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Michael S. Lundy (MD, Tulane University) es un médico retirado, certificado por la junta en psiquiatría de adultos y niños. Ejerció la psiquiatría en una variedad de contextos: académico, privado, público y gubernamental, en su país y en el extranjero. Es un miembro activo de la Iglesia Anglicana (ACNA) en el área de Greater Atlanta. Disfruta leer, escribir, la música, cultivar camelias, la radioafición y observar la vida silvestre.
Consejos de Richard Baxter para aquietar el corazón cuando está deprimido
Consejos de Richard Baxter para aquietar el corazón cuando está deprimido
Enfoques para calmar el corazón propio
1) Procura ser fiel a la luz y a la ley de la naturaleza, que toda la humanidad está obligada a observar. Si no tuvieras la Escritura ni el cristianismo, entonces, la naturaleza (es decir, las obras de Dios) te dirá que existe un Dios y «que recompensa a los que lo buscan» (Heb 11:6). Te informa que Dios es absolutamente perfecto en poder, conocimiento y bondad, y que el hombre es un agente racional y libre creado por Dios y, por tanto, le pertenece, está sujeto a su voluntad y gobierno. La naturaleza dice que las acciones del hombre no son moralmente neutras, pero que hay algunas cosas que debemos hacer y algunas que no. Nos dice que la virtud y el vicio, el bien moral y el mal difieren grandemente y, por lo tanto, esa ley universal nos obliga al bien y prohíbe el mal; y que esto puede ser nada menos que la ley del Gobernante universal, quien es Dios. Le dice a todos los hombres que le deben a este Dios su obediencia absoluta porque Él es su Gobernante más sabio y absoluto y que le deben su más grande amor; esto es porque Él no sólo es el benefactor principal, sino también, perfecto y admirable en sí mismo. La naturaleza nos dice que Él nos ha hecho a todos miembros de una familia universal y que nos debemos amor y ayuda mutua. Nos dice que nada de la obediencia que damos a Dios puede ser jamás sin sentido o para nuestro perjuicio. Asimismo nos dice que todos debemos morir y que esos placeres físicos y este mundo efímero pronto nos dejarán. No hay más razón para dudar de cualquier cosa o de todo de lo que hay que para dudar de si el hombre es hombre. Acepta la verdad de esto y te ayudará mucho con el resto. 2) Con respecto a la revelación sobrenatural de Dios, aférrate a la Palabra de Dios, la Sagrada Biblia, escrita por la inspiración especial del Espíritu Santo, como la documentación suficiente de ella. La fe no es fe divina si no depende de la revelación divina, tampoco es obediencia divina la que se rinde a algo que no sea el gobierno y la ordenanza divina. La palabra del hombre debe creerse sólo al grado que merece, con una fe humana; la ley del hombre debe obedecerse según la medida de su autoridad, con una obediencia humana. Pero estos son muy diferentes de lo divino. No existe un gobernante universal en todo el mundo o en la iglesia que no sea Dios; ningún hombre es capaz de hacerlo, tampoco lo es ningún concilio de hombres. La ley de Dios se encuentra sólo en la naturaleza y la Santa Escritura, y esa es la ley que provee la única regla divina de nuestra fe o juicio o de nuestros corazones y vidas. Aunque no cada parte de la Escritura es igualmente clara o necesaria, uno puede ser salvo si entiende menos de mil oraciones de ella, ya que todo lo necesario para la salvación está claramente contenido dentro de esos límites. La ley de Dios es perfecta para su propósito y no necesita adiciones del hombre. Aférrate bien a la suficiencia de la Escritura o nunca sabrás a lo que debes aferrarte. Los concilios y los cánones son mucho más inciertos y no hay acuerdo entre sus defensores para saber cuáles son obligatorios y cuáles son opcionales; no existe camino para el cual se alcance el acuerdo para estos asuntos. 3) Sin embargo, acepta la ayuda que los hombres pueden dar en cuanto a comprender y obedecer la Palabra de Dios. Así como los abogados no crean la ley en sí mismos, sí necesitas su ayuda para entenderla y usarla correctamente, de igual manera, aunque ningún hombre tiene poder para hacer leyes para la iglesia universal, debemos apoyarnos en hombres que nos enseñen a comprender cómo obedecer la ley de Dios. No nacemos ni con fe ni con conocimiento; sabemos solamente lo que se nos ha enseñado, aparte de lo que obtenemos por la percepción de los sentidos, por la intuición o lo que deducimos de ellas mediante el razonamiento. Si preguntas: «¿de quién debemos aprender?»; te respondo: «de aquellos que saben y que han aprendido». Ningún nombre, título, parentesco o vestimenta puede capacitar a alguien para enseñarte lo que él mismo no sabe.- Los niños deben aprender de sus padres y maestros.
- Los adultos deben aprender de sus pastores y catequistas fieles y calificados.
- Todos los cristianos deben ser maestros mediante el apoyo amoroso mutuo.