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Photo of ¿Por qué las religiones de Oriente atraen a tantos?
¿Por qué las religiones de Oriente atraen a tantos?
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¿Por qué las religiones de Oriente atraen a tantos?

No hace mucho, tuve una conversación con una monja budista. Era originaria de Hanover, Alemania, donde estudió el budismo en un curso sobre religiones. Además, leyó unos pocos libros y decidió dejar su casa y familia para unirse a una orden budista en Taiwán. Le pregunté en qué se basó para creer que el budismo era verdad, a lo que me respondió que no existe ninguna regla establecida, pero que al observar características positivas en la vida de personas que siguen ciertas creencias, se vio atraída a adoptar sus principios. Su respuesta fue subjetiva y pragmática, e implicaba que estaba en una posición que le permitía evaluar lo que era verdad sin necesidad de una evidencia o autoridad objetiva: sus opiniones subjetivas eran suficientes para ella. Además, reflejaba la ilusión común de hoy de que todos los seres humanos individualmente no sólo están capacitados para reconocer lo que es la verdad, sino que, quizás, para incluso crearla. Esta autonomía personal es fundamental en el atractivo que tiene la llamada “espiritualidad oriental”. Esta idea ya aparece con el término mismo: ¿por qué decir “espiritualidad” en vez de “religión”? En el pasado, estas palabras estaban muy conectadas; sin embargo, me he dado cuenta de que han sido separadas en gran manera en el uso actual de ambas. Esto, desde que vi a una actriz muy conocida en televisión diciendo que no era una persona religiosa en lo absoluto, pero que sí creía en una profunda espiritualidad, la que reconocía particularmente cuando miraba a los animales a los ojos. La palabra religión pareciera suponer creencias y prácticas obligatorias. Una religión generalmente tiene un objetivo, a menudo llamado “salvación”; sin embargo, el término puede tener muchos significados. Si alguien necesita ser “salvado”, entonces necesita ser salvado de algo. No todo es como debiera ser. Algunas religiones incluso aseguran que la necesidad de salvación surge de nuestra incompetencia, o quizás, incluso —y es estremecedor para algunos— de nuestra pecaminosidad. Para muchos de nosotros hoy, la religión pareciera encadenar nuestra autonomía y dañar nuestra autoestima. Por otro lado, “espiritualidad”, en su uso actual, tiene que ver con la autosatisfacción. No quiere decir que tengamos algún defecto, sino que parte de la premisa de que estamos bien, pero podríamos estar mucho mejor si es que encontramos y actualizamos nuestro potencial espiritual. La “espiritualidad” no implica rendición de cuentas, pero promueve su capacidad de habilitar a toda la humanidad para juntar sus manos y construir un mejor planeta. Diversas religiones orientales tratan de convencer a los occidentales de que ellas no son religiones, sino que son un método para alcanzar una espiritualidad más profunda. Debido a que la gente de este tiempo ha sido educada con la falsedad convencional de que “al final todas las religiones enseñan lo mismo”, es probable que no sepan nada de religión; por lo tanto, no hay posibilidad de que vean que esta diferenciación entre las enseñanzas “espirituales” de las religiones y sus creencias y prácticas no es sostenible. La espiritualidad hindú está arraigada a la idea de que una persona está atrapada en un ciclo sin fin de samsara (reencarnación). La redención (moksha) es el escape de este ciclo por medio de uno de los diversos medios que existen —tal vez la unión mística con Brahman, las disciplinas del yoga o, lo más común hoy, la devoción (bhakti) a un dios o diosa personal—. En el budismo, la espiritualidad tiene un rol similar al que tiene en el hinduismo, con la diferencia de que el escape consiste en la realización de la impermanencia o incluso el vaciarse de todo (sunyata), incluyendo la irrealidad del yo (anatta). En el taoísmo filosófico, la espiritualidad consiste en asumir la quietud de una “no-acción” (wu- wei), de la cual puede surgir el verdadero Camino (Tao). En el cristianismo, la espiritualidad es completamente diferente porque el significado de la salvación es completamente distinto: la restauración de la comunión con Dios, nuestro Creador, de quien estábamos separados debido a nuestro pecado. Esta reconciliación fue posible gracias a la histórica muerte y resurrección de Cristo para que podamos acercarnos a él en confianza sin alcanzar ningún tipo de espiritualidad primero. La espiritualidad puede ser identificada posteriormente como nuestro continuo crecimiento en madurez cristiana. Por lo tanto, no existe ni la espiritualidad ni la salvación genérica, y agregar “oriental” después de “genérica” no cambia nada pues es diferente para cada religión. Digan lo que digan los ojos de los animales, la espiritualidad adquiere su significado y uso según la religión en la que esté arraigada junto con su correspondiente idea de la salvación. Es más, las diversas partes de las religiones no son intercambiables. No se puede alcanzar la moksha por medio de la meditación budista mezclada con la cortesía de Confucio. Tampoco la filosofía taoísta puede sustituir la fe salvadora puesta en Cristo. “Tomar lo mejor de cada religión y combinarlo” es un consejo que lleva a la muerte porque las piezas no encajan. Una religión construida por uno mismo avanza tanto como nuestra capacidad de gobernar el universo: como la mayoría lo admitiría, no muy lejos. Por lo tanto, el verdadero contenido de la espiritualidad depende del verdadero significado de la salvación, y éste depende de qué religión es la verdadera. Estamos convencidos de que el cristianismo es verdadero; sin embargo, ¿deberíamos decir que todas las creencias de todas las otras religiones son falsas? Sin duda, sería ir muy lejos.
