16.pngPAPÁS, QUE LOS DOMINGOS SEAN UNA DELICIA
Gavin Ortlund 

Hay veces que salir los domingos por la mañana es difícil. Tenemos tres niños pequeños (uno de 5, uno de 3 y uno que acaba de nacer). Entre nuestra puerta principal y nuestra minivan recién comprada hay un tramo de escaleras, una doble entrada y luego un largo trecho de vereda que lleva hacia el hermoso campus del seminario en el que vivimos.

Somos de California del Sur y es nuestro primer invierno en Chicago. En las frías mañanas, la simple geografía del lugar puede ser un desafío para asistir a la iglesia. Imagínanos a nosotros cinco después de una nevada, haciendo trekking por casi un metro o de camino al auto (generalmente, aliento a mis dos hijos mayores con gritos —que prefieren darse por vencidos y detenerse a hacer ángeles en la nieve— mientras sostengo a mi hijo más pequeño en mis brazos e intento no resbalar). Cuando los tres están sentados y con sus cinturones de seguridad puestos en sus sillas del automóvil, mi esposa y yo sentimos como si hubiésemos terminado de competir en una triatlón.

Puedo entender la tentación a desanimarse para asistir a la iglesia durante esos periodos de la vida. He notado que muchas familias atraviesan este camino. El domingo se transforma en «el tiempo de familia», donde la asistencia a la iglesia es más un complemento esporádico (en especial durante las vacaciones). Otros simplemente dejan de asistir totalmente a la iglesia durante esos años. 

Mientras nos damos cuenta de la lucha y damos espacio para circunstancias especiales, debemos recordar que si el llamado a «no [dejar] de congregarnos» (Heb 10:25) fue escrito para los perseguidos del primer siglo, sin duda se aplica a los padres del siglo XXI. Creo que los padres cristianos deben hacer de la asistencia a la iglesia semanal una prioridad, haciendo cualquier sacrificio que sea necesario. 

Llega a la iglesia este domingo

Mi intención al escribir esto es animarlos, quiero decir, «¡continúen avanzando! ¡Pueden hacerlo!». No quiero provocar mera culpa. Para ese fin, quisiera animarlos de dos maneras y ofrecerles tres estrategias. 

1. Necesitan la iglesia

Gran parte de nuestra sociedad le resta importancia a la adoración en comunidad. Nos gusta la espiritualidad blanda, manejable y privada. Somos precavidos con las instituciones y con la rendición de cuentas. Una actitud predominante dice algo como esto: «puedo adorar a Dios al mirar un atardecer, por lo que no necesito arreglarme el domingo por la mañana». 

Pero por supuesto, esta es una dicotomía falsa. Necesitamos tanto la adoración privada como la adoración comunitaria. Cuando nos alejamos del compromiso con la iglesia local, nuestra espiritualidad terminará marginada y desnutrida. Hay mucho poder y ánimo en todos los «unos a otros» que menciona el Nuevo Testamento que no pueden obtener mientras están mirando solos un atardecer. Más que eso, la presencia bendita de Jesús es prometida a nosotros específicamente en un contexto de comunidad: «…donde están dos o tres reunidos en mi nombre…» (Mt 18:20).

Durante esta etapa, he tenido la oportunidad de darme cuenta de cuán fielmente Dios nos encuentra a medida que nos hemos comprometido a asistir semanalmente a la iglesia. A menudo, lo que conmueve mi corazón es algo pequeño, como una pequeña frase o un versículo de la liturgia; otras semanas, por supuesto, estamos mucho más conscientes de su presencia que en otras. Sin embargo, el efecto acumulativo es claro: Dios está obrando entre su pueblo a medida que se juntan en su nombre. Santiago promete: «Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes» (Stg 4:8). 

2. Su iglesia los necesita

Padres jóvenes, ¿han considerado que el resto de su familia de la iglesia en realidad necesita que ustedes funcionen óptimamente? Son parte del cuerpo de Cristo y tienen un rol que desempeñar. «Y el ojo no puede decirle a la mano: "No te necesito;" ni tampoco la cabeza a los pies: "No los necesito."» (1Co 12:21). 

En esta etapa de sus vidas, Dios les está enseñando, los está guiando, está proveyendo para ustedes y está obrando en ustedes de maneras únicas. Tienen una oportunidad de bendecir y ministrar a otros desde las luchas que están enfrentando. Tienen voz; no priven a otros de escucharla. 

