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Busca la paciencia

La paciencia es una virtud, dicen, y es una virtud que Pablo nos insta a buscar: «como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia» (Col 3:12). Pablo probablemente usa una metáfora en este versículo. Debemos «revestirnos» de paciencia como si fuera una nueva vestimenta. A continuación, voy a explorar de dónde obtenemos estas nuevas vestimenta (el origen de la paciencia), de qué están hechas estas prendas (la sustancia de la paciencia) y cómo se nos ven puestas (el resultado de la paciencia).

El origen de la paciencia

¿De dónde vienen estas nuevas vestimentas o, si no las tenemos, cómo podemos obtenerlas? Primero debemos reconocer que estas no son nuestras propias prendas, sino más bien las prendas de Cristo. Estoy seguro que la mayoría de nosotros puede recordar momentos en los que no hemos exhibido paciencia hacia otras personas. Nos hemos mostrado como lo que Pablo llama, en este contexto, el viejo hombre (Col 3:9); es decir, lo que somos en Adán. Como hijos de Adán, hemos participado en la maldad de la humanidad caída. Pero como creyentes en Cristo, Pablo dice: «han desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y se han vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de Aquel que lo creó» (Col 3:10). Es decir, nos hemos quitado lo que éramos en Adán y nos hemos puesto lo que somos —y en lo que nos estamos convirtiendo— en Cristo.

Entonces, ¿ya nos pusimos la vestimenta de Cristo o todavía tenemos que revestirnos de ella? La respuesta de Pablo es «sí». Aquí vemos uno de los mejores ejemplos de lo que los estudiosos del Nuevo Testamento llaman el «indicativo y el imperativo» en Pablo. A veces, Pablo habla de lo mismo de manera paradójica, tanto como una realidad indicativa como un mandato imperativo: «se han revestido del nuevo hombre» (Col 3:10); «entonces… revístanse» (Col 3:12). Por lo tanto, es igualmente cierto que los creyentes se han puesto la vestimenta de Cristo como que, por lo tanto, debemos ponernos la vestimenta de Cristo al buscar la paciencia.

Mi punto, sin embargo, es que debemos reconocer que estas vestimentas no nos pertenecen. Para decirlo en términos modernos, Pablo no nos está llamando a ser la mejor versión de nosotros mismos. Nos está llamando a renunciar a nosotros mismos, a quitarnos nuestra propia vestimenta y a ponernos la vestimenta de Cristo. Lo maravilloso es que los creyentes pueden hacer esto porque estamos unidos al Cristo crucificado y resucitado por la fe. Esto significa que ahora podemos vivir su nueva vida buscando la virtud de la paciencia.

La sustancia de la paciencia

¿Qué es esta paciencia que debemos buscar? La palabra griega que Pablo usa (makrothumia) se traduce de forma memorable como «longanimidad» en algunas versiones antiguas [RV60]. Pablo puede usar esta palabra de manera más amplia para hablar de la paciencia que debemos tener para esperar nuestra herencia celestial: «fortalecidos con todo poder según la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en la luz» (Col 1:11-12, énfasis añadido). Pero en Colosenses 3:12, la palabra se refiere especialmente a nuestra paciencia y longanimidad unos con otros en la iglesia.

Esta paciencia es ejemplificada para nosotros por Jesucristo. En los evangelios, Él es paciente con sus discípulos, es paciente con las multitudes e incluso es paciente con sus enemigos. Sí, estuvo dispuesto a reprender a sus enemigos cuando fue necesario, pero reservó su reprimenda más clara para el final de su ministerio (Mt 23:1-36). Él era como Dios, que es «lento para la ira» (Éx 34:6). De hecho, su paciencia era la paciencia misma de Dios, porque Él es la imagen misma de Dios (Col 1:15). Y su paciencia aún perdura, pues aún no ha regresado para juzgar al mundo (cf. Mateo 25:31-46). Él está retrasando su ira y su juicio justo para darnos una oportunidad de arrepentimiento (cf. Romanos 2:4; 2 Pedro 3:9).

