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Joshua Shirey es diácono en Rock Creek Baptist Church en Crowley, Texas y director de negocios en Covenant Classical School en Fort Worth, Texas.

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Tres marcas bíblicas de una cooperación financiera saludable
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Tres marcas bíblicas de una cooperación financiera saludable

Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17) [énfasis del autor].
Si creemos que las iglesias locales que colaboran financieramente para edificar la iglesia de Cristo realizan una buena obra, debe esperarse que la Escritura ofrezca orientación sobre cómo debe hacerse. Los medios y métodos de cooperación financiera entre iglesias no son sólo asuntos para contadores o comités de finanzas. Más bien, la manera en que se da y la manera en cómo se recibe el apoyo financiero dentro del Reino de Dios en la tierra es una cuestión teológica y pastoral. La respuesta a esta pregunta afecta la pureza del testimonio del Evangelio de la iglesia ante el mundo. Para ese fin, en este artículo identifico tres marcas de cooperación financiera saludable.

Abundante información bíblica

Antes de presentar estos signos, vale la pena destacar que hay una gran cantidad de información en el Nuevo Testamento sobre la cooperación financiera entre iglesias. La ofrenda de Jerusalén es una razón importante para esta abundancia[efn_note]Para un estudio excelente de este tema, ver el libro de Daryn Graham The Genesis of the Jerusalem Donation publicada en Themelios (Vol. 45 – nº 1). https://www.thegospelcoalition.org/themelios/article/the-genesis-of-the-jerusalem-donation/ (Consultado el 10/27/24).[/efn_note], pero no es la única. Es difícil encontrar una epístola en la que el autor no mencione, solicite explícitamente o recomiende el apoyo económico. Se podría decir que la línea narrativa del Nuevo Testamento está impulsada, desde un punto de vista práctico, por la generosidad del pueblo de Dios. Es más, los autores del Nuevo Testamento entregan más detalles sobre sus «políticas» financieras que de una multitud de otras preguntas y preocupaciones[efn_note]Es sorprendente que sepamos más acerca de cómo los apóstoles practicaban la generosidad, cómo animaban a las iglesias a practicarla y el trasfondo teológico de estas prácticas que sobre cómo preparaban sus sermones, capacitaban a los ancianos o planificaban la plantación de una nueva iglesia.[/efn_note]. Esto recalca la importancia de estos asuntos y las consecuencias de funcionar de manera diferente.

La cooperación financiera bíblica saludable entre iglesias es…

1. Contingente a la doctrina

La doctrina importa en cada área del ministerio, incluída la cooperación financiera. Es por esto que el Nuevo Testamento enfatiza la necesidad de acuerdo doctrinal antes de establecer colaboraciones financieras entre ministerios. Es por esa razón que las iglesias deben evaluar y verificar potenciales colaboradores antes de acordar apoyar su trabajo. La larga carta de Pablo a los Romanos, por ejemplo, fue, al mismo tiempo, una tarjeta de presentación teológica y una petición de apoyo. Douglas Moo recalca estos motivos complementarios para Pablo: «esto explicaría el enfoque teológico general de la epístola, ya que Pablo habría querido asegurarse de que los romanos estuviesen convencidos de que iban a patrocinar a un misionero cuya ortodoxia estuviera fuera de toda duda[efn_note]Moo, Douglas. (2016), Comentario a la epístola de los Romanos (Barcelona, España; Editorial Clie).[/efn_note]». Si alguien pudo haber insistido en que su currículum, sus credenciales y su evaluación por parte de otros deberían ser suficientes para satisfacer a una iglesia, ese habría sido Pablo.  Sin embargo, antes de pedirle a la iglesia romana que ayudara a financiar su misión a España, se esforzó para escribir «con mucha valentía», entre otras razones, a fin de demostrarle a esta iglesia que él estaba en línea con la enseñanza de Cristo y que era un teólogo por excelencia. Esto implica el principio bíblico de que recibir financiamiento para propósitos del Reino depende de la sana teología, y es responsabilidad de las iglesias individuales asegurarse de eso. Es más, 3 Juan 5-8 refuerza este concepto al elogiar a Gayo por apoyar a sus compañeros de obra «en pro de la verdad». Cuando el apoyo económico se da sin una cuidadosa consideración de la doctrina, se corre el riesgo de promover falsas enseñanzas y prácticas no bíblicas. Dado que el apoyo financiero une al dador con el trabajo del receptor, el dador se convierte en un «colaborador» en cualquier obra en la que este se involucre, incluso si esa obra está socavando el Evangelio mismo. Pero, ¿qué deberían buscar las iglesias? ¿Qué doctrinas determinan el éxito o el fracaso de un compañerismo? Por un lado, las iglesias deben evitar conformarse con el minimalismo teológico o la mera alineación denominacional. Claro, los credos ecuménicos y las declaraciones de fe contemporáneas pueden proporcionar una base útil, pero estas son insuficientes por sí solas para determinar qué asociaciones son buenas o malas. Los líderes de la iglesia deben evaluar tanto los aspectos teóricos como los prácticos de la doctrina de un candidato o ministerio antes de asumir un compromiso con ellos. Considera las siguientes preguntas con este fin: «¿cómo liderará/pastoreará esta nueva plantación de iglesia?»; «¿cómo manejará el dinero?»; «¿cómo aconsejará a las ovejas heridas?»; «¿predicará el Evangelio correctamente?»; «¿su ministerio promoverá la unidad y la pureza o la división y la transigencia?».

