volver
Chris Tachick es miembro de los traductores de la Biblia Wycliffe, consultor de traducción para Seed Company y profesor adjunto de Hebreo en Bethlehem College and Seminary. Es esposo y padre de tres, bloguero en letthewordrun.blogspot.com, y autor de King of Israel and “Do Not Fear, Daughter of Zion”: The Use of Zephaniah 3 in John 12 [«Rey de Israel» y «No temas, hija de Sión»: el uso de Sofonías 3 en Juan 12].
Imagina la vida sin sus palabras
Imagina la vida sin sus palabras
Hace diez años, mi esposa y yo nos mudamos de Estados Unidos a Francia (para estudiar francés) y luego a Camerún, África Central, como miembros recién nombrados de Wycliffe Bible Translators. Nuestros corazones habían sido cautivados por la lógica de Pablo en Romanos 10:14-17: los enviados necesitan proclamar la Palabra de Cristo; sin embargo, muchos ni siquiera tienen acceso a una palabra de la Escritura que pueda ser entonces proclamada. Y fuimos profundamente impactados al descubrir que la concentración más alta de idiomas que necesitan traducción para comenzar está en Asia y África. Sentimos que Dios nos estaba llevando a irnos a África.
En Camerún, pronto nos encontramos armando una casa con un recién nacido en una villa a fin de brindar apoyo exegético en un proyecto activo de traducción del Antiguo Testamento, entre el pueblo de Funom (seudónimo usado para proteger su obra). Un líder carismático y visionario y un ardiente seguidor de Jesús llamado Kimal estaba sirviendo como presidente de su comité de idiomas. A pesar de ser un día de tormenta durante la temporada de lluvias, él y otros hermanos Funom nos saludaron al llegar con grandes sonrisas y cálidos corazones, y nos unimos a ellos en el trabajo de traducción. No hay duda al respecto: estos hermanos que están dedicando su vida a la tarea de la traducción son los Wycliffe, los Tyndale y los Lutero del pueblo Funom. ¡Qué honor fue servir con ellos! Mi esposa y yo tuvimos una maravillosa luna de miel misionera. Por un mes.
La realidad no tardó en imponerse. Mi esposa, embarazada en ese momento de nuestro segundo hijo, contrajo malaria. Estábamos física y psicológicamente al límite mientras establecíamos nuestro hogar, aprendíamos el idioma, ayudábamos en la traducción y nos adaptábamos a la cultura y a las costumbres que nos rodeaban. Las personas en todas partes parecían tener necesidades insuperables (físicas, espirituales y más). Y los llamados a orar de la religión mayoritaria de la región sonaban cinco veces al día, desde antes del amanecer hasta el atardecer. Rápidamente, decidimos convertir esos llamados en recordatorios para orar fervientemente a fin de que Dios nos refrescara con el Evangelio, moviera a personas a someterse a su Reino y que su Palabra «se extienda rápidamente y sea glorificada» (2Ts 3:1). Incluso en medio de todos esos desafíos, fue un gozo estar con los Funom.
Un poco más de un año después, nuestra organización decidió evacuarnos por motivos de seguridad. Tuvimos que irnos, pero la Escritura traducida se quedaría. Y los Funom continúan llevando a cabo la gran comisión con el Nuevo Testamento previamente traducido en sus manos mientras trabajan en la traducción del Antiguo Testamento. Actualmente no vivimos en Camerún, pero ahora estamos invirtiendo en muchos grupos de idiomas a lo largo de África y Asia mientras servimos como consultores de traducción. Alabamos a Dios por el privilegio de ayudar a dieciocho grupos lingüísticos que hasta ahora tienen acceso a más Escritura.