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Un diagnóstico de nuestra naturaleza pecaminosa

Todos tenemos nuestras partes favoritas de la Biblia, al menos yo sí. No es un secreto que admiro profundamente los escritos del apóstol Pablo. Me encanta cómo mezcla profundas verdades teológicas con pasión, conciencia cultural y convicción personal de una manera que hace que las palabras salten directamente de la página y te capturen. Quizás no gravitas con las cartas de Pablo como yo, pero aun así apuesto que tienes una parte favorita de la Escritura.

Tomemos Gálatas 5, por ejemplo. Muchos de nosotros estamos familiarizados con el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio (Gá 5:22-23). De hecho, diría que cuando la mayoría de las personas piensa en Gálatas, a menudo, esa lista es lo primero que se les viene a la mente. Aquí Pablo describe una imagen bendecida de lo que produce el Espíritu en una vida entregada. Pero sólo un par de versículos antes, Pablo nos da una lista diferente: las obras de la carne.

No creo que haya sido jamás la intención de Pablo que nos apresuremos a pasar por alto las obras de la carne sólo para llegar al fruto del Espíritu. Sí, el fruto del Espíritu vale la pena estudiarlo y celebrarlo, pero debemos examinar esos rasgos a la luz de aquello a lo que se contraponen. La verdad es que, para muchos de nosotros, las obras de la carne se sienten mucho más familiares. Eso es porque nuestra inclinación natural, incluso después de la salvación, aún está marcada por el tirón de nuestra naturaleza pecaminosa. Aprender a andar por el Espíritu significa aprender a negar la carne. Requiere enfoque, entrenamiento y entrega intencional.

Para ese fin, debemos reconocer que las palabras de Pablo aquí en Gálatas 5 no son sólo descriptivas; son diagnósticas en el sentido de que nos ayudan a reconocer los patrones de la carne para que no sigamos sometiéndonos a ellos y practicándolos. Debemos nombrar esas obras pecaminosas, resistirlas y arrepentirnos de ellas. Por el contrario, no desarrollamos el fruto del Espíritu a través del desempeño. El Espíritu hace crecer ese fruto en nosotros a medida que andamos con Él y estamos alerta al tirón de la carne. Y a medida que reconocemos y resistimos las obras de la carne, simultáneamente confiamos en que el Espíritu formará en nosotros lo que nosotros nunca pudimos producir por nuestra cuenta.

Por tanto ¿cómo se ve realmente sembrar para la carne en la vida cotidiana? Estos son siete signos de que estás sembrando para la carne y qué debes hacer al respecto.

La razón por la que Pablo le escribió Gálatas

Antes de que saltemos a las palabras de Pablo en Gálatas 5, necesitamos comprender cómo llegamos ahí.

Los gálatas, que una vez se aferraron firmemente a la verdad del Evangelio, ahora estaban intentando agregarle cosas al cumplir las obras de la ley. En amorosa corrección, Pablo les escribe con la esperanza de que se vuelvan de esta distorsión y regresen a la libertad que recibieron primero.

En esta carta, Pablo habla con profunda convicción para recordarles a ellos —y a nosotros— que la salvación es sólo por gracia, sólo por medio de la fe, sólo en Cristo. Nada más ni nada menos. Como a menudo hace en sus cartas, Pablo comienza con una enseñanza teológica fuerte. Él comienza contando su propia historia de conversión y defendiendo la autenticidad de su apostolado. Pablo deja claro que su llamado no vino del hombre, sino que directamente de Jesucristo. Él también cuenta cómo es que su relación con los otros apóstoles, hombres a quienes una vez se les opuso, fue posible sólo por la gracia de Dios.

Desde ahí, Pablo expone un argumento convincente y profundamente elaborado para la justificación por la fe. Él lleva la atención de la audiencia a Abraham, el padre de la fe. Resalta la realidad espiritual de ser hijos y herederos. Y se basa en la historia de Agar y Sara para ilustrar la diferencia entre vivir bajo la ley y vivir bajo la gracia. No deja piedra sin remover al mostrar que la justicia siempre ha venido por la fe, no por las obras.