2. Abiertamente transparente; deliberadamente directo

En 2 Corintios 9:5, Pablo envió a hermanos de confianza por delante a Corinto para organizar una colecta para los cristianos judíos sufrientes en Jerusalén. Estos hermanos debían asegurar que los corintios no estuvieran bajo coacción, sino que fueran animados a dar voluntaria y alegremente. Por parte de Pablo, la estructura misma del proceso de la colecta fue diseñada para evitar cualquier sospecha de malversación de fondos. En 2 Corintios 8:20-21, él explica que se le confió a varias personas la entrega para evitar cualquier crítica, no sólo a la vista del Señor, sino también a la vista de los hombres. Un comentarista observó: «aparentemente, el instinto de Pablo era que pocas cosas destruirían su ministerio tan efectivamente como las dudas sobre su rectitud en asuntos relacionados con la administración financiera. Por lo tanto, todo debe ser “totalmente transparente”[efn_note]Barnett, Paul. (1997), The Second Epistle to the Corinthians [La segunda epístola a los corintios](Grand Rapids: Eerdmans), página en Kindle: 424. N. del T.: traducción propia.[/efn_note]». De igual manera, en 1 Corintios 16:1-4, Pablo instruyó a la iglesia a apartar sus ofrendas para los santos en Jerusalén y a enviarlas con hombres dignos de confianza: «cuando yo llegue, enviaré con cartas a quienes ustedes hayan designado, para que lleven su contribución a Jerusalén. 4 Y si es conveniente que yo también vaya, ellos irán conmigo». Esto aseguraba que la entrega fuera personal, responsable y verificable. La humildad y sabiduría de Pablo en este pasaje contrastan marcadamente con las prácticas financieras estándar en las denominaciones y organizaciones sin fines de lucro más grandes. La sabiduría predominante a menudo sugiere que un buen donante da «sin ataduras». Si bien debemos reconocer los peligros del quid pro quo y la vanagloria al dar (cf. Hechos 5:1-11), Pablo no habría querido que sus «donantes» se separaran de su contribución una vez entregada. Todo lo contrario: para Pablo, el donante ideal desea ver sus fondos utilizados para el propósito previsto y toma medidas para asegurar que esto se cumpla. La transparencia abierta se vuelve imposible cuando los dólares donados cambian de manos varias veces antes de llegar a sus propósitos previstos. La mayoría de los casos de apoyo financiero en el Nuevo Testamento son directos, lo que significa que no había un intermediario entre el dador y el receptor. Esto coloca la mayor parte de la financiación del Reino en la categoría más sólida de hospitalidad en lugar de recaudación de fondos. Aunque a menudo había alguien entregando el regalo, en casi todos los casos, quien lo entregaba era miembro de la iglesia que la enviaba. El donante no era quien decidía cómo se usaría la donación. En cambio, actuaba como un mensajero comisionado, una extensión del alcance de la iglesia. Interactuaban directamente con las necesidades del receptor, trayendo recursos de la iglesia con intención. Cuando la donación no podía ser directa, y había poca o ninguna conexión personal entre el dador y el receptor (como fue el caso de algunas iglesias en Asia Menor y Europa en la Ofrenda de Jerusalén), la transparencia en la recolección, la entrega y el uso de los fondos era crítica para mantener la confianza y la rendición de cuentas. Sin un apoyo transparente, las contribuciones financieras se vuelven vulnerables al mal uso o incluso al desfalco. Además de estos riesgos, en cada caso de apoyo indirecto, los beneficios espirituales se amortiguan ya que la conexión y el conocimiento del uso de los recursos son inaccesibles.

