Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Uno de los temas dominantes a lo largo de la historia de este pódcast, Ask Pastor John, es mirar la iglesia local. ¿Cómo encuentro una buena iglesia local? ¿Cuándo debo dejar mi iglesia? ¿Puedo asistir a múltiples iglesias? ¿Cómo respondemos a las personas que dicen: «no dejaré a Jesús, pero estoy harto de la iglesia local y sus líderes fallidos»?, etc. Se ha cubierto mucho terreno en estos temas, como puedes ver en el libro Ask Pastor John [Pregúntale al pastor John], desde la página 417. Ayer en nuestra lectura bíblica, leímos juntos Gálatas 6, que se relaciona a la iglesia local: cómo funciona y una situación específica para preguntarte hoy, pastor John.
«Pastor John, hola. Mi yerno cometió adulterio y le mintió a los ancianos de la iglesia sobre ello. Debido a esa situación, le quitaron la membresía de la iglesia. Desde su transgresión, él terminó su relación adúltera y se arrepintió, y ha estado trabajando duro para restaurar la confianza en su matrimonio. Sin embargo, la iglesia no lo ha buscado para revocar su membresía. Él sigue asistiendo a la iglesia y no ha participado de la Cena del Señor. La iglesia no le permite asistir al grupo pequeño del cual era parte ni asistir a las cenas comunitarias de los miembros. ¿Cómo y cuándo una iglesia restaura sabiamente al arrepentido? Como pastor, ¿qué fruto buscas? ¿Cuáles son los pasos siguientes? ¿Cómo aquellos que son espirituales lo “restaur[an] en un espíritu de mansedumbre”, como Pablo dice en Gálatas 6:1?».
Bien, siempre es peligroso —¿no es así?— darle consejo a la iglesia local desde la distancia. Vaya, hay tanto de esto en Internet, y a menudo es tan dañino cuando las personas pontifican desde la distancia sobre lo que está pasando en una iglesia local que está a miles de kilómetros. Desde la distancia, rara vez vemos todos los factores implicados en las decisiones que toman los ancianos y los miembros. Y por eso, sin decirle a esta iglesia lo que tiene que hacer en un caso específico, déjame dar quizás —no sé— cinco o seis directrices o principios bíblicos que yo creo que darán guía en esta situación. Tengo una opinión, pero me resisto mucho a presentarla como algo absoluto.
1. La bondad de la disciplina
Este es el principio número uno: la disciplina de la iglesia es algo bueno. Las directrices para practicarla se dan en Mateo 18:15-17. Encontramos ejemplos de ella en 1 Corintios 5:1-13 y 2 Tesalonicenses 3:6-15. El principio detrás es que la iglesia está compuesta por creyentes bautizados en Jesús (personas nacidas de nuevo, con el Espíritu viviendo en ellos y que obedecen a Cristo). La expectativa es que la iglesia es, en las palabras de Pedro en 1 Pedro 2:9: «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncie[mos] las virtudes de Aquel que [n]os llamó de las tinieblas a su luz admirable».
Y en la medida en que una iglesia local deje de ser un pueblo inconfundible y santo, en esa medida dejamos de ser una verdadera iglesia que da testimonio de nuestro llamado de las tinieblas a la luz, la luz de la santidad. La disciplina es la manera en que la iglesia se exhorta a sí misma a andar en santidad y expulsa de la iglesia a aquellos cuya impiedad trae reproche sobre Cristo. Entonces, este es el principio número uno: la disciplina es buena.
2. El objetivo de la disciplina
El objetivo de toda disciplina en la iglesia no es la destrucción ni la condenación ni la enajenación, sino que, al contrario, la restauración y la salvación. Vemos esto repetidamente en Mateo 18, donde el objetivo es ganar al hermano que ha pecado. Vemos esto en Gálatas 6:1, donde el objetivo es restaurar a aquel que fue alcanzado por el pecado. Lo vemos en 1 Corintios 5:5, donde la esperanza es que, incluso en el último día, después de la muerte, la disciplina haya llevado a alguien al arrepentimiento y a la salvación. Así que, ese es el número dos: el objetivo es la restauración y la salvación.