La paciencia que debemos buscar también debe parecerse a la paciencia de Dios, porque en Cristo estamos siendo remodelados a la imagen de Dios (Col 3:10). Él nos está convirtiendo en una nueva creación en Cristo, y en el corazón de esta nueva creación está la paciencia y la tolerancia de los unos con los otros. La vestimenta que se nos ha dado en Cristo es vestimenta de la nueva creación, y se verá diferente a la vestimenta de la sociedad humana caída.

El resultado de la paciencia

En Colosenses 3:13, Pablo detalla los resultados de la paciencia, mostrándonos cómo se ve esta virtud en la práctica: «soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes». ¿Cómo debería verse la paciencia de Cristo en la iglesia?

Primero, Pablo dice que debemos soportarnos unos a otros. El verbo «soportarse unos a otros» puede traducirse de manera útil como «aguantarse unos a otros» (la palabra griega es literalmente «tener arriba», anechō). Nuestros hermanos creyentes tienen muchas manías y defectos que simplemente debemos soportar. (Aviso: nosotros también). La paciencia de Cristo nos permite soportarnos unos a otros. Debemos soportar las diferentes preferencias de los demás, como la forma en que esa persona molesta detrás de ti canta en la iglesia. También debemos soportar los defectos de los demás, como ese comentario insensible que alguien te hizo en el grupo pequeño. La paciencia se ve como soportar estas cosas. Pablo nos llama a la tolerancia cristiana; no a una tolerancia mundana del pecado evidente o de la falsa enseñanza, sino a una tolerancia piadosa de las manías y defectos de los demás.

Segundo, Pablo dice que debemos perdonarnos unos a otros. A veces los creyentes pecan unos contra otros de manera clara, como dar falso testimonio o cometer adulterio. La traducción «queja» en Colosenses 3:13 puede ser engañosa porque podría llevarnos a pensar que Pablo está hablando de preferencias cuando en realidad está hablando de pecado. A veces un creyente tiene una queja moral contra otro porque esa persona ha pecado contra él. En estos casos, estamos llamados a perdonarnos unos a otros, a dejar ir la deuda moral que se ha generado. Y nuestro modelo de perdón es el Señor Jesús mismo: «como el Señor los perdonó, así también háganlo ustedes».

Algunos pastores y maestros piensan que este perdón es incondicional. Otros piensan que el perdón genuino requiere el arrepentimiento por parte del ofensor. A mi juicio, esta última visión encaja mejor con el argumento de Pablo en el que el perdón del Señor es nuestro modelo. El Señor no perdona a los pecadores impenitentes, sino a los pecadores arrepentidos. La iglesia, entonces, debe ser un lugar donde el arrepentimiento y el perdón se busquen con paciencia y se ofrezcan en casos de violaciones morales claras (detalladas para nosotros en la ley de Dios). Es más fácil decir que hacer esto. Requiere las vestimentas nuevas de Cristo. Pero incluso donde el perdón no ha ocurrido, aún podemos buscar la virtud de la paciencia, ya que podemos esperar y orar por ello mientras también esperamos que Cristo regrese y enderece todas las cosas.

Conclusión

La paciencia es una virtud. Pero si intentamos ser la mejor versión de nosotros mismos, sólo tendremos una exhibición de virtud. La paciencia es una virtud que sólo puede provenir de las vestimentas de la nueva creación de Cristo. A medida que los que creemos en Cristo buscamos la virtud de la paciencia, Él nos capacitará para soportarnos unos a otros y perdonarnos, tal como el Señor nos ha perdonado. ¡Que el Señor continúe su obra de nueva creación entre nosotros, y que sigamos caminando en Él!

Kevin McFadden es autor de Hidden with Christ in God: A Theology of Colossians and Philemon [Escondidos con Cristo en Dios: una teología de Colosenses y Filemón].

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.
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Kevin W. McFadden
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Kevin W. McFadden

Kevin W. McFadden (PhD, Southern Baptist Theological Seminary) es profesor de Nuevo Testamento en Cairn University, Filadelfia y es autor de Faith in the Son of God [Fe en el Hijo de Dios].