  • Un gran número de escuelas filosóficas y devocionales hindúes aseguran tener un solo dios personal.
  • El budismo sostiene que aferrarse a los objetos terrenales del placer finalmente provoca sufrimiento.
  • El jainismo enseña que ninguna forma de vida es intrínsecamente carente de valor.
  • El confucianismo nos muestra que las relaciones virtuosas entre personas benefician a todos.
  • El taoísmo declara que cuando el ser humano trata de arreglar el universo por medio de sus acciones, sólo lo empeora.
Admito que formulé estas afirmaciones sin especificar el contenido que las acompaña. Tal como están planteadas, parecieran armonizar con los principios bíblicos: una creencia en Dios, la autodestrucción que proviene de un enfoque en el placer egoísta, el respeto por la vida, el cultivo de buenas relaciones y la humildad respecto a nuestras propias capacidades. Pareciera que estas ideas son verdaderas: ¿no será que la espiritualidad oriental es atractiva para muchas personas porque promueve estas verdades? Quizás sea así, pero, por favor, observa que he relacionado cada valor con una religión distinta. Como se explicó, no existe lo que se conoce como una espiritualidad oriental genérica. De hecho, algunas religiones asiáticas se contradicen en algunos de estos puntos. Por lo tanto, lógicamente, nadie puede ser atraído a ninguna religión basada en el conjunto de estos cinco puntos. Como ya se dio a entender, debemos reconocer que, en sus propios contextos, estas afirmaciones adquieren significados distintos a las paráfrasis hechas por mí. A continuación, se dan algunos ejemplos de cómo las similitudes aparentes se oponen a nuestra visión total del mundo:
  • Shiva como un dios personal único tiene poco que ver con Yahvé, el Señor del pacto.
  • El desprendimiento que enseña el budismo incluye tratar a tus familiares como extraños.
  • La visión jaina del respeto por la vida se basa en la idea de que todas las cosas vivientes, incluidas las hojas de pasto, son almas en el ciclo de la reencarnación.
  • Los preceptos de Confucio son pragmáticos y superficiales a diferencia del ideal cristiano del amor.
  • El taoísmo clásico no tiene nada que ofrecer para suplir nuestra incapacidad de cambiar el mundo. Debemos dejar que el Tao siga su curso. Aun así, incluso cuando vemos estas afirmaciones en sus contextos, tienen algo de verdad, aunque dichos contextos definitivamente la ocultan. Así que, ¿cómo podemos dar cuenta de la verdad en una religión que se supone globalmente falsa?
Desde el punto de vista bíblico, no hay razón para esperar que una falsa religión contenga sólo afirmaciones falsas. Dios se ha revelado a sí mismo por medio de su Palabra, sin lugar a dudas, pero también se ha revelado en su creación (como se describe en Romanos 1) y ha puesto una brújula moral fundamental en nuestras conciencias (como se describe en Romanos 2). No obstante, por supuesto, los seres humanos han rechazado estas verdades generales; han preferido su propia autonomía, alabando a las criaturas (incluyéndose a ellos mismos) en vez de a su Creador; y han diseñado códigos morales basados en sus propias preferencias. Aun así, el hecho de que exista una revelación general explica por qué otras religiones no carecen completamente de creencias verdaderas, y quizás, explica también por qué la gente se ve atraída por ellas. Asignar un origen en la revelación general a ciertas ideas que son verdaderas no cambia nada de lo que ya mencionamos respecto a la espiritualidad construida por nosotros mismos. Supongamos que soy un hindú de la tradición del Vaisnavismo gaudía que sostiene que existe un solo dios que creó el mundo y ante el cual soy responsable: Visnú, bajo el nombre de Rama. No importando cuánto te aferres al monoteísmo, podemos adjudicar esa creencia a la revelación general, pero el resto del contexto aún habla de que necesitamos ser rescatados del samsara, que no tiene que ver con el mensaje bíblico de la salvación. O si soy un budista que intenta desprenderse de este mundo, aún estoy perdido porque no me estoy sujetando a la persona y obra de Cristo. En resumen, la espiritualidad oriental puede ser atractiva para muchos, pero incluso si reconociéramos que las religiones que la encarnan contienen algunas verdades derivadas de la revelación general, debemos seguir diciendo, tristemente, que no pueden proveer salvación.
Este artículo fue originalmente publicado por Ligonier Ministries en esta dirección.