7.jpgESPOSO: PREPARA A TU ESPOSA PARA JESÚS
Bryan Stoudt

Fue uno de esos momentos inesperados, honestos y dolorosos. Durante una conversación casual con un viejo amigo, comenzamos a conversar sobre mi matrimonio. Le pedí que me dijera qué pensaba. 

«Pues bien», me dijo, «no desafías lo suficiente a tu esposa». 

Me sorprendió su honestidad. Sin embargo, él tenía razón y yo lo sabía. Algo debía cambiar. 

Un llamado a la corrección

Está clarísimo: Dios llama a los esposos a ser instrumentos de su obra santificadora en las vidas de nuestras esposas.

«Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio él mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra» (Ef 5:25-26). 

Tal como Jesús apartó a su iglesia del pecado por medio de su amorosa muerte sacrificial en la cruz, los esposos debemos hacer todo lo que podamos para promover la santidad de nuestras esposas. 

Esto puede tener varias formas: podemos orar por ellas, leer la Biblia con ellas y darles espacio para que busquen amistades espirituales significativas con otras mujeres. 

Sin embargo, a veces, también habrá tiempos de corrección. Todos aún luchamos con el pecado. Todos necesitamos ser santificados progresivamente. Incluso, las esposas más piadosas a veces necesitan una palabra amorosa y honesta para que vuelvan al camino correcto.

En virtud de la cercanía que compartimos con nuestras esposas, Dios ha puesto a los maridos en un lugar único para desempeñar este rol. No obstante, es mucho más fácil aprender la teoría que ponerla en la práctica. Los esposos cometerán la mayoría de sus errores en una de las siguientes dos direcciones. 

Maridos enojados

Algunos de ustedes, quizás gracias a su educación y temperamento, tienen por sumo gozo corregir a otros. Puedes pensar que es tu obligación alzar la voz continuamente para ayudar a tu esposa a crecer en Cristo. Después de todo, podrías pensar, si no lo hago yo, ¿entonces quién?

Recuerdo a un tipo que, bajo el argumento del «liderazgo y la sumisión», rutinariamente corregía a su esposa llenándola de frustración. Él estaba violando el mandamiento de Pablo, «Maridos, amen a sus mujeres y no sean ásperos con ellas» (Col 3:19).

Cuando nos comportamos de esa manera, estamos (aunque sin darnos cuenta) derramando una ira sobre nuestras esposas que Jesús ya absorbió. Incluso si tenemos razón al corregir, a menudo nos equivocamos en su aplicación. 

En Mateo 15:18, Jesús nos recuerda que «…lo que sale de la boca proviene del corazón…». Palabras de crítica y de enojo revelan un corazón al que no le preocupa la gloria de Dios o la santidad de su esposa, sino que su propia agenda egoísta.

Esposos pasivos

Lo más común en la actualidad, sospecho, es la tendencia de los esposos cristianos a quedarse callados. Como lo hice yo. 

Los tipos tímidos también tienen sus razones. Si fuiste criado en un hogar en el que sentiste la presión de ser perfecto o aprendiste a apaciguar un padre enojado, el silencio es la respuesta más natural. Si tu esposa lucha con escuchar, esto podría tentarte también a quedarte callado. Quizás sientas que desafiar a tu esposa solo agregará otra carga sobre ella. 

Los tipos callados parecen mucho más amables que sus contrapartes críticos. Sin embargo, también es verdad que lo que no sale de la boca proviene del corazón. Tal como los esposos enojados, los maridos tímidos no están motivados por la santidad de sus esposas o la gloria de Dios, sino que lo que los motiva es preservar su propio reino: un reino donde la paz, aunque sea falsa, reina. 

Por supuesto, es completamente posible enredarse entre estos dos enfoques. Puedes quedarte callado y preservar la paz hasta que crezca el resentimiento y explotes. Ese era mi patrón al principio de nuestro matrimonio: un patrón que iba junto con las luchas de mi esposa que nos llevaron a buscar consejería bíblica en el tiempo preciso.

