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He sido pastor durante diecinueve años. Mirar atrás a mis primeros cinco años me hace querer comprar una máquina del tiempo DeLorean (¿recuerdan Volver al futuro?) o una caseta telefónica (¿recuerdan La magnífica aventura de Bill y Ted?), para poder volver y aconsejar a mi yo más joven. Pasé muchísimas noches de sábado en mi oficina del segundo piso mientras mi esposa estaba sola en el primer piso mirando televisión. Perdí demasiadas oportunidades de ser un ejemplo piadoso para la familia de la iglesia que amaba precisamente porque no amaba primero a mi familia.

Al ser un joven de veinticinco años que estaba comenzando, 1 Timoteo 4:12 era mi versículo favorito para meditar. Quería ser un ejemplo para que nadie me menospreciara en mi juventud. No obstante, el ejemplo que di en esos primeros cinco años amenazó con algo peor que hacer que los miembros de la iglesia menospreciaran mi juventud; amenazó con entorpecer su propia piedad. Después de todo, ambas están ligadas.

Si pudiera retroceder en el tiempo, le diría a mi yo de veinticinco años que volviera a leer su «versículo para memorizar» favorito y le añadiría: da un buen ejemplo a la iglesia siendo primero un hombre piadoso en el hogar. ¿Cómo se da tal ejemplo?

1. A través de una forma de hablar ejemplar 

El fervor juvenil en el ministerio puede obstaculizar la buena comunicación en el hogar. ¿Es esa tu experiencia? Con demasiada frecuencia tenían que chasquearme los dedos para sacarme de mis ensoñaciones ministeriales. Alguna pregunta exegética o dilema pastoral atascaba mi cerebro. Estaba allí, pero no estaba allí. Peor aún, cuando el repiqueteo de unos piececitos traía consigo un pequeño golpe en la puerta del estudio, la sensación de inconveniencia llevaba a palabras ásperas que ni edificaban ni tenían sabor a gracia. Muy triste.

Sin embargo, un hablar ejemplar significa hablar realmente con tu esposa y tus hijos. Significa mostrar interés y no distraerse mientras descubres todo lo que sucede en sus vidas. En una palabra, ¡involúcrate! Y cuida tu lengua. Es un fuego, y los incendios domésticos provocados por la irritación pueden hacer inútil tu fervor ministerial. Así que ten cuidado de practicar un hablar ejemplar donde más importa.

2. A través de una conducta ejemplar 

Recuerdo aquellos primeros días de ministerio cuando estaba desesperado por ver una iglesia cuya vida y conducta la distinguieran de su comunidad. Pero con demasiada frecuencia en mis primeros cinco años, la vida en el hogar se veía diferente a la vida cristiana que exhortaba a otros a vivir. Cuando la conducta en el hogar se queda atrás de la conducta que elogiamos, estamos cayendo en la hipocresía.

Nuestros hogares deberían ser vitrinas de cómo se vive el Evangelio en un entorno natural. Deberíamos preocuparnos más por vivir rectamente frente a nuestra familia que frente a nuestro rebaño. Si no podemos cuidar de nuestra casa, entonces ¿cómo podemos cuidar la de Dios?

3. A través de un amor ejemplar 

La primera incursión de un pastor en el servicio está impulsada por libros que nos empujan hacia un ministerio guiado por el amor. Este es el pueblo de Dios comprado con sangre. Nuestro amor por ellos debería reflejar el amor de Cristo por ellos, y su amor lo llevó a dar su vida. Sin embargo, recuerdo muchas ocasiones en esas fases iniciales del ministerio en las que sacrifiqué más para servir al ministerio de lo que lo hice para servir a mi familia. Qué ejemplo tan terrible de dar. La iglesia estaba pasando por un momento difícil, un tiempo de sanidad. Pero esa no era excusa.

Si la cabina telefónica de Bill y Ted aterrizara frente a mi yo de veinticinco años, saldría de un salto y diría: «¡reordena esas prioridades, insensato!». Es mejor predicar un sermón casi terminado o posponer una reunión que sacrificar el tiempo con tu esposa y tu familia. Qué gran diferencia hará para la familia de tu iglesia ver que amas a tu esposa entrañablemente, de corazón (1P 1:22), el tipo de amor que presenta a Cristo a todos (Jn 13:35).

4. A través de una fe ejemplar 

Los pastores que quieren que su iglesia viva por fe en todo lo que Dios ha dicho deberían examinar su vida hogareña en busca de pruebas de que ellos mismos lo hacen. ¡Esa confianza sin duda será probada en los primeros cinco años! Algunas de mis experiencias más difíciles en el liderazgo de la iglesia ocurrieron en ese período. Hubo facciones, acusaciones, ultimátums. Cosas feas, de verdad. Los desafíos personales llegaron de forma rápida y abundante en esos tiempos (te ahorraré los detalles). La inmadurez y la impaciencia llevaron demasiado rápido a la duda y a la desesperación, no frente a los miembros, sino frente a mi esposa e hijos.

Mi yo viajero en el tiempo le diría a la versión más joven: «confía en el Señor con todo tu corazón» (Pr 3:5). La gracia de Dios es suficiente para cada prueba (2Co 12:9), y su soberanía es una almohada suave sobre la cual apoyar tu cabeza. Confía en la Palabra infalible de Dios y vive siempre como si fuera verdad. Deja que tu familia aprenda eso primero a través del ejemplo de tu fe, una fe que estabiliza la de ellos.

5. A través de una pureza ejemplar 

En muchos casos, cuando estar en tus primeros cinco años significa ser joven, entonces las pasiones juveniles de las que Pablo advierte probablemente han sido abandonadas hace sólo poco tiempo o, de hecho, siguen siendo una amenaza presente (2Ti 2:22). La amenaza más prevalente para la pureza de los hombres jóvenes, al parecer, es la pornografía. Pecados como estos practicados en secreto crean una barrera en nuestros afectos de uno y una niebla de vergüenza en el hogar. Pero está lejos de ser la única amenaza. La pureza es santidad, y la santidad se ve obstaculizada si no logramos arrancar las malas hierbas del pecado y plantar flores de virtud.

Así que, si mi yo de pelo canoso apareciera en la puerta de mi yo de pelo castaño, le rogaría que no subestimara lo importante que es la santidad en el hogar para la iglesia. Le advertiría que no permita que el hogar sea el lugar donde baje la guardia.

Un buen ejemplo en la iglesia

Escucha, ser un hombre piadoso en el hogar es vital para ser un buen ejemplo en la iglesia. Y ser un buen ejemplo en la iglesia es crucial para la salud de la iglesia. Eso es cierto ya sea que estés en tus primeros cinco años o en los últimos. De hecho, escribir este artículo es un oportuno recordatorio para mí.

Pero en esa fase inicial, mientras encuentras tu ritmo en el ministerio, presta especial atención a ser un ejemplo para los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza (1Ti 4:12).

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de 9Marks.
Photo of Liam Garvie
Liam Garvie
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Liam Garvie

Liam Garvie es pastor asociado de Charlotte Chapel en Edimburgo, Escocia.