Esposible_g.jpgES POSIBLE RESCATAR TU CEREBRO DE LA PORNOGRAFÍA
John Piper
 

Hace poco escribí sobre el alcance psicológico que tiene la adicción a la pornografía [1]. En estudios recientes sobre el funcionamiento del cerebro, se sugiere que la pornografía es una adicción tan fuerte como la que produce la cocaína y la heroína debido a su combinación única de estimulante y opiáceo. La pornografía establece rutas psicológicas reales en el cerebro; toda experiencia sexual tiende a ir a esas rutas.

Después de un tiempo, llegué a la conclusión de que ningún estudio de este tipo sorprende a Dios. Él diseñó la interacción entre el cerebro y el alma. Los descubrimientos de las conexiones entre la realidad física y la espiritual no se anulan entre sí.

No seas parte de la abolición del hombre

No permitas que ese estudio te lleve a pensar que eres simplemente carne y químicos. Este es el gran mito del mundo moderno —lo que C. S. Lewis denominó la abolición del hombre—. Esta es la teoría que postula que el pensamiento humano no es más que movimiento en el cerebro; una teoría que se desarrolló para destruirse a sí misma.

Lewis vio que los tentáculos del materialismo estaban alcanzando todos los ámbitos:

“Siempre habrá evidencia, evidencia fresca, todos los meses, de que la religión es sólo algo psicológico; de que la justicia es sólo autoprotección; la política, simple economía; el amor, sólo lujuria; y el pensamiento, nada más que bioquímica del cerebro” (“Transposición”, El peso de la gloria [2]).

Sin embargo, Lewis vio que en realidad nadie actúa como si creyeran estas cosas. Están jugando un juego de palabras. Él ilustra esta situación usando la relación entre el pensamiento y el cerebro:

Estamos seguros de que, al menos en esta vida, el pensamiento se relaciona íntimamente con el cerebro. Por lo tanto, en mi opinión, la teoría de que el pensamiento es sólo un movimiento del cerebro es completamente absurda; pues, de ser así, esa misma teoría sería puro movimiento, una interacción entre átomos que podría tener velocidad y dirección pero que no podría considerarse “verdadera” o “falsa” (“Transposición”, El peso de la gloria).

Lewis no está aquí jugando a invertir el juego. Habla muy en serio al decir que, quienes están aboliendo a los hombres, no quieren reconocer que niegan la existencia de significado haciendo declaraciones que pretenden tener sentido.

Ocúpate de la conexión entre la mente y el cuerpo

El significado está enraizado en la verdad supramaterial. No eres sólo materia y energía. Eres un alma encarnada que vivirá para siempre en el cielo o en el infierno, creado a la imagen de Dios, distinto a los animales, un cristiano comprado por la sangre del Hijo de Dios, y en quien mora el Espíritu del mismo Dios. Estas son realidades extraordinarias —realidades más grandes que las endorfinas y la dopamina—.

Dios entretejió los nervios físicos y los afectos espirituales suprafísicos —deseo, miedo, alegría, ira, pena, admiración, confianza, estima y amor—. En lugar de dejar que esa conexión te desanime, ocúpate de ella y haz que sirva para tu santidad. Es lo que la Biblia te llama a hacer.

No pienses que la Biblia guarda silencio respecto a este asunto tan importante de la mente y el cuerpo —el pensamiento y el cerebro; los afectos y los químicos—. Dios hizo todas esas conexiones entre lo físico y lo suprafísico y Dios tiene la sabiduría para vivir en ellas.

Toma en consideración estas cuatro observaciones llenas de esperanza:

1. Una renovación profunda, que incluye el cerebro

Los estudios sobre el funcionamiento del cerebro corresponden a una ciencia que está recién comenzando; estos son sus primeros descubrimientos. Apenas han comenzado siquiera a hallar un nombre para los misterios de cómo la verdad y la belleza utilizan como medio el lenguaje, luego entran al cerebro como un pensamiento y enseguida derivan en el correspondiente proceso químico.

