Mi amigo Alexandre es un pastor en Togo. No escribe sus sermones en un computador; los escribe a mano. Él no hace una investigación bíblica en línea; usa la concordancia física. Él no usa el software de la Biblia para leer comentarios; él sólo tiene un par y están en un estante.
¿Alexandre se está perdiendo algo que es vital para el ministerio?
Las promesas de la inteligencia artificial
Cuando descubrí por primera vez la inteligencia artificial, estaba muy interesado. Crecí con el Internet, me encanta la tecnología y siempre busco formas de ser más productivo. ¡La IA parecía la solución perfecta!
Como pastor de una iglesia con un equipo limitado, esperaba usar la IA para alguna tarea «rutinaria». Si estás en esta situación, sé cómo se siente. Además de tus responsabilidades pastorales, también debes encargarte de las variadas tareas administrativas como imprimir boletines y ¡agendar los voluntarios para el cuidado de niños! ¿Sería posible usar la IA para tareas como esas?
Bien… ¡Algo así! La IA puede entregar una lista de todos los primeros jueves del mes (cuando tenemos nuestra reunión de oración). Puede recopilar datos de un formulario que los miembros rellenan. Puede organizar documentos y ejecutar estadísticas. En cierto modo, puede usarse como un asistente digital. Suena prometedor, ¿no es así?
A pesar de todas las habilidades administrativas que las tecnologías de IA ofrecen, me he dado cuenta de que mi amor por ella se ha enfriado, y eso se debe principalmente a dos razones.
1. Los dilemas éticos
Sin considerar las ofertas administrativas, he descubierto que existen demasiados asuntos éticos en riesgo cuando pienso en cómo la IA puede asistirme en mi trabajo pastoral. Después de todo, elaborar formularios de voluntariado no es como escribir sermones. Respecto al primero, la mayoría está de acuerdo con que la IA tiene algo que ofrecer. Y sin embargo, la IA nunca debe ser instalada como el pastor de una iglesia.
El problema es que la distinción entre el trabajo administrativo y el trabajo pastoral no siempre es claro. ¿Los pastores deben usar la IA para escribirles correos a los miembros o las preguntas de aplicación para sus sermones? ¿Significa eso entregarle a la IA, aunque parcialmente, los deberes por los que un pastor es responsable ante Dios? Es más, ¿quién es responsable por el contenido que la IA produce; yo o la compañía detrás? ¿La compañía incluso puede dar una respuesta para algo que su IA produjo en respuesta a mi petición? Preguntas como esas me hacen sospechar mucho respecto a cuán lejos puede ir la IA en asistirme en mis tareas pastorales.
2. El proceso es importante
La segunda razón por la que no me emociona tanto la IA es que es demasiado fácil. La IA presenta respuestas sin que yo tenga que hacer algún trabajo. Ahora, los tecnólogos podrían llamar a esto eficiencia máxima. Es la razón por la que ellos celebran a la IA como una herramienta revolucionaria. ¡Puro destino sin necesidad del viaje! La IA puede, por ejemplo, producir la ilustración de un sermón incluso de los pasajes más oscuros de la Escritura. Tú, pastor, nunca tendrías que buscar en tu repertorio de historias para encontrar una que encaje. ¡Ahorrador de tiempo instantáneo! Eso no es todo. ¡La IA también puede resumir largos bloques de comentarios de tu teólogo favorito fallecido en segundos! ¿Lo mejor (dicen)? Ni siquiera tuviste que leer la fuente del material original. La IA lo hizo por ti.
Ahora, es cierto que toda la teología apunta a hacernos más eficientes. Y sin embargo, la IA y su máxima eficiencia hace algo levemente diferente que, digamos, tu computador o el motor de búsqueda original de Google. La IA opera autónomamente, o casi autónomamente, y con la autonomía viene la dependencia. En el caso de escribir sermones, la IA atrae a los pastores al ofrecerles hacer gran parte de la exégesis, la ilustración o la aplicación del pasaje del sermón de una manera que el procesador de textos en blanco o tu Biblia abierta (¡en Logos o cualquiera!) nunca han podido. Pero semejante uso en el tiempo atrofia tu capacidad de hacer exégesis, ilustrar o aplicar la Palabra de Dios para tu congregación. Te haces dependiente de la IA para hacer el trabajo que debes estar haciendo como el pastor de tu iglesia.