Pablo entonces pasa de la teología a la aplicación. Después de explicar lo que creemos, él sigue para hablar sobre cómo se ve esa creencia en la práctica. Gálatas 5 es donde Pablo comienza describiendo cómo se ve la fe para alguien que ha sido liberado en Cristo. Es como si él estuviera sosteniendo un espejo e invitándonos a examinar hacia qué dirección nos estamos yendo. ¿Estamos andando según la carne o según el Espíritu?

En Gálatas 5:16-21, Pablo presenta un contraste aleccionador:

Digo, pues: anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne. […] Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes […].

Noten que Pablo no nos está dando una lista de verificación para que podamos calificarnos; él nos está mostrando cómo se ve la vida cuando la carne está en control. Estos no son solamente pecados grandes y escandalosos. Muchos de ellos producen patrones sutiles que a menudo excusamos o ignoramos. Pero Pablo los enlista claramente no para avergonzarnos, sino que para advertirnos de que estas no son marcas de una vida guiada por el Espíritu.

Siete señales de que estás sembrando para la carne

Entonces, ¿cómo se ve realmente sembrar para la carne? La lista de Pablo en Gálatas 5:19-21 refleja categorías de comportamiento y deseos que revelan cuando la carne está liderando en lugar del Espíritu. Estas señales a menudo son esquivas y socialmente aceptables, lo que las hace más peligrosas. A continuación, comparto siete categorías que capturan el corazón de la advertencia de Pablo.

1. El placer se convierte en tu amo 

[…] inmoralidad, impureza, sensualidad […]. 

Este primer grupo apunta a los deseos desenfrenados, especialmente los sexuales. Sembrar para la carne a menudo comienza cuando cedemos a la creencia de que nuestros sentimientos merecen ser satisfechos a cualquier costo. Podría no parecer una rebelión abierta. Podría ser lo que consumes en privado, las series que maratoneas o la atención que buscas en línea. También damos espacio a estos pecados cuando nos complacemos en la expresión sexual alejada del diseño de Dios o buscamos placer sin límites. Como creyentes comprados por sangre, somos llamados a servir a un sólo Amo: Jesucristo.

2. La adoración está fuera de lugar 

[…] idolatría, hechicería […].

La adoración no sólo ocurre en la iglesia los domingos por la mañana, ocurre a cada segundo del día, 24/7, los 365 días del año. La verdadera adoración ocurre cuando centramos nuestra esperanza, identidad y comodidad sobre el Dios trino. La falsa adoración ocurre cuando hacemos esto con alguien o algo que no es Dios. Eso es idolatría. Ya sea aprobación, control, productividad o incluso familia, todas enfrentamos tentaciones para elevar a las personas y a las cosas a un lugar que sólo Dios debe tener. 

En el contexto bíblico, la hechicería se refiere a buscar poder o comprensión espiritual fuera del Espíritu de Dios. En la cultura de hoy, eso se vería como confiar en cristales, en la salvia, en los horóscopos, en las cartas del tarot, en las prácticas de manifestación o cualquier otra cosa que prometa resultados espirituales aparte de Cristo. Ser guiado por la carne siempre resultará en adoración falsa, porque aleja nuestra devoción del Dios que nos hizo y nos lleva hacia cosas que no pueden satisfacernos completamente.

3. El conflicto es tu patrón 

[…] enemistades, pleitos, celos […].

Las enemistades, los pleitos y los celos revelan un corazón reñido con otros. Ya sea una tensión continua en tus relaciones, un resentimiento silencioso o una comparación constante, estos patrones están enraizados en el orgullo y en la inseguridad. Estos pecados también pueden esconderse en el sarcasmo, en la frialdad o en la agresión pasiva, pero debajo de estos comportamientos hay una vida de siembra para la carne, no para el Espíritu.

4. No puedes controlar tus emociones 

[…] enojo […]. 

Déjame ser clara: no es pecado sentir enojo. Incluso Jesús experimentó esta emoción. Pero cuando tu enojo llega a ser explosivo, crónico, manipulador o se expresa abusivamente (ya sea física o emocionalmente), ya no es justo; es la carne. Sembrar para la carne se manifiesta cuando permitimos que nuestras emociones dominen nuestras acciones. Es una falta de autocontrol. Ya sea con gritos, amargura o quejas, el enojo fuera de control nos lleva lejos del Espíritu.

5. La competitividad es tu postura

[…] rivalidades, disensiones, herejías […].

