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Deidad digital

El diccionario en inglés Merriam-Webster define «idolatría» de dos maneras: «la adoración de un objeto físico como un dios» y «apego o devoción inmoderada a algo».

Si usamos cualquiera de esas definiciones, no es exagerado decir que la mayoría de nosotros somos idólatras con nuestros teléfonos inteligentes. 

Los teléfonos inteligentes son objetos físicos que llevamos a todas partes; rara vez están a más de un brazo de distancia. ¿Cuándo fue la última vez que saliste a hacer trámites sin tu teléfono? ¿O te fuiste de viaje por una noche sin él? Nos estremece sólo pensarlo.

Pasamos nuestros días con un apego casi constante a estos dispositivos móviles. En cada momento intermedio de la vida en la que estamos despiertos —haciendo fila para un café, sentados en una sala de espera, caminando del punto A al punto B, detenidos en un semáforo en rojo— instintivamente sacamos nuestro teléfono y escroleamos, enviamos mensajes de texto, revisamos notificaciones, alternamos sin propósito entre aplicaciones.

No es sólo un hábito nervioso. Es un impulso litúrgico: hábitos de devoción grabados en la memoria muscular. ¿Cuándo fue la última vez que te quedaste quieto en una pausa y sólo divagaste en tus pensamientos o soñaste despierto, en lugar de agarrar tu teléfono? La mayoría de nosotros ya no hacemos eso.

Este es el comportamiento de los idólatras. Estamos apegados inmoderadamente a nuestros teléfonos. Los tratamos como deidades que merecen y exigen nuestra devoción constante. Es idolatría porque estas deidades digitales son los focos de nuestra atención, mucho más que el Rey del universo.

La atención es el combustible de la adoración (y de la adoración a ídolos)

Adonde va nuestra atención, nuestro corazón le seguirá. La atención —el recurso limitado de lo que ocupa nuestro espacio mental y cómo gastamos nuestro tiempo— es un pilar fundamental de cualquier relación. Si no le prestas atención a tus hijos o a tu cónyuge, esas relaciones se verán afectadas. Pero si estás muy atento a una persona, es probable que tu vínculo con ella crezca. Un matrimonio en el que el esposo y la esposa están presentes el uno con el otro y atienden a las palabras y necesidades del otro —incluso sacrificando otras cosas buenas para hacer posible esta fidelidad atenta— será un matrimonio fuerte y floreciente.

Lo mismo se aplica a nuestra relación con Dios. Si nunca pasamos tiempo ni le prestamos atención a Dios, la relación será débil y frágil. Amamos aquello a lo que le damos nuestra atención. Si paso todo mi tiempo libre jugando videojuegos, cocinando, jardineando o [llena el espacio en blanco], amaré esa cosa cada vez más. Nuestros hábitos de atención reflejan y refuerzan nuestros amores.

Celoso de nuestra atención

El teléfono inteligente es el mayor captador de atención en la historia de la humanidad. El dispositivo —y las aplicaciones que lo pueblan— están diseñados con un objetivo simple: apoderarse de tu tiempo y atención. En la «economía de la atención» contemporánea, se hace más dinero cuando los ojos están pegados a los dispositivos, aplicaciones, juegos, contenido que se transmite en vivo, etc. Las empresas de tecnología tienen todo el incentivo para hacer que los teléfonos inteligentes sean lo más adictivos posible, tan ferozmente celosos de nuestra atención como un cónyuge o un hijo. Y están teniendo éxito en este objetivo.

Mira a tu alrededor en espacios públicos como salas de espera, cafeterías o filas de cualquier tipo. Casi todos tienen la misma postura: cabeza baja, ojos pegados a su dispositivo, ajenos a los otros humanos a su alrededor. Es un cuadro inquietantemente común que subraya la omnipresencia del problema. Todos estamos enganchados. No podemos parar. Nuestra atención está enfocada —ojos vidriosos, dedos deslizando y escroleando— en el objeto de nuestro afecto. Es decir, el objeto de nuestra adoración.

Si un ídolo es cualquier cosa que nos quita la atención y el amor al único Dios verdadero, entonces los dispositivos de producción masiva conectados a Internet en nuestras manos se encuentran entre los ídolos más insidiosos que la historia ha conocido.

Cómo combatir la idolatría a tu teléfono

La era del escroleo es una batalla espiritual con mucho en riesgo. ¿Permitiremos que nuestra alma sea capturada por los algoritmos, que nuestra adoración sea dirigida a los semidioses de Silicon Valley? ¿O renovaremos nuestro compromiso y daremos nuestra atención más fielmente al único Dios verdadero?

