4.png¿POR QUÉ LA AMISTAD ES DIFÍCIL PARA LOS HOMBRES?
Cinco maneras en las que puedes construir relaciones más fuertes
Drew Hunter 

«Eso solía ser agradable».

Esa fue la primera respuesta que escuché cuando, hace poco, le pregunté a un grupo de hombres qué se les venía a la mente cuando piensan en la amistad. Una vez que entraron al último tramo de los veinte y comenzaban sus treinta, muchos de ellos ya no tenían amistades cercanas. La mayoría de nosotros se rió cuando bromeamos sobre el «milagro» de Jesús de tener doce amigos cercanos a sus treinta años. 

Se mezclan muchos factores que hacen difícil la amistad para los hombres. Personalmente, el tiempo para los amigos parece poco realista a la luz de las responsabilidades del trabajo o de la familia. Culturalmente, no tenemos una comprensión compartida de cómo deben ser las amistades entre los hombres. También es más fácil para nosotros conectarnos más digital que profundamente. Hemos perdido la visión de la fuerte, cálida, presencial y apoyadora amistad masculina.

Sin embargo, Dios nos hizo para más. Él nos hizo a su propia imagen, la imagen del Dios trino que existe en amor comunitario. Por lo tanto, la amistad no es un lujo; es una necesidad relacional. Glorificamos a Dios al disfrutarlo y al reflejar su amor relacional los unos con los otros. Si eres un hombre que ha tenido problemas para profundizar en amistad con otros hombres, a continuación comparto cinco pasos concretos que puedes dar para cultivar amistades profundas.

1. Establece ritmos para tus relaciones

Sin ritmo en nuestras vidas, las prioridades importantes no se llevan a cabo. Si valoramos la comunión con Dios por medio de su Palabra y de la oración, formamos un hábito. Si queremos ejercitar constantemente, creamos un patrón.

Esta es la propuesta para cultivar las relaciones: construye un horario. Establece un ritmo regular para tomar café juntos. Dedica una comida cada semana (por ejemplo, lunes, desayunos o miércoles, cenas) para compartir con otros. Planifica juntarte con un amigo para salir a caminar. Reserva un fin de semana completo cada año para salir y disfrutar de la creación de Dios juntos. 

2. Lanza cada conversación yendo cada vez más profundo

Conversaciones sobre deportes y actividades diarias valen la pena. No obstante, si eso es de todo lo que hablamos, es como bucear en la superficie mientras nos perdemos las maravillas más profundas del océano.

Sin embargo, ¿cómo podemos profundizar en nuestras conversaciones?

En primer lugar, haz preguntas reflexivas. Cuando estés manejando para ir a encontrarte con tu amigo, piensa en qué quieres conocer sobre él. Piensa en los aspectos principales de su vida ahora (su relación con el Señor, con su familia, con su trabajo) y pregúntale sobre las cosas que están sucediendo. Cuando él comparte un desafío, pregúntale cómo está su vida interna (su corazón, su disposición hacia Dios) en medio de eso. 

Desde ahí, mantén la curiosidad y haz más preguntas.

En segundo lugar, habla sobre lo que cada uno está leyendo. Pregúntale cómo la Palabra de Dios lo ha convencido de pecado o lo ha animado recientemente. Pregúntale qué libro leyó hace poco que lo ha ayudado a conocer a Dios y a vivir más fielmente como su discípulo. Consideren leer la Escritura o un libro saturado de la Escritura juntos y juntarse a discutirlo. 

3. Vence el rechazo cultural de expresar afecto

«Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal» (Ro 12:10). Normalmente, no ponemos esas dos palabras una junto a la otra (fraternal se siente masculino; afectuoso se siente femenino). Sin embargo, están juntas, invitándonos a cultivar hermandad genuina, afectuosa y no extraña.

Vemos este vínculo afectuoso con Jonatán y David: «El alma de Jonatán quedó ligada al alma de David, y Jonatán lo amó como a sí mismo» (1S 18:1). Lo vemos en Pablo y los ancianos efesios: «Comenzaron todos a llorar desconsoladamente, y abrazando a Pablo, lo besaban» (Hch 20:37).

Expresar afecto se siente incómodo para los hombres en la actualidad porque nuestra cultura lentamente ha cambiado su comprensión de la masculinidad. En lugar de combinar la fuerza y la ternura, vemos la masculinidad como musculosa y agresiva. Nuestra cultura también ha sexualizado el amor, interpretando el afecto entre hombres como algo más que amistad. Pero nosotros podemos construir un camino mejor.

