1.png¿ES INCORRECTO QUE LAS PAREJAS CRISTIANAS CONVIVAN ANTES DEL MATRIMONIO?
Kristen Clark
 

Estábamos desesperadamente enamorados. Él quería casarse conmigo y yo quería ser su esposa. Él hizo la pregunta mientras el sol se ponía en una fría noche de octubre. Inmediatamente dije que sí y desde ese momento en adelante nos vimos mutuamente como futuros cónyuges. Se podía respirar el amor. 

Comenzamos a planear y a preparar nuestro futuro juntos. Conversamos sobre presupuestos, departamentos, registros civiles, colores para las toallas del baño y todo lo que vendría. Solo faltaban ocho meses para la boda.  ¿Acaso no tenía sentido irnos a vivir juntos ahora? ¿Por qué no adelantarnos en el juego y compartir antes los espacios en los que viviríamos? ¿No deberíamos probar vivir juntos antes del matrimonio?

Esas son preguntas comunes que hoy se hacen muchas parejas cristianas jóvenes. No es extraño, pues las películas modernas y los programas de televisión hacen que la popular idea de la convivencia sea más atractiva. Independientemente de la terminología, ahora el nombre del juego es «jugar a ser un matrimonio». 

«Según el diario USA Today, más de dos tercios de los matrimonios en los Estados Unidos dicen que vivieron juntos antes de casarse. La cantidad de hogares con parejas del sexo opuesto que no están casadas ha aumentado dramáticamente».

Esta tendencia va en aumento y parece que está atrayendo a muchos cristianos jóvenes. En vez de optar primero por el matrimonio, ahora las parejas quieren hacer una prueba de sus potenciales compañeros.

«Así como nadie compra un automóvil sin probarlo antes dando una vuelta, la mayoría de las personas (cerca de dos tercios de las parejas) ya no se casan hasta que hayan vivido con su posible pareja de vida» (Time.com).

Aun cuando la cultura nos ha dado a Zack y a mí suficientes «buenas» razones para irnos a vivir juntos antes del matrimonio, decidimos ir contra esta popular tendencia. Es más, aunque parezca una locura para algunas personas, ni siquiera la consideramos como una opción. En vez de adoptar las ideas «progresistas» de nuestra cultura, elegimos el diseño eterno de Dios y confiar en que su plan es mejor.

Como cristianas, no podemos basar nuestras decisiones en lo que es popular, en lo que es la tendencia o en lo que incluso es progresista. Nuestras decisiones deben estar cimentadas en la autoridad de algo mayor, algo eterno. Esa autoridad solo se encuentra en la Palabra de Dios. 

Por lo tanto, ¿deberían las parejas cristianas convivir antes del matrimonio? Según la Palabra de Dios, no deberíamos. A continuación, comparto tres razones para esto: 

1. Vivir juntos no considera el orden creado de Dios

La Biblia nunca dice «ustedes no deben vivir juntos antes del matrimonio», pero sí define claramente cómo es el matrimonio. Dios no creó a Adán y a Eva y luego dijo, «bueno, prueben viviendo juntos para ver si el matrimonio es una opción».

Desde el principio de los tiempos, Dios estableció intencionalmente la base para lo que debe ser el matrimonio. Él dijo, «por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Gn 2:24).

Es extremadamente importante notar la progresión en este versículo. En primer lugar, Dios dijo que el hombre debe dejar a su papá y a su mamá. Luego, él debe unirse a su esposa. Por último, se le dice al hombre que debe ser una sola carne (intimar sexualmente) con su esposa

Este versículo deja claro que vivir juntos viene de manera natural después del matrimonio. «Jugar a ser un matrimonio» es una imitación barata del diseño original de Dios para nosotros. Es como comer el pastel antes de la fiesta. Es rebelarse contra el propósito y el orden de Dios para el matrimonio. Necesitamos honrar el matrimonio de la misma manera en que Dios lo hace. En Hebreos 13:4 dice, «sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin deshonra, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios».

2. Dios nos ordena a huir de la tentación sexual

La mayoría de las parejas que conviven hacen más que solo compartir los gastos del arriendo. «El tiempo de prueba» normalmente incluye compartir el mismo dormitorio, la misma cama y, en última instancia, los cuerpos del otro. Es difícil evitar tener intimidad sexual cuando viven solos con alguien que les atrae tremendamente. 

