Estimado futuro pastor:
El ministerio pastoral es un llamado elevado y santo. Me alegra mucho que hayas decidido servir al Señor Jesús de esta manera, siguiendo estudios teológicos, buscando pastorear el rebaño de Dios y predicando la Palabra de Dios para edificar a su pueblo. Es un privilegio y un honor.
El ministerio pastoral vendrá con golpes y moretones. Te enfrentarás a tu propio pecado, debilidad, pereza, fracasos y temor. Buscarás servir a personas que son pecadoras; muchos desahogarán sus frustraciones contigo. Cometerás errores, pecarás contra otros y otros pecarán contra ti.
En palabras de Paul Tripp, el ministerio pastoral es un llamado peligroso. Puedes inocularte con la misma verdad que predicas y hacer naufragar tu alma. Puedes descalificarte con hábitos de pecado. Los estándares de carácter son mucho más altos para los pastores que para los empresarios o electricistas. No puedes fingir amar a Dios y pastorear a su pueblo por mucho tiempo. «De Dios nadie se burla, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará» (Gá 6:7).
Aunque todavía no me consideraría un pastor experimentado, ya no soy ese novato entusiasta y lleno de energía de antes. El idealismo inicial ha sido reemplazado por la realidad. He resistido tormentas, soportado conflictos y navegado temporadas de agitación y confusión. Así que, si pudiera volver atrás y hablar con mi yo más joven, o hablar con un hombre joven como tú, daría las siguientes exhortaciones.
No persigas la fama
Lo más probable es que no seas el próximo predicador famoso. Y no tienes que serlo.
Al contrario, apunta a lo que Eugene Peterson llama «una larga obediencia en la misma dirección». ¿Dice tu corazón con Juan el Bautista: «es necesario que [Jesús] crezca, y que yo disminuya» (Jn 3:30)? Sé «un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad» (2Ti 2:15). Ama a las personas que tienes justo al frente. El Maestro te elogiará por tu fidelidad en lugar de por la fama el día final (Mt 25:21).
Tu congregación no necesita que seas un catalizador de cambio, un influencer visionario, un arquitecto cultural, un líder de movimiento, un pionero espiritual o un especialista en transformación. Necesitan que seas un seguidor fiel de Jesús que obedece todo lo que Él ha mandado y les enseña a ellos a hacer lo mismo.
Haz progreso constante
Está bien si no eres un gran predicador desde el primer día. Está bien si no eres un experto en los idiomas bíblicos o un consejero por excelencia. Dios te ayudará a madurar. Tus instintos de pastoreo mejorarán. Tu experiencia en situaciones difíciles aumentará. Tus músculos de resistencia se fortalecerán. Ganarás sabiduría.
Presta atención al consejo dado a Timoteo: «reflexiona sobre estas cosas; dedícate a ellas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos» (1Ti 4:15). Practica amar al rebaño. Visita el hospital. Haz consejería prematrimonial y funerales. Estudia la Escritura; trabaja arduamente en la Palabra de Dios y extrae tesoros de ella. Pide consejos sabios sobre tu predicación. Recibe críticas constructivas. Sigue leyendo. Crece en tu pastoreo, liderazgo y predicación para que otros vean tu progreso.
Por la gracia de Dios, seguirás mejorando si confías en tu Señor y trabajas con la fuerza que Él te da. Sigue adelante, continúa, progresa y evita la pereza y la procrastinación como si fueran una plaga.
Desinfla tu ego
Si estás progresando, es probable que tu congregación te lo diga. Quieren animarte. Sin embargo, como todos sabemos, no se necesita mucho para que nuestro ego se infle y nos lleve a soñar despiertos con la grandeza. Cuando recibas elogios, no dejes que tu ego se hinche. Mata el orgullo con la práctica de dar gracias a Dios.
Cuando vayas de regreso a casa después de la iglesia, convierte los cumplidos en oraciones de gratitud: «no a [mí], oh Señor, no a [mí], sino a tu nombre da gloria» (Sal 115:1). «Gracias, Señor, por usar un vaso de barro para mostrar tu poder que sobrepasa todo entendimiento (2Co 4:7)». «Gracias, Señor, porque tu Palabra no regresa vacía sino que da fruto (Is 55:11)». Esta práctica socava el orgullo y redirige la alabanza a donde pertenece. La acción de gracias desinfla un ego que se está hinchando.
No dejes que las ideas socaven el amor
Leíste el último libro sobre cómo hacer iglesia. Tienes convicciones sobre cómo deben ser los servicios, cómo deben organizarse los grupos comunitarios, qué currículo deben enseñarles a los niños, cómo debe llevarse a cabo el discipulado y cómo debe administrarse la disciplina en la iglesia. Te encanta la buena política y tienes ideas sobre cómo estructurar las reuniones de ancianos.
Pero no olvides amar a las personas reales que tienes delante. Sí, ten convicciones y dirige desde ellas, pero no atropelles a la gente porque amas las ideas más que a los individuos. No pierdas de vista tu llamado a pastorear a este rebaño, a guiar a esta congregación. Según quién esté frente a ti, tus estrategias y enfoque pueden cambiar. Mantén tus convicciones, pero actúa con sabiduría sobre la base de ellas.
Resiste diseccionar tus insuficiencias
Probablemente te sientes insuficiente y mal equipado para la tarea que tienes por delante. La lista de cosas que el seminario no te enseñó (y no puede enseñarte) es larga. Pero no finjas hasta que lo logres. Más bien, considera a Moisés. En Éxodo 4, Moisés objeta el llamado de Dios a liberar a Israel de Egipto. Le dice a Dios que el pueblo no lo escuchará (v. 1). Se lamenta por carecer de habilidades oratorias, literalmente, que es «tardo en el habla y torpe de lengua» (v. 10). Él hace todo lo posible para rechazar el llamado: «te ruego, Señor, envía ahora el mensaje por medio de quien Tú quieras» (v. 13).
¿Cómo responde Dios? Le da poder a Moisés por medio de señales a fin de mostrar que su presencia está con él (vv. 2-9). En respuesta al impedimento del habla de Moisés, Dios le recuerda que Él es el creador y sustentador de su boca (v. 11). Él controla su lengua, cuerdas vocales y labios. El poder de Dios va con sus mensajeros para lograr sus propósitos.
Las habilidades de Dios no se ven sofocadas por nuestras limitaciones. Si Él puede usar a un burro que habla, ciertamente puede usar a un predicador con boca débil. Deja de analizar tus insuficiencias y mira a Aquel a quien le encanta mostrar su fuerza a través de nuestra debilidad.
Toma la Palabra
Por último, recuerda que la Palabra de Dios es suficiente para pastorear al pueblo de Dios. La Escritura blandida en las manos de un pastor lleno de fe puede lograr un bien incalculable. Dios no necesita tus últimas y mejores ideas o innovaciones. Él no quiere sermones generados por la IA. No necesita tu sabiduría mundana y estrategias de crecimiento. Preferiría tomar tus dos pescados y cinco panes, y multiplicarlos en las vidas de su pueblo. Él se deleita en usar cosas pequeñas (como tú) para mostrar el poder que sobrepasa todo entendimiento de su Espíritu a través de su Palabra totalmente suficiente.
Estás llamado a la causa más grande que el mundo ha conocido. Tienes el glorioso privilegio de ser un participante y conducto de la gracia de Dios en la vida de otros. Míralo trabajar, esfuérzate con todas tus fuerzas, mantén tus ojos en Cristo y sigue adelante. Confía en Dios y acepta el llamado.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.