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En 2008, hubo un hombre que intentó obedecer cada palabra del Antiguo Testamento por un año. Este hombre —que aseguraba ser judío, así como el restaurante Olive Garden asegura ser italiano— buscó seguir las leyes de alimentación, las leyes de pureza y, por supuesto, los Diez Mandamientos. Incluso, intentó apedrear a un adúltero con un puñado de piedrecillas. («La Biblia no especifica el tamaño de las piedras», dijo).

Como cristianos, creemos que la Biblia tiene autoridad, pero ¿significa eso que debemos seguir el ejemplo de este hombre?

Toda la Escritura es generalmente normativa

El teólogo John Frame explica que toda la Escritura generalmente es normativa y tiene autoridad, pero no toda es en la actualidad literalmente normativa. Las leyes sobre el sacrificio de animales, por ejemplo, son generalmente normativas ya que al menos nos enseñan que se necesita expiación para nuestro pecado y que deberíamos mostrar arrepentimiento interno y externo. Sin embargo, los sacrificios de animales en la actualidad ya no son literalmente normativos puesto que no se nos exige hacerlos. La pregunta clave es: ¿qué hace que ciertas leyes del Antiguo Testamento dejen de ser literalmente normativas para los cristianos de hoy?

La razón principal es que Cristo cumplió la ley por medio de su vida y muerte en nuestro lugar. Dios también ha producido cambios en la historia redentora que ajustan la manera en que nos relacionamos con ciertas leyes.

1. El cumplimiento de la ley en Cristo 

Jesús dijo en Mateo 5:17: «no piensen que he venido para poner fin a la ley o a los profetas; no he venido para poner fin, sino para cumplir».

Este cumplimiento tiene dos significados diferentes, uno universal y un segundo selectivo. Primero, significa que Cristo cumplió universalmente todos los justos requisitos de la ley para poder imputarnos su historial perfecto y presentarnos como perfectamente justos ante el Padre (2Co 5:21). Segundo, y de manera más selectiva, significa que Cristo cumplió ciertas leyes de tal manera que las deja obsoletas para los cristianos después de su muerte y resurrección.

La categoría más clara de la ley del Antiguo Testamento que quedó obsoleta es el sistema de sacrificios. Cuando Jesús declaró: «destruyan este templo, y en tres días lo levantaré» (Jn 2:19), afirmó estar reemplazando el templo, el lugar donde los sacerdotes ofrecían sacrificios en nombre de Israel. El autor de Hebreos explicó cómo Jesús reemplazó el templo, como un sacerdote y sacrificio superior: «ciertamente todo sacerdote está de pie, día tras día, ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. Pero Cristo, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios» (Heb 10:11-12). Cristo abolió el sistema de sacrificios al convertirse en el Cordero de Dios sacrificial que quita los pecados del mundo.

Sin embargo, la derogación de ciertos mandamientos del Antiguo Testamento en Cristo no siempre es clara. Por ejemplo, Dios se le aparece a Pedro en Hechos 10 y declara limpios todos los alimentos, eliminando así las restricciones dietéticas del Antiguo Testamento. Esto podría parecer arbitrario, pero un estudio más profundo revela que incluso las leyes de alimentación encuentran su cumplimiento final en Cristo. Cambiar esas leyes violentaría la santidad y pureza de Dios. Pero otras leyes fueron establecidas por Dios con propósitos históricos, incluyendo las leyes de alimentación, las cuales fueron ordenadas por Dios para apartar a su pueblo como limpio y santo entre las naciones paganas que los rodeaban. En el Nuevo Testamento, sin embargo, la fe en Cristo aparta a los cristianos, debido a que Él es la limpieza que necesitan, cumpliendo así las leyes de alimentación y dejándolas obsoletas. Los cristianos son apartados aún más claramente al testificar de su fe en Cristo mediante el bautismo.

2. Cambios divinos en la historia redentora 

Aunque cada cambio de la ley del Antiguo Testamento cae en última instancia bajo el cumplimiento en Cristo, hay al menos una razón secundaria. Leemos en Éxodo 22:1: «si alguien roba un buey o una oveja, y lo mata o vende, pagará cinco bueyes por el buey y cuatro ovejas por la oveja». Esta ley de retribución es generalmente normativa ya que enseña que deberíamos hacer restitución por los males que hemos hecho. También enseña claramente que Dios odia el robo (ver el 8vo mandamiento). Pero este mandamiento no es actual y literalmente normativo para nosotros hoy, ya que la mayoría de nosotros no vivimos en una sociedad agraria, y más importante aún, la nuestra no es una teocracia como lo era la de Israel. Debemos depender de autoridades civiles que Dios ha designado para mantener la paz y castigar a los infractores de la ley (Ro 13:1-7).

