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Resumen: la reforma inglesa del siglo xvi no sólo provocó una reforma de doctrina, sino que también impulsó una reforma de la piedad familiar. La construcción de familias piadosas ocurrió principalmente a través de libros de oración y catecismos impresos, escritos por el clero evangélico que creía que la Reforma podría prolongarse sólo por un laicismo espiritualmente culto. Las prácticas reflejadas en estas publicaciones entregan un modelo continuo de cómo los hogares pueden reformar su adoración familiar: ya sea en la Inglaterra del siglo xvi o en la de hoy.


Para nuestra serie continua de artículos especializados para pastores y líderes cristianos, le pedimos al Dr. Brian Hanson, profesor asistente de historia y teología en Bethlehem College and Seminary que rastree la reforma de la familia en la Inglaterra del siglo xvi.

En el popular libro éxito de ventas The sycke mans salve [El ungüento del enfermo], publicado en 1560, el piadoso pero ficticio Epafrodito yace en su lecho de muerte, su esposa y sus tres hijos lo rodean para recibir sus últimas exhortaciones en relación con su posteridad. Comenzó con su esposa: «gobernad vuestra casa, que en ella no se halle vicio sino virtud, no maldad sino piedad, no pecado sino honestidad y conducta cristiana1». Ella debía ser «un ejemplo de vida piadosa» para que sus hijos la imitaran. El padre se dirige a su único hijo vivo, a quien instruye: «ordenad el hogar piadosa y honestamente2». Como padre y líder espiritual de su casa, su hijo llevaría la responsabilidad de liderar a sus hijos a fin de que «pudiesen aprender a conocer a Dios, incluso desde la misma cuna3». Por último, anima a sus dos hijas, como madres, a «criadlos en la gloria de Dios, en su temor y doctrina4».

Aunque ficticio, este diálogo de ars moriendi [el arte de morir] de Becon entre Epafrodito, su ministro y amigos cristianos pasó por 22 ediciones entre 1560 y 1631, y sirvió como un ejemplo popular al que aspiraban los protestantes de los siglos xvi y xvii, particularmente en lo que respecta a la piedad en el lecho de muerte. La preparación para una muerte piadosa en la Inglaterra de la Reforma no sólo implicaba la confesión y el arrepentimiento de los pecados, reafirmaciones de la seguridad de una conversión verdadera y la ansiosa anticipación de la dicha eterna, sino también una amonestación formal a la propia familia para inculcarles la importancia de transmitir deliberadamente un legado espiritual para las generaciones venideras, a fin de que la Reforma en Inglaterra perdurara.

Resulta sorprendente, aunque no inesperado dado el contexto del protestantismo en la Inglaterra de la década de 1560, que un esposo o padre piadoso se preocupara por el estado espiritual de su familia. Este ejemplo literario en particular ilustra que Becon —un destacado reformador evangélico en Inglaterra, uno de los defensores más fervientes de la piedad doméstica y autor de materiales piadosos para hogares— consideraba la espiritualidad de las familias como un componente integral de la devoción religiosa5. Ciertamente, no estaba sólo en su visión de que los padres fueran deliberados y fieles al infundir piedad en sus hijos.

Investigar y determinar las formas precisas en que la piedad doméstica se trasladaba desde el púlpito y se practicaba en el hogar es el objetivo de este breve estudio. En él, se plantearán tres preguntas cruciales. Primero, ¿qué catalizadores impulsaron y motivaron finalmente a los padres protestantes a propagar su fe a sus hijos y a su futura posteridad? Segundo, ¿cómo guiaron y proporcionaron los ministros evangélicos textos a los padres para reformar sus hogares en la Inglaterra de la Reforma? Tercero, ¿de qué maneras específicas practicaban la piedad los hogares y cómo esas prácticas formaban y cultivaban la piedad? Como se demostrará, la respuesta a estas preguntas se relaciona con la convicción profunda de los evangélicos sobre la primacía de la Palabra de Dios y el resultado de su enseñanza permeando los límites domésticos, moldeando a todos los miembros del hogar según su estándar.

