¿La ciencia y la fe siempre están en desacuerdo?
Muchos de nosotros crecimos creyendo que la ciencia y la fe están en guerra. Absorbimos esta creencia por ósmosis cultural. Imaginamos la teología y la ciencia en dos extremos del espectro, como enemigos en un combate a muerte. El Guasón contra Batman. Sherlock contra Moriarty. La ciencia contra la teología. Las fuerzas seculares alineadas en un lado; los ángeles de la luz, en el otro. Esta es una guerra civil, una batalla a muerte, y que gane el mejor.
A menudo pensamos en la vida de Galileo en términos de esta narrativa de batalla1. Aquí había un gran científico rodeado de fundamentalistas muy celosos de la Biblia que creían en el geocentrismo, la idea de que el sol gira alrededor de la tierra. Galileo (1564-1642) demostró lo contrario, el heliocentrismo, y escribió libros defendiendo esta verdad. ¿Su recompensa? Fue capturado por la Inquisición romana, torturado y luego enviado a prisión, donde pasó el resto de su vida en desgracia.
Si crees esto, ¡tengo una propiedad frente al mar en Iowa para venderte! Esta imagen de Galileo es en gran parte un mito; la verdadera historia es mucho más compleja. Primero, Nicolás Copérnico (1473-1543) y Johannes Kepler (1571-1630) tuvieron originalmente la idea; ellos hicieron serias defensas del heliocentrismo mucho antes que Galileo. Segundo, algunos líderes de la iglesia, incluido el papa, inicialmente simpatizaron con las opiniones de Galileo. Pero a menudo olvidamos que incluso en 1615, cuando Galileo fue a Roma para defender sus puntos de vista ante la Iglesia Católica, no había una prueba definitiva de que el heliocentrismo fuera correcto (eso llegó décadas después con Isaac Newton). Muchos astrónomos y físicos de la época estaban en desacuerdo con Galileo, porque otros modelos del sistema solar daban igual sentido a los datos. La visión de Galileo no era la única teoría disponible. En ese momento de la historia, era perfectamente racional que los astrónomos y los funcionarios de la iglesia estuvieran en desacuerdo con Galileo.
La principal postura alternativa era el geocentrismo de la cosmología de Aristóteles, que la Iglesia Católica había adoptado plenamente durante siglos. Aristóteles se había convertido en la base del tejido moral y social de Italia. Si Galileo tenía razón, entonces el amado Aristóteles estaba equivocado. En el siglo xvii, esas eran palabras conflictivas. Es probable que por eso un cardenal católico romano le permitió a Galileo continuar investigando su teoría, siempre y cuando nunca afirmara que era un hecho científico. Galileo tuvo que aclarar que sólo hablaba hipotéticamente. Inicialmente aceptó estos términos, pero 16 años después, Galileo publicó un libro defendiendo la visión copernicana como un hecho científico. Eso lo metió en problemas.
Para este punto, espero que hayas notado cómo la narrativa de la guerra simplifica en exceso y distorsiona la historia. Sí, el sistema religioso consideró que Galileo estaba equivocado e incluso que era peligroso, pero no fue porque lo vieran como un enemigo de la Biblia o del cristianismo. Nunca fue torturado y no pasó un día en la cárcel. Contrario a la creencia popular, Galileo no era ateo, ni fue declarado hereje. De hecho, Galileo el científico citó extensamente la Escritura para apoyar sus puntos de vista, y siguió siendo un católico romano hasta el final de sus días.
Nuestras suposiciones sobre el juicio del mono de Scopes tergiversan la historia de manera similar. Nos hemos formado impresiones basadas en rumores y películas como Heredarás el viento, que a su vez se basa en la obra de teatro de 1955 de Jerome Lawrence y Robert Edwin Lee. Así es como la película cuenta la historia: John Scopes es el héroe, el científico iluminado de la década de 1920 en Dayton, Tennessee, rodeado de ignorantes, bobos cristianos del sur. Estas personas están atrapadas en viejas y dogmáticas formas de pensar. Scopes viene al rescate ayudándoles a ver la luz. Es un maestro amado que expone a sus estudiantes a la evolución.