Muchos mandamientos específicos, como el que se encuentra en Éxodo 22:1, aparecen a lo largo de Éxodo y Levítico para servir como casos prácticos de la aplicación de los Diez Mandamientos, de modo que los líderes de Israel supieran cómo aplicarlos justamente. Estas leyes de casos específicos siguen siendo generalmente normativas para nosotros, en el sentido de que nos muestran la justicia de Dios y revelan su carácter, pero en la actualidad no son literalmente normativas para los cristianos porque Dios ha producido un gran cambio en la historia redentora al eliminar la teocracia.

A diferencia del antiguo Israel, que fue apartado como una nación étnica bajo un rey humano, nosotros somos ciudadanos del Reino celestial de Cristo. Un día, Él tomará su tribunal para promulgar justicia perfecta por toda la eternidad. Sin embargo, mientras tanto, Cristo ha designado autoridades civiles, no a la iglesia, para llevar a cabo la justicia en la tierra. Por lo tanto, la eliminación de la teocracia y la inauguración del Reino de Cristo no sólo es un cambio significativo en la historia redentora, sino que también es una subcategoría de Cristo quien cumple toda la ley como el perfecto profeta, sacerdote y rey, y cambia así la relación de su pueblo con la ley.

¿Qué pasa con poner la otra mejilla?

Las explicaciones anteriores podrían dejar a algunos preguntándose acerca de pasajes como Mateo 5:38-39, donde Jesús declara: «ustedes han oído que se dijo: “ojo por ojo y diente por diente”. Pero Yo les digo: no resistan al que es malo; antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra».

John Murray argumenta que las palabras de Jesús no deberían interpretarse como una exigencia de no resistencia pasiva en todas las ocasiones de injusticia hacia nosotros mismos o nuestra propiedad. Aquí se debe hacer concesión a la hipérbole retórica, como sucede con algunas otras enseñanzas de Jesús. En cambio, sus palabras enfatizan: «cuando seamos sometidos a males de diversos tipos, cuando se infrinjan nuestros derechos y se invaden nuestras libertades, no nos dejemos desanimar por esto tal que nuestra conducta sea dictada por un resentimiento vengativo». Si hablamos de manera positiva, Murray añade que la intención de Jesús es que deberíamos ser «generosos y tolerantes incluso con aquellos que infligen el mal». En lugar de cambiar esta ley que pide justicia para los malhechores, Jesús está advirtiendo contra su abuso al llamar a todos los cristianos a practicar la tolerancia y la misericordia incluso hacia aquellos que los persiguen.

Un ejemplo aún más claro de cómo Jesús corrige en lugar de derogar una ley del Antiguo Testamento es Mateo 5:43-44, donde Jesús dice: «ustedes han oído que se dijo: “amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen».

El mandamiento de amar a nuestro prójimo viene de Levítico 19:18, pero el mandamiento de odiar a tu enemigo no se encuentra en el Antiguo Testamento. Esto lleva a la conclusión de que Jesús estaba citando (y corrigiendo) una enseñanza popular de la época que tergiversaba el Antiguo Testamento.

La pregunta del por qué

Por último, además de entender qué obedecemos, necesitamos entender por qué obedecemos al ver cómo Cristo moldea fundamentalmente nuestra relación con la ley.

Pablo escribe en Romanos 6:14 que los cristianos ya no están «bajo la ley». Nuevamente, Murray es de ayuda cuando argumenta que Pablo se refiere a la persona sobre la cual sólo la ley ha recaído. Aparte de Cristo, estamos bajo la ley, lo que significa bajo su autoridad y sujetos a todas las consecuencias por desobedecerla (Stg 2:10), pero en Cristo, estamos bajo la gracia. Como cristianos bajo la gracia, no somos forzados a seguir adelante en una marcha de muerte de por vida bajo el peso aplastante de cumplir la ley a la perfección. En cambio, somos llamados por las palabras de amor de Cristo a correr por el camino de sus mandamientos, porque Él ha liberado nuestros corazones (Sal 119:32). Como dijo John Bunyan tan elocuentemente:

«¡Corre, John, corre!», exige la ley,
Pero ella no me da ni pies ni manos;
Mucho mejores noticias trae el Evangelio,
Me manda a volar y me da alas.

Incluso los creyentes en el Antiguo Testamento entendían que la obediencia a la ley se persigue por gracia, o al menos deberían haberlo entendido (Ro 9:30-32). Pero de este lado de la obra redentora de Cristo, tenemos una visión más clara de por qué nuestra relación con la ley está bajo la gracia. Moisés podría haber sido más santo de lo que nosotros somos, pero tenemos una visión de Cristo más clara que la que él tenía.

Al final, toda la Escritura es generalmente normativa e ilumina el camino hacia Cristo (Lc 24:27), pero en la actualidad no toda ella es literalmente normativa para los cristianos de hoy. Toda la Escritura, incluyendo el Antiguo Testamento, es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia (2Ti 3:16). Pero es importante saber exactamente cómo y cuándo aplicarla.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de 9Marks.