Cuando Dios consideró que era bueno que yo esperara para tener un bebé, quedé devastada. La ansiedad, la mala teología y la impaciencia brotaron como malezas pecaminosas en mi corazón. Este no era el camino que yo habría elegido. Pero luego Dios, en su bondad, me reveló un problema incluso peor que una cuna vacía: no estaba esperando en Él. Sólo estaba esperando por un bebé.
Durante esta temporada, me encontré atravesando las «etapas» del mes con temor. Primero, otra prueba de embarazo negativa. Segundo, el estrés que rodeaba el intento. Tercero, el lento paso de los días mientras esperaba. Y cuarto, el momento en que Dios dice sí o no, otra vez.
Mi corazón errante necesitaba anclas en estos movimientos mensuales. Necesitaba promesas de la Escritura a las que aferrarme y orar mientras luchaba contra diferentes tentaciones semana tras semana. Así que, lo que tienes ante ti, querida hermana, es un plan de batalla para esperar finalmente en Dios mientras también esperamos por un bebé.
Etapa 1: el negativo
Las mujeres que esperan conocen el momento desgarrador y angustiante de descubrir que no hay vida en su vientre. El dolor puede cortar como un cuchillo. Mientras otra prueba de embarazo negativa cae en la basura, podemos sentir que nuestra satisfacción en nuestro Salvador también se desvanece. ¿Cómo puede Cristo ser suficiente cuando un bebé es tan preciado? En momentos oscuros como estos, Dios ha dirigido mi mirada a la brillante esperanza de Romanos 8:32:
El que no negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?
El Padre más grandioso entregó a su Hijo para darnos la bienvenida a su familia para siempre. Dios entregó el regalo infinitamente preciado de Jesús; por lo tanto, se le puede confiar toda pequeña necesidad. Si creemos esta verdad, nuestro vientre vacío y el tamaño de nuestra familia no pueden robarnos la alegría en última instancia.
A menudo, en tiempos de espera, el Evangelio no nos deja boquiabiertos ni hace cantar a nuestras almas como antes. Nuestros corazones anhelan pataditas y un vientre en crecimiento, pero enseñémosles a anhelar aún más a Cristo. El aliento de Milton Vincent me llega al fondo: «en cuanto a mis circunstancias terrenales específicas de abundancia o necesidad, puedo verlas siempre como mejoras infinitas al infierno que merezco1». Así que, cada vez que estemos desconsoladas en el baño de nuevo, podemos predicar a nuestra alma: «la salvación es infinitamente más de lo que merezco».
Si te encuentras al borde de otro largo mes de espera, sumérgete profundamente en el pozo del amor sacrificial de Dios por ti en Cristo.
Etapa 2: el intento
Cuando estemos intentando activamente tener un bebé, podemos creer que tenemos el control. La tentación de depender de nuestro propio entendimiento está a sólo un clic de distancia. Pero las fuentes humanas de sabiduría, cuando se consultan como si fueran dioses, conducen al estrés, no al gozo, y no pueden transformarnos a la imagen de Cristo mientras esperamos.
Entonces, ¿cómo intentamos concebir con sabiduría genuina en esta temporada, la sabiduría que lleva a las mujeres creyentes a una mayor fe y no sólo a una familia más grande? Santiago tiene una respuesta:
Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada (Santiago 1:5).
A la mujer que anhela obedecer a Dios mientras intenta: Dios te promete dar sabiduría si se la pides. Él te mostrará cómo confiar en Él, cómo disfrutar de Él, en los matices particulares de tu prueba. ¡Nada en el mundo ofrece ese tipo de esperanza! Ningún médico, remedio natural o creencia popular puede compararse con la sabiduría que desciende de tu Padre.
En la práctica, esto puede significar tomar un descanso de los motores de búsqueda, pedirle a tu esposo que decida los siguientes pasos o detener todos los métodos «extras» por completo. Dios será fiel para proveer sabiduría en las decisiones tomadas momento a momento mientras priorizamos sus propósitos y su gloria, incluso mientras también anhelamos el buen regalo de una nueva vida.
Etapa 3: la espera
Este momento del mes ha sido mi espina más puntiaguda. La espera va en contra de cada fibra de mi ser. Durante una, dos o tres semanas, he odiado que no haya nada más que pueda hacer que esperar. Aun así, Dios, en su fidelidad, ha hecho lo que promete hacer en lo desconocido. Ha despojado mi dependencia del control y me ha hecho confiar en Él mientras he esperado. Y el Salmo 33:20-21 ha sido la herramienta que ha usado:
Nuestra alma espera al Señor;
Él es nuestra ayuda y nuestro escudo;
Pues en Él se regocija nuestro corazón,
Porque en su santo nombre hemos confiado.
Aunque las lágrimas a menudo inundan esta prueba, aun así podemos brillar como mujeres cuyos corazones se alegran en Dios. ¿Cómo? Confiando «en su santo nombre». Que Dios sea santo significa, entre otras cosas, que es distinto, apartado y totalmente diferente de nosotros. Él sabe mejor; Él ve lo que nosotras no podemos ver; su plan emerge como algo mucho más alto y grandioso de lo que podríamos imaginar. Jeremiah Burroughs lo dice bien: «El Señor sabe ordenar las cosas mejor que yo2». ¿Qué mejor momento para que nuestros corazones crezcan en esta creencia que durante la parte del mes en que nosotras mismas no podemos hacer nada?
Confiemos en el orden de Dios mientras permanecemos en el incómodo espacio de esperar conocer su voluntad.
Etapa 4: la prueba
Llega el día esperado, y sabes que habrá tristeza o gozo. El dolor puede ser tan real y profundo que te cueste respirar. O puedes deleitarte en el resplandor del embarazo (y quizás sentir al instante la tentación de saltar a la siguiente lista de miedos). ¿Cuál será nuestra respuesta, ya sea en las alturas o en las profundidades? Instruyamos a nuestros corazones con el testimonio de Job:
Pero Él sabe el camino que tomo;
Cuando me haya probado, saldré como el oro (Job 23:10).
Si escuchamos otro «no», lamentemos y supliquemos honestamente a Dios (Job 23:1-9). Al mismo tiempo, que el clamor de Job nos ayude a creer que Dios conoce nuestro doloroso camino y será fiel para hacernos más como oro, más como Cristo (Ro 8:29).
Si recibimos el regalo de la vida, creamos que Dios es soberano con un propósito. Él creó a este niño y nos ha dado este embarazo para hacernos brillar para su gloria. Así que, ya sean los trimestres tranquilos o estresantes, nuestro gozo puede permanecer en Aquel que sabe exactamente lo que necesitamos.
Ya sea que hayas estado esperando dos meses o dos años o mucho más, lo siento mucho. Para las mujeres casadas, pocas pruebas pueden sentirse tan emotivas, dolorosas y humillantes. Pero cuanto más nos sometemos a la dura providencia de Dios en nuestras vidas, más acogemos el tesoro que espera al otro lado.
Nos pareceremos más a Jesús. Proclamaremos a un mundo que observa que Jesús vale la pena, con los brazos vacíos o llenos. Esperaremos en el Señor mientras esperamos por un bebé.
