Estudio-grande.jpgESTUDIO BÍBLICO GRUPAL: EL MÉTODO SUECO
Peter Blowes
 

Durante 19 años, trabajé en Argentina en un contexto en que muchos estudiantes universitarios no tenían la costumbre de leer. Siendo un país de fuerte influencia católica, los estudios bíblicos eran a menudo un ejercicio que consistía en mirar un texto y luego citar autoridades para demostrar un punto. Por ejemplo, el típico grupo de jóvenes leía un pasaje de la Escritura, cerraba la Biblia para discutirlo, y el primer estudiante decía: «Mi pastor dice ‘X’». Luego otro contestaba: «Pero mi pastor dice ‘Y’». La discusión crecía a medida que uno y luego otro apelaba a autoridades cada vez más altas del mundo evangélico para justificar su punto de vista. De conferencias, programas de televisión o de radio, citaban «celebridades» evangélicas como Yiye Ávila, Carlos Annacondia, Luis Palau, y finalmente, para cerrar la discusión, Billy Graham. Lo que hacían era una versión protestante del catolicismo: apelaban a una autoridad humana más alta para ganar la discusión. 

Aunque respeto y apoyo el lugar de los maestros en la enseñanza bíblica, quería romper esa dependencia de la autoridad humana y construir confianza en el principio de Sola Scriptura —sólo la Escritura—. Pero ¿cómo podría hacerlo sin arengar una vez más a los estudiantes sobre la suficiencia de la Escritura, la importancia de leer la Biblia y el poder que ella tiene para satisfacer todas las necesidades espirituales de ellos? Quería que ellos mismos descubriesen que Dios les habla por medio de su palabra y no que lo aceptaran porque yo se lo decía. Además, para ellos, yo no tenía mucha importancia social y eclesiástica, ¡así que mi autoridad en el asunto no habría servido de mucho! 

Pronto me di cuenta de que estaba trabajando con una sociedad posmoderna. Descubrí que lo que necesitaban, en primer lugar, no era contenido sino motivación: motivación para leer las Escrituras y no simplemente oír que debían hacerlo. En el trabajo con jóvenes que estaba desarrollando, había tres factores clásicos de motivación: la música, la comida y el deporte. La sabiduría convencional sostenía que la forma de hacer ministerio consistía en reunir a los jóvenes, proveerles una de las distracciones mencionadas y, en el momento apropiado, hacer que alguien se dirigiera a los presentes con un mensaje bíblico. Yo estaba decidido a liberarme de ese patrón ineficaz y a permitir que la propia palabra de Dios los motivara. Mi objetivo era crear un ambiente en que la palabra de Dios fuese oída directamente y con atención. 

La invitación que hicimos fue simple: «Me gustaría invitarte a venir y leer la Biblia con otros estudiantes» —ni más ni menos que eso—. La Biblia era la única motivación. Afortunadamente, en esta cultura abiertamente «religiosa», la invitación fue bien recibida: hubo personas realmente interesadas en leer la Biblia. Para estos sencillos grupos dirigidos por estudiantes, optamos por estudiar la Biblia usando el Método Sueco.

El Método Sueco

Hasta donde sé, la primera persona que llamó «Método Sueco» a esta sencilla forma de leer la Biblia fue Ada Lum. Ada fue obrera de IFES (o CIEE, la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos) y una entusiasta promotora de los estudios bíblicos grupales durante décadas. Le puso ese nombre en honor al grupo de estudiantes suecos que primero vio usándolo. 

Comenzar un grupo de lectura bíblica usando este método requiere muy pocos recursos y preparación, y puede ser muy gratificante ya que lleva a los lectores a confrontar las Escrituras en forma personal y directa.

Se debe empezar orando y pidiéndole a Dios que hable a través de su palabra. A continuación, se lee un breve pasaje de la Biblia en voz alta (idealmente 10-15 versículos), y luego, cada persona debe regresar al pasaje por sí misma buscando las siguientes tres cosas (que pueden anotarse en un papel al lado de los símbolos que se muestran):


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Un «foquito» o bombilla eléctrica encendida: Esto debería ser algo que «brilla» en el pasaje —lo que más impacta o llama la atención—.

 
 

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Un signo de interrogación:
Cualquier cosa difícil de entender en el texto, o una pregunta que el lector quisiera hacer al escritor del pasaje o al Señor mismo.



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Una flecha:
Una aplicación personal para la vida del lector.


 

La idea es escribir al menos una cosa junto a cada punto. Da tiempo para que los participantes saboreen el texto y lo exploren a su propio ritmo. Esto suele tomar unos diez minutos en silencio.

