11.pngSOLTERÍA, ATRACCIÓN HACIA EL MISMO SEXO Y LA IGLESIA - PARTE III
Christopher Yuan, Sam Allberry y Rosaria Butterfield 

Nota del editor: Este artículo es una conversación vía correo electrónico que tuvieron Sam Allberry, Rosaria Butterfield y Christopher Yuan, y que fue impulsada por 9Marks. En ella se responden algunas preguntas sobre la soltería, la atracción hacia personas del mismo sexo y la iglesia. Aquí encuentras la tercera de cuatro conversaciones. 

¿Cómo crees que la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo [en diferentes partes del mundo] ha afectado de manera general el pastoreo a los solteros? 

Allberry: Ha reforzado más la idea de que una vida sin una satisfacción sexual en realidad no vale la pena. Mucha de la retórica detrás de la presión por el matrimonio entre personas del mismo sexo tiene que ver con cuán injusto es que algunas personas no puedan llamar a sus formas escogidas de intimidad «matrimonio» y cómo esto es una forma intolerable de vida para ellos. Por lo tanto, la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo ha aumentado más la distancia entre cómo nuestra cultura entiende el sexo y el matrimonio (en particular, su relación con el florecimiento humano y la cosmovisión bíblica). Los solteros ahora están hechos para sentirse aún más raros en nuestra cultura, al menos si es que permanecen en celibato. Desafortunadamente, esto subraya la idea preponderante de que la única intimidad real que importa es, en última instancia, la sexual. 

Yuan: La legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo ha provocado que pastorear solteros sea más difícil en el sentido que normaliza, sentimentaliza e incluso celebra algo que Dios no hace: concretamente, las relaciones entre personas del mismo sexo. Dicho eso, sí creo en un Dios que es completa y totalmente soberano sobre todas las cosas. Lo que Dios dice en su Palabra es cierto, específicamente en Génesis 50:20, «Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió en bien…». Incluso en el pecado, la rebelión y la perdición de la humanidad, Dios aún es soberano. Por lo tanto, aunque el mundo normalice, sentimentalice e incluso celebre algo que Dios no hace, las personas están más dispuestas a hablar sobre sus luchas personales con el pecado sexual; y esto abre una puerta. 

¿En qué sentido? Para que la iglesia no solo hable sobre sexualidad desde el púlpito de manera pastoral y compasiva (por ejemplo, no solo tratando esto como un mero tema ético, sino que más importantemente como una oportunidad pastoral) y entre nosotros con gracia y verdad (Jn 1:14), sino que también para que puedan hablar de sus propias luchas, ya sea con la pornografía, con los deseos por alguien que no es su cónyuge, con la tendencia hacia la idolatría relacional (lo que denomino codependencia) y/o con la atracción hacia personas del mismo sexo. Esta es una oportunidad para que la iglesia hable sobre esto y sea capaz de comenzar a orar unos por otros, rindiéndonos cuentas unos con otros y, por consiguiente, buscando vivir juntos santamente en comunidad. Creo que el mejor lugar para trabajar estos temas de sexualidad no es el mundo, sino que el cuerpo de Cristo. La iglesia debe ser el lugar más seguro en el mundo; sin embargo, ¿lo es? 

La legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo ha elevado al matrimonio como uno de los «mayores ideales de amor». Esto es precisamente lo que encontrarás en los últimos párrafos de gran parte de las opiniones escritas por el juez de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos Anthony Kennedy. Rosaria y yo escribimos una respuesta a sus escritos llamada, «Algo mayor que el matrimonio». En él argumentamos que el matrimonio no es el mayor ideal de amor; Dios lo es. Necesitamos ayudar a las personas a que no idolatren el buen regalo de Dios del matrimonio, sino que adoren solo a Dios. La fuente principal de nuestro contentamiento y gozo no debe estar en otra persona como nuestro cónyuge o nuestro novio o novia; debe estar solo en Jesucristo. 

Butterfield: Sí, la ha dificultado, porque la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo ha hecho que el concepto de orientación sexual sea un derecho civil. La orientación sexual comenzó como una categoría inventada en el siglo XIX que rechazaba la idea de que las personas eran creadas a la imagen de Dios y en cambio categorizaban a las personas basadas en sus diferentes objetos de deseo sexual. Esto importa porque los cristianos necesitan mortificar el pecado individual mientras que al mismo tiempo deben estar conscientes de cómo el pecado está enraizado en la cultura. 

En el siglo XX, la orientación sexual se transformó en un ídolo de autonomía sexual. En este siglo, se transformó en un derecho civil. El Evangelio tiene un curso que colisiona con la orientación sexual como una categoría de condición de persona; esta es precisamente la razón por la que la categoría de «cristianismo gay», célibe o no, no es bíblica y es inútil. No hay forma de ser un «amigable con los buscadores» en este clima sin falsificar la ética sexual bíblica. 

No obstante, el amor de Cristo que la iglesia debe enseñar hoy es amor real: el amor expiatorio, el amor sangriento de Jesús, quien conoce mejor a su pueblo y quien más lo ama. Debemos proclamar que el arrepentimiento del pecado es el umbral para Dios; que el arrepentimiento de los pecados le da gloria a Dios; que el arrepentimiento de los pecados refresca y restaura al creyente. 

La cultura del matrimonio entre personas del mismo sexo hace que la orientación sexual sea una excusa para el pecado, una invitación a evitar la sangre de Cristo. Para hacer frente a esto, la iglesia debe mostrar que no hay vergüenza en arrepentirse y que, al contrario, una vida de arrepentimiento y de humilde sumisión a Dios es en realidad la mejor barrera para la vergüenza, pues todo aquel que se arrepiente y cree es revestido de justicia, permanece en la sangre de Cristo y es llamado hijo e hija del Rey. Esto es verdad aun cuando luchamos con el pecado. La marca de un creyente es la unión con Cristo mientras luchamos con el pecado, incluso el pecado que nunca elegimos cometer en primer lugar.

Otros recursos relacionados:

Christopher Yuan, Sam Allberry y Rosaria Butterfield – Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte I

Christopher Yuan, Sam Allberry y Rosaria Butterfield – Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte II 

Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks. | Traducción: María José Ojeda

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Christopher Yuan
es conferencista (
www.christopheryuan.com) y autor junto a su madre de Ya no vivo yo: La travesía de un hijo homosexual a Dios. La búsqueda de esperanza de una madre quebrantada (Casa Creación, 2015). Se graduó del Instituto Bíblico Moody, tiene un Magíster en Exégesis Bíblica que lo obtuvo en Wheaton College Graduate School y un Doctorado en Ministerio del Seminario Bethel en Minnesota. Christopher también es profesor adjunto de Biblia en el Instituto Bíblico Moody.

 

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Rosaria Butterfield
es ex profesora titular de inglés de Syracuse University y autora de The Secret Thoughts of an Unlikely Convert [Los pensamientos secretos de una conversa improbable] (Crown & Covenant, 2012)  y Openness Unhindered: Further Thoughts of an Unlikely Convert on Sexual Identity and Union with Christ [Apertura libre: más pensamientos de una conversa improbable sobre la identidad sexual y la unión con Cristo] (Crown & Covenant, 2015).

 

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Sam Allberry
es uno de los pastores de la iglesia anglicana St Mary's en Maidenhead, Reino Unido. También es autor del libro
Is God Anti-Gay? [¿Está Dios contra los homosexuales?]. Puedes encontrarlo en Twitter como @SamAllberry.

 


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