Él está celoso por nuestra atención. Él la quiere y la merece. Elegirlo a Él por encima de nuestros teléfonos bien podría ser la pelea de nuestras vidas. Aquí hay tres maneras en las que podemos tener éxito en esta batalla.

1. Arrepiéntete y confiesa 

El primer paso para liberarse de la idolatría es reconocerla como idolatría. Esto es más difícil de lo que parece porque pocos de nosotros nos consideramos idólatras. Puede ser difícil ver las propias adicciones. Pero una auditoría honesta de la asignación de tu tiempo de atención puede ser un diagnóstico útil. ¿Cuánto tiempo le estás dando a Dios cada día (oración, lectura de la Biblia, adoración) en comparación con el tiempo que le estás dando al escroleo o a la transmisión en vivo? Sé honesto y luego arrepiéntete. Confiésale a Dios —y a otros en tu vida— que tus prioridades han estado desequilibradas. Comprométete a cambiar. Rodéate de personas que puedan pedirte cuentas en tu deseo de crecer. Comienza a dedicar más tiempo a orar y a estar quieto con Dios durante esos momentos en los que normalmente agarrarías tu teléfono y te distraerías. Ora para que tu corazón sea renovado con una pasión ferviente por el Señor, y para que estés más satisfecho en su presencia que en cualquier placer pasajero que el algoritmo pueda ofrecer.

2. Siempre mantente en guardia 

En las palabras finales de 1 Juan hay una advertencia sobre la idolatría: «hijos, aléjense de los ídolos» (1Jn 5:21). Incluso después de que nos hemos arrepentido y «[nos] conv[ertimos] de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero» (1Ts 1:9), el atractivo de la adoración a los ídolos no desaparecerá por completo. Debido a que los teléfonos inteligentes son tan normales y están en todas partes en nuestra cultura, será imposible para la mayoría de nosotros vivir sin que estos dispositivos ocupen algo de espacio en nuestro día a día. El desafío es mantener el teléfono en su lugar apropiado, no permitir que se convierta en una adicción inmoderada o que colonice nuestra atención. Mi consejo: usa tu teléfono en horas seleccionadas del día y sólo para propósitos designados. Reduce o elimina el tiempo de «escroleo abierto» (tal vez encuentra un lugar más difícil de acceder para tu teléfono que tu bolsillo). Esfuérzate para tener algunas horas cada día en las que estés completamente libre del teléfono. Bloquea los dispositivos si es necesario. Establece límites de tiempo de pantalla. Carga tu dispositivo en una parte oculta de la casa, donde incluso podrías olvidarlo por un tiempo. Haz lo que tengas que hacer para «alejarte de los ídolos».

3. Destrúyelo si es necesario

A veces necesitamos una ruptura física limpia con los ídolos. En la Escritura, la furia de Dios por la idolatría a menudo toma la forma de la destrucción real de los ídolos. Piensa en Moisés moliendo las cenizas del becerro de oro hasta convertirlas en polvo y haciendo que los israelitas infieles las bebieran (Éx 32:20). O considera los mandatos de Dios en Deuteronomio para que Su pueblo quemara los ídolos paganos mientras tomaban posesión de la tierra prometida (Dt 7:5, 25). ¿Significa esto que todos necesitamos tirar nuestros teléfonos inteligentes a las hogueras? Probablemente no. Pero para algunos de nosotros, el teléfono tiene un dominio tan fuerte que deshacernos de él por completo podría ser la decisión más sabia. Ciertamente es posible —aunque raro— optar por un «teléfono tonto» o alguna otra alternativa de teléfono. Los cristianos deberían esforzarse por construir una masa crítica que normalice esta opción. Si nuestra adoración y devoción a Dios están en juego, lo que al mundo le parece una medida drástica debería parecernos absolutamente razonable.

No te escrolees hacia la muerte espiritual

Cuando escroleamos inmoderadamente, nos convertimos en idólatras, enganchados sin esperanza a una alimentación por goteo de veneno de dulce sabor que nunca satisfará. Si no podemos liberarnos de estos patrones, nos escrolearemos hacia la muerte espiritual.

La sabiduría de Dios es mucho mejor que las respuestas de IA; su amor es mucho más profundo y amplio que los «me gusta» de las redes sociales; su presencia es más dulce que cualquier interacción de la pantalla.

Elígelo a Él. Elige la vida.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.
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Brett McCracken
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Brett McCracken

Brett McCracken es el editor en jefe de The Gospel Coalition y autor de Incómodo; Hipster Christianity [Cristianismo hipster], y Gray Matters [Asuntos grises]. Vive en el sur de California, donde sirve como anciano en Southlands Church.
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