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Lo que tu iglesia le dice al mundo
Stephen Witmer

La muerte redentora de Jesús salva personas, pero hace más que solo eso. Crea comunidades, al formar milagrosamente personas redentoras en iglesias que viven como familia unos con otros.

En Romanos 15:7, el apóstol Pablo identifica la base y el objetivo de una verdadera comunidad: «Por tanto, acéptense los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para la gloria de Dios».

Cada iglesia que conozco quiere ser una iglesia acogedora. Sin embargo, la forma en la que pensamos sobre ser «acogedores» a menudo resulta superficial, se limita a un cálido saludo con una sonrisa, a un apretón de manos y un paquete de bienvenida el domingo en la mañana. Lo que Pablo entiende por «acogedor» es más profundo y más alto que eso: está profundamente enraizado en la tierra del Evangelio mismo y llega tan alto que logra algo de un valor incalculable. 

La raíz de la comunidad cristiana

«Acéptense los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para la gloria de Dios». Pablo escribió estas palabras a la iglesia en Roma que estaba experimentando una tensión importante entre cristianos que eran judíos y gentiles. Ellos no estaban de acuerdo sobre comer ciertos alimentos y guardar ciertos días. Dentro de este conflicto, Pablo declara la verdad del Evangelio de que «Cristo nos aceptó».

La aceptación de Cristo no es solo un apretón de manos amistoso ni una sonrisa amable. Es salvación (Ro 10:13), reconciliación (Ro 5:10) y recibimiento en la familia de Dios (Ro 8:16). Y es costoso: tomó la muerte de Cristo en nuestro lugar y su resurrección de entre los muertos para que podamos ser aceptados por él. Sin embargo, fue un precio que el Hijo sufrió con gusto con el fin de recibirnos (Jn 10:18).

La aceptación que Cristo nos muestra a nosotros es la base y el modelo para nuestra continua aceptación mutua: «acéptense los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó». Puesto que Jesús murió en nuestro lugar para aceptarnos dentro de la familia de Dios, nuestra aceptación mutua quiere decir que vivimos juntos como familia.

La dinámica de la comunidad cristiana

¿Cómo interactúa una familia saludable? La pregunta guía nuestra vida juntos en una comunidad cristiana. Nos amamos mutuamente a través de los desacuerdos, como lo hace una familia saludable. Estamos dispuestos a reconciliarnos, a adorar y a trabajar juntos. No evitamos ni despreciamos a los miembros de la familia que tienen personalidades extravagantes o cualidades molestas (o a aquellos que simplemente son diferentes a nosotros en la forma en que se visten o hablan). 

Al contrario, nos aceptamos los unos a los otros porque somos parte de la misma familia. Participamos juntos en comunidad y nos servimos mutuamente en los trabajos que necesitan realizarse, porque eso es lo que hace una familia saludable. Encontramos maneras, ya sea grandes o pequeñas, por medio de palabras y acciones, para decir, «eres parte de mi familia, así que me sacrificaré para servirte». Nos aceptamos mutuamente al servir en la guardería, al sentarnos junto a la cama de un hospital, al proveer transporte, al orar fielmente, al trabajar en medio del conflicto y en miles de otras maneras. 

El tipo de bienvenida que Pablo requiere de nosotros no es la tarea del «ministerio de bienvenida» o del «equipo de bienvenida» solamente, sino que de la iglesia completa. No es un evento, sino que una continua forma de vida. Amar a nuestra familia de la iglesia requiere tiempo, sacrificio y humildad, así como nuestra aceptación dentro de la familia de Cristo requirió su muerte en la cruz.

El objetivo de la comunidad cristiana

El resultado de una comunidad cristiana que realmente está viviendo de esta manera es impresionante. Pablo dice que debemos aceptarnos unos a otros como Cristo nos aceptó «para la gloria de Dios». Es posible para una comunidad de pecadores redimidos desplegar el valor de Dios al mundo. No puede existir un objetivo más alto para ninguna iglesia. La enseñanza de Pablo es una gran noticia para iglesias pequeñas y comunes. Significa que no necesitas edificios hermosos, ni los ministerios más novedosos, ni pastores famosos, ni música fenomenal, ni programas para todas las edades con el fin de darle la gloria a Dios. Tu iglesia glorifica a Dios al ser familia unos con otros, al aceptarse mutuamente como Cristo ya te aceptó a ti. 

Esta Semana Santa, recordemos uno de los regalos más grandes que recibimos de la cruz: una comunidad verdadera que cuenta la gloria de Dios.   

Stephen Witmer © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda



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Stephen Witmer es pastor de Pepperell Christian Fellowship en Pepperell, Massachusetts, y enseña Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Gordon-Conwell. Ayuda en el liderazgo de los grupos pequeños llamados Small Town Summits, que se asocian con The Gospel Coalition New England para servir a iglesias y pastores del área rural. Él y su esposa, Emma, tienen tres hijos.

   

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