Los líderes de la ciudad son los malos en esta historia, religiosos rednecks2. Comienzan a protestar porque Scopes está enseñando la evolución en el aula, y eventualmente logran que lo metan en prisión. El caso va a juicio. Del lado de los ángeles, tenemos al abogado defensor Clarence Darrow (1857-1938), un defensor de la ciencia, la razón y la humanidad, un hombre que defiende al desvalido. Del otro lado, tenemos a William Jennings Bryan (1860-1925), un ignorante creacionista de la Tierra joven y oponente de la razón. La ciencia contra la religión, y el ganador es…
Una vez más, esta imagen es más mito que historia. La situación real en 1925 comienza con la aprobación de la Ley Butler en Tennessee, que prohíbe la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas. La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) luego coloca un anuncio en el Chattanooga Times, prometiendo dar apoyo legal a cualquier maestro que acepte ir a juicio por enseñar la evolución. Unos pocos empresarios emprendedores en Dayton ven una oportunidad para ganar publicidad para la ciudad y tener la economía local. Encuentran a John Scopes, un maestro de matemáticas y física, quien se ofrece como voluntario para enseñar la evolución y ser arrestado por violar la Ley Butler. De hecho, es arrestado, le pagan todas sus cuentas y es liberado de inmediato bajo fianza. Todo esto desencadena un delirio mediático y una batalla legal de alto perfil. Los empresarios ejecutaron su plan a la perfección. Después de todo, su plan completo ha sido atraer la atención nacional y el turismo a la pequeña ciudad de Dayton. Misión cumplida.
En cuanto a William Jennings Bryan, ¡ni siquiera era un creacionista de la Tierra joven! Él veía los días de Génesis 1 como largos períodos de tiempo. Aceptaba la evidencia científica de la evolución, pero hacía una excepción para la evolución humana; pensaba que los humanos fueron creados sobrenaturalmente por Dios. Estaba especialmente ansioso por cómo la evolución se había utilizado para apoyar el movimiento de la eugenesia. Los eugenistas intentaban perfeccionar la raza humana eliminando a los humanos mental y físicamente defectuosos del acervo genético. Bryan aceptó la ciencia de la evolución, pero rechazó su aplicación en la eugenesia.
En la mitología del Juicio de Scopes, Bryan y sus colegas fundamentalistas perdieron. Fueron rotundamente derrotados por los defensores de la verdad y la ciencia. Pero esa ciertamente no fue la reacción de la gente en el momento del juicio. Los artículos de los periódicos no podían decidir el caso de ninguna manera. Y cuando Bryan murió inesperadamente cinco días después del juicio, se convirtió en un héroe de la noche a la mañana. Millones de personas lo adoraban. Según un relato:
Las multitudes se alinearon en la vía del tren mientras un tren especial transportaba su cuerpo a Washington para ser enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington. Miles de personas pasaron frente al ataúd abierto, primero en Dayton, luego en varias ciudades importantes a lo largo de la ruta del tren, y finalmente en la capital de la nación. La élite política de Estados Unidos asistió al funeral, con senadores y miembros del gabinete sirviendo como portadores del féretro. Las baladas de música country retomaron el lamento mientras los líderes fundamentalistas competían para continuar la cruzada de Bryan contra la enseñanza de la evolución3.
Es sorprendente cuánto difiere la mitología popular de la historia.
Si has leído algo de Christopher Hitchens, Sam Harris o Richard Dawkins, entonces sabes que el mito del conflicto está vivo y coleando. Han publicado libros con títulos notoriamente pendencieros como Dios no es bueno: alegato contra la religión (Hitchens); El fin de la fe: religión, terror y el futuro de la razón (Harris); y El espejismo de Dios (Dawkins). Estos autores, apodados los nuevos ateos, son implacables y a menudo grandilocuentes en su crítica a la religión. Sostienen que la ciencia es el camino brillante hacia la verdad y condenan al cristianismo como lo peor desde la Peste Bubónica. Dawkins, por ejemplo, es un biólogo evolutivo y profesor de ciencias jubilado de la Universidad de Oxford. Escucha lo que dijo sobre las explicaciones religiosas durante un debate en 2013 en Cambridge con Rowan Williams, el arzobispo de Canterbury en ese momento:
[La religión es] una evasiva: una traición al intelecto, una traición a todo lo mejor de lo que nos hace humanos, un falso sustituto de una explicación que parece responder a la pregunta hasta que la examinas y te das cuenta de que no hace tal cosa. La religión en la ciencia no es sólo redundante e irrelevante, es una charlatanería activa y perniciosa. Difunde explicaciones falsas, o al menos pseudoexplicaciones, donde se podrían haber ofrecido y se ofrecerán explicaciones reales. Pseudoexplicaciones que se interponen en el camino de la empresa de descubrir explicaciones reales. A medida que pasan los siglos, la religión tiene cada vez menos espacio para existir y realizar su interferencia oscurantista con la búsqueda de la verdad. En el siglo xxi, ya es hora de, finalmente, echarla4.