3. Sostenido por la confiabilidad

Esta marca es una consecuencia de la primera y un argumento de lo mayor a lo menor. De esto se deduce que, si las iglesias deben tener precaución y verificar la teología y la práctica de aquellos a quienes pretenden apoyar al inicio, entonces deben continuar haciéndolo durante todo el compañerismo financiero. El apoyo financiero continuo no debe darse de manera ciega o simplemente porque la iglesia pensó que era una buena idea en el pasado. Las personas y las organizaciones cambian con el tiempo. La deriva misional es una amenaza real, al igual que la deriva hacia la apostasía y la mundanería. Además, a medida que los creyentes se vuelven más conscientes de la verdadera naturaleza de las personas y las organizaciones, lo que inicialmente se pensó sobre ellas, incluso con los mejores esfuerzos para investigarlas al principio, puede resultar ser una falsa percepción. El elogio de Pablo a Estéfanas, Fortunato y Acaico en 1 Corintios 16:17-18 es un ejemplo de este principio. Estos hombres habían demostrado su confiabilidad y fidelidad en el ministerio a Pablo, y Pablo instó a los corintios a continuar reconociéndolos y apoyándolos. «Ellos han recreado mi espíritu y el de ustedes. Por tanto, reconozcan a tales personas». De manera similar, en Filipenses 2:29-30, Pablo «recomienda» a Epafrodito a la iglesia: «recíbanlo, pues, en el Señor con todo gozo, y tengan en alta estima a los que son como él. Porque estuvo al borde de la muerte por la obra de Cristo, arriesgando su vida para completar lo que faltaba en el servicio de ustedes hacia mí». Su confiabilidad continua justificó la recomendación de Pablo. Este «honor» y «reconocimiento» probablemente incluía componentes financieros debido, en parte, al alto costo de los viajes en el primer siglo (cf. Santiago 2:14-17). Había una necesidad continua de confirmación de fidelidad de una fuente creíble que conocían personalmente. La iglesia tenía suficiente confianza en estos hombres para enviarlos a apoyar a Pablo. Pero la confianza original que la iglesia tenía, al principio, sólo podía continuar si estos siervos permanecían fieles. Por lo tanto, Pablo consideró necesario incluir una recomendación «actualizada» a la iglesia. Su fidelidad en el cumplimiento de la tarea para la que fueron enviados fue la base para su mérito continuo como líderes y como siervos fieles. Uno no debe relegar estos pasajes, y otros como ellos, a meras adiciones personales. A menudo, cuando las series de sermones o los comentarios llegan a estos pasajes, el nivel de detalle y exégesis se vuelve superficial. Sin embargo, toda Escritura es necesaria para que el hombre de Dios sea equipado para toda buena obra. El Espíritu Santo inspiró a Pablo a incluir estas recomendaciones para beneficiarnos. Sirve como un ejemplo vital, sancionado por Cristo, de cómo apoyamos a ministros, misioneros y ministerios.

Conclusión

Hay mucho en juego. Cuando la doctrina, la transparencia o la rendición de cuentas se ven comprometidas en el compañerismo financiero, no es sólo una mala administración, sino también un debilitamiento del testimonio del Evangelio. En un momento en que la confianza pública en las instituciones es frágil —especialmente la confianza en la iglesia—, nuestra dedicación a la administración bíblica es esencial para el propósito de nuestro testimonio del Evangelio.
Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de 9Marks.