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La primera vez que vi a un hombre golpear a una mujer, me quedé sin aliento. 

Estaba viendo una película de acción en la habitación familiar con mis hijos adolescentes. El personaje principal se vio envuelto en una crisis vertiginosa que se desarrollaba rápidamente e involucraba frenéticas persecuciones de autos, dramáticas explosiones, artes marciales expertas y muchos tiroteos violentos. Al luchar contra el tiempo y contra toda adversidad, el héroe fuerte y valiente arriesgó su vida para salvar a su familia y al resto del mundo de una aniquilación segura.

Era de esperarse.

Sin embargo, la interacción en una escena entre el personaje principal y la oponente femenina me sobresaltó y perturbó. Ella estaba amarrada a una silla para ser interrogada. Después de conseguir la información necesaria sobre el complot criminal, el héroe se dio la vuelta para marcharse. No obstante, cuando la mujer se burló de él, se dio vuelta furioso y la golpeó con toda su fuerza en el rostro.

Me quedé sin aliento. Y casi boté mis palomitas de maíz.

Espera. No. Los tipos buenos no hacen eso. Los tipos buenos no golpean mujeres. Golpear a una mujer demuestra debilidad, no fuerza. En todos mis años viendo películas de acción con mis hijos, nunca había visto un protagonista hombre golpear a una mujer o enfrentarse a ella en un combate cuerpo a cuerpo.

Mucho ha cambiado.

El adviento de la mujer fuerte

El feminismo objetó la representación estereotipada de los hombres como héroes fuertes y las mujeres como débiles damiselas en apuros. Representar a los hombres como más fuertes que las mujeres es sexista; denigrante; insultante. Por lo tanto, Hollywood volvió a escribir el guion.

En la actualidad, si sintonizas una película de acción, comúnmente verás a mujeres involucradas en combates cuerpo a cuerpo con hombres. Las mujeres son atrevidas, astutas y tan fuertes como los hombres en todo sentido. Una protagonista mujer de 1,65 metros y unos 61 kg puede doblarse como un pretzel y usar sus movimientos ninja para vencer fácilmente a varios expertos asesinos hombres a la vez. (Aun cuando son muchos más altos que ella y la superan en peso por al menos unos 22 kg, todo mientras ella usa tacos aguja de unos 10 cm y un atuendo increíblemente ajustado).

Sí, es sólo una película. Y las películas a menudo sobrepasan los límites de lo creíble. No obstante, estas imágenes ficticias promueven ideas poderosas sobre cómo debe funcionar el mundo y cómo deben ser los hombres y las mujeres. Según el nuevo paradigma, la fuerza no conoce la diferencia entre sexos. Una mujer puede y debe ser fuerte de la misma manera en que un hombre lo es. 

La industria del poder femenino

A lo largo de las últimas décadas, miles y miles de millones de dólares se han invertido en promover esta visión de la igualdad y empoderamiento femeninos. Desde el momento en que una chica nace, ella escucha mensajes sobre cuán increíblemente maravillosa, capaz y fuerte ella es simplemente por la virtud de su sexo. Sólo necesitas echar un vistazo a la sección de ropa femenina para ver infinitos lemas de poder femenino serigrafiados como:

  • Las chicas mandan. 
  • Las chicas manejan el mundo. 
  • Soy bonita —bastante inteligente; bastante fuerte; bastante dura.
  • Fuerte. Valiente. Atrevida.
  • Poder femenino.
  • No soy fuerte para ser una chica, soy fuerte y punto.
  • Las chicas fuertes mandan.

Estos no son mensajes juguetones ni benevolentes. Promueven una ideología específica.

Como una vía intravenosa en la vena de un paciente inconsciente, la cultura contemporánea ha inyectado ideas sobre lo que significa ser una mujer fuerte en nuestras mentes subconscientes. Para el momento en que una chica llega a ser mujer, ella sabe que es vitalmente importante que sea fuerte, y también tiene opiniones profundamente enraizadas sobre lo que eso significa (aunque generalmente tiene poca consciencia de dónde obtuvo esas opiniones).

La sociedad nos alimenta con una visión engañosa de lo que significa ser fuerte. Asimismo nos alimenta con una visión engañosa de lo que significa ser un hombre o una mujer. Sostiene que la masculinidad y la femineidad son irrelevantes. Incluso intercambiables. En consecuencia, fallamos en deleitarnos en el hecho de que la fuerza femenina tiene una textura diferente a la fuerza masculina. Lo que es más, como mujeres podemos sentir la necesidad de aspirar, competir, negar o rechazar la fuerza masculina que Dios había destinado para nuestro beneficio. 

Fuerza masculina

¿Qué significa ser tan fuerte como mujer y no sólo como ser humano? ¿Qué es la fuerza femenina (que la distingue de la fuerza masculina) y que no es? Podemos comenzar a responder esas preguntas al considerar las diferencias entre el cuerpo masculino y femanino.

