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El multiculturalismo tiene una manera fascinante de alterar nuestras presuposiciones. Descubrimos con sorpresa que lo que es normal para una persona es ajeno a otra, que lo que es bueno en una cultura es malo en otra. Descubrimos que gran parte de lo que creemos que es objetivamente bueno y verdadero ha sido, en realidad, filtrado a través de un lente cultural subjetivo. Descubrimos que necesitamos acudir a la Biblia transcultural para preguntar: «¿qué dice Dios sobre esto?».

Cuando yo era niño y estaba formando un sentido de cómo funciona el mundo, mi parte del país era todavía en gran medida monocultural. Mi cultura era completamente occidental y con ella heredé la idea de que la relación ideal entre generaciones es la independencia. Una generación debía dar a luz a la siguiente, cumplir con la tarea de que terminen la universidad, y luego buscar el sueño de ser libres a los 55 con una jubilación larga y relajada. Había muy poca superposición entre las generaciones más allá de la cena ocasional de Pascua o Acción de Gracias. Ciertamente, debería haber muy poco sentido de deber u obligación hacia los hijos adultos o los padres ancianos.

Pero luego Toronto cambió. El mundo fue invitado a venir a vivir a Canadá y comencé a ver que otras culturas ven la relación entre generaciones de manera muy diferente. Mientras que en mi cultura los círculos de hijos adultos y padres ancianos apenas se superponen, ¡en otras culturas apenas están separados! A medida que mi iglesia comenzó a reflejar el enorme multiculturalismo de Toronto, las preguntas pastorales se volvieron mucho más difíciles de responder. Rápidamente me di cuenta de que faltaba una pieza en mi comprensión de la familia. Simplemente no había pensado lo suficiente en la relación entre las generaciones. Estaba viviendo de acuerdo con la cultura, no con la Escritura.

Comencé a preguntarme: ¿cómo debo relacionarme con mis hijos en los inevitables días que vendrán, cuando ellos sean los fuertes y yo sea el débil? ¿Cómo debo prepararlos para que se relacionen conmigo cuando ellos sean cada vez más capaces y yo sea cada vez más necesitado? ¿La Biblia tiene algo que decir sobre los hijos y sus padres mayores o ancianos?

Fui a buscar y me detuve en 1 Timoteo 5, donde el tema se aborda con tanta claridad como en cualquier otro lugar. Pablo cuenta cómo los hijos deben cuidar a sus padres de tal manera que los «recompensan» por todo lo que sus padres hicieron por ellos. Parece que Pablo no ve una separación total entre las generaciones, sino más bien una sana superposición. Una generación se vuelve independiente de sus padres, pero luego regresa con amor y cuidado.

En muchos sentidos, esto choca fuertemente con lo que siempre he creído que era bueno y normal. Pero en algunos sentidos también choca fuertemente con lo que otras culturas consideran normal. Como suele ocurrir en la vida cristiana, descubrí que es importante luchar por el término medio entre dos extremos.

Por un lado está la orgullosa independencia, como si llegar a depender de mis hijos fuera una señal de debilidad o fracaso. Si me inclino hacia este lado, pensaré que he fallado si pongo alguna expectativa en mis hijos. Pero eso me suena a orgullo. El hecho es que hoy soy débil y sólo me debilitaré más. Dios ha prometido que me proveerá en mi debilidad, y estoy comenzando a ver en Su Palabra que es Su voluntad proveer a través de la familia. Después de todo, Dios diseñó la familia para que fuera una red de cuidado y apoyo mutuo desde el nacimiento hasta la muerte. Yo tuve el deber y el privilegio de cuidar a mis hijos cuando eran pequeños y ellos tendrán el deber y el privilegio de cuidarme cuando sea anciano. Ese es el diseño de Dios. Así que necesito prepararme para depender de ellos.

El extremo del otro lado es el derecho egoísta, actuar como si mis hijos tuvieran toda la responsabilidad. Es la mentalidad de derecho de: «yo proveí para ti, ahora tú provee para mí», o «soy tu padre, así que me lo debes». Pero Proverbios 13:22 dice: «el hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos», mientras que en 2 Corintios 12 Pablo dice: «porque los hijos no tienen la responsabilidad de atesorar para sus padres, sino los padres para sus hijos». Parece que la sabiduría dicta que, como padre de ellos, trabaje duro e intente proveer para las necesidades de mis hijos cuando son pequeños y para mis propias necesidades cuando soy anciano. Así que, aun cuando me preparo para depender de mis hijos de algunas maneras, necesito intentar que su carga sea lo más ligera posible mediante el trabajo diligente, el ahorro cuidadoso y la planificación sabia.

En algún punto entre esos extremos de orgullosa independencia y derecho egoísta, creo que los cristianos pueden encontrar un hermoso equilibrio. Criamos a nuestros hijos en la disciplina e instrucción del Señor. Trabajamos duro y proveemos para ellos y para nosotros mismos lo mejor que podemos. Cumplimos nuestras responsabilidades con nuestros hijos. Luego, a medida que envejecemos, nos apoyamos en ellos para que puedan cumplir sus responsabilidades con nosotros. Ellos nos devuelven en tiempo, en amor, en cuidado y, si es necesario, incluso en dinero. Y si por alguna razón ellos no pueden, la familia de Dios, la iglesia, intervendrá con gozo para asumir el cuidado. Hay algo hermoso en esto cuando funciona correctamente.

Cuidamos a nuestros hijos al entrar en este mundo y les corresponde a nuestros hijos cuidarnos al salir de este mundo. Estuvimos allí para ellos cuando tomaron su primer aliento y ellos estarán allí para nosotros cuando tomemos el último. Los acostamos en la cuna, ellos nos acostarán en la tumba. Tendremos que decir adiós, pero si nosotros conocemos a Cristo y ellos conocen a Cristo, será un adiós por sólo un momento. Cuando su propia generación dé paso a la siguiente y les llegue su tiempo, seguramente seremos parte del grupo de bienvenida que los recibirá en las puertas del cielo. Allí estaremos juntos para siempre, no primero como padres e hijos o madres e hijas, sino como hermanos y hermanas en la gran familia de nuestro gran Padre. Que el Señor así lo haga…

Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Tim Challies. Usado con permiso.
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Tim Challies

Tim Challies es un seguidor de Jesucristo, esposo de Aileen y padre de tres niños. Se congrega y sirve como pastor en Grace Fellowship Church en Toronto, Ontario. Es autor de libros, entre los cuales puedes encontrar: Discernimiento: una disciplina práctica y espiritual, Limpia tu mente y Haz más y mejor; es cofundador de Cruciform Press y escribe regularmente en challies.com
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