16.pngUN PADRE DIGNO DE IMITAR
David Schrock

Lee la Biblia. Ora. Repite.

Anda a la iglesia. Habla sobre Dios en el camino. Repite.

Siembra la semilla. Ora por el fruto. Confía en el Señor. Espera. Repite.

Repite. Repite. Repite.

Para los padres que se toman en serio el llamado de pastorear a su familia, la repetición que este llamado trae consigo puede, si no se es cuidadoso, provocar la pérdida del gozo y de la fortaleza a lo largo del tiempo. No importa cuánta gracia veamos en el Evangelio, cada padre está sujeto a la fatiga espiritual. 

Por esta razón, necesitamos promesas y testimonios de gracia frescos que nos alentarán en medio de nuestras labores paternales. Una de esas historia es la de James Paton, el padre del misionero del siglo XIX, John Paton. 

El verdadero legado de un padre
Desde su conversión a los diecisiete años, James Paton guió a su familia para adorar a Dios. Personalmente, él se hizo el hábito de orar y de leer la Biblia individualmente; por otro lado, en su familia, él guió a sus hijos fielmente a conocer y a adorar la gracia y la verdad de Dios.

En sí misma, la vida de James Paton no es digna de atención, pues él era un artesano escocés pobre. En la actualidad, no vas a encontrar registros de él en Wikipedia, pero en fidelidad a Dios, él muestra el legado perdurable que un padre puede estampar en sus hijos. 

James fue el padre de once niños. Uno de ellos, John, se convirtió en un misionero arriesgado que fue a las islas canibalescas de las Nuevas Hébridas. Y por medio de ese ministerio, el 94 % de la población de Vanuatu (como se llaman ahora) es cristiana, siendo los presbiterianos la denominación más grande (el fruto del trabajo de John).   

En su biografía de John Paton, John Piper destaca la enorme influencia que James tuvo en sus hijos. Al elogiar a este fiel padre, observamos tres patrones fructíferos de su larga vida. Que estos patrones motiven a los padres a no cansarse de sembrar las semillas del Evangelio.

Adora a Jesús en casa
En primer lugar, la vida de James Paton gira entorno a la lectura de la Biblia y a la oración. John recuerda cómo en el centro de su hogar, su padre tenía regularmente una comunión con Dios en una «pequeña habitación». 

La «pequeña habitación» era un lugar muy pequeño… tenía espacio solo para una cama, una mesita y una silla, y había una diminuta ventana por donde entraba luz… iluminaba la escena. Este era el santuario del hogar. … Muchas veces al día, generalmente después de cada comida, vimos que nuestro padre se retiraba y «cerraba la puerta»; y nosotros, los niños, entendíamos por un cierto instinto espiritual… que las oraciones por nosotros estaban siendo vertidas ahí, como lo hacía en la antigüedad el Sumo Sacerdote detrás del velo en el Lugar Santísimo (Autobiography [Autobiografía], 7-8). 

De esto se trata la adoración privada, retirarse de las preocupaciones del mundo para entrar conscientemente a la presencia de Dios (intercediendo por otros y alimentándose de la fidelidad de Dios por medio de la ingesta de su Palabra). Dios responde ese tipo de oración privada y los niños la observan, como testifica John, «aún puedo escuchar los ecos de esos clamores a Dios, que hacían retroceder toda duda con el llamado victorioso, “él anduvo con Dios, ¿por qué yo no?”» (8). 

Padres, ¿oramos así por nuestros hijos? ¿Somos modelos de adoración personal para ellos? Aunque no podemos manipular los resultados, esa comunión ferviente con Dios deja una impresión imborrable en nuestros hijos. 

Haz de la adoración comunitaria algo importante
En segundo lugar, John Paton recordó cómo su padre asistía a su iglesia presbiteriana reformada. El edificio de la iglesia se encontraba a unos seis kilómetros de nuestro hogar, pero en cuarenta años, James solo faltó a tres servicios: «una vez debido a la nieve; en otra oportunidad debido al hielo; por último, debido a un brote de cólera» (15). 

Podríamos pensar que tan larga caminata habría sido motivo de queja de parte de los niños; sin embargo, tenía el efecto contrario: «cada uno de nosotros, desde el principio, no considerábamos un castigo, si no que una gran alegría, acompañar a nuestro padre a la iglesia; los casi seis kilómetros eran un premio para nuestros jóvenes espíritus, la compañía a lo largo del camino era una incitación fresca» (15-16). James Paton hizo que ir a la iglesia fuera un gozo. 

Padres, ¿cultivamos el gozo de ir a la iglesia? Cerremos bien nuestros labios antes de quejarnos de la iglesia de Dios con nuestros hijos. Regocijémonos abierta y estratégicamente en la gracia de Dios quien nos permite reunirnos con los santos.

Toma el liderazgo de enseñarles a tus hijos
En tercer lugar, James Paton empleó el Día del Señor para instruir a sus hijos. John recuerda, «tuvimos… lecturas bíblicas especiales en la tardes del Día del Señor: nuestra madre, nosotros los niños y las visitas tomábamos turnos para leer. Habían preguntas, respuestas y exposiciones frescas e interesantes, todas con la intención de impresionarnos con la gracia infinita de un Dios de amor y de misericordia en el gran regalo de su amado Hijo Jesús, nuestro Salvador» (16). 

James también instruyó en la fe a sus hijos, buscando inculcar en sus corazones un amor por la verdad del Evangelio. Y la vida de John dio testimonio del fruto de su esfuerzo. Él escribe sobre cómo estas primeras lecciones se desarrollaron en el tiempo y cómo él nunca «soñó una vez en desear haber sido entrenado de otra manera». James Paton hizo más que llevar a su familia a la iglesia; él llevó a su familia a conocer al Dios de la Biblia.

Padres, ¿instruimos a nuestros hijos o la enseñanza recae en nuestras esposas? Cuando estamos ocupados durante la semana, ¿cómo usamos las tardes y los fin de semanas espiritualmente? Que nosotros que somos las cabezas espirituales nos esforcemos por enseñarles el Evangelio a nuestros hijos. 

Contempla su vida, imita su fe
La noble tarea de la paternidad está llena de tentaciones. Y una de las tentaciones más grandes es pensar que nuestros buenos esfuerzos son en vano. Con una visión corta, nosotros, los padres, podemos ser tentados a darnos por vencidos. 

La Escritura dice lo contrario, como también lo hace la historia de la iglesia. Cuando sembramos la semilla del Evangelio en las vidas de nuestros hijos, no sabemos qué va a producir, pero en el testimonio de la Escritura (Is 55:10-11) y en el estímulo de los ejemplos, sabemos que no volverá vacía. 

Padres, esforcémonos para ser como James Paton y que Dios se complazca en levantar hijos como John Paton, quien reclamó naciones para Cristo. 


David Schrock © 2014 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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David Schrock es pastor de predicación y teología en Occoquan Bible Church en Woodbridge, Virginia y profesor adjunto de Teología Sistemática en el Seminario Teológico de Indianapolis, en Boyce College y en el The Southern Baptist Theological Seminary. Anteriormente, fue editor asistente de Journal for Biblical Manhood and Womanhood [Revista de masculinidad y femineidad bíblica]. Es esposo de Wendy y padre de tres niños llenos de energía.



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