En este punto, quizás te preguntes quién fue el cerebro detrás de esta metáfora de la guerra. ¿De dónde vino? Los historiadores culpan a dos libros influyentes del siglo xix: Historia del conflicto entre la religión y la ciencia de John Draper y A History of the Warfare of Science with Theology in Christendom [Una historia de la guerra de la ciencia con la teología en la cristiandad]5 de Andrew White. (De nuevo, los títulos de los libros son una pista obvia). Estos dos libros crearon el mito de que la ciencia y la religión están en conflicto interminable. John William Draper (1811-1882) fue uno de los fundadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York en 1841, cuando se la conocía como el University Medical College. Se desempeñó como presidente de la facultad de 1850 a 1873. Andrew Dickson White (1832-1918) fue uno de los fundadores de la Universidad de Cornell y se desempeñó como su presidente de 1866 a 1885. Tanto Draper como White afirmaron que la ciencia estaba en guerra contra la religión, y la ciencia estaba ganando. La religión estaba en retirada; la derrota era inminente. Ríndete o muere.
Con base en lo que hemos visto en las historias de Galileo y el juicio del mono de Scopes, espero que empieces a cuestionar esta metáfora de la guerra. Hay aún más que decir, por supuesto, pero la imagen de un conflicto persistente entre la ciencia y la fe es una mala historia. Cuando volvemos a visitar el pasado para mirar a científicos reales y teólogos reales, cuando observamos lo que pensaban y decían sobre la ciencia y la fe, descubrimos que la ciencia y el cristianismo han tenido una relación más compleja: diversa, sutil, sorprendente, enredada y desordenada. Por lo tanto, es engañoso afirmar que la ciencia y la fe están perpetuamente en guerra. Su interacción en la historia no es simplemente de conflicto y tensión6.
Este artículo es una adaptación del libro Does Science Make God Irrelevant? [¿La ciencia hace a Dios irrelevante] escrito por Hans Madueme.
Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.
- ara obtener detalles útiles sobre Galileo y el juicio del mono de Scopes, consulta a Maurice A. Finocchiaro, «Myth 8: That Galileo Was Imprisoned and Tortured for Advocating Copernicanism» [Mito 8: que Galileo fue encarcelado y torturado por defender el copernicanismo], y Edward J. Larson, «Myth 20: That the Scopes Trial Ended in Defeat for Antievolutionism» [Mito 20: que el juicio de Scopes terminó en derrota para el antievolucionaismo], en Galileo Goes to Jail and Other Myths about Science and Religion [Galileo va a la cárcel y otros mitos de la ciencia y la religión], ed. Ronald L. Numbers (Harvard University Press, 2009), pp. 68-78, pp. 178-18
- N. del T.: término utilizado en Estados Unidos y Canadá que hace referencia al estereotipo de un hombre blanco que vive en el interior del país y cuenta con bajos ingresos económicos (Wikipedia).
- Larson, «Myth 20» [Mito 20], p. 185.
- Cambridge Union Society. «This House Believes Religion Has No Place in the 21st Century» [Esta casa cree que la religión no tiene lugar en el siglo xxi]. Video de YouTube, 3 de febrero de 2013. https://www.youtube.com/.
- Draper, John William (2010) Historia del conflicto entre la religión y la ciencia, (Madrid: Editorial Maxtor); White, Andrew Dickson. (1896) A History of the Warfare of Science with Theology in Christendom, [Una historia de la guerra de la ciencia con la teología en la cristiandad]. 2 vols. (Appleton).
- Para los argumentos clásicos a lo largo de estas líneas, ver el libro de John Hedley Brooke, Ciencia y religión: perspectivas históricas (Cambridge University Press, 1991).