PlanGrande.jpgUNA PETICIÓN DE AÑO NUEVO: ¡PLANIFICA!
John Piper
 

La planificación y las necesidades físicas

Supón que se te viene a la mente la idea de construir una casa: te sientas, haces una lista de todos los materiales que necesitarás, y luego encargas que te los entreguen en el sitio de la construcción. Todo está apilado al centro del terreno, y al día siguiente, cuando todo se encuentra aún allí, la motoniveladora aparece para hacer la excavación necesaria. Los materiales se encuentran justo donde tendrá que excavar.

¿Por qué sucedió esto?

Por un error de planificación.

Sin una planificación rudimentaria, probablemente no tendrías qué comer al levantarte por la mañana. Y sin una planificación detallada, nadie podría construir una casa, ni mucho menos un rascacielos, un centro comercial o una ciudad. Si es valioso proveer un techo, alimento, vestuario y transporte, entonces es valioso planificar. Sólo nuestros impulsos más simples se llevan a cabo sin esa cuota de previsión que denominamos «plan».

La planificación y las necesidades espirituales

Todos sabemos esto y lo practicamos en relación con las necesidades físicas básicas de la vida. Damos ciertos pasos para asegurarnos de tener comida suficiente y vestimentas con las cuales abrigarnos. No obstante, ¿tomamos con la misma seriedad nuestras necesidades espirituales? ¿Hacemos un plan para maximizar nuestro ministerio aplicando la misma seriedad con que planificamos las otras áreas de la vida? 

Lo que quisiera hacer a continuación es intentar persuadirte de que, en este año que llega, dediques un espacio de tiempo semanal a planificar: planificar específicamente tu vida de oración, devoción y ministerio. La motoniveladora del Espíritu de Dios suele aparecer en el escenario de nuestros corazones lista para iniciar una gran obra de construcción, y se encuentra con que, debido a una pobre planificación, hay pilas de cosas desordenadas en su camino. No estamos listos para ella. 

La forma en que espero motivarte es dándote cuatro ejemplos de planificación provenientes de la Biblia. Primero, algunas ilustraciones de Proverbios; segundo, la planificación del apóstol Pablo; tercero, la planificación de Dios; y cuarto, la planificación de Jesús.

Ilustraciones de Proverbios

Proverbios 6:6-8: «Ve, mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos, y sé sabio. La cual sin tener jefe, ni oficial ni señor, prepara en el verano su alimento, y recoge en la cosecha su sustento».

La hormiga es un ejemplo no sólo porque trabaja duro, sino también porque planifica lo que viene. En el verano piensa en lo que necesitará durante el invierno, y esta previsión suple sus necesidades durante la estación fría.

Proverbios 14:15: «El simple todo lo cree, pero el prudente mira bien sus pasos».

La diferencia entre planificar y no hacerlo está en si miras a dónde irás en el futuro o si concentras toda tu atención en lo que se encuentra inmediatamente ante ti. Si no planificas, estarás a merced de quienes buscan aconsejarte que actúes bien ahora para ser feliz en el futuro.

Por lo tanto, «El simple todo lo cree, pero el prudente mira bien sus pasos». Este último considera los días que vienen y lo que traerán y piensa en cuál es la mejor forma de prepararse para ellos y usarlos para cumplir sus propósitos. 

Proverbios 15:22: «Sin consulta, los planes se frustran, pero con muchos consejeros, triunfan».

Aquí la sabiduría de planificar se da por sentada, y el escritor simplemente nos aconseja cómo hacer planes exitosos. Dice: No lleves tu independencia al extremo de creer que no necesitas consejo. Lee sobre la sabiduría de quienes han vivido antes que tú. Habla con personas experimentadas y sabias. Mira cómo otros hacen las cosas y aprende de sus errores y éxitos.

Proverbios 16:3: «Encomienda tus obras al Señor, y tus propósitos se afianzarán».

Una vez más, la planificación se da por sentada y la pregunta es: ¿Cómo podemos planificar de tal forma que lo que produzcamos tenga un valor perdurable y no se desvanezca de la noche a la mañana? Respuesta: Encomiéndalo al Señor. Es decir, busca siempre la guía y fortaleza del Señor en tu planificación. Confía en su sabiduría y no en la tuya. Entonces tus planes darán un fruto que permanecerá.

