Este artículo es parte de la serie ¿Cuál es la diferencia?, publicada originalmente en Desiring God.
«¿Quién va a ir adelante?», le pregunté a mi hermana. Estábamos en una acera de Florida, contemplando una hermosa bicicleta doble color azul cielo. Fue nuestra por las siguientes cuatro horas.
«Yo», me dijo con confianza. Me alegré en secreto. La proverbial bicicleta para dos daba algo de miedo en persona. «¿Cómo rayos vamos a hacer que ande sin caernos?», pensé.
Levanté mi pie cuidadosamente sobre las ruedas traseras y agarré el manubrio que no funcionaba delante de mí. Ella saltó al asiento delantero y dirigió la rueda hacia la autopista 30A, listas para comenzar nuestra aventura adolescente de ir en bicicleta al pueblo para almorzar.
Una bicicleta construida para dos
Casarse con un hombre es como subirse a la parte trasera de una bicicleta doble.
Ya sabías cómo andar en una bicicleta normal. Era una segunda naturaleza; era simple. Si chocabas, chocabas. Sin embargo, sólo tú te raspabas la rodilla y sólo tú eras culpable por la caída.
Cuando te casas como un hombre, te bajas de la bicicleta individual y te subes voluntariamente a la parte trasera de una bicicleta doble. Te guste o no, tu esposo ha sido puesto en la parte delantera y él es responsable por lo que le ocurre a esa bicicleta. Ahora has entrado a una relación de liderazgo y respuesta en la que ambos experimentan las caídas, las vistas y las victorias, juntos.
Estar en el asiento delantero de una bicicleta doble es difícil. Pero, resulta que, el asiento trasero es un desafío aterrador en sí mismo. Cuando anduve en una con mi hermana, rápidamente descubrí que la segunda posición en una bicicleta doble requiere audacia, trabajo duro y habilidad. Para moverse, tienes que levantar tus pies (sin saber exactamente lo que la persona en frente va a hacer). Luego, tienes que pedalear con fuerza (con tanta fuerza como si estuvieras en la bicicleta individual), pero sin dirección. Entonces, tienes que desarrollar el arte de apoyarte en la persona que va adelante, bajando tus pies justo cuando presiona los frenos y mirando la cabeza del líder en busca de señas del siguiente giro.
Seguir el liderazgo de un hombre requiere aún más audacia, trabajo y habilidad. Pero, cuando la relación de liderazgo y respuesta está funcionando bien, es tan vistosa como una bicicleta doble azul cielo que anda por el borde costero. Y cuando la fuerza de un hombre se dirige hacia un objetivo (construir una iglesia, un hogar, un ministerio, un negocio), tú, como esposa, pronto descubrirás que estás en una posición única para duplicar esa fuerza.
Pero también descubrirás que, si decides trabajar en su contra, tu posición en la bicicleta doble te facilita hacerlo. Todo lo que tienes que hacer es bajar tus pies. Él podría ser capaz de forzar a que la bicicleta avance, pero sería lento, frustrante e incómodo. Si realmente quisieras, podrías incluso detenerlo en seco. Podrías destruir tu propia casa sólo con tus manos (Pr 14:1).
Es fácil ir mal en la segunda posición. Muchas mujeres lo hacen. Debilitar la fortaleza de un hombre es fácil. Pero aprender a aumentar su fortaleza, para potenciar su energía masculina a fin de que juntos sean más que la suma de sus partes, eso sí es un verdadero desafío. También es el tipo de gloria que rebota en el mundo y se transmite de generación en generación. Para este fin, considera tres maneras en las que una esposa puede duplicar, en lugar de obstaculizar, la fortaleza de su esposo.
1. Anímalo
Nunca subestimes lo que los elogios puede hacer por un hombre. Muchos han visto cómo se ve cuando una mujer frustrada intenta motivar a su esposo pasivo a hacer cosas más grandes y mejores al recordarle sus fallas diarias. Ante las desilusiones del matrimonio, ella intenta comunicarle más sus fallas a él, y con más detalle, como si el problema fuera la falta de información.