3. Niveles de restauración
La restauración a la membresía de la iglesia no implica que los pecados no tengan repercusiones continuas. Existen muchos niveles de restauración. Sabemos esto porque los estándares para convertirse en anciano (por ejemplo, en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9) son más altos que para un miembro común y corriente de la iglesia. Ahora, eso implicaría, me parece, en principio, que existen varios roles de liderazgo en la iglesia para la cual una persona podría no calificar, aun cuando sea restaurado a la membresía de la iglesia.
Creo que el Nuevo Testamento muestra que la puerta a la membresía es muy amplia y la puerta a ser anciano, por ejemplo, es muy angosta. Y creo que la implicancia de esto es que no debemos excluir de la membresía a una persona que muestra evidencia genuina de arrepentimiento, incluso si pensamos que la confiabilidad de una persona está lo suficientemente empañada que no calificaría todavía para ciertos roles hasta que haya recuperado la confianza que una vez tuvo, pero que mal empleó a través de algún pecado.
4. Grados de traición
Existen grados de traición, grados de deficiencia, grados de extravío. No es útil decir que todos los pecados son igual de flagrantes, igual de dañinos. No lo son. Por ejemplo, en 1 Corintios 6:7, Pablo cree que la reacción ideal para una persona que ha sido agraviada no es llevar al hermano a la corte. Él dice: «¿Por qué no sufren mejor la injusticia?» (ver 1 Corintios 6:7). Pero cuando fallan en ese ideal, su siguiente mejor opción es decir: «bien, al menos, en la comunidad cristiana, ciertamente hay un juez que puede ayudarte a resolver esto en lugar de ir a los jueces paganos» (ver 1 Corintios 6:5-6).
En otras palabras, Pablo no salta inmediatamente a la disciplina de la iglesia en el primer nivel de deficiencia. Él ve grados de deficiencia. Nosotros tomamos esto en consideración cuando restauramos a un creyente.
5. Arrepentimiento real y falso
Existen lágrimas de arrepentimiento reales y falsas, lo que implica que los líderes deben discernir cuando evalúan la disposición de una persona para la restauración. Siempre me sorprendo cuando me topo con esto, cada vez que leo la Biblia, en 2 Corintios 7:10-11, donde Pablo dice, «porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo [ahora, piensa en la tristeza del mundo: lágrimas, lágrimas del mundo] produce muerte. Porque miren, ¡qué solicitud ha producido esto en ustedes, esta tristeza piadosa […]!».
La mayoría de nosotros que hemos lidiado con personas arrepentidas a lo largo de las décadas hemos descubierto que existen lágrimas que sólo se producen por las consecuencias del pecado, no por la maldad del pecado: lágrimas por la miseria que el pecador siente, no lágrimas por haber deshonrado la gloria de Dios. Por tanto, los líderes tienen que tener un profundo discernimiento respecto a lo que es realmente el arrepentimiento, si es que la penitencia y las lágrimas son signos reales de un corazón quebrantado porque el pecado fue contra Dios, y no sólo por la vida desordenada a la que lo condujo.
6. Espíritu divisivo
Y finalmente, esto implica que los líderes con discernimiento espiritual podrían ver en una persona un espíritu tan divisivo que animen a la iglesia a rechazarlo como creyente: Tito 3:10: «al hombre que cause divisiones, después de la primera y segunda amonestación, recházalo».
Esos son mis seis principios. Mi conclusión es que, aunque no conozca suficientes detalles de la situación sobre la que se nos pregunta, sin embargo, diría que en lo que respecta a la membresía, la puerta debe estar abierta ampliamente para la restauración a menos que exista una muy buena razón para pensar que el arrepentimiento de una persona no es sincero.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.