Proverbios 24:27: «Ordena tus labores de fuera, y tenlas listas para ti en el campo; y después edifica tu casa».

Probablemente esto significa que es importante poder autosustentarte usando la productividad del campo antes de establecer tu propio hogar. Quizás hoy podríamos decirle a un joven: Consigue un trabajo antes de casarte. O al menos planifica cómo vas a sustentar el nuevo hogar que establecerás. 

Proverbios 31:15-16: «También se levanta cuando aún es de noche, y da alimento a los de su casa, y tarea a sus doncellas. Evalúa un campo y lo compra; con sus ganancias planta una viña».

Aquí, el ama de casa ejemplar es una planificadora ejemplar en dos maneras: Se levanta temprano y asigna tareas a sus criadas. No puedes asignar tareas a tus criadas si no tienes un plan de lo que quieres conseguir ese día. En segundo lugar, ella evalúa un campo y lo compra. ¿Qué evalúa? Evalúa cómo se ajustará a la planificación del hogar.

Conclusión de los Proverbios: Una planificación cuidadosa es parte de lo que hace sabia y productiva a una persona. No planificar es considerado necio y peligroso. Esto es así aun cuando Proverbios nos enseña que no sabemos lo que puede traer el futuro. «La mente del hombre planea su camino, pero el Señor dirige sus pasos» (Proverbios 16:9). El hecho de que, en último término, el Señor controla el futuro, no significa que no debamos planificar. Significa que deberíamos encomendar nuestro trabajo al Señor y confiar en que Él establecerá nuestros planes según sus propósitos amorosos. 

La planificación del apóstol Pablo

Tomaremos sólo un ejemplo de la planificación de Pablo entre los muchos que podríamos extraer de los Hechos y sus cartas. Romanos 15:20-28 dice: 

De esta manera me esforcé en anunciar el evangelio, no donde Cristo era ya conocido, para no edificar sobre el fundamento de otro . . . pero ahora, no quedando ya más lugares para mí en estas regiones, y puesto que por muchos años he tenido un gran deseo de ir a vosotros, cuando vaya a España iré a vosotros. Porque espero veros al pasar y que me ayudéis a continuar hacia allá, después de que haya disfrutado un poco de vuestra compañía. Pero ahora voy a Jerusalén para el servicio de los santos . . . Así que cuando haya cumplido esto y les haya entregado esta ofrenda, iré a España llegando de paso a veros.

Este es un ejemplo típico de cómo el apóstol cumplió su misión, y creo que deberíamos aprender de él que planificar es esencial para un ministerio productivo. Y me refiero tanto a tu ministerio personal como al complejo organismo de los ministerios eclesiásticos. Pablo fue el plantador de iglesias más grande que alguna vez haya existido. En su vida, logró más por la extensión del reino de Cristo que cualquier otra persona. En consecuencia, creo que haríamos bien en tomar seriamente su método. Parte de su método era su planificación.

Él seguía una directriz general: quería predicar donde nadie lo hubiera hecho antes. Luego, desarrolló un plan específico a partir de esta directriz: llevaría la ofrenda a Jerusalén; a continuación iría a Roma para establecer una base occidental y, de allí, viajaría a España.

Lo que hace de esto algo especialmente importante es que, hasta donde sabemos, el plan fracasó. Pablo fue arrestado en Jerusalén. Fue a Roma como prisionero y probablemente jamás llegó a España. Es tal como vimos en Proverbios. Finalmente, es Dios quien hace el futuro. Sin embargo, planificamos. Dios usa nuestra planificación incluso si la anula.

Por ejemplo, si Pablo no hubiese planificado usar Roma como base de operaciones para viajar a España, probablemente jamás habría escrito la más grande carta que el mundo haya conocido: la carta a los Romanos. Planificar es crucial para la vida y el ministerio cristiano —aun cuando Dios invalide nuestra planificación—.