¿Ella ha olvidado el principio de que «se consigue más con una gota de miel», algo que probablemente entendió cuando era niña o incluso cuando era una jovencita que tenía citas? Una palabra amable, un «gracias» con una sonrisa, un comentario intencional sobre algo que hace bien: así es cómo motivas a cualquier persona, hombre o mujer. Pero para un hombre, quizás es más crucial.
El flujo de crítica es la manera en que lo paralizas. Es la manera en que te conviertes en una espina a su lado en lugar de una costilla bajo su brazo. Es la forma en que debilitas su fortaleza y vitalidad.
Si quieres duplicar su fuerza, anima su corazón, llena sus velas con aire y haz que el barco se mueva, las palabras de gracia son quizás la herramienta más grande que tienes. ¡Usa esas palabras! Recuerda que, como la persona que va en el asiento delantero, él tiene una testigo que mira por encima de su hombro cada error que ha cometido desde que dejó su bicicleta individual y comenzó a aprender cómo conducir esta más grande y más pesada. Ten misericordia de él y sé el tipo de testigo que lo hace sentir más grande, no más pequeño.
Comparte tus pensamientos y sueños, y escucha atentamente los suyos, buscando los puntos en común. Sé la persona que dice: «sí, y…» en lugar de «pero ¿qué tal si…?» y «gracias por…» en lugar de «¿por qué no…?».
2. Pedalea fuerte en tus dones
La parte trasera de la bicicleta es cualquier cosa menos pasiva. Esa fue la sorpresa más grande para mí cuando estaba navegando las aceras de Florida con mi hermana: fue un trabajo duro y necesario. Ella no lo podría haber hecho sin mí. Pero con mi energía enfocada (con nuestras energías combinadas) logramos gracia y velocidad, aun en esa bicicleta doble con forma de bote.
Cuando desarrollas tus propios dones femeninos: en hospitalidad (Pr 31:15, 20), en consejos bíblicos sabios (Pr 31:26), en trabajos extra (Pr 31:16, 18, 24), en el ejercicio (Pr 31:17), en la fe sin temor (Pr 31:25), en entrenar hijos (Pr 31:28), en hacer presupuestos (Pr 31:21), en planificación y organización (Pr 31:27), extiendes el alcance de tu marido más allá de cualquier cosa que él hubiera podido lograr solo. Como la mujer de Proverbios 31, tus habilidades únicamente femeninas son necesarias para alcanzar los objetivos familiares e incluso establecer la reputación de tu esposo (Pr 31:23). Le harás bien, no daño, todos los días de tu vida (Pr 31:12).
Él podrá atender mejor sus responsabilidades si tú atiendes las tuyas con toda la creatividad y diligencia que tengas. Su paz mental y disfrute de la vida, su productividad y la salud de sus hijos, mucho de esto se reduce a la excelencia de una esposa.
Pedalea fuerte y mira el camino pasar volando.
3. Sigue su liderazgo
Una de mis tentaciones personales es olvidar esto. Con frecuencia estableceré una misión de extender el alcance de mi esposo (ser la mujer de Proverbios 31 con muchos pasatiempos y proyectos, aparentemente, para apoyar a mi marido desde el asiento trasero de la bicicleta y duplicar su fortaleza).
Sin embargo, a menudo, cuando estoy corriendo a toda velocidad en búsqueda de un «objetivo familiar» dado, descubro que he olvidado revisar ese objetivo con la prueba de fuego de su visión y liderazgo o incluso sólo con sus deseos personales. Aquí es donde la teoría se pone a prueba en cuanto a ayudar a nuestros esposos: ¿podemos confiar en su dirección cuando apunta el manubrio por una calle por la que preferiríamos no ir o cuando no dobla por la calle que nosotras asumimos que él quería tomar?
