3G.jpgCUANDO EL DOLOR SE ASOMA A TU VENTANA
Ellelein Kirk
 

Hace unos días, aquí en Chile, apareció otra noticia más de la cifra de niños muertos en el SENAME (Servicio Nacional de Menores). Pensé, ¡cuánta tragedia hay en este país! Cientos de pequeños fallecidos, en un período de 10 años, mientras se encontraban a cargo de la institución. Un saldo que arroja la deplorable situación de un organismo creado para velar por los derechos de los chilenos menores de edad.

Luego miré las noticias internacionales donde aparecieron las caritas de pequeños huérfanos debido a las guerras en Siria. Ojitos con lágrimas y mantas prestadas en espera de saber a dónde ir o si sus padres aparecerían en algún momento. Más tarde se mostraba a adultos llorando por las pérdidas colosales en Haití y escenarios devastadores en Turquía.

Ante tanto dolor, a veces me pregunto ¿Qué puedo hacer? ¿Por dónde comienza uno? Es fácil sentirse agobiado y frustrado ante la inmensidad de un mundo sumamente quebrantado. Cuando el pesar es demasiado, tratamos de aliviar nuestro corazón oprimiendo el botón de compartir en las redes sociales y pensando que alguien hará algo al respecto. Nos convencemos de que ese mundo quebrantado que muestran las noticias es mucho más de lo que podemos cargar. Después de todo, ya bastante tenemos con nuestros propios problemas, como para cargar con los del mundo entero. A veces incluso, ni siquiera compartimos lo leído, simplemente apagamos el computador o el televisor. Dejamos de leer el diario y nos hacemos ajenos a una realidad que, aun cuando es ignorada, no deja de existir.

Buscar la justicia y ayudar al desvalido son dos aspectos intrínsecos de la vida cristiana. Al respecto, Tim Keller dice que en la Biblia, Job se vestía de justicia, “sugiriendo que (la justicia) estaba siempre en su mente, siempre buscando maneras de impartirla”[1] Fuimos creados de forma relacional, para invertir en relaciones y en la ayuda a otros como consecuencia de las mismas. Es un llamado que no podemos ignorar.

¿Y qué pasa con el agobio, la frustración, la enorme tristeza de ver y no hallar soluciones para este mundo quebrantado? Esa es quizás una de las excusas más grandes que podemos darnos. Porque en nuestra limitada perspectiva estamos pensando sólo en nosotros. Cuando sacamos a Dios de la ecuación de ayudar a otros y al involucramiento con el prójimo, podemos caer en la seductora situación de creernos muy poco para hacer algo o creernos salvadores para hacerlo todo. Y ambas respuestas van en contra de lo que Dios nos ha pedido hacer. No somos nosotros la pieza importante que se llevará el triunfo. Es Él. 

Ante el agobio y la tristeza, ante la desesperación y la frustración, no hay mejor remedio que darle a Dios el lugar que merece y dejarse asombrar con su poderío. Él muchas veces nos va a pedir mucho más de lo que podemos cargar. Y lo vamos a poder hacer porque Él está de nuestro lado. La opresión que sentimos por un mundo quebrantado y nuestro deseo de ayudar está impreso en nuestras vidas al ser creados a imagen de Dios. El querer hacerlo todo por nuestras propias fuerzas no es sino orgullo y una suplantación de quien en verdad es el único que puede hacer los cambios.

Dios es verdaderamente justo, y nuestra pasión por las necesidades de este mundo debe provenir de un entendimiento de quién es Dios y su pasión por la justicia y los desvalidos. Mientras no vemos esto, vamos a continuar pensando que todo se trata de nosotros. Tenderemos a sentirnos fracasados y quizás hasta culparemos a Dios de permitir que las atrocidades sucedan.

