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Kenny Stokes es pastor de Predicación y Visión de Bethlehem Baptist Church en Minneapolis, Minnesota. Él y su esposa, Kathy, tienen cuatro hijos adultos y siete nietos.
La armonía étnica es una certeza
La armonía étnica es una certeza
Resuelvo, por la gracia capacitadora de Dios, perseverar en oración, en amor y en buenas obras por la causa de experimentar la armonía étnica en la iglesia.Como pastor en Minneapolis por mucho más de dos décadas, he encontrado que una de las enseñanzas bíblicas más útiles en relación a la armonía étnica en la iglesia es que Cristo ya la aseguró. Para quienes están en Cristo, la armonía étnica es nuestro destino común. En la misericordiosa y sabia providencia de Dios, Él ha designado que la iglesia esté compuesta de personas de toda etnia, tribu y lengua. De hecho, Él lo garantizó con la muerte de Cristo, quien rescató para Dios a personas «de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5:9). Por lo tanto, nuestro destino como creyentes es estar unidos en la adoración y el disfrute de Dios con personas de cada rincón de la tierra para siempre. Eso hace que la armonía étnica en la iglesia sea una certeza.
Un regalo para preservar
La armonía étnica también es un regalo que se debe preservar. Solía creer que era mi deber crear unidad en la iglesia entre la diversidad étnica. No obstante, ese pensamiento era un poco más que una arrogancia bien intencionada e incredulidad. Efesios 4 me puso en mi lugar. Ahí, el apóstol Pablo exhorta a los creyentes a que «vivan de una manera digna de la vocación con que han sido llamados. Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (Ef 4:1-3, [énfasis del autor]). Por tanto, nuestro deber como cristianos no es crear unidad en la iglesia, sino preservarla. Nuestro llamado es preservar la unidad que Dios ya estableció por nosotros en Cristo al vivir de una manera digna del poder reconciliador del Evangelio. Cuando nosotros, en nuestra pasión por la armonía étnica, imaginamos que somos encargados de crear unidad en la iglesia, inevitablemente construiremos una pseudounidad en oposición con la unidad que Dios ya nos ha dado en Cristo. Nuestras estrategias devaluarán el poder de nuestra unión compartida con Cristo, así destruirán la verdadera unidad en nuestra búsqueda de ella. Cualquier grupo de no creyentes puede unirse alrededor de una ideología compartida. Eso es lo que ocurre en cada subgrupo social y político. Eso no es gran cosa. La mayor pregunta es si es que nosotros, como cristianos, encontraremos una armonía «en el Señor» (Fil 4:2) que supere nuestras diferencias ideológicas terrenales y nos capacite para amarnos diligentemente unos a otros.Un amor no natural
La armonía étnica exige más que un amor natural. Como incluso la historia de la iglesia muestra, no es natural que diversos creyentes vivan juntos en unidad. Nuestra naturaleza pecaminosa trabajará duro contra ella; incluso entre los creyentes que comparten las profundas verdades del Evangelio. Esta lucha ha estado con nosotros desde el nacimiento de la iglesia, necesitando enseñanza explícita (como Efesios 4:1-7, que llama a la iglesia al desafío de vivir la unidad creada en Cristo entre cristianos judíos y gentiles). En nuestros días presentes, tales divisiones étnicas persisten. Esas divisiones están enredadas en diferencias políticas e ideológicas entre los creyentes. En los últimos cinco a seis años, se han expuesto divisiones aún más marcadas. El asesinato de George Floyd aquí el 2020 aumentó la brecha entre muchos creyentes evangélicos. En consonancia con la creciente y extendida polarización en nuestra sociedad, los cristianos han roto relaciones, no por diferencias sobre Cristo, sino por sus discrepante puntos de vista acerca de la armonía étnica en la iglesia y la justicia del mundo. Las iglesias se han dividido. Las amistades se han evaporado. Los compañerismos han terminado. Incluso familias cristianas se han dividido. En un estudio reciente se documentó que muchos cristianos están escogiendo pertenecer a una iglesia no por la teología de la iglesia, sino por su ideología. La convicción doctrinal está tomando cada vez más un segundo plano en relación a la convicción ideológica. ¿Estamos tratando nuestras ideologías y convicciones políticas como algo de mayor valor, un mayor tesoro, que la inexpresable gracia de nuestra hermandad en Cristo Jesús mismo? Oro para que no sea así.Se requiere un amor sobrenatural
La armonía étnica requiere un amor sobrenatural. El colapso del amor entre los cristianos es un fracaso trágico. Tales divisiones entre creyentes son evidencias de nuestra pecaminosidad e incredulidad, y son oportunidades perdidas para exponer la gloria del poder reconciliador de Cristo. Si Dios nos ha reconciliado, por medio de la muerte de su Hijo, a través de sí mismo, mientras éramos pecadores (Ro 5:11), no debemos atrevernos a pensar que la armonía étnica requerirá cualquier cosa menor al amor sacrificial, a la tolerancia y al perdón de Dios que hemos recibido en Cristo (Ef 4:32-5:1). Mientras mayores sean los desacuerdos, mayor la alineación, mayor el desafío a amar. Y mientras más grande es el desafío a amar, mayor es la oportunidad para exponer el amor y la unidad sobrenatural que es nuestra en el Evangelio de Cristo.Resolución triple
Cristo nos ha unido en el Evangelio, reconciliándonos a sí mismo y los unos a los otros (Ef 2:11-22). Mientras el único pueblo de Dios se reúne de cada tribu, lengua, pueblo y nación, compartimos un destino común eterno juntos (Ap 5:9). Nuestro desafío como hermanos y hermanas en Cristo es vivir nuestra unidad los unos con los otros, atesorando a Cristo Jesús, nuestro Señor, por sobre todo. Hacia ese fin, ofrezco esta resolución triple en este día de Martin Luther King Jr. [en Estados Unidos][efn_note]Nota del editor: aunque este artículo hace referencia al Día de Martin Luther King Jr. (celebrado en enero en Estados Unidos), la publicación de este artículo no coincide como el original con dicha fecha.[/efn_note]:Resuelvo, por la gracia capacitadora de Dios, a perseverar en oración, en amor y en buenas obras por la causa de experimentar la armonía étnica en la iglesia.Esta resolución expresa el deseo y la oración de mi corazón. Quizás expresa los tuyos también. Si es así, únete a mí en esta oración de tres partes.