En 1656, el ministro puritano John Owen (1616-1683) escribió La mortificación del pecado, llamando a los cristianos a mortificar el pecado por el poder del Espíritu Santo. Aun cuando Owen no es famoso por su prosa desafiante, Sinclair Ferguson señala que Owen dirigió el libro originalmente a adolescentes como «una serie de sermones que [él] predicó para estudiantes en la universidad de Oxford». Aquí no encontramos «carne fuerte para los cristianos bien probados», sino que «leche, principios fundamentales para cada creyente cristiano1».
De todos los pecados que plagaban nos sólo a los adolescentes, sino que también a los cristianos en general y nuestra sociedad hoy, posiblemente ninguno ha atrapado a más hombres y mujeres que la adicción a la pornografía. Para aquellos que anhelan encontrar libertad del pecado sexual, Owen ofrece sabiduría bíblica libertadora.
He experimentado esta liberación de primera mano cuando tropecé con el plan de Owen para librar la guerra espiritual mientras estás en un grupo de recuperación de la adicción sexual. Por lo tanto, no escribo como un académico puritano, sino cómo alguien que fue tremendamente ayudado por Owen en mi viaje de santificación. Deseo extender a otros la sabiduría que ha sido tan útil para mí.
Para hacerlo, haré un boceto de lo que Owen vio como las tres armas clave de la guerra contra el pecado —mortificación, vivificación y unión con Cristo— y explicaré cómo utilizarlas en la batalla contra la pornografía y el pecado sexual.
La mortificación: resistir, arrancar de raíz y arrepentirse
Owen basó su obra La mortificación del pecado en Romanos 8:13: «si ustedes viven conforme a ella, morirán [mortificarán]; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán». Este versículo llama a los cristianos a participar en lo que Owen y los puritanos describieron como la obra doble de la mortificación y la vivificación. Aunque estos son términos teológicos intimidantes, el concepto detrás de ellos es simple. Como explica J.I. Packer, la mortificación y la vivificación son los «dos lados» de la santificación2. En su lado negativo, la mortificación es «el debilitamiento y asesinato del viejo hombre» (nuestra naturaleza pecaminosa); en su lado positivo, la vivificación es «un crecimiento y una maduración del nuevo hombre» (nuestra nueva naturaleza en virtud de nuestra unión con Cristo, la regeneración y la obra renovadora del Espíritu Santo en nuestras vidas). Estos dos aspectos de la santificación vienen sólo por gracia y avanzan progresivamente a lo largo de la vida de un creyente.
Para Owen, la mortificación está marcada por varias particularidades.
Resistir
Primero, dado que el pecado busca agresivamente alejarnos de Cristo; de igual forma, la mortificación debe ser vigorosa y activa3 (Works of John Owen, 6:11). Imagina que clavas tu sombrilla en la arena de la playa antes de ir a nadar en el mar, sólo para descubrir, media hora después, que has andado 45 metros por la orilla sin siquiera notarlo. Así es como Owen describe nuestra batalla contra el pecado sexual: nadamos activamente contra la feroz y constante marea de pecado que nos aleja de Cristo.
Nadar contra la marea pecaminosa de la adicción sexual comienza con identificar las formas específicas, a menudo pequeñas, en las que comienzas a ir a la deriva hacia el pecado sexual. Mucho antes de estar a unos 45 metros de la orilla, empiezas a ir a la deriva, transigiendo levemente. Pero identificar no es suficiente. Una vez que identifiques los detalles de cómo es tu deriva, compártelos con un mentor de confianza, alguien que haya encontrado la victoria sobre el pecado sexual. Finalmente, y quizás lo más crucial, es que busques ayuda regularmente ante las primeras señales de que te estás desviando hacia la tentación. Dios no nos diseñó para buscar la santificación en aislamiento. Es un disparate caminar la vida cristiana solo.
Arrancar de raíz
En segundo lugar, según Owen, la verdadera mortificación se enfoca en los motivos, no sólo en los comportamientos. Hay una enorme diferencia entre pasar una cortadora de césped sobre una maleza y arrancarla de raíz. Si bien la cortadora de césped puede eliminar temporalmente la apariencia de las malezas, sólo arrancarlas de raíz liberará el jardín de ellas. Owen sostenía que gran parte de la «mortificación» no llega lo suficientemente profundo a los afectos. En otra obra clásica, Cómo ocuparse del espíritu (1681), argumenta que, puesto que los afectos apuntan a lo que realmente amamos, la santificación debe transformar nuestros afectos4. Él lo ilustra bellamente cuando dice: «nuestro amor es como el timón de un barco […]. Si Dios tiene la poderosa mano de gracia sobre los afectos, Él dirige nuestra alma hacia el sometimiento a [Él]»5.