«Críenlos en la ley de Dios»

La raíz de la piedad doméstica evangélica era la Palabra de Dios. La primacía de la Palabra de Dios por encima de las tradiciones, las nociones humanas e incluso la jerarquía eclesiástica fue uno de los clamores de la Reforma, y no fue diferente en la Reforma de Inglaterra. Los reformadores ingleses argumentaban que todas las doctrinas y prácticas, incluida la inculcación de la piedad en el hogar, debían estar ligadas y supeditadas a la Escritura. A partir de la década del 1540, el clero evangélico insistió en que las dos formas principales de establecer e infundir piedad en los hogares eran la oración y la catequesis. Debido a que al inicio de la Reforma inglesa la única literatura piadosa disponible en inglés era católica en su marco teológico, ellos tomaron la iniciativa de crear los primeros libros de oración y catecismos evangélicos para que las familias los implementaran intencionalmente en sus esferas domésticas6.

Los autores de libros de oración y catecismos evangélicos se preocupaban de que su contenido fuera intrínsecamente bíblico, en contraste con la literatura doméstica católica de finales de la Edad Media que contenía oraciones marianas y otras recitaciones tradicionales. El gobierno del hogar debía establecerse estrictamente «según la santísima Palabra de Dios7». «El deber de los padres y madres para con sus hijos», explicaba Becon, «es criarlos en la ley de Dios, enseñarles a conocer a Dios y su Santa Palabra8». Los autores evangélicos comunicaban visual e intencionalmente la primacía de la Palabra de Dios en las páginas físicas de sus textos, incluyendo a menudo catenae (cadenas) de textos de la Escritura, además de numerosas referencias bíblicas en los márgenes.

Además, la orientación teológica entre los dos enfoques confesionales respecto a la soteriología y la conversión era cualitativamente diferente. Por ejemplo, el éxito de ventas The werke for housholders [El manual para los jefes de hogar], escrito por el monje brigidino Richard Whitford, subrayaba que un «aumento en la gracia» acompañaba la obediencia de un hijo hacia sus padres. El acto de obediencia resultaría en que «tus pecados (por el deber cumplido hacia tus padres) sean eliminados y queden limpios, desatados y perdonados9». Los primeros evangélicos en la década de 1540 respondieron que sólo la justificación por la fe traía el perdón de los pecados. Los deberes del hogar —como la obediencia, el respeto y las actitudes y virtudes piadosas— eran frutos de la justificación, no requisitos previos para ella. Debido al tema común de la teología de la sola fide en la literatura evangélica inglesa inicial, la doctrina correlativa de la conversión evangélica fue la fuente primordial de toda la literatura doméstica evangélica.

Para los evangélicos, la crianza y el gobierno del hogar implicaban un doble propósito: la conversión y la piedad doméstica. El clero evangélico instaba a los padres a ver sus responsabilidades espirituales hacia sus hijos con gravedad, con el objetivo de «verlos como hijos de Dios y herederos del pacto10». Al mismo tiempo, debían reconocer la obra monergística de Dios en la conversión de sus hijos, comprendiendo que el «fortalecimiento y la permanencia constante en la religión de sus hijos es sólo de Dios y proviene de Dios, y no de ellos mismos11».

Sin embargo, los padres no debían ser negligentes al guiar a sus hijos hacia la conversión, pues como advirtió el reformador de Zúrich Heinrich Bullinger, el descuido de la formación espiritual en el hogar equivalía a «ayudar a sus hijos y siervos a avanzar hacia su condenación12». Además, los padres que abandonaban su deber de nutrir a sus hijos en la Escritura eran culpables de ser «asesinos de sus almas y degolladores de su salvación13». Bullinger también advirtió que la «reforma» del hogar era inalcanzable sin que el «jefe de casa», el padre, tomara medidas extremas para «reformarse» a sí mismo primero: «pues así como una vela no puede encender a otra si ella misma está apagada, de la misma manera el amo de una casa no reformará a los que están a su cargo ni los inflamará con el amor de Dios y la piedad, si él mismo carece de estas virtudes14». Por lo tanto, las disciplinas domésticas de la oración y la catequesis eran herramientas que debían implementarse en los hogares para cultivar un entorno que condujera a la conversión y a la piedad familiar.

