sermones_g.jpgSERMONES QUE CAMBIAN VIDAS
Paul Tripp
 

Es muy probable que lo que estoy a punto de escribir me va a traer problemas: estoy profundamente convencido de que existe demasiada mediocridad en la iglesia de Jesucristo con respecto a la preparación y la exposición de los sermones por parte de los pastores.

Estoy cansado de escuchar sermones teológicos mal preparados y aburridos expuestos por pastores sin inspiración, que leen sus manuscritos, repiten mecánicamente sus comentarios exegéticos favoritos, editan sermones de sus predicadores predilectos o arreglan los apuntes de una de sus clases del seminario.

Ya, lo dije. Ahora necesito desglosarlo.

Quisiera observar cinco áreas de la predicación: la importancia, la preparación, la exposición, la originalidad y el asombro.

1. LA IMPORTANCIA DE LA PREDICACIÓN

Cada servicio es una batalla por ganar los corazones de las personas que se reúnen dominicalmente; en otras palabras, ¿serán los corazones de esas personas capturados por la gloria única de Dios o serán distraídos por las tentaciones, miedos y dificultades del mundo caído?

Las personas que me están escuchando en el servicio son:

  • Chicos adolescentes que están ansiosos por volver a sus casas para jugar un nuevo nivel de su juego favorito de Xbox

  • Chicas adolescentes que son tentadas a usar sus cuerpos para llamar la atención de los chicos adolescentes que están mucho más pendientes de la Xbox

  • Padres desanimados, frustrados o furiosos; hartos de la rebelión de sus hijos

  • Hombres jóvenes que tienen sus mentes puestas en el éxito financiero; que harían lo que fuera para alcanzarlo

  • Mujeres solteras que piensan que esos jóvenes les pueden entregar la felicidad que han estado buscando

  • Parejas que se han dado cuenta de que el matrimonio no es el sueño de películas que alguna vez pensaron y ahora están atascados en una relación de apariencia carente de amor

  • Cristianos materialistas que están más entusiasmados con sus próximas vacaciones que con el ministerio de su iglesia local

  • Cristianos que recientemente han sufrido una pena, un dolor o una pérdida devastadora

  • Cristianos deprimidos que están distraídos con la soledad, la desesperación y la desesperanza

Como predicador en ese servicio, quisiera poner todo de mí para que Dios me use para capturar los corazones de esas personas con la gloria rescatadora de la gracia de Dios, con la gloria que entrega el conocimiento que proviene de la sabiduría de Dios, con la gloria esperanzadora de su amor, con la gloria fortalecedora de su presencia, con la gloria que da descanso en su soberanía y con la gloria salvadora de su Hijo.

¡Vaya, qué llamado!

Como pastores, tenemos que batallar por la santificación de la predicación, porque nadie más lo va a hacer por nosotros. Debemos exigir que el horario de nuestro trabajo nos permita tener el tiempo necesario para preparar bien los sermones. No podemos ponernos estándares bajos a nosotros ni tampoco a aquellos que pastoreamos. No podemos autojustificarnos ni autocomplacernos. No podemos hacer que su esplendor parezca aburrido, y su maravillosa gracia, común, por no estar preparados.

En otras palabras, nunca debemos conformarnos con menos que nuestro mejor esfuerzo. No hay lugar para ningún tipo de mediocridad en el púlpito. Así de importante es la predicación.

2. LA PREPARACIÓN DE LA PREDICACIÓN

La predicación consiste en hacer una exégesis exacta y en comprender las verdades del evangelio a medida que éstas van apareciendo poco a poco en un pasaje particular de la Escritura. Prácticamente, trato de aplicar esas verdades a mi vida y a la vida de aquellos a quienes hablaré.

Este aspecto de la preparación nunca debe hacerse apurado. Es necesario para mí convivir con un pasaje, llevarlo a todas partes conmigo y preparar mi alma con sus aguas nutritivas y satisfactorias. Simplemente, no puedo hacer esto en un par de horas.

Debo decir esto: si estás recién preparando tu sermón el sábado en la tarde, no tienes ningún derecho a predicarlo el domingo.

