Una de las circunstancias más difíciles que enfrentará cualquier familia es cuando algunos aman al Señor y otros lo rechazan. A veces son padres cristianos cuyo hijo rechaza y se aleja a sabiendas de la fe que sus padres le habían enseñado y modelado. Otras veces es un cónyuge cristiano que ve a su esposo o esposa rechazar a Cristo por completo. En ocasiones, son hijos cristianos los que ven a su mamá o papá alejarse de la fe que una vez profesaron. De muchas maneras, las familias pueden dividirse de modo que algunos estén a favor de Cristo y otros en contra de Él.
Los padres que aman al Señor anhelan naturalmente que sus hijos hagan lo mismo. Su «deseo de su corazón y su oración a Dios por ellos es para su salvación» (Ro 10:1), y con razón. Por eso comparten el evangelio con sus hijos y oran fervientemente por ellos. Pero, ¿qué deben hacer cuando tales intentos no dan fruto inmediato? La tentación es presionar e insistir, expresar una especie de decepción profundamente arraigada y convertir cada conversación en una súplica. Quienes hacen esto pronto pueden descubrir que han alejado a sus hijos por completo a través de un noble deseo expresado sin sabiduría.
Christopher Ash habla de esto y ofrece un consejo. Él dice: «creo que es útil que los padres recuerden que su llamado es a ser padres. Eso suena obvio, así que permítanme explicar lo que quiero decir. Una mamá o un papá no es el pastor de su hijo o hija, ni siquiera el evangelista. Una madre debe ser una madre y mantener esa relación maternal a medida que sus hijos e hijas crecen. Un padre debe ser un padre». Un hijo, ya sea que siga al Señor o lo rechace, aún necesita que su madre sea una madre. Una hija, ya sea sumisa o rebelde, aún necesita que su padre sea un padre. Sin embargo, en muchos casos, la preocupación de los padres por su hijo hace que dejen de lado su rol parental para funcionar como un pastor o evangelista —dejando que su preocupación espiritual opaque su responsabilidad familiar—.
Ash continúa:
Me parece que algunas de las dificultades en los hogares cristianos pueden verse exacerbadas cuando un padre (quizás especialmente un padre) recurre a comportarse como un evangelista o un pastor con su hijo o hija errante o difícil. Si esa es tu tendencia, ten cuidado: eres llamado a ser su padre. Debes estar allí como un papá. Y esa relación continúa hasta que mueras. Por lo tanto, es de suma importancia proteger y nutrir esas relaciones.
Cabe mencionar que lo que es cierto de la relación de padres con hijos puede ser cierto también de la relación de esposos con esposas y de esposas con esposos (aunque quizás ese sea otro artículo).
Por supuesto, un padre anhela que su hijo sea salvo, sin embargo, nadie ha sido fastidiado para entrar en la fe cristiana. Dios nunca identifica el fastidio como un medio de gracia ni la presión como una estrategia para el evangelismo. J.R. Miller dice correctamente que «¡Fastidiar y regañar nunca ha hecho que nadie sea piadoso! ¡La constante señalización de defectos nunca ha curado a nadie de sus defectos!». O lo ha llevado a la fe. En cambio, Dios llama a los creyentes preocupados a sobresalir en el rol para el que los ha llamado, para que los padres amen a sus hijos con todo el amor del Padre. Una estrategia mejor que el fastidio constante es la vida piadosa, simplemente vivir como Dios ha llamado.
Esto no quiere decir que los padres deban guardar silencio, ocultar su fe o negar su importancia en sus vidas. ¡Lejos de eso! Ash dice:
Puede haber una analogía con la esposa cristiana que tiene un esposo incrédulo, a la que se dirige Pedro en 1 Pedro 3:1-2. Pedro le presenta la esperanza de que su esposo pueda ser «ganado sin una palabra» al ver la vida piadosa de su esposa. Entiendo que esto no significa que este esposo nunca escuche la palabra del evangelio, sino más bien que no la escuche repetidamente y de forma irritante de su esposa. ¡Ella comprende que es su esposa y no su predicadora!
No se trata de ocultar o negar la fe, sino más bien de obediencia, sabiduría y confianza: obediencia para cumplir el rol al que Dios nos ha llamado a cada uno, sabiduría para saber cuándo puede ser correcto extender una invitación o decir una palabra de verdad, y confianza en que Dios obrará a través de los medios que ha designado.
Hay muchas personas en este mundo que pueden servir como un pastor para tu hija, pero ella tiene sólo un padre. Hay muchas personas en este mundo que pueden cumplir el rol de evangelista para tu hijo, pero él tiene sólo una madre. Esto debería ser una fuente de gran consuelo y motivación segura, porque hace que tu llamado sea aún más firme. Sirve en el rol que Dios te ha asignado y hazlo con la confianza de que el camino de Dios es el mejor.
(Las citas han sido tomadas de Not Old, Not Young, Not Done [No anciano, no joven, no terminado])
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Tim Challies. Usado con permiso.