Por lo tanto, la atrofia por dependencia es un asunto que es único para la IA. Otro asunto es la incapacidad de la IA para distinguir entre el trabajo productivo y el no productivo. Hacer una exégesis y meditar en un pasaje de la Escritura para tu próximo sermón no se trata simplemente de escribir tu manuscrito, se trata de tu formación espiritual, pastor, y no sólo el tuyo, sino que también el de tu congregación. Verás, a menudo en el trabajo de un pastor tanto el proceso como el resultado son importantes. El proceso nos hace ser quienes somos, dando forma a nuestro conocimiento, a nuestros afectos y a nuestro carácter. Es un trabajo doloroso, pero productivo, y es necesario para hacernos mejores pastores. La IA podría ahorrarte tiempo, pero te costará algo mucho más valioso: tu capacidad de ser el pastor que tu congregación necesita que seas. La IA podría hacerte más eficiente, pero no puede hacerte más piadoso.
Pregúntate: ¿qué me perderé si uso la IA para hacer la exégesis del pasaje de mi sermón semana tras semana en mi ministerio completo? ¿Qué formación espiritual estaría sacrificando personalmente si le delego a la IA la responsabilidad de «meditar» y aplicar la Palabra de Dios a mi congregación?
Pero ¿qué pasa con las promesas de la IA?
Esta palabra de advertencia es difícil de digerir cuando la IA es promocionada en todas partes como la solución definitiva. ¿Podríamos perder una oportunidad para crecer en el Evangelio si no nos metemos de cabeza primero? Después de todo, Silicon Valley dice que es mejor subirnos al tren de la IA o este nos arrollará, ¿cierto?
Hermano pastor, necesitamos recordar que la IA no puede hacer nada para corregir los más grandes problemas de la humanidad. Los humanos siguen siendo pecadores y el mundo aún está bajo la ira de Dios. La IA podría mejorar nuestro bienestar, pero no puede cambiar nuestros corazones. No obstante, Dios sí puede cambiar los corazones y Él hace esta obra por medio de su Palabra. Adivina de quién es el trabajo de proclamar su Palabra: nuestro. No dejes que la IA te reemplace, pastor, como el mensajero designado de la Palabra de Dios.
Dios estaba construyendo su iglesia por medio de su Palabra predicada antes de la IA y continuará haciéndolo después de que la IA sea cosa del pasado. Por tanto, debemos rechazar sin vergüenza la idea de que el avance del Evangelio, a partir de ahora, siempre dependerá de la IA. Jesús ya reveló su secreto: espera la promesa del Espíritu Santo y luego comienza a dar testimonio (Hch 1:4-5, 8).
Pon la IA en el casillero correcto
Volvamos a mi amigo Alexandre que tiene poca a casi nada de tecnología a su disposición para ayudarlo a pastorear su iglesia. Pregunté al principio de este artículo, ¿se está perdiendo algo? No lo creo. Él es la prueba de que los computadores, el Internet y los software de Biblia podrían ser herramientas útiles en el lugar adecuado, pero no esenciales. La esencia de su ministerio es el mismo que el tuyo y el mío.
Sé agradecido por la tecnología, pero resiste creer que puede cambiar fundamentalmente tu tarea como pastor. Los pastores no necesitan estar en la primera línea del avance tecnológico. Incluso podría ser demasiado pronto saber cómo se ve el uso saludable de la IA. Sin duda, anda y evalúa cuán buena es como secretaria. Pero dedica la mayoría de tu tiempo para estudiar la Palabra hasta que la conozcas, conócela hasta que la ames y luego predícala para el bien espiritual de tu congregación.