Verdad y amor

¿Qué aprendí?

Pablo nos muestra de qué se trata el matrimonio: «Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia» (Ef 5:31-32).

Nuestros matrimonios de una sola carne apuntan más allá de sí mismos hacia la relación que Cristo tiene con nosotros, su iglesia. El Evangelio y nuestros matrimonios deben ser una ilustración el uno del otro. Es más, la manera en que tratamos a nuestras esposas revela lo que realmente creemos sobre el Evangelio. 

Si corregimos con enojo, eso muestra que realmente no hemos internalizado la enorme gracia que hemos recibido (2Pe 1:2). Por otro lado, si nos quedamos callados, mostramos que realmente no creemos que Dios nos ha rescatado para santificarnos (Ro 6:18, 22).

Por lo tanto, si queremos un matrimonio que le dé la gloria a Cristo, necesitamos corregir a nuestras esposas hablándoles la verdad en amor (Ef 4:15). Y la forma más segura de hacer eso es creciendo en agradecimiento por la obra de Cristo en nuestras propias vidas. 

Cuatro principios prácticos

Algunos de ustedes podrían estar convenciéndose de esto, pero se preguntan cómo hacerlo. 

A continuación les comparto cuatro maneras en las que puedes corregir a tu esposa con la verdad de la gracia del Evangelio. 

1. Arrepiéntete

Ya sea que tiendas más hacia el enojo o hacia el silencio, reconóceselo a Dios primero, y luego a tu esposa. Cuando le confesamos claramente nuestros fracasos, Dios «...es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad» (1Jn 1:9). Y la mayoría de las esposas estarán agradecidas cuando busquemos su perdón también. 

2. Aprende cuándo hablar

Necesitaremos la guía del Espíritu para discernir si «…es tiempo de callar [o] tiempo de hablar» (Ec 3:7). En general, debemos alzar la voz cuando notamos patrones pecaminosos o ejemplos aislados de pecado grave. Ciertamente, Dios no nos corrige en cada momento, por lo que no debemos buscar todos los defectos de nuestras esposas tampoco. 

3. Toma en cuenta el momento

Si debemos hablar, necesitamos tomar en cuenta el momento para hacerlo. Hace poco, desafié a mi esposa cuando estaba enojado, lo que tentó a mi esposa a responder a la defensiva. Si asumimos que estamos listos para actuar en amor, también debemos considerar lo que está pasando en la vida de nuestras esposas. Si ellas han tenido un día difícil en el trabajo o con los niños, por ejemplo, normalmente podemos esperar para hablar con ellas. 

4. Sé un estudiante

Tu esposa es una creación única, por lo necesitas saber qué servirá a tu particular esposa. La mía aprecia cuando le hablo directamente, soy breve y luego le doy su espacio. ¿Qué aprecia la tuya?

Un llamado glorioso y temporal

Como nosotros, una día nuestras esposas se encontrarán con Jesús y serán perfectas, «… sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que… santa e inmaculada» (Ef 5:27). Sin embargo, hasta que llegue ese día, hasta que la muerte nos separe, los esposos tenemos el asombroso privilegio de preparar a nuestras esposas para Jesús, su verdadero esposo. 

Con la ayuda de Dios, y para su gloria, que él nos permita corregirlas con la gracia y la verdad que hemos recibido.

 

Bryan Stoudt © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Bryan Stoudt es un pastor que sirve a estudiantes y profesionales de asistencia médica como director de área de CMDA (Asociación médica y dental cristiana, por sus siglas en inglés) en Filadelfia, donde uno de cada seis médicos del país realiza parte de su capacitación. Después de Jesús, sus pasiones incluyen a su hermosa esposa, Sharon; sus cuatro hijos; el café; y salir a correr. Él escribe en bryanstoudt.com.


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