Después, haz que cada lector comparta una de sus «lucecitas» con el grupo. Da algo de tiempo para compartirlas sin discutirlas. Siempre es interesante descubrir lo que ha impactado a los diferentes miembros del grupo —y por qué—. 

A continuación, en la segunda ronda, sólo pídeles que compartan una de sus preguntas —sin contestarlas—. La idea es afinar nuestra capacidad de hacer buenas preguntas como un paso fundamental de investigación. A menudo es mejor invitar a quien plantea la pregunta a proponer un posible acercamiento a la respuesta, y animar a dicha persona a investigar el asunto. Alternativamente, cualquier miembro del grupo puede responder la pregunta, siempre que la respuesta aparezca en el pasaje considerado o en una sección previa del libro que el grupo ya haya estudiado. En este punto, la disciplina es crucial para evitar las típicas discusiones que desaniman a los nuevos.

En la tercera ronda, pide a cada persona del grupo que comparta una forma en que el pasaje se aplique a su propia vida. Luego, para concluir, ora: invita a las personas a orar en voz alta según deseen (a partir de lo leído); nadie debería sentirse presionado a orar. Invita a una persona adecuada a cerrar el tiempo de oración; esto evita que los recién llegados se sientan incómodos, deja claro cuándo el tiempo de oración ha terminado, y evita los silencios prolongados e incómodos.

Si tu grupo contiene menos de cinco personas, pídeles que compartan cada uno dos o tres «bombillas eléctricas», preguntas y aplicaciones. Luego pueden comentar aquello según el tiempo lo permita. Después de la reunión, tal vez quieras abordar una vez más las preguntas. Sin embargo, en la reunión misma, es importante tratar de evitar las discusiones, caer en la trampa de «compartir ignorancias» y la imposición de una respuesta apelando a la autoridad humana.

La filosofía tras este estilo de lectura bíblica es promover la buena observación del texto, la participación grupal y el descubrimiento auto-guiado. Cada persona tiene la oportunidad de descubrir por sí misma lo que Dios dice. En principio, nadie contesta las preguntas a menos que se traten de algo simple, como el significado de una palabra. La idea es que las preguntas motiven la investigación por parte de la persona que las plantea. También es importante evitar que alguien «monopolice el micrófono» o que se objete todo lo que diga la pobre persona nueva. En lugar de eso, ¡es impresionante ser testigos de la capacidad que aun los no cristianos tienen de entender la Biblia cuando Dios les habla!

Respaldo teológico

El Método Sueco, tal como lo he usado, responde a varios principios teológicos que aprendí de D. Broughton Knox, quien fuera, entre otras cosas, rector de Moore Theological College en Sydney y director fundador de George Whitefield College en Sudáfrica. Estos principios incluyen:

1. La perspicuidad (claridad) de la Biblia: La Biblia es comprensible, y su interpretación no depende de expertos y ni siquiera de intérpretes acreditados (como el dogma de la iglesia católica romana).

2. La noción sostenida por el catolicismo es que la iglesia creó la Biblia. En el protestantismo, sostenemos que la Biblia es la que crea (en tiempo presente) la iglesia. Esta última perspectiva ha de ser cierta si creemos en la inspiración divina de la Escritura o, como solía decir Broughton Knox, en la «expiración divina» de la Escritura, por cuanto las palabras se expresan exhalando, no inhalando (el griego de 2 Timoteo 3:16 usa el término «exhalar»). La Escritura ha sido lo que es desde el momento de su inspiración. No fue convertida en Escritura por los concilios; lo único que éstos podían hacer era discernir y excluir aquellos escritos que no eran inspirados. Esta perspectiva se observa fácilmente en la historia de las misiones, habiéndose dado casos en que, tras recibir una copia de las Escrituras, se la llevaba a un pueblo o comunidad en que, como resultado directo, surgía una iglesia. Por consiguiente, la Biblia debe ser leída en el lenguaje común de la gente (lo cual no siempre ha sido así). Cuando el Espíritu Santo aplica la palabra a los corazones, las personas responden. Por esta razón, debemos orar para que las personas lean sus biblias y que, durante su lectura bíblica (o al oír la Biblia), Dios abra sus mentes y corazones.

3. Toda la Biblia es el consejo de Dios, así que lo importante no es por dónde se empieza, ¡sino hacerlo! En este sentido, la palabra de Dios es la evangelista suprema. Los evangelios son, por supuesto, un muy buen lugar para que la gente oiga el evangelio —o sea evangelizada—, pero no es esencial comenzar allí.

