Este artículo forma parte de la serie Cartas abiertas, publicada originalmente en Crossway.
Querida amiga:
Escuché que te casaste con un no creyente y que te vendría bien un poco de ánimo. Me encantaría que tú y yo pudiéramos sentarnos a tomar un café juntas y pudiera escuchar tus luchas específicas. Pero por ahora, oro para que Dios use misericordiosamente mis palabras para consolarte y fortalecerte.
Dios tiene instrucciones específicas para una creyente que está casada con un incrédulo. Puesto que Dios ordena que los creyentes no se casen con no creyentes, podrías preguntarte: «¿Dios quiere que siga casada?». Gracias a Dios, su Palabra es clara. No importa cómo llegaste aquí, si tu cónyuge incrédulo consiente en vivir contigo, no debes divorciarte (1Co 7:12-16). Si tienen hijos, críalos como cristianos, lo mejor que puedas, por la gracia de Dios.
Este mismo pasaje dice que si tu cónyuge decide dejarte, por muy triste que pueda ser, déjalo ir. Eres llamada a la paz. No es tu culpa y el Señor te sostendrá.
Aun cuando podemos agradecer a Dios por sus instrucciones claras sobre si debes mantenerte en el matrimonio o no, permanecer en un matrimonio con un incrédulo aún puede ser bastante difícil. ¿Qué aliento te ofrece la Palabra de Dios al enfrentar estos desafíos? Muchos.
No importa el tipo de prueba, cuando estoy buscando aliento en mi sufrimiento, me gusta acudir al experto: el apóstol Pablo. Él sufrió a un nivel olímpico (ver 2 Corintios 11:16-33 para una lista más larga) y él no sólo sobrevivió, sino que ¡prosperó! ¿Cómo funciona esto? Pablo consideraba todo como pérdida comparado al valor incomparable de conocer a Cristo Jesús su Señor (Fil 3:8). ¿Considerarías hacer el objetivo de Pablo en su sufrimiento tu objetivo en tu matrimonio? ¿Puedes considerar tu matrimonio con tu cónyuge incrédulo una invitación de Dios para que tú puedas conocerlo mejor por medio del sufrimiento?
Podrías preguntarte: ¿qué verdades específicas sobre Dios pueden satisfacerme en mi matrimonio con un incrédulo? Te comparto diez:
1. Dios está contigo
Aun cuando estás casada, a veces podrías sentirte sola. Esto tiene sentido. Mientras estés unida a Jesús y tu cónyuge no lo esté, un abismo invisible los separa. Aunque a veces puedas experimentar soledad, no estás sola en ella. Dios está contigo y Él nunca te dejará ni te abandonará (Heb 13:5; Dt 31:6). Permite que su presencia te consuele.
2. Dios es poderoso para salvar (Sof 3:17)
Años de ver a alguien rechazando a Jesús pueden tentarte a pensar que tu cónyuge está lejos del alcance de Dios. Recuerda: Aquel que hizo las montañas; Aquel que partió los mares y resucitó a Jesús de los muertos, puede salvar a tu cónyuge. Nada es imposible para Dios. Mira cuántas veces las personas en la Biblia necesitaban escuchar esto: ¡Mateo 19:26; Lucas 1:37; Marcos 10:27; Job 42:2; Jeremías 32:17; Génesis 18:14, y Lucas 18:27! Canta esta verdad, grábatela en el corazón y sigue orando por la salvación de tu cónyuge. No te des por vencida. Dios puede suavizar su corazón, incluso hoy (Ez 36:26).
3. Sólo Dios tiene el poder para salvar
¡No puedes salvar a tu cónyuge! En tu ferviente deseo por la salvación de tu cónyuge, podrías ser tentada a pensar: «si tan sólo orara lo suficiente y si tan sólo viviera una vida más piadosa, mi cónyuge sería salvado». No te engañes. Olvida los «si tan sólo». No tienes el crédito ni eres culpable del estado espiritual de tu cónyuge. La salvación es completamente por la gracia de Dios y sólo de Él. Romanos 8:30 deja claro el rol soberano de Dios en la salvación: «a los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó». ¡La salvación de tu cónyuge es completamente de Él!
4. Dios puede usarte en la salvación de tu cónyuge
Aunque no eres responsable de la salvación de tu cónyuge, Dios puede usarte (1P 3:1-2). ¡Sólo piensa a quién usó Él en tu salvación! ¿Tus padres, tus amigos o un pastor? Deja que la oportunidad única de ser usada por Dios agregue significado, propósito y gozo a tu vida.
5. Dios se deleita en responder oraciones (Sal 37:4; Jn 16:23-24; 1P 3:12)
Sigue orando por tu cónyuge. Si te has descuidado la oración (¿y quién no lo ha hecho?), pídele a Dios que te perdone y te ayude a comenzar a orar de nuevo hasta el día en que Dios traiga a tu cónyuge a la salvación. Pídele a Dios que le muestre su gracia salvadora, no sólo por tu conveniencia, sino por el bien de tu cónyuge y para la gloria de la gracia de Dios. ¡Y qué oportunidad tienes para mostrar la gracia de Dios! Usa el conocimiento que tienes de tu cónyuge no para acumular quejas en su contra, sino para inspirar tus oraciones por él. Recuerda, Jesús vive para interceder por ti. Es tu privilegio transmitir la gracia de Dios al interceder por tu cónyuge.