¿Él quiere que toda la familia se alimente libre de gluten? ¿Él quiere que tengas ese trabajo extra como influencer? ¿Él quiere que pases tiempo haciéndoles clase a los hijos de otras personas cuando pareciera ser un tiempo especial de necesidad para tu propio niño pequeño? ¿A él realmente le importa si crían sus propias gallinas o si se convierten en una familia sin pantallas? Obviamente, existen áreas de la vida donde tu esposo no tendrá opinión, otras en las que incluso explícitamente te dirá que estarán bajo tu dominio. Pero aun así es mejor preguntar. Y su respuesta podría sorprenderte.
Un esposo sabio escuchará los argumentos que su esposa le exponga para un proyecto apasionante, una nueva disciplina personal o una oportunidad de ministerio. Él la escuchará mientras ella describe posibles recortes o rutas panorámicas. No obstante, al final, tu esposo es quien ha sido puesto al volante. Una mujer sabia aprenderá a argumentar su postura con una mano abierta y luego ella realmente seguirá el curso que él trace.
Esto, a su vez, lo liberará para tomar mejores decisiones y para un liderazgo con más confianza. Si a menudo tiene que volver y reiterar sus deseos porque tú escogiste no escucharlos la primera vez, eso les resta energía a ambos.
Sumisión a tu Salvador
Cuando era joven, mi papá nos hablaba a nosotras, las chicas, sobre cuánto poder una mujer podía bombear en la vida de su marido si es que ella lo apoyaba y lo respetaba. «Puedes ser el viento de sus alas», nos decía. Yo estaba completamente de acuerdo.
No entendía el desafío hasta que me casé. Nunca me di cuenta de lo mucho que hay en juego cuando estás con un hombre de por vida (el resto de tu vida) y si es que él comete un error frente al volante, tú experimentas las consecuencias.
Aquí es donde es tan importante entender de qué se trata realmente el baile del liderazgo masculino y la respuesta femenina. No te sometes a un hombre porque es un ser tan piadoso, porque todos sus caminos son gloria, porque todas sus percepciones son profundas, porque todos sus planes se cumplirán y cada movimiento de su tranquilo rostro te envía a un éxtasis de admiración. Te sometes a un hombre porque tu Dios, tu Rey, tu Salvador te ha dicho que lo hagas.
Todos los caminos de Cristo son gloriosos. Todas sus percepciones son profundas. Todos sus planes sí se cumplirán. El Dios-Hombre que siempre ha merecido cada gramo de nuestro amor, energía y lealtad ha coreografiado este baile para ti y tu esposo, Él te ha dado pasos femeninos por los cuales andar. Es para tu bien y para su gloria.
Ese es el motivo. Esa es la visión que buscas. Si tu esposo no siempre inspira completa confianza (porque es un hombre humano en una bicicleta difícil, y la vida es difícil), está bien. Él no es el que sostiene a tu familia en la palma de su mano. Él es la imagen y la gloria de Dios, no es Dios mismo.
Si tu marido está en Cristo, Dios lo está transformando en alguien más glorioso con cada año que pasa. Él está haciendo lo mismo contigo. Pero ustedes dos (en sus cuerpos caídos y moribundos, y con sus pensamientos simples y egoístas) nunca fueron el objeto en el cual creer.
Al someterte a tu Salvador, aprenderás el arte menor de someterte al hombre con el que Él te ha unido. Principalmente, aprenderás a confiar en que tu Líder perfecto y omnipotente te llevará por cosas dulces y tristes que ha ordenado para ti y tu familia. Sabes que Él ha prometido triunfar y glorificarse a sí mismo en tu vida, aún en el fracaso. Y a medida que este Hombre llena tu visión, serás llenada con la fortaleza que necesitas para levantar tus pies y depender del líder imperfecto que está al frente de ti en la bicicleta.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.