4. La Biblia está dirigida a cada lector u oyente en particular. En Mateo 22:31, Jesús, dirigiéndose a los saduceos, dijo: «¿No habéis leído lo que os fue dicho por Dios…?». No hay problema lógico alguno al decir que Dios tenía en mente a cada lector de la Sagrada Escritura cuando ésta fue «exhalada». Esto significa que la palabra de Dios no sólo es inspirada y universalmente aplicable, sino también que, en ella, Dios habla en la actualidad a cada lector (u oyente) en particular. ¡Esta idea es muy emocionante! Habla de la inmanencia (proximidad) de Dios en su palabra. Pero, por otro lado, en el mismo lugar, una segunda persona puede ser inconsciente del hecho de que Dios está personalmente hablándole por medio de su palabra. Es un ejemplo del crecimiento simultáneo del trigo y la cizaña —el reino de Dios hace su obra secretamente (Mt 13:24-30)—. 

Este punto nos ayuda a entender cuán absurda es la visión que identifica las Escrituras únicamente como un «testigo» de la verdad, o como, simplemente, un «contenedor» de la palabra de Dios. Dios es perfectamente capaz de autorrevelarse y, tal como en las relaciones humanas, la máxima expresión de ello es cuando utiliza palabras. Este es aun más notoriamente nuestro caso, estando tan lejos de los eventos históricos de la Biblia.

Adaptación

El Método Sueco de estudio bíblico es muy adaptable a diferentes contextos porque: 

  • No requiere preparación
  • No requiere líderes capacitados
  • Da resultados inmediatos
  • Evita las discusiones
  • No cuesta dinero
  • Es reutilizable y repetible
  • Puede ser enseñado con mucha facilidad
  • Con un poco de adaptación, puede usarse con personas analfabetas leyéndoles la Biblia en voz alta
  • Funciona igualmente bien en grupos grandes (donde cada uno comparte con quienes están cerca) y grupos pequeños
  • Se adapta a los lectores posmodernos que buscan satisfacción instantánea y enfatizan la exploración/expresión personal
  • Todos pueden expresar sus opiniones (¡lo cual a la gente le encanta!), pero dichas opiniones están siempre ligadas al texto bíblico
  • Evita los «bibliazos» (ataques hechos con versículos) poniendo tanto a los cristianos como a los no cristianos en igualdad de condiciones ante la palabra de Dios
  • Evita apelar a autoridades más altas para ganar discusiones
  • Permite que la palabra de Dios hable por sí misma
  • Enseña a la gente la tarea más difícil y más básica de la lectura bíblica: ¡observar lo que el texto realmente dice!
  • Motiva la investigación y el razonamiento en un entorno amigable
  • Ejercita la capacidad de hacer buenas preguntas —algo esencial para desarrollar una adecuada interpretación de la Escritura—
  • Socava el anti-intelectualismo sin ser demasiado intelectual (aún sonrío con pena al recordar la desacertada crítica que una vez me hicieron —¡que este enfoque era demasiado intelectual!—)
  • Aplica las Escrituras directamente a la vida del lector —desde la primera experiencia—
  • Enseña inductivamente el estudio bíblico inductivo 

Como sucede con todo estudio bíblico, este enfoque busca lograr lo que Pablo describe en Colosenses 1:27-28: «las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria. A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo».

 

Limitaciones

Sin embargo, el Método Sueco no es una lectura inductiva completamente desarrollada del texto. En lugar de eso, provee beneficios inmediatos mientras los lectores aprenden algunas de las habilidades básicas del estudio inductivo. A veces, a los líderes les preocupa que los lectores novatos no capten el punto central del pasaje o su aplicación —lo cual, después de todo, no siempre es fácil de identificar, incluso para los maestros calificados—. Sin embargo, la experiencia me ha mostrado que la práctica conduce a la perfección: después de sólo un par de semanas, las observaciones de la gente tienden a mejorar radicalmente a medida que se acostumbran a la práctica de dejar que la Biblia hable por sí misma —en lugar de teñirla con sus ideas preconcebidas o autoridades externas—.

Algunos critican el método por una falta de «contexto» en la lectura del texto. Este problema se evita en gran manera leyendo libros enteros de la Biblia. Puede ser una limitación, pero mi respuesta sería «sigue leyendo tu Biblia» porque, en última instancia, aun los comentaristas desarrollan la mayoría de sus observaciones contextuales tomando el mismo texto bíblico en su totalidad. También se puede minimizar el problema tomando el primer encuentro como una oportunidad de leer el libro entero, y utilizando la última reunión sobre el libro para leerlo de nuevo y aplicar el estudio sueco a la totalidad en la misma ocasión.