4. Oxigena tus amistades con afirmación

¿Qué sucede sin oxígeno? Nos ponemos lentos y quedamos sin energía. Así es cómo se sienten las relaciones sin afirmación. Esta podría ser la razón por la que algunas de tus relaciones parecen débiles, pobres o cansadas. La afirmación es el oxígeno relacional. Una de las herramientas más poderosas para cultivar verdaderas amistades es Romanos 12:10: «con honra, dándose preferencia unos a otros».

Para los hombres dar y recibir honor y afirmación es difícil. Al principio se siente incómodo decirle a alguien por qué das gracias a Dios por él o por qué lo respetas (pero solo al principio). He visto muchos hombres tratar sus propias vacilaciones y comenzar a cultivar una cultura de ánimo sincero alrededor de ellos. He visto florecer a otros hombres gracias a eso.

5. Invita a tus amigos a lo que ya estás haciendo

Nuestros horarios están llenos y corremos de una cosa a otra. No vemos cómo podemos encontrar tiempo para los amigos. No obstante, ¿qué tal si es necesario limpiar tu horario? ¿Qué tal si puedes incluir a tus amigos en las actividades que ya haces? Estas son algunas sugerencias que he visto que funcionan: 

  • Cuando planeas ver un partido de fútbol o un programa semanal, investiga a quién más le gustaría verlo e invítalo a verlo juntos.

  • Si haces ejercicio un par de veces a la semana, hazlo con un amigo.

  • Invita a amigos o a miembros de la familia a cenar o a comer el postre. Si tienes hijos pequeños, permite que tus visitas participen en la rutina de acostarlos y luego quédense un rato conversando.

  • Si tienes hijos pequeños, invita a alguien que los acompañe al parque como familia.

  • Pon a un par de amigos en marcación rápida y llámalos en el camino diario del trabajo a la casa.

  • Si tienes un proyecto en la casa que debes terminar, invita a alguien para que te ayude y ofrécete para ayudarlo con el proyecto de él.

Esperanza y ayuda para forjar amistades

Jesús es nuestro mayor modelo de amistad masculina. Él inició relaciones e invitó a hombres a pasar tiempo con él (Mr 3:14). Continuamente, hizo preguntas que hacían reflexionar. Él amó a sus discípulos con un afecto fraternal (Jn 13:1); los llama sus amigos (Jn 15:13-15). También nos da el gran privilegio de reflejar y disfrutar este tipo de verdadera amistad con otros hombres.

Quizás, mientras consideras dar esos pasos, miras hacia adelante con esperanza y con vacilación. Tal vez recuerdes cuando experimentaste una comunidad más profunda y pienses que no lo encontrarás nuevamente. Probablemente, aún sientes dolor por los intentos fallidos en conectarte con otros. Te preguntas si forjar una amistad es más difícil, incluso imposible, para ti.  

Antes de que te rindas, recuerda dos verdades: en primer lugar, Jesús no es solo el modelo de la verdadera amistad, él mismo es nuestro mejor amigo. Él inicia la amistad con nosotros y la recibimos en términos de gracia. Ahora, «nadie necesita decir jamás que no tiene “amigos” a los que acudir, mientras Cristo esté en el cielo» (J.C. Ryle, Expository Thoughts [Pensamientos expositivos], 3:114). En segundo lugar, él se deleita en que nosotros le pidamos una comunidad verdadera en su nombre. Solo Dios puede crear, renovar y fortalecer las relaciones humanas más profundas. Por lo tanto, ora: pídele a Dios que fructifique tus esfuerzos con la amistad. Así que confía en él, permanece paciente y sigue dando pasos hacia otros en la fuerza que él da. 

Drew Hunter © 2018 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda


drew.jpg
Drew Hunter
es autor de
Made for Friendship: The Relationship That Halves Our Sorrows and Doubles Our Joys [Hechos para la amistad: las relaciones que reducen nuestras penas y doblan nuestras alegrías]. También es el pastor de enseñanza en la iglesia Zionsville Fellowship en Zionsville, Indiana, donde vive con su esposa, Christina, y sus cuatro hijos.

 

¡COMPARTE ESTE ARTÍCULO!