Ahora bien, reconozco que las iglesias no siempre facilitan esto a los padres jóvenes. Algunas iglesias no tienen guardería o no reflejan una sensibilidad hacia aquellos que están en esta etapa de la vida. Sin embargo, quizás podrían ser parte de la solución a este problema. Tal vez podrían comunicar con gracia a su liderazgo cómo su iglesia podría ministrar a las familias jóvenes o tal vez pueden iniciar ese ministerio ustedes mismos. Es casi seguro que hay otros que están en la misma etapa de la vida que podrían beneficiarse de sus esfuerzos. 

Tres maneras de mantener la alegría los domingos

A veces estamos tan agotados de nuestra semana que simplemente «soltamos todo» cuando llega el fin de semana. Puedo entender eso, pero también me he dado cuenta de que un poco de intencionalidad en los fines de semana puede ayudar mucho. Durante este periodo, hemos descubierto un par de cambios simples que han ayudado a que nuestra asistencia a la iglesia y toda la experiencia del domingo sea más fructífera. 

1. Santifiquen los sábados por la noche

Si tratan la noche del sábado como un tiempo para comenzar a preparar, las mañanas del domingo pueden mejorar mucho. ¿Existen maneras en que puedan hacer las tardes del sábado especiales? ¿Pueden acostarse más temprano? Incluso hacer algo tan simple como hablar con sus hijos durante la cena sobre ir la iglesia al día siguiente y luego orar por la adoración en comunidad antes de ir a acostarse puede hacer una gran diferencia. Una alegre mañana de domingo a menudo comienza la noche anterior.

2. Prepárense para la pelea inevitable y para la leche derramada

¡Me sorprende la frecuencia con que salen mal las cosas en el trayecto en automóvil a la iglesia! Creo que muchas veces esto es estrategia de Satanás. Nos molesta mientras vamos en el automóvil de camino hacia allá o cuando vamos saliendo de la casa (él hará cualquier cosa para ponernos de mal humor y para desconcertarnos antes de entrar al santuario). Si nos preparamos para esto con anticipación, podemos atraparlo en el acto, «pues no ignoramos sus planes» (2Co 2:11).

Por lo tanto, cuando se suban a su automóvil, díganse a ustedes mismos con anticipación, probablemente alguien va a derramar su leche dentro del automóvil o le jalará el cabello a su hermana o va a arrojar su Biblia por la ventana en la carretera. Cuando eso ocurra, voy a orar en vez de gritar.

3. Busquen maneras creativas de hacer los domingos una delicia

No existe razón para que los domingos sean severos en lugar de ser un deleite. Podríamos relacionar «santo» con «sombrío», pero así no es cómo habla la Biblia. Fíjense, por ejemplo, en las palabras que usaron Nehemías y Esdras cuando guiaron al pueblo a renovar el pacto:

"Este día es santo para el Señor su Dios; no se entristezcan, ni lloren."… coman de la grasa, beban de lo dulce, y manden raciones a los que no tienen nada preparado; porque este día es santo para nuestro Señor.…porque el día es santo, no se entristezcan." (Nehemías 8:9-11). 

En este contexto, la santidad es algo para celebrar. La lógica es la siguiente: «este día es santo, por lo tanto, deja de llorar y bebe un poco de  vino». 

Además debemos buscar cultivar una atmósfera de alegría y de celebración los domingos. ¿Hay algún restaurante favorito al que puedan transformar en su tradición de domingo o un desayuno favorito que puedan preparar el domingo? ¿Qué otras tradiciones podrían ayudar a que el día sea disfrutable? Cuando tus hijos hagan memoria en veinte años más, ¿qué recuerdos quieren que tengan y qué relación quieren que hagan de los domingos y la iglesia? 

Dios es nuestro más grande gozo y también queremos que sea el más grande gozo de nuestros hijos. Los domingos son una oportunidad semanal única para adorar y disfrutar a Dios juntos. Luchemos juntos para hacer que el domingo sea un deleite para nuestros hijos, no una carga. 

Gavin Ortlund © 2018 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Gavin Ortlund es un investigador adjunto en Carl F. H. Henry Center for Theological Understanding en Trinity Evangelical Divinity School en Deerfield, Illinois. Regularmente escribe en Soliloquium.

   

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