Por lo tanto, debemos tomarnos de esta maravillosa conexión y declarar lo que la Biblia dice: “...contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados…” (2 Co 3:18). Obviamente, ver cuerpos desnudos cambia el cerebro; sin embargo, ¿por qué pensamos que ver la gloria de Cristo ejerce un cambio más débil? Si las rutas creadas en el cerebro pervierten nuestros afectos y nuestro comportamiento, no cometas el error salvaje de asumir que la santificación sólo puede crear rutas más débiles.

Pablo nos llama a “[ser] renovados en el espíritu de su mente, y se vistan del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad” (Ef 4:23-24). Permanece atento, no sea que asumas que la renovación del “espíritu de la mente” no deja rastros en las rutas del cerebro, porque sí lo hace.

Pablo dice, “...se han vestido del nuevo hombre, el cual se ha renovado hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de Aquel que lo creó” (Col 3:10). Si ver desnudos en Internet crea nuevas rutas en el cerebro, cuánto más ver a Cristo —la vista espiritual del “...evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios” (1 Co 4:4)—. No somos nosotros quienes debemos crearnos nuevos cerebros: “...somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús…” (Ef 2:10). No te intimides por el estudio del funcionamiento del cerebro, pues Dios hizo el cerebro y también escribió la Biblia.

2. Cristo ensangrentado, malos olores y osos

Además, sabemos por experiencia que no somos esclavos de esos poderosos cambios pornográficos en nuestros cerebros. No los subestimo y, a juzgar por los efectos continuos de mi bobería adolescente, aun a mis sesenta años, he probado el increíble poder permanente de los antiguos patrones pecaminosos. Sin embargo, no somos como el caballo o el mulo que necesitan de brida y freno para arrearlos y sujetarlos (Sal 32:9).

Tú sabes esto: si estuvieras controlado por un gran deseo sexual de pornografía, y Jesús mismo se parara en tu cuarto, salpicado en sangre, con las manos temblorosas de dolor, con los ojos llenos de amor, respirando con dificultad, como un hombre moribundo, tú sabes —sí, lo sabes— que en ese momento tendrías el poder para no mirar pornografía mientras Jesús estuviera ahí. Así que no eres un esclavo. Las bien marcadas rutas neurológicas no ganarían, porque no son Dios; no tienen la última palabra.

O a un nivel más físico, sabes por experiencia que un simple olor —como por ejemplo de excremento humano, basura rancia, o tu propia axila— puede eliminar el deseo sexual inmediatamente. ¿Qué significa esto? Significa que esas rutas neuronales no son definitivas. Se puede triunfar sobre ellas; no eres una simple víctima.

O considera esto: estás acampando en el bosque y estás a punto de fornicar. Nunca pensaste que sería así, pero el deseo simplemente te ha dominado. Espera, ¿es realmente así? ¿Qué pasaría si, en el momento de mayor pasión, justo antes de la penetración, escucharas el bramido de un oso y vieras su enorme silueta en la carpa? ¿Seguirías siendo esclavo de la lujuria? ¿O acaso el miedo no vencería completamente a esos químicos?

Ten cuidado de pensar que eres una víctima del efecto eufórico de la dopamina y de las endorfinas, porque no lo eres. Dios tiene formas de revelar al Cristo ensangrentado y pasmarte con olores y osos para rescatarte para él. Él se rebajará a esto por amor.

3. Satanás, sexo y químicos

Las emociones supraquímicas —afectos espirituales— se transponen en respuestas físicas correspondientes en el cerebro. Esto significa que puedes combatir el fuego físico con fuego espiritual y viceversa. Dios nos ordena que luchemos por obtener fruto espiritual empuñando las armas fisiológicas con manos espirituales.

¿Alguna vez has tomado en cuenta las maravillosas implicancias del consejo que Pablo, en 1 Corintios 7:5, da para vencer a Satanás en el ámbito sexual? Cuidado, soltero. Quizás llegues a la conclusión de que esto es irrelevante para ti, o son malas noticias, pero no es así. Pablo les dice a los esposos y a las esposas,

“No se priven el uno al otro, excepto de común acuerdo y por cierto tiempo, para dedicarse a la oración. Vuelvan después a juntarse, a fin de que Satanás no los tiente por causa de falta de dominio propio.”