La planificación de Dios

La razón de fondo por la cual debemos planificar es que Dios es un Dios que planifica y hemos sido creados a su imagen para ejercer dominio en la tierra bajo su señorío.

No creo que sea siquiera posible concebir un Dios que no actúe de acuerdo a su propia planificación eterna —es decir, un Dios que responda instintivamente a estímulos en vez de llevar a cabo acciones deliberadas que se ajusten a un propósito sabio—.

Isaías 46:9-10: «…yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré».

Efesios 1:9-10: «…nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según el beneplácito que se propuso en Él, con miras a una buena administración en el cumplimiento de los tiempos, es decir, de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra».

Hechos 2:23: «…a éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios…». 

Puesto que Dios es un Dios que hace todas las cosas de acuerdo a un plan, nos corresponde acercarnos a las cosas más importantes de la vida con previsión y planificación —no en forma azarosa—.

La planificación de Jesús

Jesús tenía una misión que cumplir, y la concluyó con previsión y planificación.

Cuando se madre le instó a hacer un milagro en la boda de Caná, dijo: «Todavía no ha llegado mi hora» (Juan 2:4). Había una hora planificada y designada para que se revelara su poder. Él se ceñiría al plan. Lucas 9:51 dice: «Y sucedió que cuando se cumplían los días de su ascensión, Él, con determinación, afirmó su rostro para ir a Jerusalén». Él sabía que el plan implicaba morir en Jerusalén y no se apartó de él.

Sin embargo, no fue llevado contra su voluntad. El plan del Padre era también su plan. En Juan 10:18, dijo: «Nadie me  . . . quita [la vida], sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre».

CONCLUSIÓN: 

Muy específicamente, la petición que te hago al acercarse un nuevo año es que dediques un tiempo a planificar las cosas más importantes de tu vida. 

Planifica las cosas más importantes de tu vida

Planifica cómo usarás el tiempo con tu cónyuge para profundizar y fortalecer la relación. Planifica cómo usarás el tiempo en que jugarás con tus hijos y los educarás. Planifica cómo llevarás a cabo la cantidad de ejercicio que necesitas para mantenerte saludable. Planifica cómo dormirás la cantidad de tiempo suficiente. Planifica la cantidad de alimento que debes comer y la manera en que te limitarás. Planifica tus vacaciones para que te otorguen un verdadero descanso y renovación espiritual.

Y lo más importante, haz planes para que la oración y la meditación en la Palabra sean partes significativas de tu vida. Sin un plan, estas importantísimas cosas siempre perderán su lugar ante las presiones urgentes. 

Haz que planificar sea un elemento regular de tu vida 

Sin embargo, el solo hecho de planificar algo esta noche o mañana no funcionará. Planificar debe ser parte regular de tu vida. Mi expectativa es que el personal de la iglesia que pastoreo dedique mensualmente un día entero a salir de la oficina con el único fin de orar y planificar su ministerio. Esto se agrega al tiempo que espero que todos tomemos semanalmente para planificar el trabajo de la semana.

Así que la petición que te hago es que cada semana dediques tiempo a planificar, y especialmente a planificar tu vida de oración y estudio bíblico. Por ejemplo, puesto que el domingo es el primer día de la semana (¡no el último del fin de semana!), toma diez o quince minutos para pensar cuándo orarás y qué estudiarás durante la semana. Piensa en cómo Dios podría querer usarte esa semana de una manera especial. Planifica los mensajes que debes escribir, los versículos que quieres enseñar a tus hijos, la visita que quieres hacer, el libro que quieres leer, el vecino con el cual quieres hablar, etc.

Los Proverbios nos enseñan a planificar; el más grande misionero que haya vivido fue un planificador; Dios es un Dios que hace todo de acuerdo a un plan; y Jesús afirmó su rostro para ir a Jerusalén por causa del más amoroso plan alguna vez concebido.

Él hizo planes para nuestro gozo, y nosotros deberíamos planificar para su gloria.
 

John Piper.
 

©2015 Desiring God Foundation. Sitio web: desiringGod.org
Usado con permiso.
Traducción: Cristian Morán
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