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A veces, me pregunto cómo verán las futuras generaciones al Occidente moderno de las primeras décadas del siglo xxi. Me pregunto a veces qué pensarán de nosotros cuando descubran que una de las preguntas definitorias de nuestra era es también una de las más directas: ¿qué es ser mujer? Sin embargo, la respuesta a esa pregunta parece ser esquiva, opaca y cargada de peligro. La respuesta «incorrecta» a esa pregunta podría identificarte como dogmático o intolerante. La respuesta «incorrecta» a esa pregunta puede provocar que tu familia te aisle, que te despidan de tu trabajo o que te marginen de la buena sociedad, todo al mismo tiempo.

Estoy agradecido de los muchos autores con los que me he encontrado al entrar al combate para clarificar la confusión y ofrecer respuestas convincentes a esas preguntas. Entre ellos se encuentra Katie McCoy y su libro Ser mujer: la confusión sobre la identidad femenina y cómo pueden responder los cristianos. Es correcto, creo, que ella se enfoque en la identidad femenina porque al final, son las mujeres y las chicas las que se ven perjudicadas por esta confusión más que los hombres y los niños. Y es correcto que se enfoque en la identidad femenina porque, si podemos establecer una base permanente para la identidad de la mujer, muchos de los asuntos y debates relacionados deberían resolverse rápida y satisfactoriamente.

McCoy comienza señalando algunas de las dificultades y contradicciones que las jóvenes enfrentan hoy. 

Si las jovencitas expresan desdén por su peso, su forma o su color de piel, la sociedad les dice que no cambien sino que acepten quienes son, en nombre de la positividad corporal. El mensaje es el siguiente: no deberías sentir vergüenza de tu cuerpo. Deberías aceptarlo plenamente tal cual es. Pero cuando estas mismas jovencitas expresan desdén por su sexo biológico, la sociedad les dice lo opuesto: en lugar de escuchar que deberían aceptarse y abrazar sus cuerpos, se ven inundadas de sugerencias de cambiarse mediante alteraciones médicas y quirúrgicas […] todo en nombre de la aceptación personal. La autolesión es el nuevo cuidado personal.

La disforia de género alguna vez fue una condición rara que fue tratada de tal forma que la mente pudiera entrar en armonía con el cuerpo. Pero hoy en día se ha vuelto sumamente común y es tratada de tal manera que el cuerpo entre en armonía con la mente. La condición se distribuye desigualmente entre los sexos, por lo que es mucho más común entre mujeres que entre hombres y especialmente dominante entre las mujeres jóvenes. Es dominante en mujeres jóvenes (adolescentes e incluso preadolescentes), quienes están determinando que, en realidad, son del género opuesto y que, por el bien de ser fieles a sí mismas, deberían hacer una transición. 

McCoy cree que para abordar el transgenerismo, primero necesitamos abordar la identidad. Para ese fin, ella considera cinco esferas diferentes que moldean y forman la identidad femenina: teológica, biológica, relacional, filosófica y social. Asimismo, esto también puede expresarse como quiénes son las mujeres en relación con Dios, qué las hace ser quienes son, dónde se expresa la identidad de género, por qué las perspectivas sociales del género se han deteriorado tanto, y cómo la confusión sobre la identidad ha llegado a ser tan frecuente.

A lo largo de los siete capítulos del libro, McCoy avanza a través de estas esferas en orden regresivo y construye sobre una estructura de tres partes: primero, sostiene, sin complejos, una cosmovisión bíblica y examina este asunto desde lentes bíblicos. Segundo, ella cree que una mujer es una humana adulta femenina y que una chica es una humana femenina preadolescente. Aunque semejantes afirmaciones son incontrovertibles y podrían parecer corrientes para algunos, hoy deben ser establecidas explícitamente y se consideran nada menos que escandalosas. En tercer lugar, ella cree que «la disforia de género es una enfermedad psicológica, una que merece compasión y cuidado experto para tratarse». Sin embargo, la compasión y el cuidado verdaderos no involucran adoptar una nueva identidad, sino que, al contrario, aceptar el cuerpo propio y ajustar el yo interior para aceptar el externo. A lo largo de su obra, se dirige hacia la idea central: «la identidad femenina es guiada por lo social, formada por la filosofía, confirmada por las relaciones, arraigada en la biología y es conferida teológicamente». 

Una fortaleza de la obra de McCoy está en asegurar que a medida que consideramos el transgenerismo no nos enfocamos solamente en los profesores, los filósofos y los ideólogos que fomentan esta ideología de género en la sociedad. Por mucho que sea necesario abordar a esos líderes, no debemos subestimar a las víctimas que han sido atrapadas en ello y que sufren un terrible costo por ello. «Mientras consideramos las creencias y las prácticas dentro de la ideología de género, nunca debemos olvidar a los seres humanos que son afectados por ella», dice. Y con razón. Porque la trágica realidad es que «una generación de chicas está manifestando su dolor a través de identidades de género, mientras aquellos encargados de cuidarlas desestiman las fuentes de su sufrimiento mental». Están siendo dañadas por la ideología y aún más dañadas por las supuestas curas.

Otra fortaleza es su convicción de que la Biblia ofrece la sabiduría, la guía y las respuestas que pueden ayudar a aquellas que están atrapadas en la ideología de género. Es el amor cristiano por Dios y, por tanto, el amor cristiano por nuestro hermano hombre, que nos motiva a permanecer firmemente en oposición a la ideología de género y firmemente comprometidos con la verdad bíblica. «Como amamos a Dios, amamos lo que Dios ama: a las personas. Y por el bien de las personas, hablamos contra toda idea y práctica que las dañe». Y podemos hacer esto con confianza y coraje cuando creemos que la Palabra de Dios es infalible y suficiente.

Estoy agradecido por la obra de McCoy y la contundente respuesta que entrega a la cruel y deshumanizante ideología que ha arrasado con el Occidente moderno. Como ella dice: «la ideología de género ha invadido y abrumado nuestra conciencia social y nuestra cultura como un tirano. Se ha transformado en un dictador cultural que exige lealtad y controla mediante el temor. Y ha saqueado algo de incalculable valor: un sinnúmero de mujeres (y varones) creados para conocer y reflejar a su Creador». Este libro ayudará a los cristianos a entender mejor y a responder mejor a uno de los asuntos más acuciantes de nuestro tiempo. E incluso mejor, los ayudará a mostrar compasión y llevar sanidad a aquellos que han sido arrastrados por ello.

Ser mujer: la confusión sobre la identidad femenina y cómo pueden responder los cristianos. Katie J. McCoy. B&H Español, 208 páginas.

Esta reseña fue publicada originalmente en el blog de Tim Challies. Usado con permiso.
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Tim Challies

Tim Challies es un seguidor de Jesucristo, esposo de Aileen y padre de tres niños. Se congrega y sirve como pastor en Grace Fellowship Church en Toronto, Ontario. Es autor de libros, entre los cuales puedes encontrar: Discernimiento: una disciplina práctica y espiritual, Limpia tu mente y Haz más y mejor; es cofundador de Cruciform Press y escribe regularmente en challies.com
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