En muchas ocasiones me avergüenza decir que he dejado de lado el prestar ayuda porque pienso que será demasiado para mí: que no podré resistir auxiliar a un alcohólico, cuidar de un anciano, o ayudar en un hogar sin salir destrozada por dentro. Pero no se trata de mí, sino de ellos, quienes necesitan el abrazo, el apego y la aceptación. Quienes necesitan que alguien les presente el evangelio para poder tener una verdadera esperanza en sus vidas. 

Nuestro llamado es para servir. Y si hay temor, podemos confrontarlo con la persona de Jesús, quien estará a nuestro lado siempre. Hemos sido enviados a este mundo con lámparas en la oscuridad, con la venia de ayudar al prójimo con la misma misericordia que Dios nos extiende. Con la compasión que Él ofrece. Con Él todo se hace posible.

Si te duele el corazón por lo que sucede ahora en el SENAME, por las muertes de inocentes y los refugiados, ¡profundiza en el tema! Empápate sí, de qué es lo que se está haciendo ahora. Vicki Reddy[2], quien es una cristiana apasionada por la justicia, nos dice: “Escucha todas las voces que co-existen, ve quién está haciendo qué en tu área, en tu comunidad, y encuentra maneras de servir ahí y aprende localmente.” Esto es verdaderamente importante, pero haz todo esto con plena consciencia de quién es Dios. Esto te permitirá mirar el quebrantamiento y dar cara a la devastación de las personas o situaciones a las que te enfrentes con una perspectiva más grande y con una fortaleza mayor a la tuya.

Esto te permitirá ser solidario con el dolor de los otros sin caer en la desesperación. Te preparará para escuchar de verdad, -algo que nos es muy difícil a algunos-. Dejando de lado el agobio, porque el peso de la injusticia no caerá en tus hombros. No será tu emprendimiento, sino la tarea que Dios te ha asignado y que Él mismo te ayudará a sobrellevar en todo momento. Evitarás ver obstáculos y buscarás otras avenidas porque aún en las circunstancias más adversas caminarás con fe.

No voltearás la cara, sino buscarás en las tragedias el rostro de Dios y lo encontrarás. Sabrás que las soluciones no son instantáneas. Entenderás que los planes al final del día no son nuestros sino del Creador.  Al mismo tiempo, esto nos ayudará a no claudicar una vez empezada la tarea, puesto que el propósito será de Dios, no nuestro. Los caminos y las estrategias estarán plasmadas de su belleza y a su modo. 

Si Dios está en su trono, su esplendor nos permitirá ver que aún en las situaciones más miserables de la humanidad su luz brilla. Anne Voskamp nos insta a buscar la belleza de Dios todos los días. Y es que aún en las caritas sucias de los niños del SENAME existe una maravillosa hermosura, porque su vida refleja a Dios y su redención no está en nuestras manos sino en las de su Creador.

Entonces, no te desconectes del quebrantamiento. No mires para otro lado y no te sientas sobrepasado. Afírmate en Dios y deja que Él quiebre tu corazón y lo transforme. Permite que Él te muestre que verdaderamente tiene un plan y tú puedes ser parte de éste. Quizás tarde más de lo que tú habías esperado. Quizás te cause más dolor del que hayas calculado, pero en esos momentos crecerás en fe y en amor.  Recuerda que Él nos dijo: “Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados.” (Mateo 5:4). Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados.” (Mateo 5:6).

Al final, Dios te sorprenderá tocando tu vida y la de aquellos a quien vas a servir. Dios cumplirá su propósito en ti y en la humanidad, y su respuesta será mucho mejor que el mejor plan que tú hayas podido trazar. Entonces: Involúcrate. Interésate. Invierte en este mundo quebrantado, tal como lo hizo Jesús. Y recuerda que “una vida dedicada a hacer justicia en favor de los pobres, es la marca indeleble de la verdadera fe en el evangelio.” [3]



[1] Tim Keller, Generous Justice, p. 110
[2] https://vickiereddy.com Executive producer of the Justice conference and SPARC
[3] Tim Keller, Generous Justice, p. 189 - parafraseado del original. 

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