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POR QUÉ AGREGAR UNA ORACIÓN DE LAMENTO A NUESTRA REUNIÓN DOMINICAL
Neal Woollard

El mundo no es como debería ser; y lo sentimos. Desde desastres naturales hasta tiroteos en las escuelas y tragedias personales, todos nos hemos visto afectados por el quebranto de un mundo caído. Anhelamos el regreso de Jesús para reparar todo lo que está mal y para renovar nuestro mundo, liberándonos del caos y del dolor que acompaña el profundo sufrimiento.  

Sin embargo, hasta que ese día llegue, ¿qué hacemos con nuestro dolor? ¿Qué hacemos ahora mientras estamos en medio de él? Nos lamentamos.

¿Qué es el lamento?

El lamento es una manera bíblica de procesar el dolor. Nos da la oportunidad de enfrentar y nombrar nuestro dolor y luego de crear un espacio para una esperanza futura, todo esto sin quitarle importancia a la tragedia. Nos permite llorar y enojarnos e incluso protestarle a Dios y a otros por las dificultades de la vida sin miedo al juicio. Nos da permiso para preguntar: ¿cómo Dios? ¿Por qué Dios? A menudo es crudo y emocional; y está bien. La Biblia da espacio para que el pueblo de Dios haga esto.

El lamento en la Biblia

En el Antiguo Testamento, casi un tercio del cancionero de Israel está dedicado a los salmos de lamento, tanto comunitario como individual. La literatura de sabiduría de Israel muestra la honesta historia de protesta de Job al Señor en medio de su tragedia. Lamentaciones es un libro empapado de lágrimas completamente dedicado al llanto del pueblo de Dios mientras procesan la más grande catástrofe de su historia y piden libertad a pesar de su pecado. 

En el Nuevo Testamento, vemos que Jesús se lamenta por el futuro destino de Jerusalén y luego, en el jardín, por su propio camino a la muerte. Vemos a misioneros como Pablo llorando por sus hermanos perdidos de Israel. Incluso en Apocalipsis, los santos mártires claman «¿cuánto más, oh Señor?» mientras esperan su vindicación. El lamento está arraigado en la cultura del pueblo de Dios y lo estará hasta que él regrese.

El lamento en las reuniones comunitarias

Es por esa razón que recientemente agregamos una oración comunitaria de lamento en nuestra adoración pública. No es un canto fúnebre semanal; es un clamor honesto y bíblico que oramos cada ciertos meses para expresar nuestro dolor por el sufrimiento en este mundo y en nuestras vidas. Ha sido invaluable. Les comparto cuatro razones de por qué ha sido así.

1. El lamento comunitario crea espacio para el dolor

Es difícil para el alma que sufre asistir a servicios dominicales triunfantes semana tras semana. No es que esa persona no crea en la obra triunfante de Jesús, es solo que esos servicios no siempre dan espacios para las emociones que experimenta el santo que está sufriendo (dolor, confusión, enojo, pena, vergüenza y miedo). En lugar de apresurar una solución, una oración de lamento nos permite bajar el ritmo y comenzar a andar por el camino del dolor honesto. También nos da una oportunidad de llevarle nuestro dolor a Dios sabiendo que el Dios que recibe nuestra adoración también puede manejar nuestras protestas.

Por ejemplo, este es el espacio para dar voz a nuestras madres que han sufrido un aborto espontáneo y a nuestros miembros de la iglesia que han sido abusados. Le dice a aquellos que luchan contra la enfermedad mental, a aquellos que su nueva normalidad es cualquier cosa menos lo normal, que nuestra iglesia es un lugar para ellos. Protesta contra las tragedias más grandes como los tiroteos en las escuelas, el gran desplazamiento de refugiados y los desastres naturales destructivos. Por medio del lamento, se les da una voz a quienes sufren. Son vistos y escuchados.

2. El lamento comunitario nos enseña la empatía

No es solo la adoración comunitaria que a menudo avanza con rapidez saltándose el sufrimiento; la congregación también. No estamos seguros qué hacer cuando alguien verbaliza enojo contra Dios o expresa profunda tristeza. No es cómodo. Si no hemos pasado por eso, podríamos no entender o incluso no podríamos tener problemas con ello. Por lo tanto, podríamos decirles a quienes sufren que todo va a estar bien, repetir una frase concisa que hemos escuchado o citar un versículo y luego ofrecer oración sin siquiera escuchar. En el momento, esto podría parecer útil, pero en el tiempo, puede caer como trillado o incluso como si no importara.

El lamento nos enseña cómo llorar con aquellos que lloran. Nos enseña a escuchar y a comprender las profundidades del dolor para que así podamos llevar las cargas los unos de los otros. Hace crecer nuestra compasión y nuestra paciencia. El lamento nos enseña cómo orar junto a los que sufren. Podemos sentarnos junto a ellos decir, «te vemos». Esto es poderoso para quien sufre aisladamente.

3. El lamento comunitario atrae nuestras emociones

El lamento nos permite verbalizar cómo nos sentimos a pesar de lo que sabemos. Y eso está bien. La poesía de Lamentaciones no es meramente un recuento histórico de la caída de Jerusalén y del deceso de Judá. Representa emociones crudas sin filtrar que afectan al pueblo de Dios en todos los niveles: psicológicos, físicos, espirituales y relacionales.

Si la iglesia no nos está enseñando qué hacer con estas emociones, entonces el mundo con certeza lo hará. Afortunadamente, el lamento comunitario nos enseña a llevar la variedad completa de nuestras emociones a Dios. No debemos calmarnos nosotros mismos antes de ir a él. En lugar de permitir que nuestras emociones nos lleven donde quieren llevarnos, nosotros las usamos para llevarnos al Señor. Dios puede manejar nuestras emociones más profundas. Después de todo, él «tiene unos hombros lo suficientemente anchos para llorar en ellos y un pecho lo suficientemente grande para ser golpeado» (Christopher Wright, The Message of Lamentations [Comentarios sobre Lamentaciones], 78).

4. El lamento comunitario pone nuestra confianza en Dios

Al final, un lamento es una oración de fe. Reconoce que Dios está en control y que, por lo tanto, clamamos a él en lugar de huir de él. Como pueblo de Dios, sabemos que ha escuchado nuestros clamores porque envió a su Hijo para morir en nuestro lugar. Él ya ha removido la mancha del pecado de nuestros corazones y nos ha dado vida espiritual. Y un día, él quitará las consecuencias del pecado de este mundo y sanará nuestros cuerpos rotos. La fe no minimiza nuestro dolor, sino que nos ayuda a poner nuestra esperanza en él incluso a medida que sufrimos aquí y ahora.

El lamento comunitario nos enseña a confiar en Dios en medio del dolor, ya sea causado por nuestro propio pecado, el de otros o de la pecaminosidad del mundo. Él enjugará cada lágrima y sanará cada herida. Y así le llevamos ahora nuestro dolor a él incluso mientras confiamos en que lo quitará todo en ese momento.

El fin de cada oración de lamento es el mismo: «Ven, Señor Jesús, ven».

 

Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks.
 


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Neal Woollard es el director de adoración y discipulado en la iglesia bautista Hinson en Portland, Oregon.

 

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