Aunque el clero evangélico estaba motivado a reformar la piedad doméstica por el bien de la «religión cristiana», también animaban a sus feligreses a inculcar intencionalmente la piedad en el hogar con sus hijos para que esta fuera proyectada y dispersada finalmente entre la mancomunidad inglesa. Creían que una piedad doméstica bien nutrida permearía la esfera pública, resultando en un «bien común» piadoso15. Sostenían que los hogares piadosos debían ser microcosmos de una nación piadosa, para que la verdadera conversión y la piedad fueran la norma en la sociedad16.

Dado el contexto político de la Inglaterra del siglo xvi, el clero evangélico recibió ayuda para cumplir su visión de hogares piadosos gracias a su alianza con el Estado, la monarquía Tudor (con la excepción de la reina María i). Comenzando en 1538 con la segunda serie de mandatos reales emitidos por el rey Enrique viii, todo el clero inglés debía «exhortar a todos los padres y amos de casa a enseñar lo mismo a sus hijos y siervos, como están obligados a hacer por la ley de Dios y la conciencia17». El cuarto mandato estipulaba que los padres instruyeran a sus hijos para memorizar y recitar el Padre Nuestro, el Credo de los Apóstoles y el Decálogo. Los mandatos reales de Eduardo vi e Isabel i para la Iglesia Tudor respecto a la piedad doméstica reflejaban, casi palabra por palabra, los mandatos de su padre, exhortando a todo el clero a enseñar a los padres cómo establecer la piedad en los hogares. Tanto los mandatos de 1547 como los de 1559 insertaron una orden adicional para los hogares: la eliminación de todas las «imágenes» e «idolatría» de las casas, incluyendo altares religiosos, cuadros, pinturas y monumentos18.

«Ardiente apertura del corazón ante Dios»

Los libros de oración sirvieron como instrumentos para guiar y promover la piedad en las familias. Reforzaban la doctrina de la Reforma sobre el sacerdocio de los creyentes: que todos los cristianos tenían acceso libre para acercarse a Dios en oración, un contraste marcado con la teología bajomedieval que subrayaba que los sacerdotes servían como mediadores humanos ante Dios. Debido a que las oraciones eran individuales y personales, debían ser «sencillas», una «apertura del corazón sincera, humilde y ardiente ante Dios19». Los libros de oración proporcionaban un marco para que los hogares infundieran una cultura de oración habitual a través de las rutinas diarias y los ritmos de las funciones domésticas.

Se fomentaba el uso de diversos libros de oración en el hogar, ya que diferentes libros atendían distintas necesidades espirituales y familiares, y cada uno contenía oraciones para situaciones únicas que serían relevantes o irrelevantes según las circunstancias de cada familia20. Los primeros libros de oración evangélicos en inglés sirvieron como canales para inculcar la doctrina evangélica entremezclada con defensas de la fe evangélica, refutando sutilmente la teología católica21. De los primeros libros de oración evangélicos ingleses, cuatro de ellos —los de Thomas Becon, John Bradford, la reina Catalina Parr y el Libro de oración común de 1549— se convirtieron en los más populares en los hogares, con numerosas ediciones posteriores22.

Las oraciones durante la Reforma inglesa destacan por dos énfasis teológicos: el arrepentimiento con su corolario, la mortificación del pecado, y la obra del Espíritu Santo. Los libros de oración no sólo presentaban oraciones formales de arrepentimiento; la mayoría expresaba: «dame arrepentimiento», una afirmación de que el arrepentimiento era un regalo de Dios23. Junto a las oraciones de arrepentimiento, eran ubicuas las peticiones de gracia para «mortificar» pecados específicos. Catalina Parr, la sexta y última esposa de Enrique VIII, suplicaba a Dios: «destruye en mí todos los deseos carnales» y «envía las llamas ardientes de tu amor, para quemar y consumir las fantasías nubladas de mi mente24». Este tipo de retórica de mortificación expresaba deseos intensos de destruir la naturaleza misma del pecado con sus «afectos carnales» y «lujurias rabiosas» que «hierven en nuestros miembros internos25».

