10.jpgUNA PEQUEÑA FE EN LA NOCHE
Paul Tripp

Quisiera que consideres un principio: la fe te convierte en un lienzo sobre el cual el Redentor puede pintar la belleza de su gracia

¿Qué crees que significa este principio? ¿Cómo se aplica a las situaciones, ubicaciones y relaciones de tu vida diaria?

Tómate un momento y medita en estas preguntas y cuando estés listo, toma tu Biblia y lee Juan 3:1-21.

Los antecedentes

En la mayoría de las narraciones de los evangelios, los fariseos son identificados como un grupo de personas, pero en Juan 3 se nos presenta a un fariseo en específico por su nombre: Nicodemo. 

Nicodemo era miembro del concilio legal gobernante, el Sanedrín, que en esencia era la Corte Suprema del pueblo judío. El Sanedrín se oponía con virulencia a Jesús y a sus afirmaciones mesiánicas, y repetidas veces intentaron atraparlo al hacerle preguntas y al exponerlo públicamente como un fraude.  

En un injusto fallo final, el Sanedrín arrestó a Jesús, lo sometió a un juicio simulado, lo condenó por blasfemia y luego lo entregó a las autoridades romanas para que lo crucificaran. 

Al ser ese el caso, tiene sentido que Nicodemo, como miembro de ese Sanedrín, se acercara a Jesús bajo la oscuridad del anochecer. Este encuentro fue increíblemente arriesgado (quién sabe qué le habría pasado a Nicodemo si sus colegas se hubieran enterado de que uno de los suyos estaba  convencido de que Jesús provenía de Dios, a tal punto que lo buscó para que respondiera sus preguntas).

Tiene sentido que Nicodemo tuviera miedo, pero él tenía pequeñas semillas de fe plantadas en su corazón. A medida que comenzaban a brotar, esas semillas de fe provocaron que Nicodemo tomara de noche ese camino para reunirse con el Mesías el cual le cambiaría la vida. La conversación que tuvieron resultaría en las palabras más memorables que jamás se hayan pronunciado. 

Una pequeña fe

¿Acaso no es un consuelo saber que Cristo no nos exige que tengamos una fe grande y fuerte? Al contrario, en su gracia perdonadora y comprensiva, él nos acepta como somos, con una fe minúscula, débil y llena de dudas. 

El nunca se burla de nuestras tambaleantes rodillas y temblorosas manos. Él nunca nos da la espalda cuando el miedo se mezcla con la fe en nuestros corazones. La historia de Nicodemo demuestra que Jesús no nos pide marchar hacia él a plena luz del día. No, ¡él nos recibe alegremente cuando nos acercamos a él bajo la oscuridad! 

Nuestro Señor es así de tierno, así de paciente y así de amable. Él sabe que los misterios de la redención nos desconciertan y nos confunden. Él reconoce que las verdades que él nos revela sobre sí mismo son ilógicas para nosotros. Él entiende que las cosas que él nos llama a hacer son intimidantes para nosotros. 

Con compasión y empatía, él nos invita misericordiosamente a venir como somos y nos promete que cuando lo hagamos, él no nos apartará. 

La famosa conversación

Como leíste en Juan 3, es sorprendente darse cuenta de que Jesús no cuestiona el tiempo, la motivación o la forma en que Nicodemo se acerca a él. No lo reprende por venir escondido de noche. Él lo recibe sin juicio y tiene una disposición inmediata para responder sus preguntas.

También es importante notar que mientras la primera pregunta de Nicodemo tiene que ver con la verdadera identidad de Jesús, Jesús responde al confrontarlo con el problema crucial de la eternidad en ese momento. En su gracia, a Jesús le preocupaba más el estado espiritual de este hombre que defender sus afirmaciones mesiánicas. 

En los momentos que siguen, Cristo le revela los misterios del nuevo nacimiento y la esencialidad de su inminente sacrificio a este temeroso y tambaleante miembro del Sanedrín lleno de fe. Hay un enfoque implacable en esta conversación, porque el Redentor le está hablando a un hombre que tiene una necesidad desesperada de redención. 

Puedes deducir por las respuestas de Nicodemo que ¡Jesús llevó a su mente a lugares que nunca había ido antes! Jesús le está revelando al corazón de este hombre lo que solo Dios puede darnos a conocer.

Este es un concepto importante que hay que entender: necesitamos gracia divina para comprender los misterios de la gracia divina y nuestra necesidad de ella. Tú y yo no corremos a la gracia divina ni descansamos en ella porque tengamos fe. No, tenemos fe porque la gracia divina ha venido a nuestro encuentro.

La gracia divina llevó a Nicodemo hacia Jesús. Él escucha las palabras de Jesús debido a la gracia divina. Por la gracia divina, él aceptará lo que ha escuchado. 

La narración completa de Juan 3 no está dirigida por la determinación de Nicodemo, ¡sino que por el poder y la gloria de la gracia divina transformadora, inclusiva, perdonadora, reveladora y rescatadora! 

Un lienzo elegido

Quisiera volver al principio que consideramos al comienzo de esta historia: la fe te convierte en un lienzo sobre el cual el Redentor puede pintar la belleza de su gracia.

Nicodemo no tenía idea de lo que estaba pasando a través de él en este momento de la historia. Él había sido elegido para estar con Jesús en esa noche que cambiaría su vida, no solo porque él necesitaba recibir personalmente la gracia que cambia el corazón y que revela la verdad, sino que también él había sido elegido para ser un instrumento de esa gracia en las vidas de una compañía incalculable de creyentes a través de los tiempos.

