1.jpgMEJOR QUE UN PLAN DE PARTO
Jenni Naselli

¿Tuviste una cesárea? Lo siento mucho. Quizás puedes intentar tener un parto natural la próxima vez. Mi doula es excelente, al igual que el centro de maternidad donde me atendieron. El año pasado tuve allí mi parto completamente natural en el agua. 

Estaba en un baby shower cuando escuché una conversación. Varias mamás estaban reunidas alrededor de una mujer que se encontraba meciendo a su bebé recién nacido con mejillas rosadas y rizos oscuros. 

La madre asintió con incertidumbre, «sí, creo que intentaré tener un parto natural la próxima vez». La vergüenza, la tristeza y la inseguridad estaban ocultas detrás de sus ojos cansados. 

Cuando se reúnen madres jóvenes, el parto es un punto natural de conexión. Estas conversaciones pueden ser entretenidas, fascinantes y, en ocasiones, aterradoras. Realmente disfruto las diversas historias de nacimientos, especialmente las de partos naturales. Alabo a Dios por los partos naturales de muchas de mis amigas. Me fascina leer o escuchar sus historias y me alegra que hayan sido capaces de dar a luz sin intervención médica, costo ni estrés innecesarios. Agradezco a Dios por proveer doulas, matronas y centros de maternidad natural para ayudar a las mujeres con el parto. 

Sin embargo, me preocupa escuchar a algunas mujeres evangelizando sobre el parto natural, y luego observar a mujeres dolidas porque no pueden experimentarlo. ¿Cuántas veces hemos hablado sobre «mi plan de parto» y de cuán importante es tener «un parto completamente natural»? Después de todo, el parto es natural, ¿no es así? «Quiero sentirme empoderada mientras doy a luz y mi plan me ayuda a conseguirlo».

Tal pensamiento, no obstante, puede ser autocompasivo y, al basarse solamente en la experiencia propia de parto, puede ser necio. El parto no se trata de la realización personal. Tener un parto natural no es otro ítem para tachar en tu lista de deseos, que está junto con correr una maratón. Enfatizar el parto natural en exceso puede tentar a madres jóvenes a verlo como la única opción para ser «verdaderas» mamás, mientras dan por sentado que las vidas de sus amigas más cercanas son la única manera de hacer las cosas.

Mi vida «antinatural»

Estoy viva gracias a cuatro cesáreas. Nací de urgencia por cesárea. Con nuestra primera hija, tuve un trabajo de parto sin éxito por más de veinte horas antes de ser sometida a una cesáreade emergencia cuando los latidos de mi bebé bajaron y mi fiebre aumentó. Me propuse «nuevamente intentar» un parto más natural, y nuestra segunda hija también nació por cesárea luego de 24 horas de trabajo de parto sin resultados. Nuestra tercera hija nació por cesárea programada luego de un embarazo de alto riesgo. 

Sin la opción de una cesárea, mi madre, mis tías, mis primos, mis hermanos, mis tres hijas y yo estaríamos muertos. Al igual que muchos de mis amigos.

Las cesáreas, y otras intervenciones médicas, son regalos de Dios para preservar la vida. Según el Centro para el Control de Enfermedades, antes del aumento de intervenciones médicas a comienzos del siglo XX, la «falta de progreso» en los partos a menudo se traducía en muertes dolorosas tanto para el bebé como para la madre. En países sin acceso a la medicina, el parto sigue siendo la principal causa de muerte para las mujeres. Sierra Leona, el país más peligroso para madres embarazadas, tiene una tasa de muerte materna de 1.300 por cada 100.000 nacimientos. En Estados Unidos, la tasa es de 14 por cada 100.000. 

El plan de parto de Dios

El nacimiento es una de las muchas oportunidades para aprender que «la mente del hombre planea su camino, pero el Señor dirige sus pasos» (Pr 16:9). Dios es soberano sobre la vida de nuestros hijos; nosotras no. ¡Oh, cuán difícil es para mí aprender eso! Los planes para el parto son, de hecho, herramientas útiles, pero unas que debemos sostener con flexibilidad, tal como todos los planes para nuestros hijos. 

Después de haber sufrido una pérdida, el Salmo 139 fue de gran consuelo, en especial los versículos 13 al 16. Pero luego, noté el final del verso 16: «tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos». Dios planeó cada uno de los días de la vida de nuestros hijos antes de ser concebidos. Sin duda él conoce un plan de parto que es más sabio que el nuestro. 