Como el enojo, la competencia no es inherentemente pecaminosa. De hecho, la Escritura honra la disciplina atlética y el espíritu deportivo (1Co 9:24-27). Pero cuando un deseo de ganar se convierte en un deseo de dominar, o cuando medimos nuestro valor por ser mejores que alguien más, nos hemos pasado al territorio de la carne. La competitividad impía nace de rivalidades, disensiones y herejías. Y sin embargo, Dios nos creó para la comunidad y la edificación mutua (Ro 12:4-5). Un corazón guiado por la carne ve a otros como amenaza en lugar de como hermanos portadores de imagen. Cuando secretamente queremos eclipsar a otros, dividir personas en bandos o fomentar la desunión, estamos sembrando para la carne.

6. Te rehúsas a celebrar a los demás

[…] envidias […].

La envidia es más que querer lo que alguien más tiene; es tener resentimientos hacia ellos por tenerlo. Este tipo de pecado a menudo se esconde debajo de la falsa humildad o lenguaje santurrón, pero expone un corazón que duda de la bondad de Dios y de su capacidad de darles cosas buenas a cada uno de sus hijos. Cuando envidiamos, no estamos simplemente insatisfechos con nuestra propia vida, estamos cuestionando por qué Dios le daría a alguien más lo que pensamos que merecemos.

7. El escapismo es una forma de vida

[…] borracheras, orgías y cosas semejantes […].

Este grupo final apunta al escapismo, que es la práctica de usar sustancias, experiencias o excesos para adormecernos. Aunque las «orgías» aquí se refieren a las fiestas desenfrenadas e indulgentes, el punto más amplio es claro. Una vida guiada por la carne busca el escape, la distracción y el abuso en lugar del descanso en Dios. Esto podría aparecer en el consumo excesivo de alcohol, de comida, de sexo, de scrolling, de compras, de juegos o de cualquier cosa a la que nos volquemos cuando la vida se sienta demasiado pesada.

Reconoce, resiste, arrepiéntete, descansa

Si leíste esta lista y sentiste un dolor agudo de convicción o incluso incomodidad, no estás solo. Pablo no escribió estas palabras para aplastarnos; las escribió para despertarnos, para ayudarnos a reconocer en qué áreas nos estamos yendo a la deriva y para apuntarnos de vuelta a la libertad que se nos ha dado en Cristo.

El llamado aquí no es a limpiarnos ni a intentar con más esfuerzo ser mejores cristianas. La invitación es a andar por el Espíritu. Esto comienza con reconocer honestamente en qué partes las obras de la carne están apareciendo en nuestras vidas. Sin excusarlas; sin disfrazarlas con lenguaje religioso. Sólo nombrándolas por lo que son.

Luego, por la gracia de Dios, resistimos. No en nuestras propias fuerzas, sino en las de Él. Escogemos alejarnos de los patrones que alimentan la carne y, en lugar de ello, buscamos las cosas que aviven nuestros afectos por Cristo. Podríamos no hacerlo bien todas las veces, pero por el Espíritu, ya no somos esclavos del pecado.

Nos arrepentimos. No sólo una vez, sino que continuamente. El arrepentimiento no es un evento de una vez. Es un ritmo de la vida cristiana. Es como mantenemos cuentas cortas con Dios y con otros. Y siempre se encuentra con la misericordia.

Y finalmente, descansamos. Descansamos en la verdad de que no producimos el fruto del Espíritu por medio del desempeño. El Espíritu hace la obra en nosotros mientras estamos cerca de Jesús. Mientras más andamos con Él, más comenzamos a vernos como Él.

Esta es la esencia de una vida guiada por el Espíritu. No la perfección. No la lucha. Sólo la entrega continua. Y por esa entrega viene el fruto real que perdura.

Portia Collins es autora de Finding Freedom in Christ: An 8-Week Study of Galatians [Encontremos libertad en Cristo: un estudio de 8 semanas sobre Gálatas].

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.
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Portia Collins

Portia Collins es maestra de la Biblia y fundadora de She Shall Be Called [Ella debe ser llamada], un ministerio de mujeres sin fines de lucro enfocado en la alfabetización bíblica. También sirve como especialista en desarrollo de socios en Revive Our Hearts, donde contacta mensualmente a donadores para el avance de la misión del ministerio. Portia y su esposo, Mikhail, tienen una hija y actualmente viven en el Mississippi Delta.