Nicodemo no tenía la menor idea, pero ¡él había sido elegido para ser el lienzo en el que Jesús pintaría uno de los retratos de su gracia redentora más famosos en toda la Escritura! 

Escondido bajo la oscuridad de esa noche que cambiaría al mundo, Nicodemo era más que solo un buscador de la verdad y un recipiente de gracia. Puesto que era todo eso, también se convirtió en un lienzo. Y en ese lienzo del corazón de Nicodemo, impulsado por temerosas pequeñas semillas que estaban brotando, Jesús pintaría los gloriosos colores de su obra de redención. 

Con las habilidades de un artista divino, Cristo tomó su pincel y pintó, «porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Jn 3:16). 

¡Qué retrato más deslumbrante de la completa narración de la redención! 

Los colores de la redención

Soy pintor de afición, y los pintores tienden a tener una paleta de colores con la que trabajan regularmente. Por lo tanto, consideremos la paleta de colores de Juan 3:16 que Jesús usó para pintar la historia de su obra redentora para que todos los creyentes la vean. 

¿Cuáles son los «colores» primarios de la gracia de la redención? Sobresalen cuatro: 

1. El color del amor

«Porque de tal manera amó Dios al mundo…». 

Estas pueden ser las palabras más maravillosas que jamás se hayan escrito. Dios no mira a su mundo caído y quebrado, poblado con personas que se rebelan contra su autoridad, con repugnancia, sino que con amor. 

Sin este amor, no habría una historia de redención. Sin este amor, la humanidad no habría tenido esperanza. Sin este amor, no habría habido encarnación, crucifixión, resurrección ni intercesión diaria por nosotros. 

Tú y yo tenemos vida porque la respuesta de Dios hacia a nosotros está coloreada de amor. 

2. El color de la generosidad

«… que dio...» 

La esperanza y el cambio nunca comienzan en nosotros, sino en lo que estas palabras capturan. La esperanza y el cambio comienzan con la generosidad ilimitada de Dios hacia personas que en realidad merecen su ira. 

Fue su generosidad lo que envió a Jesús a un establo, a caminar por las calles de Palestina, para predicar las buenas noticias con sabiduría y poder, para soportar voluntariamente la cruz, para salir de la tumba y ascender a su diestra. 

Cada día tú y yo vivimos en la bendición de tener vidas que están coloreadas por la generosidad del Señor.

3. El color del sacrificio

«... a su Hijo unigénito...»

Considera lo que estas palabras significan. Dios no envió a su Hijo para establecer un reino terrenal lujoso. No, él lo envió por un propósito: ser el Cordero sacrificial. Sin su vida perfecta y sin su sacrificio perfecto, no habría perdón de pecados ni la aceptación de Dios. 

La cruz siempre estuvo en el futuro de Jesús. Dios no solo sacrificó a su Hijo al enviarlo a la tierra, sino que también al enviarlo a la tierra para ser el sacrificio que satisfaría por siempre su ira contra el pecado. 

Somos los hijos de Dios porque el lienzo de la redención está coloreado con la sangre de Jesús.

4. El color de la vida

«… para que todo aquel que cree en él, no se pierda, sino que tenga vida eterna.»

¿Cuál es la consecuencia del amor sin límite, de la generosidad incalculable y del sacrificio voluntario del Señor? Vida. ¡Vida eterna! 

El pecado nos deja muertos en nuestros caminos y nos separa del único para quien fuimos creados. Es la tragedia de tragedias de la que no somos capaces de salir por nosotros mismos. Todos tenemos la desesperada necesidad de una intervención divina porque no hay nada que podamos hacer para ganar o merecer la vida. 

No obstante, debido al amor, a la generosidad de Dios y al sacrificio del Hijo, la muerte ha sido vencida y se nos ha regalado la vida eterna a todos los que creemos. El color final para pintar el lienzo de la redención es el hermoso color de la vida eterna. 

¡Qué pintura más maravillosa, pintada en el lienzo de Nicodemo! 

¿Quién es el héroe?

Es tentador para nosotros alabar a Nicodemo como el héroe de esta historia, y en cierta manera, él debe servir de ejemplo para nosotros. Él puso en riesgo su reputación (y potencialmente mucho más), yendo temerosamente hacia el Mesías teniendo solo pequeñas semillas de fe que estaban brotando. Al hacer eso, él se convirtió en el lienzo para uno de los retratos de la redención más conocidos del Nuevo Testamento.

Sin embargo, como es el propósito de cada historia de fe de la Escritura, Dios es el verdadero héroe. Él es tan generoso y glorioso en su gracia que él hace con aquellos que lo buscan cosas mucho más grandes de lo que podrían pedir o imaginar. 

Nicodemo se acercó bajo la oscuridad de la noche, pero su nombre (y más importante aún, las palabras que escuchó) brillan como una luz resplandeciente a lo largo de las generaciones de todos los que creen.

¿No es maravilloso lo que Dios puede hacer con una pequeña fe en la noche? 

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Este recurso proviene de Paul Tripp Ministries. Si deseas recursos adicionales, visita www.paultripp.com. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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El Dr. Paul David Tripp es pastor, conferencista internacional y autor de libros éxito de ventas y ganadores de premios. Es el director de Paul Tripp Ministries. Con más de 30 libros y series en video, la pasión que mueve a Paul es conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana.


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