El parto que tuve de mi primera hija fue traumático. Ella estuvo bajo estrés por su fallido intento de nacer. Yo estaba bajo un gran estrés por un traumático trabajo de parto y una cesárea de urgencia que tuvieron que realizarme. No vi a mi hija ni la tomé en brazos durante las primeras horas de haber nacido. Se unió fuertemente a su papi mientras yo luchaba por sanar. Nada de eso era parte de mi plan. Me frustraban muchas de sus luchas durante su primera infancia y niñez. Fácilmente, podía relacionarlo a nuestra «falta de apego» o «trauma al nacer».

Pero Dios me está enseñando misericordiosamente que él es soberano sobre la vida de mi hija. Él escogió dirigir las circunstancias de su nacimiento, incluso las que fueron desafiantes. Sus ojos vieron su «embrión» mientras crecía dentro de mí y él tiene un mejor plan para ella que el yo puedo tener, con todos mis libros, opiniones y sistemas. 

Padres sin poder

No tenemos el control total sobre la vida de nuestros hijos. No podemos forzarlos a que mamen, a que duerman, a estar sanos ni a amar ni a confiar en Dios. El embarazo y el parto no son ejercicios de autoexpresión; sino más bien, algunas de las primeras oportunidades para confiar en Dios en el tiempo de la crianza. 

Cuando olvidamos que Dios está en control, y no nosotras, la comparación puede ser un juego mortal entre madres. Y tanto el embarazo como el parto son áreas fértiles de comparación. ¿Quién quedó embarazada primero? ¿Quién tuvo un niño? ¿Quién tuvo una niña? ¿Gemelos? ¿Quién ganó más o menos peso? ¿Quién llegó a término o tuvo un parto prematuro? ¿Quién tuvo un trabajo de parto más largo? ¿A quién le pusieron la epidural? ¿Quién tuvo un parto completamente natural? ¿Quién tuvo una cesárea? ¿Planeado o de emergencia? 

Estos son tópicos de conversación fascinantes, pero cuando lo convertimos en un juego de comparación, perdemos el enfoque de lo que realmente importa en esto: las dos obtuvimos un gran regalo de Dios al recibir un hijo recién nacido. Ambas deberíamos estar regocijándonos, la una por la otra. 

Dios sabe lo que necesitas

La tentación a comparar no termina cuando atravesamos la puerta del hospital. Continúa en las publicaciones de las redes sociales y en las conversaciones que se dan en las salas de lactancia. ¿Qué bebé está durmiendo más? ¿Quién amamanta mejor o no está amamantando en absoluto? ¿Quién gatea primero? ¿Quién habla primero? ¿Quién logra entrar a un equipo de fútbol? ¿Quién lee primero? ¿Quién educa a sus hijos en casa? ¿Quién va a una escuela particular? Estas comparaciones pueden revelar los ídolos de control, de amor propio y de ingratitud en nuestro corazón.

Dios nos ama mucho como para dejar que sigamos adorando a los ídolos de nuestro corazón. Él conoce nuestros corazones y sabe exactamente qué nos va a acercar más a él: debilidad y dependencia o adoración de agradecimiento. Él es un Padre amoroso y misericordioso que nos ama demasiado como para dejar que continuemos yendo tras la autosuficiencia o el control. Él envía a su Espíritu Santo para convencernos dulcemente de pecado y para hacer que volvamos a nuestra más grande necesidad: nuestra necesidad de él. El parto es solo otra herramienta que él puede escoger para conseguir eso.

Por lo tanto, ¿cómo deberías reaccionar la próxima vez que una de tus amigas tenga una cesárea? ¡Regocíjate con ella por el regalo de la vida! Reconfórtala en su inseguridad y adolorido cuerpo. Alaba a Dios junto a ella por preservar la vida a través de la cesárea. Y llévale cena.

A medida que contemplas tus propios planes de parto, recuerda que Dios los ama a ti y a tu bebé y sabe lo que más necesitan. Por su gracia, confía en que él ha planeado cada uno de los días de tu hijo y que está obrando para tu bien.

Sus planes para ti son mejores que tus propios planes y él los llevará a cabo. 

Jenni Naselli © 2016 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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A Jenni Naselli le encanta ser esposa, ama de casa y madre de tres hijas. Su esposo, Andy, enseña en Bethlehem College & Seminary.

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