6. Dios perdona todos tus pecados
¿Te encuentras a veces sin ganas de mostrarle la gracia de Dios a tu cónyuge? Cuando descubras que tu corazón quiere guardar rencor, presta atención a la amable advertencia de Jesús en la parábola del siervo despiadado (Mt 18:21-35). Él fue reprendido por no perdonar una pequeña deuda después de que se le había perdonado una grande. Recuerda que Dios no nos trata según merecen nuestros pecados (Sal 103:10, 12). Al contrario, Él no lleva registro de nuestros males (1Co 13:5; Mi 7:19). ¿Resistirás, en dependencia a la gracia de Dios, la tentación de llevar un registro de los males de tu cónyuge, y en lugar de ello, obedecer el mandato de Dios para perdonarlo así como Dios, en Cristo, te ha perdonado? (Ef 4:32). Si es así, este será un testimonio diario poderoso para tu cónyuge perdido.
7. Dios está obrando (Jn 5:17)
No te desanimes demasiado por el pecado de tu cónyuge. La presencia del pecado no significa que Dios no esté obrando en la vida de tu cónyuge. Recuerda, aun cuando todos éramos pecadores, Cristo murió por nosotros (Ro 5:8). Si enfrentas un pecado grave dirigido hacia ti y a tus hijos, acude a los ancianos de tu iglesia, a tu pastor y a consejeros fieles para apoyarte en discernir un camino sabio. La seguridad podría requerir separación temporal o permanente de tu cónyuge incrédulo. Pero podría no requerirlo. ¿Qué oportunidades te está dando Dios para resaltar el Evangelio incluso en medio del pecado?
8. Dios te está conformando a la imagen de Cristo (Col 3:10; Ro 8:29; 2Co 3:18)
Es posible que sientas la pérdida de los sueños que tenías para ti; cómo se administraría tu hogar; cómo se criarían tus hijos, y cómo compartirías tus deseos más profundos. Quizás tus amigos más cercanos disfruten de estas bendiciones, haciéndote dolorosamente mucho más consciente de lo que careces. Recuerda que Dios nos llama a cada uno de nosotros a morir a sí mismo para servir a otros en amor (ya sea casados o solteros; sanos o enfermos; ricos o pobres). En la providencia de Dios, tu sufrimiento, al menos una porción de él, viene por medio de estar casada con un no creyente. ¿Qué garantía puedes encontrar de que Dios usará tu matrimonio con un incrédulo para conformarte a la imagen de Cristo? (Ro 8:18-19).
9. Dios es por ti
Podrías preguntarte: «si Dios es por mí, ¿por qué no me ha dado un cónyuge creyente?». Aun cuando la Palabra de Dios no responde esta pregunta, sí te dice, sin lugar a dudas, que no te está castigando. No hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Ro 8:1). Dios aún nos disciplina paternalmente para guiarnos al arrepentimiento, pero Él no nos castiga. Cristo tomó todo el castigo por nuestros pecados. ¿Confiarás en Dios, sabiendo que Él no está usando las dificultades de tu matrimonio para castigarte, sino para refinarte? (Stg 1:2).
10. El tiempo de Dios es perfecto (Hab 2:3)
Probablemente desearías que tu cónyuge haya sido salvado ayer, ¡si es que no antes! Pero los caminos de Dios no son los nuestros y sus tiempos no son los nuestros (Is 55:8-9). Sus caminos son más altos y su tiempo es perfecto. Escucha al apóstol Pedro hablar de esto y aplícalo a ti: «pero, amados, no ignoren esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento» (2P 3:8). Dios quiere salvar a su pueblo, y en su tiempo, lo hará. Por tanto, no te desanimes. Espera con paciencia (Lam 3:15.26). Mira a otros como Ester, Rut y José, cuyas vidas en retrospectiva desplegaron el tiempo perfecto de Dios con claridad. ¿Cómo Dios te está animando a confiar en sus tiempos en tu matrimonio con un incrédulo?
Mientras termino, no quiero dejarte sola. Te exhorto a continuar yendo a la iglesia y a juntarte con otros cristianos para estudiar la Biblia y orar. No seas demasiado tímida para pedir oración. ¡El apóstol Pablo y Jesús lo hicieron! Me encantaría escuchar cómo Dios responde estas oraciones por ti y tu cónyuge. Esta es mi oración por ti:
Amado Padre: te alabo porque tú estás con mi amiga. Eres poderoso para salvar y sólo Tú puedes salvar. ¿Por favor, usarías a mi amiga en tu plan de salvación? Por favor, muestra tu deleite en responder la oración y salva al marido de mi amiga. Que ella pueda regocijarse en cómo perdonas todos nuestros pecados, en cómo estás obrando incluso ahora y cómo nos estás conformando a la imagen de tu Hijo. Por favor, dale a mi amiga la paciencia para confiar en tu tiempo perfecto. Confío que te revelarás en el matrimonio de mi amiga, todo para la alabanza de tu gloria. En el nombre de Aquel y Único perfecto Novio de la iglesia, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.
Tu hermana en Cristo,
Emily
Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.