Como Elisabeth Elliot le escribió a su hija, Valerie, en su clásico libro Déjame ser mujer:

El tuyo es el cuerpo de una mujer. ¿Qué significa eso? ¿Hay un significado invisible en sus signos visibles —suave, terso, la estructura ósea y muscular más ligera, los senos, el vientre—? ¿Son completamente ajenos a lo que tú misma eres? ¿No está tu identidad íntimamente ligada a esas formas materiales? […] ¿Cómo podemos ignorar la materia en nuestra búsqueda de comprender la [persona]? Hay una extraña irrealidad en aquellos que harían eso, una falta de voluntad para lidiar con los hechos más obvios de todos1.

Dios formó nuestros cuerpos, cerebros y emociones para ser fuertes de maneras que respalden su diseño para nosotros como hombres y mujeres. Los hombres tienen un promedio de 12 kg más de masa muscular esquelética, 40 % más de fuerza en la parte superior del cuerpo y 33 % más de fuerza en la parte inferior del cuerpo que las mujeres. Un músculo masculino generalmente se contrae más rápido y tiene una mayor potencia máxima. La función cardiaca y pulmonar de un hombre es tal que cuando un hombre está trotando a un 50 % de su capacidad, una mujer del mismo tamaño y peso tendría que trabajar a más del 70 % de su capacidad para mantener el ritmo.

Cuando hablamos del poder físico y de la velocidad, los hombres son más fuertes que las mujeres.

Diferencias entre nosotros

No obstante, en otros sentidos, las mujeres son más fuertes que los hombres.

Los músculos de las mujeres son más resistentes a la fatiga y se recuperan más rápido. Las mujeres tienen áreas frontales y temporales del cerebro más grandes, lo que se traduce en mejores habilidades verbales y del lenguaje. Escuchan mejor que los hombres y también distinguen mejor entre un rango más amplio de tonos emocionales. Tienen recuerdos más fuertes de dónde están las cosas y de los eventos pasados.

Hombres y mujeres procesan la información de manera diferente. El cerebro masculino tiende a procesar información de una manera localizada, mientras que el cerebro femenino lo procesa de una manera más conectada e interconectada. («Los hombres son como waffles, las mujeres como espaguetis»). 

Los hombres y las mujeres literalmente ven las cosas de manera diferente. La estructura del ojo de un hombre lo hace mejor para registrar el movimiento, mientras que la estructura del ojo de una mujeres la hace mejor para identificar objetos, así como para analizar el color y la textura. En un estudio hecho en 100 bebés en el día que nacieron, se observó que los bebés hombres preferían mirar objetos en movimiento, mientras que las bebés mujeres preferían mirar rostros.

En términos sexuales, el cuerpo de un hombre está estructurado para endurecerse, tomar la iniciativa con una mujer y dar. El cuerpo de una mujer está estructurado para ablandarse, acoger y recibir. 

Aparte de las diferencias sexuales reproductivas obvias, los cuerpos masculinos y femeninos también muestran diferencias esqueléticas, químicas, hormonales y en el procesamiento neurológico. Sólo en las fibras musculares, los investigadores han identificado no menos de 3 000 genes que se expresan diferencialmente entre hombres y mujeres.

Fuerte como una mujer

Dios diseñó la fisiología masculina de tal manera que, ya sea que se case o tenga hijos alguna vez, un hombre está únicamente equipado para ser un esposo y un padre. Al contrario, Dios creó la fisiología femenina de manera tal que, ya sea que se case o tenga hijos alguna vez, una mujer está excepcionalmente equipada para ser esposa y madre. En general, la constitución de un hombre lo inclina hacia tomar la iniciativa, la provisión y la protección, mientras que la constitución de una mujer la inclina hacia la capacidad de respuesta, el cuidado/la crianza y las relaciones.

Esto no quiere decir que las mujeres no puedan proteger y proveer o que los hombres no puedan criar. Simplemente, está diciendo que nuestras fuerzas no son meramente una función de nuestras personalidades, dones y competencias. Tienen un componente fuerte basado en el sexo. Ya sea que una mujer esté cuidando a sus hijos o dirigiendo un negocio, ella trae a la mesa fuerzas femeninas únicas.

Dios creó al hombre y a la mujer, a los hijos y a las hijas, para el propósito último de darle la gloria a Dios (Is 43:7). La Biblia indica que mostramos la belleza del Evangelio de maneras distintas. Los hombres cuentan la historia de Jesús en cuerpos que reflejan verdades sobre la naturaleza de la relación de Cristo con la iglesia desde la perspectiva del Novio. Las mujeres cuentan la misma historia desde la perspectiva de la novia (Ef 5). Dios nos fortalece, de manera específica según nuestro sexo, para honrarlo de esta manera.