Esto implica que Pablo busca que los matrimonios cristianos luchen contra el poder sobrenatural de Satanás teniendo relaciones sexuales suficientemente frecuentes. En términos fisiológicos: existen químicos del cerebro que aumentan el deseo sexual a medida que el periodo de abstinencia crece. El poder de esos químicos disminuye después del orgasmo. Por lo tanto, dice Pablo, usa esa realidad fisiológica del matrimonio para disminuir tu vulnerabilidad a la tentación de adulterio y pornografía que Satanás presenta.

Por supuesto, esta no es la única ni la principal arma en nuestro arsenal, pero sí es una de ellas. Además, ilustra la validez de usar armas fisiológicas contra la oposición fisiológica. Los solteros podrían decir con razón, “no tengo esa arma matrimonial en particular en mi arsenal”. Tienen razón, y los admiro por decirlo. Sin embargo, aférrense a dicho principio mientras se aplique a ustedes. Existen realidades fisiológicas que saben que afectan su vulnerabilidad a la tentación. Úsenlas para la guerra.

4. El Espíritu Santo, el descanso y el dominio propio

Pero, ¿es eso espiritual? ¿No es el dominio propio un “fruto del Espíritu Santo” más que un fruto de relaciones sexuales frecuentes?

El dominio propio es un fruto del Espíritu (Gá 5:23), pero no con exclusión de otras fuerzas. Es decir, la manera que el Espíritu tiene para producir su fruto incluye a menudo medios muy naturales. Por ejemplo, otro fruto del Espíritu es la paciencia (Gá 5:22); no obstante, ¿quién de nosotros negaría que nuestra paciencia aumenta y disminuye según las horas de sueño que tuvimos? El amor, dice Pablo, es “paciente… no se irrita” (1 Co 13:4-5). Sin embargo, nos irritamos fácilmente y somos menos pacientes cuando no hemos tenido suficiente descanso en la noche.

Lo que infiero de esto es que una de las muchas armas en el arsenal del Espíritu Santo es dormir. Él nos humilla para que nos demos cuenta de que no somos Dios y que necesitamos ser indefensos como bebés siete u ocho horas diarias, para ser las personas amorosas y pacientes que él nos llama a ser.

De manera similar funciona con el dominio propio en la sexualidad. El Espíritu Santo nos enseña por medio de la Escritura, la experiencia, y otras personas, cómo funcionan nuestros cuerpos. Su intención es que nos apoyemos en su poder a medida que usamos las armas fisiológicas que él nos da para ir contra esos deseos.

Encontrar el verdadero éxtasis

El estudio sobre el funcionamiento del cerebro está en lo cierto: nuestros cerebros son profundamente moldeados por lo que vemos. Mientras más veamos, mejor pavimentadas y controladoras serán esas rutas. Sin embargo, no somos sus víctimas. Estos poderes fisiológicos no son definitivos, pero Dios sí lo es. Él nos ha dado armas espirituales tan poderosas fisiológicamente como la pornografía. Él también desea ser visto —frecuente y profundamente (2 Co 3:18; 4:4)—.

Además, los poderes espirituales de su Palabra y de su Espíritu tienen el derecho de reclutar fuerzas fisiológicas para su servicio. Así, al final, Dios puede rescatar las rutas que la pornografía ha trazado y transponer el brillo de esas mismas rutas en el éxtasis de conocer a Cristo.

 

[1] El autor se refiere al artículo «La pornografía: la nueva droga».

[2] Puesto que a la fecha no contamos con una versión de esta obra en español, las citas han sido traducidas con el texto original y el apoyo de una versión portuguesa.

John Piper.


©2015 Desiring God Foundation. Sitio web: desiringGod.org
Usado con permiso.
Traducción: María José Ojeda
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