Por lo tanto, la victoria progresiva sobre el pecado sexual viene al renovar nuestros afectos por Cristo. No sólo queremos modificar el comportamiento; queremos que el Espíritu transforme nuestros corazones. Dios cambia los afectos de un creyente de amar al mundo y al pecado para amar a Dios a través de un autoexamen transparente y honesto que no sólo considera los frutos del comportamiento pecaminoso, sino que descubre cada vez más las raíces pecaminosas, lo que Ferguson llama «la realidad que yace detrás, y se expresa en, todo y cualquier patrón de comportamiento pecaminoso6». Le pedimos al Espíritu Santo que abra nuestros ojos y revele las raíces bajo nuestro comportamiento.
Arrepentirse
En tercer lugar, una vez que esas raíces sean expuestas, confesamos a Dios y a un mentor de confianza esos patrones pecaminosos como una expresión de verdadero arrepentimiento.
El arrepentimiento no es simplemente sentir remordimiento por el pecado, sino que apartarse de él también. William Gurnall, en El cristiano con toda la armadura de Dios, explica que «abandonar el pecado es dejarlo sin reservas y para siempre». Para ilustrarlo, describe la diferencia entre un viaje diario al trabajo y una mudanza permanente: «cada vez que un hombre hace un viaje desde casa por negocios, no decimos que ha abandonado su casa, porque cuando se fue tenía la intención de volver a ella». Más bien, ha abandonado su casa «cuando lo vemos salir de su casa, llevarse todas sus cosas consigo, cerrar sus puertas y establecerse en otra para no volver a vivir allí nunca más7». Dios nos llama a no sólo salir semanal, mensual o estacionalmente del pecado sexual, sino que a abandonarlo por completo. Así, en el arrepentimiento, identificamos y quemamos intencional, consistentemente y de manera muy práctica todos y cada uno de los puentes que nos llevan de regreso a nuestras antiguas prisiones de pecado sexual.
En esto, seguimos a Pablo al hacer una distinción clara entre la tristeza del mundo y la tristeza piadosa (2Co 7:10). Aunque inicialmente estas dos a menudo se ven casi iguales (ambas marcadas por lágrimas, disculpas, resoluciones sinceras, etc.), son completamente diferentes. La tristeza del mundo simplemente se va lejos del pecado —a menudo con puentes en su lugar para volver en caso de que cambiemos de opinión—. La tristeza piadosa quema los puentes porque ha resuelto mudarse de casa por completo.
Vivificación: nueva vida y deleite
Si la mortificación da muerte al pecado, la vivificación da vida a la justicia. La mortificación permanece incompleta sin una nueva vida. Owen nota que la vivificación es obra del Espíritu, ya que sólo el Espíritu puede hacer que alguien cobre vida para Dios: «la operación interna del Espíritu de Dios es necesaria […] para producir cada acto santo de nuestras mentes, voluntades y afectos, en cualquier deber8». Debido a que la vivificación depende de Dios, debe crear en los creyentes una profunda sensación de que necesitamos desesperadamente a Dios para que nos haga santos. ¿Cuántos de los que luchan con el pecado sexual creen que son justificados sólo por gracia a través de la sóla fe en sólo Cristo, pero viven la vida cristiana en constante dependencia de sus propios recursos? Una clave crucial para la santificación es confiar en la gracia de Dios aferrándose a sus promesas a través de la fe, especialmente la promesa de que Dios dará lo que Él ordena.
Para dar vida al alma, la vivificación se centra en la hermosura superior de Dios. Con base en Owen, el predicador escocés del siglo xix Thomas Chalmers argumentó en su clásico sermón «El poder expulsivo de un nuevo afecto» que «la única forma de despojar al corazón de un viejo afecto es por el poder expulsivo de uno nuevo9». En resumen, un amor antiguo sólo puede ser reemplazado por un amor nuevo y superior. Chalmers señala que Dios no nos ofrece algo ligeramente mejor que el pecado; al contrario, le presenta al alma el objeto supremamente más hermoso del universo: Él mismo.
¿Cómo sucede esto? Owen argumenta que el Espíritu despierta el amor «al darles a los creyentes las experiencias de la verdad y realidad, y excelencia, de las cosas que se creen10». En el contexto de la pornografía, esto significa que, con el tiempo, comenzamos a deleitarnos en la belleza y la libertad de la santidad más que en los placeres fugaces del pecado. Por lo tanto, la prueba de fuego de los afectos espirituales renovados es tanto una nueva forma de vivir como un nuevo deleite11. Cuando nuestros afectos cambian, conocemos y seguimos los caminos de Dios, deseamos y nos deleitamos en Dios mismo.