Personalmente, no puedo tener un encuentro con el pasaje de la Escritura tan tarde y predicarlo al día siguiente; no es suficiente tiempo. Necesito tres o cuatro semanas para permitir que las verdades entren en mi corazón y pueda entenderlas más profunda y prácticamente. En la semana en que debo predicar, me predico el sermón a mí mismo en voz alta muchas veces. Al hacer eso, profundizo y desarrollo tanto mi comprensión del pasaje como las formas creativas en las que puedo comunicarlo.

No estoy sugiriendo que este calendario de preparación sea la única forma. Lo que sí sugiero es que, cada semana, muchos pastores que creen en la Biblia no han dedicado tiempo suficiente para estudiarla ni para ver las verdades que tiene para las personas que están llamados a pastorear.

3. LA EXPOSICIÓN DE LA PREDICACIÓN

La predicación no sólo se trata de la preparación. Necesitas exponerla de tal forma que sea nutritiva y digerible.

Imagina que tu sermón semanal es como una cena de Navidad. La preparación se trata de recopilar una variada lista de ingredientes; si no te das el tiempo para buscar y recolectar los mejores ingredientes, tu comida no tendrá tan buen sabor como el que podría tener. Sin embargo, cuando sirves la cena de Navidad para tu familia, no pones cada ingrediente frente a ellos, sino que toda la preparación.

De igual forma, un trozo de manteca, un puñado de harina y una cucharada de levadura por sí mismas no son muy apetitosas, pero el pan es algo increíble; lo mismo ocurre con la predicación. Debes desglosar exegéticamente las verdades de la Biblia (ingredientes), pero de una manera práctica, útil y que responda a las luchas de la gente que tienes a cargo.

¿Has tomado tiempo para orar por las personas que te estarán escuchando y para conocerlas? Si meditas sobre sus luchas y cómo las Escrituras hablan directamente a sus vidas, tu predicación se convertirá en comida en vez de una diversidad de ingredientes no apetitosos.

4. LA ORIGINALIDAD DE LA PREDICACIÓN    

Al principio hablé sobre la cantidad de sermones que había escuchado que no eran más que comentarios exegéticos repetidos una y otra vez, sermones editados de predicadores famosos y apuntes arreglados de las clases del seminario.

No eres John Piper, tampoco Tim Keller, menos Matt Chandler. Eso no significa que no debas escuchar sus sermones en caso de que hayan predicado sobre el mismo pasaje; al contrario, te animo a que sea parte de tu preparación. Sin embargo, Dios te ha dado un mensaje único para compartir con tu congregación única y responder a sus luchas únicas.

No dudes del llamado de Dios. No dudes de los dones que Dios entrega; él te ha dado todo lo que necesitas para lo que has sido llamado a hacer. No dudes de los tiempos de Dios; el mensaje que predicarás el domingo tiene aplicaciones únicas para tu congregación, pero necesitas tomarte el tiempo que corresponde para prepararlo y exponerlo.

5. EL ASOMBRO EN LA PREDICACIÓN

Esta es la conclusión: nuestra predicación mediocre revela la verdadera condición de nuestros corazones.

Como pastores, no podemos culpar a las situaciones inesperadas que aparecen en el diario vivir de cada pastor; no podemos culpar las exigencias de la familia. No, debemos confesar humildemente que nuestra predicación es mediocre porque hemos dejado de asombrarnos de Dios.

Hemos sido llamados a mostrar la luz de la gloria de Dios en los corazones que se han oscurecido por buscar vida en todos los lugares equivocados. Hemos sido llamados a ofrecer la gloria que llena de gracia a aquellos que tienen un vacío en sus vidas y están desnutridos. Hemos sido llamados a representar a un Rey glorioso que por sí mismo es capaz de rescatar, sanar, redimir, transformar, perdonar, librar y satisfacer.

Sin embargo, lamentablemente, hemos perdido el asombro y nos hemos quedado muy cómodos al momento de presentar la excelencia de Dios, haciéndolo de cualquier forma menos con excelencia. Si esto te describe, entonces corre en humildad y confiesa esto a tu Salvador y abraza la gracia que tiene el poder para rescatarte de ti mismo y así devolverte tu asombro por él.
 


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