5.pngLA DOCTRINA DE LA CREACIÓN
Paul Tripp 

Tu Biblia comienza con cuatro palabras que fueron seleccionadas cuidadosamente; cuatro palabras que yo me atrevería a sugerir como las más importantes de toda la Escritura quizás. 

«En el principio Dios...». 

Con estas palabras, se le dio forma, propósito y significado a todo en tu vida (incluso al sexo). Génesis 1:1 te dice que tu vida no se trata de ti; que se trata del Creador. Es vital saber que naciste en un universo que en su misma naturaleza es una celebración de él. 

Lo que esto quiere decir prácticamente es que todo existe para el placer y para la gloria de Dios… no se trata de tu placer ni de tu gloria sexual. 

Tú y yo debemos abordar al sexo de una manera que le dé a Dios la gloria que le pertenece. Por lo tanto, cuando pensamos y actuamos sexualmente, debemos estar conscientes en ese momento de que nuestro cuerpo y nuestros deseos le pertenecen al Señor.

Seamos honestos: ¡es contraintuitivo pensar y actuar de esta manera! Por otro lado, es natural ser impulsados por un deseo sexual personal y momentáneo, olvidando que existe Alguien que es dueño de cada aspecto de nuestra sexualidad. 

Debemos recordar esto: los seres humanos fueron diseñados para ser administradores residentes del mundo creado que le pertenece a Dios. Dios hizo el hermoso jardín del Edén y era su dueño, él puso a Adán y a Eva en él y luego los comisionó para vivir ahí y cuidar del jardín que él hizo y del que era dueño.

Adán y Eva no eran dueños de lo que se les había dado; ellos no crearon las reglas; no votaron cuando se decidió el propósito de sus propias vidas ni de todo lo demás. Estaban ahí para reconocer la propiedad de Dios al cumplir su propósito.

Hoy todo eso aún se aplica a ti y a mí y a nuestra sexualidad.

Cuando te pones a ti mismo y a tu definición particular de placer al centro de tu mundo, no solo estás rechazando la sabiduría de Dios y rebelándote contra su autoridad, sino que también estás buscando obtener su lugar. 

¿Suena conocido? Solo necesitamos recordar la horrible y triste historia de desobediencia en el jardín que nos cuenta adónde lleva la rebelión contra el lugar de autoridad de Dios.

Verás, nuestro problema con el sexo no empieza con la lujuria, con las malas decisiones o con una mala conducta sexual. Nuestro problema con el sexo comienza cuando olvidamos que Dios debe estar al centro de esta parte de nuestras vidas como debe estar en cualquier otra.

¿Estás luchando con someter tu sexualidad a la autoridad de Dios? ¡Hay esperanza! En primer lugar, el Señor se aferra con celo a su lugar al centro de todas las cosas. Él no abandonará su lugar de autoridad ni le dará su control a otro.

Y en segundo lugar, cuando buscamos su lugar de autoridad, él nos convence cuando estamos equivocados y nos restaura con su perdón. Él lucha diariamente por nosotros, provocando que amemos la sabiduría y odiemos la necedad, y nos invita a amar más su Reino que el nuestro. 

Después de cada traspié, él te invita a correr a él y no de él. Y algún día, él nos llevará a un lugar donde ya no habrá más lucha. 

Preguntas para reflexionar

  1. ¿De qué maneras tiendes a ponerte en el centro de tu mundo de sexualidad?
  2. ¿Cómo es para ti ser un «administrador residente» en tu vida sexual? Sé específico.
  3. ¿Cómo una vida centrada en uno mismo genera miseria en lugar de alegría? Observa tu propia vida para ver ejemplos, también busca ejemplos en el mundo exterior.

 


 Este devocional es una adaptación de mi nuevo libro, Sex In A Broken World: How Christ Redeems What Sin Distorts[Sexo en un mundo quebrantado: cómo Cristo redime lo que el pecado distorsiona]. 

Este recurso proviene de Paul Tripp Ministries. Si deseas recursos adicionales, visita www.paultripp.com. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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El Dr. Paul David Tripp es pastor, conferencista internacional y autor de libros éxito de ventas y ganadores de premios. Es el director de Paul Tripp Ministries. Con más de 30 libros y series en video, la pasión que mueve a Paul es conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana.


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