Unión con Cristo: nueva identidad
Owen presenta el arma final de nuestra guerra: la doctrina de nuestra unión con Cristo. Como creyentes, estamos real y místicamente unidos a Cristo por su Santo Espíritu. Nuestra identidad no se basa en nuestros pecados y fracasos (o en nuestro desempeño y éxito), sino en quiénes somos y de quién somos en Cristo. Considera tres implicaciones de esta unión con Cristo para luchar contra el pecado sexual.
Primero, la unión con Cristo significa que, debido a que Cristo murió por el pecado, nosotros también estamos verdaderamente muertos al pecado, ya no estamos bajo el reinado y dominio del pecado. Pablo exhorta a los creyentes a verse a sí mismos como realmente son: muertos al pecado (Ro 6:11). Si estás en Cristo, tanto el pecado sexual como las disposiciones del corazón que acompañan a los comportamientos ya son enemigos derrotados. Ya no tienen autoridad para mantenerte cautivo.
Segundo, gracias a que Cristo resucitó de entre los muertos, los creyentes también tienen nueva vida (Ro 6:11; Ef 2:5). Como Pablo afirma: «pero si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en ustedes» (Ro 8:11). ¡Reflexiona sobre el poder que tenemos a disposición para librar la batalla contra el pecado!
Tercero, la unión con Cristo nos llama a abrazar nuestra nueva identidad definida por Dios. Tristemente, incluso después de escuchar estas verdades durante décadas, muchos cristianos tienen una comprensión pobre de quiénes son en Cristo. Muchos todavía autodefinen sus identidades, a menudo viéndose a la luz de sus pecados pasados. La unión con Cristo irrumpe en esta mentalidad y ordena a los cristianos que luchan con el pecado sexual a tener una identidad definida por Dios, a verse a sí mismos no por los pecados que han cometido, sino por lo que Cristo ha logrado a su favor. Cristo murió, resucitó y ascendió al cielo para que aquellos que creen en Él pudieran tener un conocimiento profundo y perdurable de que su identidad está definida enteramente por su unión con Cristo. Como dice Ferguson, nosotros
alineamos nuestra autocomprensión con la norma apostólica […]. Si eres una persona nueva en Cristo, habiendo muerto a la vieja vida, habiendo sido sepultado en la tumba de Cristo, resucitado con Él, ascendido en Él, ahora tienes tu verdadera vida escondida en Él, y estás destinado a estar con Él en Su gloria, entonces vive como si estas cosas fueran verdad en ti, porque son verdad12 (Devoted to God, [Dedicado a Dios] 114, 130).
Nuestra unión con Cristo forma el fundamento de nuestra batalla contra el pecado sexual, esencial tanto para la mortificación como para la vivificación, porque no intentamos generar una nueva identidad por nuestros propios esfuerzos condenados. En cambio, abrazamos nuestra unión con Cristo y buscamos vivir esa nueva identidad. Sólo entonces tendremos éxito en la mortificación de la pornografía.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
- Ferguson, Sinclair (2003). John Owen: The Man and His Theology [John Owen: el hombre y su teología], (Presbyterian & Reformed Pub Co). p. 73.
- Packer, J. I. (2020). En pos de los puritanos y su piedad, (Graham, NC; Publicaciones Faro de Gracia). p. 421.
- Owen, John. (2019) The Works of John Owen [Las obras de John Owen], (Edimburgo, Escocia; Bibliolife) 6:11.
- Owen, John. (2021) Cómo ocuparse del Espíritu. (Graham: NC; Publicaciones Faro de Gracia) 7:395.
- Owen. Cómo ocuparse del Espíritu. (7:397). N. del T.: la segunda parte de la cita es traducción propia porque la versión oficial en español de este libro no tradujo esa parte.
- Ferguson, Sinclair. (2016). Devoted to God [Dedicado a Dios]. (Banner of Truth). p. 154. N. del T.: traducción propia.
- Gurnall, William. (2011). El cristiano con toda la armadura de Dios. (Edimburgo, Reino Unido; El estandarte de la verdad) p. 517
- Owen. Works [Obras]. 3:529.
- N. del T.: traducción propia.
- Owen. Works [Obras]. 3:390.
- Owen. Works [Obras]. 3:419.
- Ferguson. Devoted to God. p. 114; 130. N. del T.: traducción propia.