2g.pngNO SE PUEDE MANTENER A JESÚS EN EL SEPULCRO
Domingo de Resurrección
John Piper
 

Jesús estaba muerto y sepultado; una gran piedra había sido rodada para cerrar el sepulcro. Los fariseos habían ido donde Pilato; querían su autorización para sellar la piedra y hacer guardia en la tumba. Pilato respondió, «una guardia tienen; vayan, asegúrenlo como ustedes saben» (Mt 27:65). Y así lo hicieron.

Hicieron todo lo posible; no obstante, fue en vano. 

Fue inútil en ese momento, es inútil hoy y será siempre inútil. Por más que lo intenten, nadie puede mantener a Jesús en el sepulcro; nadie puede mantenerlo sepultado. Podrían haber usado la fuerza física, la ridiculización intelectual, la censura de información, el hostigamiento político o la caricaturización religiosa. Por alguna razón, pensaron que la tumba estaba sellada definitivamente. Sin embargo, eso nunca funcionó. Jesús escapó de todas formas. 

Nadie le quita su vida

No es difícil comprenderlo: él pudo escapar porque no fue forzado a entrar. Él dejó que lo calumniaran, que lo atormentaran, que lo rechazaran, que lo ridiculizaran, que lo empujaran de aquí para allá y que lo mataran. 

«…Yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo…» (Jn 10:17-18).

Nadie pudo obligarlo a seguir en sepulcro porque nunca nadie lo derribó. Cuando estaba listo, él se sacrificó. 

Quizás en China se les han «cerrado» las puertas a los misioneros occidentales por cuarenta años. Esto no porque Jesús se resbaló y cayó dentro de la tumba, sino porque él decidió entrar. Cuando las sellaron, él salvó cincuenta millones de chinos desde adentro —sin misioneros occidentales—. Cuando llegó el tiempo indicado, él empujó la piedra para que pudiéramos ver lo que había hecho.

Jesús está trabajando en la oscuridad

Cuando parecía que Jesús estaba sepultado definitivamente, la verdad es que él estaba haciendo algo asombroso en la oscuridad. «…El reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierra, y se acuesta de noche y se levanta de día y la semilla brota y crece; cómo, él no lo sabe» (Mr 4:26-27). 

El mundo piensa que Jesús estaba perdido (que ya no era un estorbo) y que su palabra está sepultada para siempre en el polvo de la antigüedad irrelevante. 

Sin embargo, Jesús estaba obrando en los lugares oscuros: «en verdad les digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto» (Jn 12:24). Él dejó que lo sepultaran («nadie me ...quita [la vida]») y él saldrá en poder cuándo y dónde él quiera («tengo autoridad para tomarla de nuevo»). Sus manos estarán llenas de frutos hechos en la oscuridad. 

«Dios lo resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que no era posible que él quedara bajo el dominio de ella» (Hch 2:24). Jesús tiene su sacerdocio hoy «…según el poder de una vida indestructible» (Heb 7:16) [énfasis del autor].

Durante veinte siglos, el mundo ha hecho todo lo posible para mantener a Jesús en el sepulcro; todo en vano. No pueden sepultarlo; no pueden retenerlo; no pueden callarlo ni limitarlo.

Jesús está vivo y completamente libre para ir y venir como le plazca. «…Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra» (Mt 28:18). Todas las cosas fueron hechas por medio de él y él está absolutamente por sobre todos los otros poderes (Col 1:16-17).

Confíen en él y vayan con él, sin importar nada. Al final, no pueden perder.

Diez regalos de la resurrección

Por lo tanto, hoy, en el Domingo de Resurrección, como una contribución a la adoración de Pascua, celebren junto a mí estas diez cosas que le debemos a la resurrección de Jesús. Cada una junto a un versículo.

1) El Salvador nunca puede volver a morir

«Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos no volverá a morir» (Ro 6:9) [énfasis del autor].

2) Arrepentimiento

«El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes mataron y colgaron en una cruz. A él Dios lo exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel, y perdón de pecados» (Hch 5:30–31) [énfasis del autor]. 

3) Nuevo nacimiento

«…El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1P 1:3) [énfasis del autor].

4) Perdón de pecados

«Si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es falsa; todavía están en sus pecados» (1Co 15:17) [énfasis del autor].

5) El Espíritu Santo

«A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que ustedes ven y oyen» (Hch 2:32-33) [énfasis del autor].

6) No hay condenación para los elegidos

«¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros» (Ro 8:34) [énfasis del autor].

7) La comunión personal con el Señor y su protección

«¡Recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20).

8) Evidencia del juicio venidero

«[Dios] ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien él ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres cuando lo resucitó de entre los muertos» (Hch 17:31) [énfasis del autor].

9) Salvación de la futura ira de Dios

«Espera[mos] de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1Ts 1:10; ver también Ro 5:10).

10) Nuestra propia resurrección de entre los muertos

«Sab[emos] que aquél que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará junto con ustedes» (2Co 4:14; ver también Ro 6:4; 8:11; 1 Co 6:14; 15:20) [énfasis del autor].

¡El Señor de verdad ha resucitado!

 


John Piper © 2016 Desiring God Foundation.

Publicado originalmente en esta dirección. Sitio web: desiringGod.org — Usado con permiso.
Traducción: María José Ojeda
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