1grande-reem.jpgUNA MUJER RECONOCIDA POR SUS BUENAS OBRAS 
Nicole Whitacre 
 

En la lista de las viudas debe figurar únicamente la que tenga más de sesenta años, que haya sido fiel a su esposo, y que sea reconocida por sus buenas obras, tales como criar hijos, practicar la hospitalidad, lavar los pies de los creyentes, ayudar a los que sufren y aprovechar toda oportunidad para hacer el bien. (1 Ti 5:9-10)

¿Qué son exactamente las buenas obras que glorifican al evangelio? Jerry Bridges las define como «actos deliberados que son útiles para otros». Son actos tangibles de amabilidad que sirven y bendicen a otros y proclaman la bondad de nuestro Salvador.

En 1 Timoteo 5:9-10 Pablo aconseja a Timoteo sobre las viudas, pero al hacerlo, establece el estándar para las mujeres piadosas al describir un estilo de vida de abnegación. La mujer piadosa comprende la seriedad del hecho de que «la reputación de Dios está en juego en [sus] actos públicos» de piedad.

La mujer piadosa desea ser conocida por sus buenas obras porque anhela que se conozca la Buena Obra de Dios.

Cada mujer cristiana debe esforzarse por tener una reputación de buenas obras. No existen las especialistas; no es un acto reservado para las pocas mujeres talentosas y entusiastas. Todas debemos levantar nuestras manos para ofrecernos como voluntarias; todas podemos hacer buenas obras, pues Dios nos ha llamado a todas a hacerlas.

Además, como dice Jerry Bridges, las buenas obras son «deliberadas»; no nos encontramos ni nos tropezamos con ellas; por lo tanto, debemos elegir practicarlas. En 1 Timoteo, el apóstol Pablo nos entrega cinco categorías de buenas obras.

Estos cinco ejemplos de buenas obras no son exhaustivos ni están para que se lleven a cabo totalmente; sin embargo, describen a la mujer que es conocida por realizarlas. Para tener una idea de cómo es esta mujer, veamos rápidamente cada ejemplo.

Criar hijos. El deseo del corazón de una mujer piadosa es criar a sus hijos para honrar y servir al Salvador. Con ese fin, una madre debe entregarse a criar a sus hijos «según la disciplina e instrucción del Señor» (Ef 6:4). Una mujer que no tiene hijos puede ser una influencia piadosa para los niños de su iglesia y su comunidad, y también puede cuidar de los huérfanos. Criar niños para servir al Señor es valioso para nuestro Salvador pues él dice «dejen que los niños vengan a mí» (Mt 19:14).

Practicar la hospitalidad. Esta buena obra se lleva a cabo en el hogar. Mostrar hospitalidad significa «ocuparse de las necesidades de otros haciendo uso de los recursos propios, especialmente en el hogar y usándolo como medio». La mujer piadosa practica la hospitalidad recibiendo gente en su hogar, proveyendo refugio y refrigerio, y llevando a otros alimento y recursos de su hogar.

«El máximo acto de hospitalidad ocurrió cuando Jesucristo murió por los pecadores para que todo aquel que crea sea un miembro de la familia de Dios», escribe John Piper. La mujer hospitalaria desea reflejar la hospitalidad de Cristo. Independientemente del tamaño de su casa o de su presupuesto, quiere extender a otros el amor y gracia inmerecidos que primeramente ella recibió del Salvador.

Lavar los pies de los creyentes. En la época antigua, el lavamiento de pies era una tarea imprescindible, pero se consideraba de baja categoría puesto que los pies de todos estaban enlodados y polvorientos debido a la suciedad de las calles. Esta era una rutina generalmente reservada para los sirvientes de la familia. Por esta razón, lavar los pies de los creyentes implicaba un servicio humilde: aceptar el trabajo que nadie más estaba dispuesto a hacer. En otras palabras, la mujer piadosa está dispuesta a realizar los trabajos sucios, modestos y poco atractivos. Cuando servimos a otros, seguimos el ejemplo de la mujer que ungió los pies de Jesús: «Ella ha hecho una obra hermosa conmigo», dijo Jesús (Mt 26:10). También nos lo dice a nosotros cuando servimos humildemente a los creyentes.

Ayudar a los que sufren. La mujer piadosa es como una enfermera, que está de turno, en el hospital, lista para ayudar a quienes sufren —ya sea física, mental o emocionalmente—. Para esto debemos acercarnos a lo crudo, lo desagradable, lo difícil y lo doloroso. Al hacerlo, reflejamos apropiadamente la reputación de nuestro Salvador como alguien que fue «hecho para el sufrimiento» (Is 53:3), que está «cerca de los quebrantados de corazón» (Sal 34:18), «quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones» (2 Co 1:4) y que es «nuestra ayuda segura en momentos de angustia» (Sal 46:1).

Aprovechar toda oportunidad para hacer el bien. Si tuvieras que describir a esta mujer en una oración, dirías que una mujer piadosa «ha entregado todo su corazón a las buenas obras». Debemos, como alguien dijo una vez, «hacer el bien que podamos, por todos los medios posibles, en todas las formas factibles, en todos los lugares que se nos permita, en todo momento oportuno, a todas las personas posibles, por el tiempo que podamos».



Artículo Original: http://www.girltalkhome.com/blog/a-reputation-for-good-works

 

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