1.pngUN PEQUEÑO SERMÓN PARA UNA MAMÁ EN UN BABY SHOWER
Catherine McKay

Me he dado cuenta de que aprender a ser mamá ha sido a toda hora, día a día y año tras año un ejercicio de teología aplicada. La doctrina choca con la leche, los pañales, el sueño y la fatiga.

Un baby shower es un tiempo adecuado para comisionar a una futura mamá en la peculiar época de servicio a Jesús que está por comenzar. Recientemente, participamos del baby shower de una amiga muy especial de nuestra comunidad del Evangelio (grupo en casa). Pensé en compartir con la nueva mamá gran parte de mi mini sermón con exhortaciones para esta etapa. No es nada original, tan solo son cosas que yo misma necesitaba seguir recordándome. Imagínense estos apuntes como un collage de palabras.

Mamá, no es tu trabajo hacer feliz a tu bebé, sino que amarlo y servirlo por su bien. En ocasiones, esto provocará que tu bebé no esté feliz por un momento. Día a día y noche a noche, recuerda que nuestro objetivo final no es tener hijos felices y sanos, nuestra aspiración es que crezcan conociendo y amando a Jesús y que lleguen a ser como él. Tener esto claro marcará una enorme diferencia en cómo crías a tu hijo y en tu alegría como mamá. 

Descubrir cómo amar a esta nueva persona expondrá lo que realmente crees sobre Dios, sobre las personas y sobre lo que se trata la vida verdaderamente. Sin embargo, no solo te expone, sino que también te hace crecer. La maternidad nos da muchísimas oportunidades inesperadas para maravillarnos de Dios y para servir a Jesús. 

Cuando mires a tu insoportablemente hermoso bebé, verás un pequeño fragmento del infinitamente hermoso Dios en su pequeña y delicada criatura. Dios diseñó, creó y formó esa pequeña maravilla.

Cuando veas a tu bebé y veas un misterio que no puedes resolver o arreglar, maravíllate en el Dios que lo entiende todo y que nada lo frustra.

Mientras te sientas débil al ser incapaz de satisfacer todas las necesidades de tu bebé, deja que tu debilidad provoque que te maravilles en la fortaleza de Dios. Él sostiene toda la creación sin esfuerzo. 

Cuando cambies otro pañal sucio, da gracias a Dios por los complicados sistemas que están funcionando en tu bebé, diseñados por un creador generoso.

Si alguna vez llegas a preguntarte quién eres cuando tu rol cambia, no busques tu identidad en la maternidad ni en el escape de ella, sino que en Jesús.

Cuando sientas que no estás logrando nada, cuando cada vez que intentes terminar algo no puedas o te interrumpan, recuerda que nuestro Dios soberano está cumpliendo su plan para tus días y que esas interrupciones son parte de es plan. Sus planes nunca se frustran. 

Cuando sientas que no eres muy útil más allá de las paredes de tu hogar, recuerda que estás llevando a cabo las buenas obras que Jesús te ha dado por ahora. Nunca sabrás el maravilloso bien que él va a realizar por medio de tu desapercibida maternidad.

Cuando estés preparándole la comida al bebé, recuerda que Jesús comió comida de verdad y fue resucitado en un cuerpo real. Al descender del cielo para ser parte del mundo, él levantó al mundo. La comida que preparas hace crecer un cuerpo para servir a Jesús, desarrolla el cuerpo temporal que aloja una persona eterna.

En los momentos en que estés tan cansada que llegas a guardar la leche en la despensa, a poner el asado en el refrigerador y la ropa sucia en el baño, alaba al Dios que nunca se cansa y que nunca necesita dormir.

Cuando sientas la constancia que implica ser mamá, recuerda que este servicio constante es un buen terreno de entrenamiento para seguidores de Jesús. Tendrás la posibilidad de seguir de formas nuevas y muy concretas al Salvador que se sacrificó a sí mismo. Pasarás a darte a ti misma en amor sacrificial 24 horas al día durante años. 

Cuando necesites dormir y sientas como si faltaran diecisiete otras cosas por hacer, recuerda que Dios mantiene el mundo funcionando, Dios mantiene a tu familia, lo que significa que puedes dejar de trabajar y ponerte a descansar. El descanso es un acto de fe. Dios concede el sueño a sus amados (Sal 127-128).

Cuando sientas que ya no puedes concentrarte en el sermón o en el estudio bíblico, recuerda que Dios aún puede alimentarte en esos momentos de desconcentración. Él te está santificando en todas las cosas que rompen tu concentración.

Es mucho mejor detenerse, alimentarse de Dios y hablar con él diariamente que mantener los bancos limpios y la cama hecha todo el tiempo. Siempre habrá más trabajo que hacer, así que aléjate de eso por un momento. Si dejas de profundizar en Dios, morirás de hambre y te debilitarás en los años que vendrán. Si profundizas en él, lo difícil y lo normal pueden transformarse en algo enriquecedor y maravilloso. Los años que vienen pueden ser un tiempo de tremendo crecimiento. 

Cuando escuches una docena de opiniones contradictorias sobre un tema, busca matrimonios que amen a Jesús, que aún se lleven bien y cuyos sus hijos te agraden. Escucha el consejo que ellos te den; ignora los otros. Imita a aquellos que admiras y que quisieras ser como ellos. 

Recuerda que tú y tu marido están en el mismo equipo y esfuérzate por mantener ese equipo. Disfruta verlo crecer como padre y anímalo a ver los destellos de nuestro Padre Celestial en su paternidad.

En aquellos momentos en los que estés completamente feliz de ser mamá, detente y disfruta con acción de gracias. Es un don de Dios encontrar satisfacción en tu trabajo (no es un don del que podemos disfrutar todo tiempo). Sigue mirando más allá de esta luz y de la felicidad fugaz hacia el firme terreno del gozo en Jesús y de la esperanza de lo que aún está por venir. 

A medida que te encuentres con el pecado que no sabías que tenías, alaba a Dios por exponerlo y deja que te lleve rápidamente a la cruz. Descansa en la misericordia de Jesús. 

A medida que te encuentres con nuevas tentaciones en una nuevas situaciones, confía en la presencia fuerte y transformadora del Espíritu Santo en ti. Ora y apóyate firmemente en Dios. 

Cuando enfrentes situaciones con tu bebé que nunca hubieses planeado para tus hijos o tu familia, mira a nuestro Dios que siempre es fuerte y bueno, incluso en sus misteriosos caminos.

A medida que acoges y crías a tu bebé, recuerda que no lo estás haciendo sola. Nosotras queremos estar a tu lado, conociendo y amando a tu bebé junto a ti durante los años que vendrán. Estaremos orando para que tu bebé conozca las riquezas de Cristo, entre su pueblo, tanto en esta vida como en la eternidad.

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