La pneumatología [el estudio del Espíritu Santo] también impregnaba las oraciones de la Inglaterra de la Reforma, ilustrando una alta estima por la persona del Espíritu Santo. Además de las peticiones para que el Espíritu Santo mortificara el pecado propio, las oraciones se centraban frecuentemente en el papel del Espíritu como iluminador y revelador de la verdad. Bradford, por ejemplo, pedía a Dios: «ilumina los ojos de mi mente con el conocimiento luminoso y vivo de tu presencia26». Las oraciones a menudo invocaban al Espíritu para que «inflame mis afectos» y «suprima el reino del pecado en mí mismo y en los demás27». Este tema de «encender los afectos» en las oraciones evangélicas resaltaba el reconocimiento de que la obra sobrenatural de la tercera persona de la Trinidad era esencial para penetrar los afectos hasta que el cristiano «no desee nada en la tierra sino a ti28».

Los libros de oración evangélicos en la Inglaterra Tudor reflejaron la transformación social y religiosa de Inglaterra y un creciente interés en el humanismo cristiano, particularmente en lo que respecta a la piedad doméstica. Uno de los productos del humanismo renacentista fue el interés por las actividades domésticas ordinarias del día, tales como los trabajos manuales, las comidas, la meditación y el descanso. Este interés por lo cotidiano se refleja en los libros de oración evangélicos, que comunicaban al hogar que cada actividad, por mundana que fuera, le importaba a Dios. Los libros incluían oraciones para la mañana y la noche, oraciones antes y después de las comidas, y acciones de gracias ofrecidas después de la comida y la cena. Estas oraciones no sólo expresaban la importancia de estas actividades para Dios; también demostraban que los laicos, y no sólo el clero, eran valorados por Dios. A diferencia de los libros de oración católicos medievales, los evangélicos abordaban las necesidades espirituales de las mujeres, los niños y los marginados sociales de la Inglaterra Tudor. Había oraciones para mujeres solteras, casadas, embarazadas, madres, niños, pobres, siervos y enfermos.

Los libros de oración evangélicos también servían a quienes desempeñaban diferentes y variadas vocaciones en Inglaterra. Por ejemplo, de las sesenta oraciones en el éxito de ventas de Becon, Flour of godly praiers [La flor de las oraciones piadosas], una cuarta parte eran oraciones para ocupaciones específicas, incluyendo al rey, abogados, magistrados, marineros, soldados, terratenientes, comerciantes y obispos. Había oraciones para múltiples situaciones: contra pecados específicos, para ser librados de plagas, oraciones para antes y después de un sermón, para antes y después de recibir la Comunión, y oraciones a Dios en la prosperidad y la adversidad. El contenido de estos libros de oración predicaba silenciosamente a los hogares una teología práctica del interés paternal de Dios en Su pueblo. Ellos mismos, sus vocaciones, sus tentaciones, sus situaciones y sus actividades diarias eran sagrados para Dios. Los libros de oración en la Inglaterra de la Reforma se convirtieron en un sermón impreso que reforzaba que toda la vida era sagrada y que, en última instancia, no había distinción entre lo «secular» y  lo«sagrado».

Además de resaltar la naturaleza sagrada de toda la vida, los libros de oración evangélicos estaban destinados a ser usados didácticamente para ayudar a formar los hábitos de oración de los niños y para desarrollar una mentalidad que viera la vida de manera teocéntrica. Un autor anónimo animaba a los padres: «enséñale cada día alguna oración corta según la capacidad de su ingenio o memoria. Y a medida que aumente en fuerza, aliméntalo con oraciones más largas29». Bullinger, citando los modelos bíblicos de Abraham, David y Job, recomendaba que los padres deliberadamente «pusieran un orden en su casa» para que se dijeran oraciones regularmente antes y después de las comidas y durante todo el día en el hogar, a fin de transmitir a sus hijos que Dios era «el autor, no sólo de todas las gracias espirituales que pertenecen a una vida mejor, sino también de todas las bendiciones temporales que pertenecen a esta vida30». Además, los niños serían testigos de «la buena mano de Dios sobre nosotros, que nos defiende a nosotros y a toda nuestra familia en la noche de los peligros externos, y nos da libertad de los miedos y terrores, y de la rabia de Satán, y también nos da descanso y sueño reconfortante». Desde sus «cunas», los padres implementaban libros de oración para ayudar a sus hijos a reconocer a Dios a lo largo del día.