Esa fue otra razón por la que Zack y yo elegimos no vivir juntos antes del matrimonio. Por supuesto, hubo fuertes deseos de «ser uno solo», pero tuvimos que atenuarlos con nuestro mayor deseo de honrar a Dios. Sabíamos que el sexo antes del matrimonio iba contra el buen diseño de Dios. 

Sabíamos que vivir juntos crearía grandes tentaciones para nosotros. Habría sido insensato de nuestra parte asumir que (al estar desesperadamente enamorados) podríamos vivir juntos por ocho meses y permanecer completa y totalmente puros. ¡Ni en broma!… no habríamos durado ni una semana. 

Como lo describe Jack Wellman, «sería casi imposible no ser tentado o desear a alguien en el corazón cuando deben compartir salas de estar, cocinas y baños juntos. Tarde o temprano habrá oportunidades para ver a alguien en una situación comprometedora, para ver a alguno parcialmente desnudo o incluso para compartir el baño al mismo tiempo».

En vez de poner a prueba nuestro «autocontrol», necesitamos considerar las sabias órdenes en la Palabra de Dios. Dios dice, «huyan de la fornicación» (1Co 6:18a). Asimismo dice, «que se abstengan de inmoralidad sexual; que cada uno de ustedes sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor» (1Ts 4:3-4).

Como cristianas, debemos confiar en la Palabra de Dios y decidir honrarlo al evitar situaciones comprometedoras.

3. Somos llamadas a abstenernos de toda apariencia de mal

En este punto, podrían pensar, «bien, estoy viviendo con mi novio, pero no estamos durmiendo juntos» o «¿por qué es incorrecto convivir si es que no somos sexualmente activos?».

Esas son buenísimas preguntas que hacer. La primera parte de mi respuesta incluiría revisar los puntos uno y dos de este artículo. Por último, si nos llamamos mujeres cristianas, necesitamos reflejar una vida que honra a Cristo al mundo que nos observa a nuestro alrededor. 

Aun cuando fuera posible para una pareja vivir juntos sin ser activos sexualmente, ¿se ve moralmente puro para nuestros vecinos? Cuando Janet y Bernardo (vecinos) observan a Sara y Bruno (convivientes) entrar juntos a la misma casa noche tras noche, ¿qué asumirán? Asumirán lo que es normal socialmente: que Sara y Bruno están durmiendo juntos y son sexualmente activos.

Como cristianas, no solo se nos ordena huir de la tentación maligna, también se nos ordena abstenernos de toda apariencia de mal. «Absténganse de toda forma (apariencia) de mal» (1Ts 5:22). ¿Por qué? Porque representamos a Cristo por medio de nuestra palabras, acciones y vidas. Somos llamadas a ser pequeños reflejos del carácter de Cristo al mundo perdido a nuestro alrededor. Para Zack y para mí, representar a Cristo fue mucho más importante que ahorrar un par de pesos en el arriendo. 

El plan de Dios para el matrimonio es mejor que la imitación barata de nuestra cultura. Aun cuando vivir juntos se está haciendo cada vez más popular en nuestra sociedad, en realidad, a la larga, ha demostrado ser menos beneficiosa para parejas. 

John Hill, el director de investigación de API dijo, «específicamente, las parejas que conviven antes del matrimonio tienden a estar más deprimidas, a ser más dependientes y son más propensas a creer que, en comparación con las parejas casadas que no convivieron, su relación va a terminar».

Vivir juntos podría parecer bueno al principio, pero rara vez termina en un matrimonio vibrante, comprometido y próspero. Así que, ¿valió la pena esperar hasta el matrimonio para Zack y para mí antes de irnos a vivir juntos? En pocas palabras, ¡absolutamente! Entrar en nuestro nuevo departamento por primera vez como marido y mujer fue emocionante. Armamos nuestro nuevo espacio juntos con la libertad y la alegría de saber que estábamos comprometidos permanentemente el uno con el otro. Nuestra disciplina antes del matrimonio avivó nuestro compromiso mutuo después del matrimonio.

No importan cuán progresistas o atractivas sean las ideas de nuestra cultura, siempre necesitamos mirar a nuestra fuente fiel de verdad. Vivir juntos antes del matrimonio no es el buen plan de Dios para las relaciones. Pongamos nuestra confianza en la Palabra eterna de Dios. Sus caminos siempre son para
nuestro bien y para su máxima gloria.
 

Este recurso fue publicado originalmente en el sitio Girl Defined. Usado con permiso.
Traducción: María José Ojeda
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