Vision_G.pngLA VISIÓN BÍBLICA DEL LIDERAZGO CRISTIANO
Mark Thompson

   

En este momento, en algunos círculos cristianos se habla bastante de liderazgo y visión. Es el idioma de la política internacional, en la cual los candidatos a primeros ministros y presidentes buscan posicionarse como líderes genuinos expresando una visión expansiva (que siga siendo, no obstante, económicamente responsable). Como tan a menudo sucede, las iglesias, a continuación, hacen eco de las preocupaciones y la retórica de la comunidad en general. 

Durante al menos los últimos 30 años, el movimiento evangélico se ha caracterizado por una fascinación con la teoría del liderazgo. La revista cristiana Leadership [Liderazgo] apareció por primera vez en las librerías cristianas en 1980, pero indudablemente, parece haber un entusiasmo renovado por la retórica del liderazgo, las declaraciones de visión y las habilidades de emprendimiento. Quizás sólo sea algo del momento, habiendo esta sensación de que hay una nueva generación lista para asumir una mayor responsabilidad dentro de nuestras estructuras denominacionales.

No sería correcto sugerir que se trata de un entusiasmo carente de principios. No negamos ni por un momento la necesidad de una adaptación específicamente cristiana de aquello que funciona tan eficazmente en el mundo en general. En conversaciones que he sostenido durante los últimos meses, ciertos amigos han justificado la adopción de un liderazgo corporativo y la teoría de gestión refiriéndose a ello como un «saqueo a los egipcios» o un intento por «redimir la sabiduría del mundo».

Sin embargo, lo que muy a menudo se olvida es el simple hecho de que el liderazgo cristiano es —y debería ser— revolucionario y contracultural. Trastorna la así llamada sabiduría del mundo. Después de todo, Jesús no dijo que el liderazgo entre sus discípulos tomaría las mejores enseñanzas del mundo en esta área para luego filtrarlas mediante el evangelio de la gracia. Declaró categóricamente: «Entre ustedes no será así» (Mr 10:43).

El liderazgo cristiano, primero y por sobre todo, se caracteriza por el servicio. Libres de la necesidad de demostrar nuestra valía, tal servicio puede centrarse genuinamente en el bienestar de otros. No amamos a la gente con el fin de sacar lo mejor de ellos. No mostramos interés en ellos con el fin de generar lealtad o compromiso. Nada de nuestro servicio a ellos es parte de algún programa. En el mejor sentido de la palabra, servimos; amamos desinteresadamente.

Esto sólo puede ocurrir porque los líderes cristianos no se perciben a sí mismos como los líderes finales. Es Cristo quien lidera a su pueblo mediante su palabra y en su Espíritu. Esto debe convertirse en más que simplemente un cliché piadoso. Si realmente creo que Cristo es la cabeza, no puedo atribuirme los intereses de un propietario, cualquiera sea el nivel de responsabilidad que recaiga actualmente sobre mí. El pueblo cristiano se reúne como la iglesia de Cristo, no como iglesia mía. Pedro habló de la responsabilidad de pastorear el «rebaño de Dios» (1P 5:2). Quienes han asumido dicha responsabilidad tienen, sin duda, una particular oportunidad de servir. Sin embargo, es siempre una oportunidad de servir, y ese servicio se lleva a cabo siendo conscientes de que se acerca el día en que aparecerá el «Príncipe de los pastores» (1P 5:4). Estamos aquí por un tiempo muy breve y lo que se ha dejado en nuestras manos no nos pertenece.

El liderazgo no se trata «completamente de mí». De hecho, a quienes están humildemente preocupados de cumplir el programa de Dios no les importa pasar completamente inadvertidos. Cristo está edificando su iglesia (Mt 16:18) y Él es su piedra angular (Ef 2:20). Su programa determina el presente y el futuro de las congregaciones locales en dirección al gran encuentro escatológico y multiétnico alrededor del trono de Dios y del Cordero (Ap 7:9-12). Los pastores y maestros fieles pondrán la visión de Cristo ante el pueblo de Dios. Sublimarán sus sueños y planes a la luz del gran propósito de Él —un propósito de la mayor escala imaginable, y aun así, vitalmente relevante incluso para la congregación más pequeña—.

No creo ni por un momento que la discusión acerca del liderazgo esté cerca de detenerse. De hecho, no estoy seguro de que deba hacerlo. Sin embargo, recordemos la naturaleza profundamente radical de la visión bíblica sobre el liderazgo y usémosla como nuestra vara de medir.

 

Publicado originalmente en The Australian Church Record (junio 2010).
Usado con permiso.
Traducción: Cristian Morán
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