«Plantar la religión de Dios»

Los catecismos evangélicos ingleses más iniciales se compusieron principalmente para niños, aunque algunos no, como el primer catecismo evangélico en inglés: el Catechisme de Richard Taverner, publicado en 153931. Estos primeros catecismos tenían un tono polémico, subrayando las doctrinas de la justificación por la fe, la cristología, el arrepentimiento y el Evangelio para combatir la teología católica. Los catecismos evangélicos, al igual que los libros de oración, también reforzaban verdades teológicas destinadas a ser plantadas como semillas en las almas de los miembros del hogar, tanto adultos como niños por igual.

De hecho, los evangélicos de la Reforma empleaban frecuentemente la metáfora del jardín dentro de los catecismos para reiterar el enfoque calculado, medido y repetitivo de la catequesis en los hogares evangélicos ingleses. Juan Calvino, en una carta a Eduardo Seymour, Protector de Somerset, tío del rey Eduardo vi y jefe de facto de Inglaterra en 1547-1550, articuló que uno de los elementos cruciales necesarios para una reforma prolongada en Inglaterra era la catequesis de los niños. Para que la Reforma en Inglaterra fuera efectiva y duradera, el catecismo debía ser la «semilla que se multiplica de generación en generación32». Con la ayuda de los catecismos evangélicos, se exhortaba a los niños a «arrancar las faltas que hay en nosotros y en su lugar plantar virtudes33». Tanto a los padres como a las madres se les instaba a ser activos en «plantar la religión de Dios» a través de la catequesis, «arrancando la maleza» del «vicio» en sus hijos34. Los evangélicos sostenían que la práctica de la catequesis no era meramente intelectual, sino para que los niños «sientan y muestren el poder de la religión en sus vidas35». El objetivo de la catequesis era «buscar la salvación de sus almas [de los hijos]36».

A diferencia de los libros de oración domésticos, la Iglesia de Inglaterra prescribía y regulaba específicamente el uso de catecismos en todas las parroquias inglesas. Los mandatos reales y las visitas eclesiásticas durante las décadas de 1560 y 1570 no sólo amonestaban regularmente al clero a catequizar a los niños los domingos en la iglesia parroquial, sino también a persuadir a los padres sobre la necesidad de que los niños aprendieran el catecismo, para «decirlo de memoria37». Bullinger fue particularmente firme en que los padres protestantes, y no sus ministros, tenían la responsabilidad principal de catequizar a sus hijos38. Aunque el Catecismo del Libro de Oración era el catecismo oficial de la Iglesia de Inglaterra, no era el único que utilizaban los hogares protestantes. Basándose en el número de ediciones impresas en el siglo xvi y principios del xvii, los catecismos más populares durante la Reforma inglesa fueron los de Becon, Calvino, Cranmer, Dering y Nowell39.

Los catecismos evangélicos ingleses tenían varios componentes que los hacían accesibles para los niños. Generalmente estaban organizados en una secuencia coherente y predecible de preguntas y respuestas, siguiendo la secuencia preferida de Calvino: credo, decálogo y Padre Nuestro. Esta disposición pretendía comunicar la idea de que el conocimiento de Dios mismo debe preceder a cualquier exposición de los textos bíblicos40. La primera serie de preguntas de la mayoría de los catecismos indaga sobre el «principal y mayor fin de la vida del hombre» con el fin de establecer el propósito de la vida como el conocimiento de Dios. Los autores de los catecismos enfatizaban que sus obras eran deliberadamente «claras» y «sencillas» para evitar matices teológicos controvertidos, incluidos los «secretos desconocidos41». Se presentaban textos bíblicos de prueba para cada respuesta, ya fuera como una cita completa o insertados como referencias bíblicas en los márgenes de los catecismos. Los catecismos variaban en longitud, desde el Short catechisme [Catecismo breve] de John Ponet con 58 preguntas, hasta el masivo Catechisme in English [Catecismo en inglés] de Calvino, que comprendía 373 preguntas. Ya fuera breve o extenso, el catecismo evangélico se convirtió en el género e instrumento primordial para desarrollar la espiritualidad de los niños en iglesias, escuelas y hogares en Inglaterra42.