Otra limitación es que, al buscar aplicaciones en el texto, esto no necesariamente significa que dichas aplicaciones se lleven a la práctica. Un sistema de rendición de cuentas —tal como dar un informe la semana siguiente sobre el punto de aplicación de la semana previa— ha sido útil en este sentido.

Para profundizar

A medida que el grupo se familiariza con la lectura de la Biblia y adquiere habilidad en ello, el Método Sueco se puede ampliar incluyendo nuevos símbolos que aborden otros aspectos del pasaje. Este proceso no se debe forzar ya que depende de que los miembros del grupo hayan agudizado sus capacidades de observación. Los pasos siguientes no siempre son fáciles, y los conceptos introducidos están mucho más abiertos al debate. Yo he experimentado buenos resultados cuando los he añadido en grupos que han completado al menos un año de lectura bíblica usando el método básico.

Los símbolos más comunes de «segunda generación» son: un círculo formado por flechas que rotan (para mostrar cómo se interrelacionan las ideas del pasaje); un corazón (para mostrar la idea central del pasaje); y un círculo con una flecha que sale desde el centro (para mostrar la aplicación central innata del pasaje). Durante los estudios iniciales es útil practicar estos pasos sin hacer comentarios sobre quién está bien o quién está mal, ya que la habilidad y la confianza se adquieren con la práctica.

Hace poco descubrí también un paso adicional que, al parecer, ha dado lugar a la plantación de miles de iglesias en el norte de India. Al final del estudio bíblico, junto a un símbolo similar a un globo de diálogo, los miembros del grupo escriben el nombre de un amigo o familiar que podría beneficiarse al escuchar algo descubierto en el estudio: el objetivo, entonces, es hablar con esa persona antes de la próxima reunión. La norma y práctica de compartir las buenas noticias que este paso ha promovido ha tenido efectos espectaculares. ¿Por qué no intentarlo donde estás?

Finalmente, un paso adicional que se puede enseñar es el estudio bíblico inductivo, y tendrá mucho más sentido para los lectores acostumbrados a una cuidadosa observación del texto y la práctica de permitir que la palabra de Dios hable con autoridad por sí misma. No queremos teóricos incompetentes del estudio bíblico inductivo sino practicantes competentes. He conocido estudiantes que podrían hacerme un curso sobre el estudio bíblico inductivo y que, sin embargo, no eran capaces de hacer uno por sí mismos. No queremos preparar gente para dar cursos de estudio bíblico inductivo; queremos que lean la Biblia con eficacia y se comprometan a obedecer al que habla —Dios mismo—. 

Los resultados

El Método Sueco ha sido usado en grupos células, grupos de jóvenes en iglesias, preparación de charlas, devocionales personales y familiares, preparación de escuelas dominicales, y aun en estudios académicos universitarios.

A medida que los estudiantes han llevado sus preguntas a sus pastores y otros maestros, esto ha motivado a sus pastores a investigar más. ¡Algunos incluso han terminado predicando sobre las preguntas que los estudiantes han planteado! Con frecuencia, tener estudiantes motivados en el área de la lectura bíblica ha animado mucho a los pastores ya que los estudiantes tienden a acercarse con las preguntas del estudio bíblico en lugar de confrontarlos con las respuestas. También ha sido mucho menos amenazante para los pastores, y los ha llevado, por el contrario, a investigar y crecer más.

Creo que el Método Sueco es lo que más ha impactado mi ministerio. Fue por muchos años lo que lo caracterizó, además de dos frases frecuentemente repetidas: «Esa es una buena pregunta» y «sigue leyendo tu biblia» (un dicho que adopté de Broughton Knox y al cual los estudiantes argentinos añadieron «cuidadosamente»).

A la fecha, el Método Sueco ha sido adoptado por varias iglesias alrededor del mundo para uso en grupos pequeños y caseros. En muchos países de culturas e idiomas diferentes, está siendo usado para acercar a las personas a escuchar a Dios hablarnos.

De vez en cuando necesitamos refrescar nuestro estudio de la Biblia para renovar nuestra atención a lo que Dios está diciendo. Utilizar el Método Sueco en grupo crea un espacio agradable y agudiza nuestra observación del texto. Ha sido útil para llevar a la gente a Cristo mientras Dios les habla directamente a través de su palabra sin el «ruido» que los espectadores tan a menudo inyectan.

Te animo a probarlo. Invita a tus vecinos, compañeros de estudio/trabajo, parientes o hijos a acompañarte. Quizás te sientas maravillosamente refrescado y sorprendido —y lo mismo podría ocurrirles a ellos—.

  


Artículo original: http://matthiasmedia.com/briefing/2009/01/the-swedish-method/
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