Dios me creó mujer; por lo tanto, quiere que sea fuerte como una mujer. Y ser fuerte como una mujer es diferente a, pero no menos que, ser fuerte como un hombre. «¿Qué significa ser fuerte como una mujer y no sólo como un humano?». Significa ser quien Dios me creó para ser como mujer. Y contar fielmente la historia que Él creó para contar como mujer.

Buscar más que poder

¿De qué manera crecemos más fuertes en quién Dios nos creó para ser? Hombre o mujer, el método es el mismo.

El mundo nos dice que dependamos de nuestra propia fuerza y encontremos fuerza dentro de nosotros. No obstante, la Biblia nos dice que miremos a una fuente infinitamente más poderosa y confiable. Nos advierte categóricamente a no confiar en nuestra propia fuerza, sino que al contrario: «fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza» (Ef 6:10). Debemos «bus[car] al Señor y su fortaleza; bus[car] su rostro continuamente» (1Cr 16:11).

Aquí es donde algunos se equivocan.

Piensan que llegar a ser fuerte como una mujer significa buscar la femineidad como objetivo o que crecer fuerte como un hombre significa buscar la masculinidad como objetivo. Pueden terminar persiguiendo un patrón estereotipado, religioso, universal e inadecuado de lo que creen que debe ser la manifestación de los roles sexuales.

La femineidad verdadera no es el camino a la piedad; la piedad es el camino a la verdadera femineidad. Por supuesto, la piedad involucra examinar mis ideas sobre la femineidad a la luz de la Escritura. Sin embargo, finalmente, mi objetivo no es perseguir la femineidad, sino que, como mujer, buscar a Cristo. Es a través de esa búsqueda que Él me transforma en la mujer fuerte que Dios me creó para ser. Mientras más parecida a Cristo soy, más fuerte llego a ser como mujer.

No renuncies a la femineidad

Actualmente, cualquier discusión de diferencias entre hombres y mujeres está plagado de malas interpretaciones y errores. Las preconcepciones y los estereotipos abundan.

Un énfasis excesivo en las diferencias puede hacernos perder de vista nuestra característica común como herederos juntos de la gracia de Dios y colaboradores por la causa de Cristo. Las diferencias pueden provocar que comparemos, compitamos y consideremos un sexo como mejor que otro. En lugar de una reflexión cuidadosa y matizada sobre las realidades ontológicas, la discusión puede deteriorarse en una lista de control reduccionista de quién hace qué. O una aplicación legalista restrictiva y dura de reglas, carente de gracia.

Por otro lado, una negación o descuido de las diferencias puede impactar negativamente en las identidades que Dios nos dio, perjudicar nuestras relaciones y nublar los límites que Dios estableció para ilustrar la belleza del Evangelio, estropeando así la imagen y quitándole el color al lienzo. En resumen, cuando se trata de las diferencias entre hombres y mujeres, es fácil quedar atrapados en el desorden del debate y perderse en los detalles.

No obstante, la discusión es importante. Y aún más a medida que la sociedad pierde su apetito por el buen plan de Dios para los hombres y las mujeres, como hombres y mujeres. El apóstol Pablo les recordó a sus amigos: «en el Señor, ni la mujer es independiente del hombre, ni el hombre independiente de la mujer. […] Todas las cosas proceden de Dios» (1Co 11:11-12). La conclusión es que nos necesitamos unos a otros. La comunidad cristiana necesita mujeres fuertes así como también hombres fuertes —fuertes en nuestras maneras distintas y complementarias—.

Hermanos, los animo a desarrollar una apreciación más grande por la fortaleza femenina. Necesitas mujeres fuertes en tu vida. No seas amenazado por ellas. Acógelas, bendícelas, afírmalas y participa con ellas.

Hermanas, resistamos el mensaje mundano de que la fuerza significa renunciar a la femineidad. Dejemos de intentar ser como uno de los chicos. Acojamos y afirmemos la fuerza masculina piadosa, sabiendo que Dios la creó no para nuestro daño, sino que para nuestra bendición.

Dios no quiere que seas una debilucha. Él quiere que seas una magnolia de acero: una suave mujer femenina con fuego en tu vientre, valentía en tu corazón y acero en tu espina dorsal. Él quiere que tengas una fuerza para decir «no» a lo que es incorrecto y «sí» a lo que es correcto y vivir tu vida —como mujer— para la gloria de Cristo. Fuerte como una mujer. El tipo correcto de fuerza.

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
  1. Elliot, Elisabeth. (2022). Déjame ser una mujer. Cartas a mi hija sobre el significado de la feminidad. (Poiema Publicaciones). p. 70.
Photo of Mary A. Kassian
Mary A. Kassian
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Mary A. Kassian

Mary A. Kassian es autora, conferencista y profesora de estudios de mujeres en The Southern Baptist Theological Seminary. Es autora de muchos libros, estudios bíblicos y videos, entre los que se encuentran Chicas sabias en un mundo salvaje y La verdadera fortaleza.