Modelo para hoy

¿Cómo puede la práctica de la piedad doméstica evangélica de la Inglaterra de la Reforma servir como un modelo saludable para las familias cristianas de hoy? Primero, los padres deben reconocer y aceptar la responsabilidad ordenada por Dios de criarlos «en la disciplina e instrucción del Señor» (Ef 6:4). Tanto el padre como la madre deben reconocer que «un don del Señor son los hijos» (Sal 127:3) y colaborar juntos para guiar a su familia en la adoración y el servicio al Señor en los ritmos de la vida familiar diaria.

Segundo, la espiritualidad familiar requiere planificación intencional y discreción. Elaborar una declaración de misión familiar, leer la Biblia y orar en familia, y memorizar un catecismo —prácticas que se fomentaban en la Inglaterra de la Reforma— son todas imperativas para la vida devocional de una familia. Sin embargo, es importante recordar que, si bien cultivar disciplinas espirituales en familia es crucial para crear un entorno de espiritualidad, las disciplinas en sí mismas no imparten la fe salvadora. Como advirtió Bullinger, la conversión «es sólo de Dios y proviene de Dios, y no de ellos mismos [los padres]43». Sin embargo, eso no anula la obligación de los padres y el mandato bíblico de guiar a los hijos a la fe en Cristo. Orar activamente y buscar la conversión de los hijos, implementando libros de oración, catecismos y otras herramientas de estudio bíblico, es esencial para pastorear a los hijos para la gloria de Dios.

Tercero, los padres deben ser tanto un modelo para sus hijos como enseñarles a ver a Dios en los ritmos de su horario diario, por muy mundano que parezca. Becon sugirió que las familias hicieran conexiones directas entre los objetos materiales de sus hogares y Dios. Por ejemplo, una puerta brindaba la oportunidad para que los miembros de la familia meditaran en Juan 10:9: «Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto44». Las alegrías diarias, los premios, los raspones, las fiebres, los accidentes, las comidas, la música y las misericordias son todas ocasiones para que los padres y los hijos vean la gracia y el amor de Dios entrelazados en las actividades de cada día.

Que Dios conceda sabiduría y gracia a todas las familias cristianas para cultivar la piedad y absorber el espíritu de la siguiente oración, compuesta en 1603:

Dios esté en mi cabeza y en mi ser.
Dios esté en mi mente y en mi entendimiento.
Dios esté en mis ojos y en mi mirar.
Dios esté en mi oído y en mi escuchar.
Dios esté en mi boca y en mi hablar.
Dios esté en mi corazón y en mi pensar.
Dios me guarde de todo mal en mi trabajar, tocar, oler y en todos mis otros sentidos.
Dios esté en mi final y en mi partir45.

