Bien, voy a decir algo que puede sonar inquietante, pero quiero que pienses en ello. ¿Estás listo? La idea completa de la familia, en la forma en que la experimentamos en la tierra, es sólo temporal. Se acerca un día en que el concepto de familia será absorbido por un acuerdo más glorioso y satisfactorio.
No dejes que eso te ponga nervioso. Lo que nos espera es mucho más magnífico.
El matrimonio es una señal que apunta hacia adelante
Un día, los saduceos intentaron engañar a Jesús con una pregunta sobre el cielo. Jesús respondió: «porque en la resurrección, ni se casan ni son dados en matrimonio, sino que son como los ángeles de Dios en el cielo» (Mt 22:30). Jesús no está diciendo que, debido a que el matrimonio no sea eterno, es hora de tirarlo a la basura. No, nos está diciendo que nos espera algo incluso mejor.
En el cielo habrá un matrimonio glorioso entre Cristo y su esposa, y ese matrimonio satisfará y completará cada deseo de matrimonio que hayamos tenido en esta tierra. De hecho, el matrimonio eterno entre Cristo y la iglesia es el propósito mismo por el cual existe el matrimonio en esta vida.
El matrimonio en la tierra es una imagen de esa realidad eterna. Refleja un propósito superior.
Pablo explica: «“por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia» (Ef 5:31-32). En la gloria, experimentarás un deleite que supera con creces lo que has experimentado aquí y ahora.
Piensa en esto. Si tu cónyuge está allí, no es exagerado pensar que experimentarás deleite celestial en Cristo junto con tu cónyuge; la persona con la que más te has deleitado en esta vida. Pero estar en el cielo con tu cónyuge no será glorioso porque sigas siendo su pareja; estar en el cielo será glorioso porque juntos contemplarán cara a cara a Aquel a quien apuntaba su matrimonio.
En Pittsburgh, donde crecí, hay un querido parque de diversiones llamado Kennywood. En aquel entonces, letreros amarillos de Kennywood por todo Pittsburgh apuntaban en dirección a lo que creíamos que era la máxima experiencia de diversión: algodón de azúcar, manzanas confitadas, deliciosas golosinas.
Ah, ¿y mencioné las montañas rusas que te detenían el corazón y expulsaban los dulces que acababas de engullir directamente sobre las vías de la montaña rusa? ¡Rayos! ¡Vomitar en Kennywood era un rito de iniciación, algo de lo que presumir en la clase de inglés el lunes!
Los letreros de Kennywood apuntaban a las personas hacia nuestros profundos deseos de placer en el parque de diversiones, pero los letreros no eran la realidad. Imagínate a un pobre niño sentado bajo un letrero de Kennywood, pensando que donde estaba sentado era todo lo que había de Kennywood.
Quizás estaba un poco equivocado, ¿no lo crees?
El letrero, por supuesto, tenía otro propósito. Apuntaba hacia otra cosa, algo que llenaría a ese niño de alegrías inesperadas.
Cuando los pecadores dicen «acepto» en esta vida, se convierten en señales que apuntan a la relación con el Novio, Jesucristo. Una vez que llegamos al cielo, los letreros ya no son necesarios. Son absorbidos por algo más asombroso que cualquier parque de diversiones: el matrimonio de Cristo y la iglesia.
Lo que es cierto del matrimonio es cierto de la familia.
Las familias terrenales serán absorbidas por una realidad mayor: el cuerpo de Cristo.
La realidad es mejor que el reflejo
Esto no quiere decir que nuestros familiares creyentes se convertirán en extraños en la nueva tierra. «¿Te conozco? Te ves vagamente familiar. ¿Éramos amigos en Facebook?». Más bien, como escribe Rob Plummer, «si nuestros hijos están a nuestro lado en la eternidad, no será como nuestros hijos, sino como nuestros hermanos y hermanas redimidos por la sangre».
No es tanto que perdamos nuestra antigua familia, sino que ganamos una nueva familia: una más grande y eterna.
En este momento, la familia cumple un propósito terrenal. Pero llegará el día en que se transformará en una experiencia gloriosa que se multiplica y magnifica por la familia más grande a la que estamos unidos. Como dijo Randy Alcorn, «generalmente Dios no reemplaza su creación original, pero cuando lo hace, la reemplaza con algo mucho mejor, nunca peor».
Pero seamos sinceros. Muchas personas tienen experiencias horribles con sus familias. Si el concepto completo de familia te trae a la mente fractura y dolor, recuerdos que provocan una profunda vergüenza, o algo de lo que tuviste que huir, por favor, ten en cuenta que lo que Dios está preparando para ti no es simplemente un reinicio familiar.
Más bien, es lo que la familia debió haber sido desde el principio, sólo más gloriosa.
Tu próximo hogar será dirigido por un Padre perfecto y ocupado por nuevos hermanos y hermanas que se han despojado de las escamas del pecado. Te espera un futuro donde los recuerdos de la tristeza ya no oscurecerán tu mente.
Hasta ese día, aquí tienes algunas perspectivas que debes tener en cuenta.
- El pasado. Lo que le has hecho a tu familia, o las cosas que te hizo tu familia, ya no tienen por qué definirte. Debido a que Cristo murió por el pecado, Dios ya no te ve en la vergüenza de los fracasos pasados. Él redime las peores cosas que nos hicieron para que podamos decir con José: «Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió en bien […]» (Gn 50:20).
- El presente. Jesús te entiende. A tu familia también. Él no sólo escucha bien, sino que se compadece (Heb 4:15). Como un sumo sacerdote amoroso, se identifica con las áreas donde eres tentado o sufres. Y nos insta a unirnos a su pueblo imperfecto en la tierra: la iglesia local. Cuando el pueblo de Dios vive y ama como Él lo ordena, proporciona una pequeña probada en la tierra de la familia que disfrutaremos en el cielo.
- El futuro. Nos hemos convertido en «hijos de Dios» (Jn 1:12), por lo que anhelamos estar con nuestro Padre Celestial. Sentimos una punzada, una especie de nostalgia incrustada en el corazón. Dentro de nuestra alma hay un sonar que detecta el eco de un hogar distante, de una familia perfecta. Estamos nostálgicos por el lugar que fuimos creados para ocupar: nuestro hogar permanente con nuestro Padre. Por ahora, disfruta de tu familia actual. Y deja que te recuerde un hogar más magnífico que te espera.
Mi oración es que la idea de que tu familia rota sea absorbida por una nueva familia —incluso en esta vida— sea una noticia alegre para ti.
Y oro para que, mientras caminas en comunidad con el pueblo de Dios, encuentres esperanza en el Padre de amor, que anhela traerte algún día a un nuevo hogar donde ya no conocerás el sufrimiento ni el dolor.
Este recurso fue originalmente publicado en el blog de Dave Harvey.