlo por causa de nuestro dolor.

De esta manera, la confiabilidad, el valor, la bondad, la sabiduría y el poder de Cristo son afirmados y hechos claros simplemente por nuestra fiel resistencia al depender de su gracia inescrutable. Esta es la manera en la que Pablo libró su propia batalla. Él dijo en Filipenses 1:20-21: «conforme a mi anhelo y esperanza de que […] Cristo será exaltado [magnificado] en mi cuerpo, […] por muerte. Pues para mí, […] el morir es ganancia». En otras palabras, no desechar a Cristo en las penas y el dolor de morir —incluso en un morir largo y prolongado— magnifica a Cristo como una ganancia mayor que la vida.

Sufrir produce mayor gloria

Y la segunda forma en que nuestro sufrimiento puede glorificar a Dios es cuando lo soportamos confiando en la promesa de 2 Corintios 4:17, que es aún más asombrosa que la que ya hemos visto de Filipenses 1:20-21 sobre honrar a Dios en nuestra muerte al considerar la muerte como ganancia. Pablo miró toda su vida de sufrimiento —y fue notable; sólo lee 2 Corintios 11 o 1 Corintios 4—. Él dijo: «pues esta aflicción leve y pasajera nos produce [es decir: nos prepara] un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2Co 4:17).

En otras palabras, cuando no podemos ver ningún beneficio proveniente de nuestro sufrimiento en la tierra, la Biblia dirige nuestra atención lejos de la tierra y dice que estos muchos años de sufrimiento no son sin sentido, no son inútiles, no son en vano. En realidad, están produciendo (ese es el significado real de la palabra griega traducida como produce: provoca, prepara) un peso cada vez mayor de gloria. Eso es más que decir que morir es ganancia; eso es decir que el dolor largo y prolongado de morir está produciendo una ganancia mayor. Con cada punzada de dolor, podemos decir, si tenemos la conciencia para hacerlo: «Dios nos compensará; me compensará; no será desperdiciado». En el cielo miraremos hacia atrás a todos esos años de penas y dolores aparentemente sin sentido y diremos: «valió la pena. Él ha hecho que valga la pena».

Así que, oro por la querida madre de nuestro amigo anónimo. «Padre, ¿le darías alivio? Sí, le darás alivio, en el nombre de Jesús. Y hasta entonces, mantén su fe sólida, porque la misericordia del Señor es mejor que la vida (Sal 63:3)».

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
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John Piper
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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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