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
  1. Thomas Becon, The sycke mans salve [El ungüento del enfermo] (London: John Day, 1561) STC 1757, sig. O7r. N. del T.: traducción propia.
  2. Becon, The sycke mans salve, sig. O7r. N. del T.: traducción propia.
  3. Becon, The sycke mans salve, sig. O8r. N. del T.: traducción propia.
  4. Becon, The sycke mans salve, sig. O8r. N. del T.: traducción propia.
  5. A lo largo de este estudio, utilizo «evangélico» como sinónimo de «protestante». Deliberadamente, utilizo con mayor frecuencia «evangélico», porque «protestante» no apareció en publicaciones en inglés hasta 1555. Dado que la mayoría de los textos que cito son anteriores a 1555, he elegido el término históricamente exacto, «evangélico», para reflejar precisión histórica.
  6. El ejemplo más notable y popular de literatura piadosa católica para los hogares disponible al comienzo de la Reforma inglesa fue Richard Whitford, The werke for housholders [El manual para los jefes de hogar] (Londres: Wynkyn de Worde, 1530), STC 25422.
  7. Thomas Becon, A newe pathway unto praier [Un nuevo camino a la oración]. (London: J. Mayler for J. Gough, 1542). STC 1734. N. del T.: traducción propia.
  8. Thomas Becon, The Principles of Christian Religion [Los principios de la religión cristiana]. (London: John Day, 1569). STC 1753. N. del T.: traducción propia.
  9. Richard Whitford, The werke for housholders [El manual para los jefes de hogar] (Londres: Wynkyn de Worde, 1530), sig. E2r.
    Brian L. Hanson, Reformation of the Commonwealth: Thomas Becon and the Politics of Evangelical Change in Tudor England [La Reforma de la Mancomunidad: Thomas Becon y la política del cambio evangélico en la Inglaterra Tudor]. (Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 2019), pp. 54-55. N. del T.: traducción propia.
  10. Heinrich Bullinger, An exhortation to the ministers of Gods woord in the Church of Christ [Una exhortación a los ministros de la Palabra de Dios en la iglesia de Cristo]. (London: John Allde, 1575). STC 4055.5. N. del T.: traducción propia.
  11. Heinrich Bullinger, Exhortation, sig. V4v. N. del T.: traducción propia.
  12. Heinrich Bullinger, Exhortation, sig. V4v. N. del T.: traducción propia.
  13. Heinrich Bullinger, Exhortation, sig. V4v. N. del T.: traducción propia.
  14. Heinrich Bullinger, Exhortation, sig. A5r. N. del T.: traducción propia.
  15. Thomas Becon, A Christmas Bankette [Banquete de Navidad]. (London: J. Mayler for J. Gough, 1542). STC 1713.
    Thomas Becon, A potacion [Una libación]. (London: J. Mayler for J. Gough, 1542). STC 1749.
    Gerald Bray, ed. Documents of the English Reformation [Documentos de la Reforma inglesa] (Cambridge: Cambridge University Press, 1994).
    Bullinger, Exhortation. Sig. Q3v.
  16. Hanson, Reformation of the Commonwealth, 41.
  17. «Second Henrician Injunctions, 1538», en Documents of the English Reformation [Documentos de la Reforma inglesa], ed. Gerald Bray, (Cambridge: Cambridge University Press, 1994) 180. N. del T.: traducción propia.
  18. «The Edwardian Injunctions, 1547» y «The Elizabethan Injunctions, 1559», en Documents of the English Reformation [Documentos de la Reforma inglesa], ed. Gerald Bray (Cambridge: Cambridge University Press, 1994), 249, 255, 336-37, 341, 343. Ver también Iniunctions exhibited by Iohn by gods sufferance Bishop of Norwich [Instrucciones presentadas por John, por la gracia de Dios obispo de Norwich] (London: John Day, 1561), STC 10286, sig. A8r.
  19. John Bradford, Godlie meditations upon the Lordes prayer, the beleefe, and ten commaundementes with other comfortable meditations, praiers and exercises [Piadosas meditaciones sobre el Padre Nuestro, el Credo y los Diez Mandamientos, junto con otras meditaciones, oraciones y ejercicios consoladores]. (London: Roland Hall, 1562), STC 3484, sig. A2r. N. del T.: traducción propia.
  20. Alec Ryrie, Being Protestant in Reformation Britain [Ser protestante en la Bretaña de la Reforma] (Oxford: Oxford University Press, 2013), 220.
  21. Chaoluan Kao, Reformation of Prayerbooks: The Humanist Transformation of Early Modern Piety in Germany and England [Los libros de oración de la Reforma: la transformación humanista de la piedad moderna inicial en Alemania e Inglaterra] (Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 2018), 27.
  22. Thomas Becon, The Flour of Godly Praiers [La flor de las oraciones piadosas] (London: John Day, 1550), STC 1719.5.
    John Bradford, Godlie Meditations.
    Katherine Parr, Prayers or Medytacions [Oraciones o meditaciones] (London: Thomas Berthelet, 1545), STC 4818.5.
