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La persona y la obra de Jesús 

¿Qué tan importante fue que Jesús fuera bautizado? Mi impresión es que la mayoría de nosotros diría «no mucho». Ciertamente, no parece tan obviamente importante como su muerte y resurrección. Y, sin embargo, los cuatro evangelios nos muestran que sí lo es. Todos los evangelios sinópticos narran su bautismo (Mt 3:13-17; Mr 1:9-11; Lc 3:21-22), y Juan hace alusión a él (Jn 1:31-34).

El bautismo de Jesús es un acontecimiento importante en su vida que nos ayuda a comprender su persona y su obra. De hecho, Juan el Bautista resumió la razón por la que bautizaba en términos de revelar a Jesús: «yo no lo conocía [a Jesús], pero para que Él fuera manifestado a Israel, por esto yo vine bautizando en agua» (Jn 1:31). Juan bautizaba a las personas, incluso a Jesús, para que Él fuera revelado. En el resto de este artículo, quiero considerar cómo el bautismo de Jesús, tal como se presenta en los evangelios de Mateo y Marcos (con algo de ayuda de Pablo y Lucas), profundiza nuestra comprensión de su persona y su obra.

En el evangelio de Mateo, leemos que Juan duda en bautizar a Jesús (Mt 3:14-15). Él intenta rechazarlo y sugiere que sería más apropiado si el bautismo ocurriera al revés, ¡y Jesús bautizara a Juan! Esto es comprensible, ya que la gente confesaba sus pecados mientras era bautizada por él (Mt 3:6). ¿Cómo podría ser apropiado que Jesús fuera bautizado si el bautismo de alguna manera simbolizaba el perdón y la limpieza del pecado? Jesús insiste en que Juan debe bautizarlo, «porque es conveniente que así cumplamos toda justicia» (Mt 3:15)1. ¿Qué significa esto? Esencialmente, significa que para que el plan de Dios se cumpliera, Jesús necesitaba someterse al bautismo de Juan. El plan de Dios para Jesús era que, a través de Él, el Señor «salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1:21). Como tal, el sometimiento de Jesús al bautismo de Juan anticipa y señala su obra en la cruz cuando dio «su vida en rescate por muchos» (Mt 20:28). Jesús tomó sobre sí mismo los pecados de su pueblo; Él pagó el precio por sus pecados. Como profetizó Isaías, Él «fue contado con los pecadores, habiendo llevado Él mismo el pecado de muchos» (Is 53:12).

Aunque el evangelio de Marcos nos ofrece el relato más breve del bautismo de Jesús, lo conecta con su muerte de una manera profunda2. En el bautismo de Jesús ocurren tres cosas: los cielos se «abrían» (Mr 1:10); el Espíritu desciende sobre Él «como una paloma» (Mr 1:10); y una voz del cielo declara: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido» (Mr 1:11).

La voz de Dios desde el cielo conecta el bautismo de Jesús con su muerte. Dios le dice a Jesús: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido». Este lenguaje hace eco de Génesis 22, donde Dios le dice a Abraham que sacrifique a su «hijo, [su] único, a quien ama[..], a Isaac» (Gn 22:2; cf. Génesis 22:12, 16). La descripción similar de Jesús en Marcos 1:11 sugiere una alusión a la muerte sacrificial de Jesús. El bautismo de Jesús anticipa que Dios no «negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros» (Ro 8:32)3.

Jesús en realidad se somete a otro bautismo en el evangelio de Marcos. En el capítulo 10, Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, le piden a Jesús el honor de «en [su] gloria [sentarse] uno a [su] derecha y el otro a [su] izquierda» (Mr 10:37). Él les dice que ignoran lo que piden: «¿pueden beber la copa que Yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que soy bautizado?» (Mr 10:38). Ellos responden que pueden. Jesús les dice que, si bien Él no puede decidir quién se sentará a su derecha o a su izquierda, ellos ciertamente beberán la misma copa y serán bautizados con el bautismo que Él mismo experimentará. Al usar la imagen de la «copa» y su «bautismo», Jesús se refiere nuevamente a su muerte (que ya ha abordado en Marcos 10:33-34). Si Marcos asocia aquí el bautismo con la muerte de Jesús, parece razonable ver el relato anterior de su bautismo como una anticipación de ese evento posterior.

El rasgado de los cielos (Mr 1:10) anticipa el posterior rasgado del velo en el templo (Mr 15:38) y sirve como cumplimiento de Isaías 64:1, donde el profeta ora: «¡oh, si rasgaras los cielos y descendieras!». Allí, como aquí, la irrupción de la presencia de Dios se asocia con la presencia del Espíritu Santo (Is 63:10, 14). El descenso del Espíritu se narra con menos comentarios que en otros evangelios (cf. la observación en Juan 1:32 de que el Espíritu permaneció sobre Jesús). Aquí, el énfasis recae en el simple hecho de su unción con el Espíritu. Aquel que bautizaría con el Espíritu recibe una unción con el Espíritu en su propio bautismo. No es que el Espíritu estuviera ausente de Jesús antes de este punto. Lucas nos muestra que el Espíritu estuvo presente con Jesús desde su concepción (Lc 1:35). Sin embargo, en su bautismo, el Espíritu unge a Jesús para su tarea de salvación (Lc 4:18, «para poner en libertad a los oprimidos»). El que está siendo bautizado es el Hijo de Dios ungido por el Espíritu que morirá por su pueblo para lograr su salvación.

El bautismo en Marcos, entonces, habla de la muerte de Jesús y del don del Espíritu. En el «primer» bautismo de Jesús (por Juan), Él recibe el Espíritu. Esto anticipa su «segundo» bautismo (su muerte) cuando Él da el Espíritu (es decir, bautiza con el Espíritu). La teología de Marcos aquí corresponde a la de Pablo en Gálatas 3: Cristo murió (Gá 3:13 al ser «el que cuelga de un madero») para que «recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe» (Gá 3:14). La muerte de Cristo asegura el don del Espíritu.

El bautismo de Jesús, por lo tanto, anticipó su muerte y aseguró el Espíritu para que Él pudiera llevar a cabo su muerte expiatoria y el don salvador del Espíritu, cumpliendo así el plan de Dios.

Peter Orr es el autor de The Beginning of the Gospel: A Theology of Mark [El principio del Evangelio: una teología de Marcos].

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.

 

  1.  En inglés todas las citas bíblicas corresponden a la versión ESV; en español, a la NBLA.
  2. El siguiente texto es una leve adaptación del libro escrito por Peter Orr, The Beginning of the Gospel: A Theology of Mark, NTT, [El principio del Evangelio: una teología de Marcos]. (Wheaton: Crossway, 2023), 94-96.
  3. No debemos pensar en esto como una «ruptura» en la Trinidad. Pablo también dice que «Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo» (2Co 5:19). El Padre y el Hijo trabajaron juntos para la salvación de la humanidad.
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Peter Orr

Peter Orr (PhD, University of Durham) es profesor de Nuevo Testamento en Moore Theological College en Sídney, Australia. Es autor de Exalted Above the Heavens: The Risen and Ascended Christ [Exaltado sobre los cielos: el Cristo resucitado y ascendido] y colaborador en Theology Is for Preaching [La teología es para predicarla] y Romans and the Legacy of St Paul [Romanos y el legado de San Pablo]. Orr y su esposa, Emma, tienen cuatro hijos y son miembros de All Saints Petersham. 
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