    Katherine Parr, The Boke of the Common Praier [El libro de oración común] (London: Richard Grafton, 1549), STC 16269.
  23. Bradford, Godlie Meditations, sigs. G6r, Q1r.
    Becon, The Flour of Godly Prayers, sig. P6v.
    The Boke of Common Prayer, STC 16279, sig. C2r.
  24. Parr, Prayers or Medytacions. sig. C6v. N. del T.: traducción propia.
  25. Becon, Flour of godly praiers, sig. C1v. N. del T.: traducción propia.
  26. Bradford, Godlie meditations, sig. B4r. N. del T.: traducción propia. Ver también, Bradford, Godlie meditations, sigs. B6r, B8v-C1v.Bradford. Godlie meditations, sigs. B4r, B8v. N. del T.: traducción propia.
  27. Bradford, Godlie meditations, sig. B4r, , B8v. N. del T.: traducción propia.
  28. Bradford, Godlie meditations, sig. B6r. N. del T.: traducción propia.
  29. Anónimo, A glasse for housholders [Un espejo para los jefes de hogar] (London: Richard Grafton, 1542) STC 11917, sig. E6r. N. del T.: traducción propia.
  30. Bullinger, Exhortation, sigs. C6r-v. N. del T.: traducción propia.
  31. Richard Taverner, A catechisme or institution of the christen religion [UN catequismo o institución de la religión cristiana (London: R. Bankes, 1539), STC 23709.
  32. Archivos nacionales, documentos gubernamentales 10/5f.23. N. del T.: traducción propia.
  33. John Ponet, A short catechisme [Un breve catecismo] (London: John Day, 1553) STC 4812, sigs. K4r-v. N. del T.: traducción propia.
  34. Bullinger, Exhortation, sigs. A4v, Q5r. N. del T.: traducción propia.
  35. Bullinger, Exhortation, sig. C7v. N. del T.: traducción propia.
  36. Bullinger, Exhortation, sig. C8r. N. del T.: traducción propia.
  37. John Parkhurst, Iniunctions exhibited by Iohn by gods sufferance Bishop of Norwich [Instrucciones presentadas por John, por la tolerancia de Dios obispo de Norwich]. (London: John Day, 1561), STC 10286, sig. A3r.
    Edwin Sandys, Articles to be enquired of in the visitation of the Dioces of London, by the reverende father in God, Edwyn Bishop of London [Artículos que han de ser investigados en la visita de la diócesis de Londres, por el reverendo padre en Dios, Edwyn, obispo de Londres] (London: H. Denham for William Seres, 1571) STC 10250, sig. A2r. N. del T.: traducción propia.
  38. Bullinger, Exhortation, sig. R3r.
  39. Thomas Becon, The Principles of Christian Religion (London: John Day, 1553) STC 1752.5.
    Juan Calvino, The catechisme or manner to teache children the Christian religion [El catecismo, o la manera de enseñar a los niños la religión cristiana]. (Geneva: John Crespin, 1556) STC 4380.
    Thomas Cranmer, Catechismus, that is to say, a shorte instruction into Christian religion [Catecismo; es decir, una breve introducción a la religión cristiana, 1548] (London: Nicholas Hill) STC 5993.
    Edward Dering, Brief and necessary instruction, verye needefull to bee knowen of all housholders [Instrucción breve y necesaria, muy necesaria de ser conocida por todos los cabezas de familia]. (London : J. Awdely, 1572) STC 6679.
    Alexander Nowell, Catechisme, or first instruction and learning of Christian religion [Catecismo, o primera instrucción y aprendizaje de la religión cristiana] (London: John Day, 1570) STC 18708.
  40. Ian Green, The Christian’s ABC: Catechisms and Catechizing in England, c. 1530-1740 [El ABC del crisitano: el catecismo y el catequizar en Inglaterra, 1530-1740. (Oxford: Oxford University Press, 1996), 281-282.
    Hanson, Reformation of the Commonwealth, 188.
  41. Becon, Principles, sig. A5r.
    Dering, Brief and necessary instruction, sig. A5v.
    Bullinger, Exhortation, sigs. C7v, C8r. N. del T.: traducción propia.
  42. Green, Christian’s ABC, 93-229.
  43. Bullinger, Exhortation, sig. V4v. N. del T.: traducción propia.
  44. Thomas Becon, A Christmas bankette [Banquete cristiano], (London: John Mayler, 1542) STC 1715, sig. A6v.
  45. Anónimo, A Breefe collection concerning the love of God towards mankind [Una breve colección sobre el amor de Dios hacia el género humano] (Doway: Laurence Kellam, 1603), STC 5554, sig. B3r. N. del T.: traducción propia.
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Brian Hanson
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Brian Hanson

Brian Hanson es profesor asistente de historia y teología en el Bethlehem College and Seminary en Minneapolis, Minnesota, y anciano de The North Church. Es autor de Reformation of the Commonwealth: Thomas Becon and the Politics of Evangelical Change in Tudor England [La Reforma de la Mancomunidad: Thomas Becon y la política del cambio evangélico en la Inglaterra Tudor]. Brian y su esposa, Johanna, tienen cinco hijos.